DEVOCIONARIO  EUCARÍSTICO

DIÓCESIS DE TARAZONA  (ZARAGOZA)
 


"La oración vocal es un elemento indispensable de la vida cristiana...
Somos cuerpo y espíritu, y experimentamos la necesidad de traducir exteriormente
nuestros sentimientos"    CEC (Catecismo de la Iglesia Católica, 2701)



Con estas oraciones han orado muchos santos a lo largo de la historia. Que al tomar este librito de oraciones en tus manos, encuentres la forma de decirle a Dios los sentimientos mas hondos de tu corazón.

Demetrio Fernández, Obispo de Tarazona
27 de mayo de 2007, Pentecostés


I Oraciones para santificar la jornada
1.- La serial de la cruz
2.- Ofrecimiento de obras al levantarse

3.- Angelus

4.- Regina Coeli

5.- Bendición de la mesa

6.- Sacramento de la Penitencia

7.- Acto de contrición
8.- Comunión Espiritual

9.- Invocación al Espíritu Santo
10.-Acción de gracias al acostarse

11.- Salve

II.- Letanías del Santísimo Sacramento

III.- Letanías de Cristo, Sacerdote y Víctima (J.E H)

IV.- Himno Eucarístico Litúrgico Pange Lingua

V- Visitas al Santísimo

A) Textos bíblicos para la meditación

B) Otros pensamientos para la meditación

C) Antífonas eucarísticas

D) Alabanzas al Santísimo Sacramento

VI.- Oración de preparación para la Misa y Comunión

Oración de San Ambrosio

Oración de Santo Tomás de Aquino


VII.- Oraciones para después de comulgar .

Oración de Santo Tomás de Aquino

Aspiraciones de San Ignacio

Ofrecimiento de sí mismo

Oración a la Santísima Virgen

VIII.- Acto de desagravio

IX.- El Sacramento de la Eucaristía

X.- El Sacramento de la Penitencia y la Reconcialiación

XI.- 15 Minutos a Jesús Sacramentado

XII.- San Pascual Bailón 

 


 

 

I ORACIONES PARA SANTIFICAR  LA  JORNADA
1.- La Señal de la Cruz:

Por la señal de la Santa Cruz (+), de nuestros (+) enemigos, líbranos, Señor (+) Dios nuestro.

En el nombre del Padre, y del Hijo (+) y del Espíritu Santo. Amén.

2.- Ofrecimiento de obras al levantarse

Yo te adoro, Señor y Padre mío, y te amo con todo mi corazón. Te doy gracias por haberme creado y hecho cristiano y por el nuevo día que me regalas. Te ofrezco las acciones de este día: Haz que sean según tu voluntad y para mayor gloria tuya. Líbrame del pecado y de todo mal. Que tu gracia esté siempre conmigo y todos los que yo quiero. Amén.

(Rezo del Padrenuestro y tres Avemarías)

3.-Angelus:


El Ángel del Señor anunció a María;

y concibió por obra del Espíritu Santo. (Avemaría)

He aquí la esclava del Señor,

hágase en mí según tu palabra. (Avemaría)

Y el Verbo se hizo carne

y habitó entre nosotros. (Avemaría)

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.

Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

 

 

Oración: Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y cruz, con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén

 

4.- Regina coeli:

 

(En tiempo Pascual en lugar del Angelus se recita esta oración)

 

Reina del cielo, alégrate, aleluya,

porque el Señor, a quien mereciste llevar, aleluya,
ha resucitado, según su palabra, aleluya.

 

V Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya.

R. Porque resucitó verdaderamente el Señor, aleluya.

 

Oración:
iOh, Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado alegrar al mundo! Concédenos, te rogamos, que por la intercesión de su Madre la Virgen María, alcancemos los gozos de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

5.- Bendición de la mesa:

Te damos gracias, Padre de bondad, por el alimento que nos regalas y por todos tus beneficios: a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Dios, que nos ha dado para hoy, nos dé para mañana: su gracia y su bendición, salud para el cuerpo y salvación para el alma. Amén.

Te damos gracias, Padre de bondad, por el alimento que nos regalas y por todos tus beneficios: a ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

6.- Sacramento de la Penitencia:

Para una buena confesión es necesario:

- el examen de conciencia, para poner toda tu vida a la luz del Evangelio.

- el dolor de los pecados (contrición), por haber ofendido a Dios.

- el propósito de enmienda, porque quieres cambiar de vida, convertirte, con la gracia de Dios.

- la confesión de los pecados al sacerdote: expones todos tus pecados con sencillez y sinceridad.

- la satisfacción: cumplir la penitencia, reparar el daño causado al prójimo, restituirlo robado (bienes, fama..)

7.- Acto de contrición:

 Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío;

por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón el haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca mas pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me sea impuesta. Amén.

 

8.- Comunión Espiritual:


Creo, Jesús mío, que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar; te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte dentro de mi alma. Mas, no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven espiritualmente a mi corazón. No permitas, Jesús mío, que jamás me aparte y separe de ti. Así sea.

9.-Invocación al Espíritu Santo:

Ven, Espíritu Santo,

llena los corazones de tus fieles

y enciende en ellos el fuego de tu amor.

 V Envía, Señor, tu Espíritu y habrá una nueva creación.
R. Y renovarás la faz de la tierra.

 Oración: Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a sus inspiraciones para buscar siempre el bien y gozar de su consuelo. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

10.-Acción de gracias al acostarse: 

Te adoro, Señor y Padre mío,

yo te amo con todo mi corazón.

Te doy gracias por haberme creado y hecho cristiano, y por haberme conservado en este día.

Guárdame en el descanso y líbrame de todos los peligros.
Perdona los males que hoy he cometido

y acepta el bien que he hecho.

Sálvame, Señor, despierto, y protégeme mientras duermo,

para que viva con Cristo y descanse en paz. Amén.

 

Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, descanse con vosotros en paz el alma mía.

 (Rezo del Padrenuestro y tres Avemarías)

11.- Salve:


Dios te salve,
Reina y Madre de Misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.

A ti llamamos, los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
iOh clementísima, Oh piadosa,
Oh dulce
Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos
de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén

 

II   LETANÍAS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

 Señor, ten misericordia de nosotros, Jesucristo, ten misericordia de nosotros, Señor, ten misericordia de nosotros,
Jesucristo, óyenos,

Jesucristo, escúchanos,            [ Bendícenos, Señor]

Antídoto del pecado

Jesús eucarístico,
Sosiego de las pasiones,

Árbol de la vida,

Formador de vírgenes,

Maná celestial,

Fuente de toda gracia,

Cordero Pascual,

Fuerza de los apóstoles,

Pontífice según el orden de Melquisedec,
Lazo de unidad,

Jesús, Dios-Hombre con nosotros,
Viático de
los moribundos,
Misterio de fe,

Pan de la vida,
Máximo donde Dios,
Prenda de la gloria futura,
Substancialmente presente, Jesús, en cada misa,

Entero bajo las especies de pan y vino,
Renovador del sacrificio de la cruz Hijo de María,

Víctima y sacrificador, Rector del universo,

Infinita adoración de Dios,

Rey de todos los pueblos,
Gratitud sin medida,

Centro del culto de la Iglesia,
Propiciación por vivos y difuntos,
Dignísimo de homenajes sociales,

Siempre vivo para interceder por nosotros,
Jesús eterno, Salvador del mundo,
Buen Pastor,

 

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Principal mediador,    [perdónanos Señor],
Ejemplar de las virtudes,

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
Horno de la mayor Caridad, escúchanos Señor,

Jesús en el Santísimo Sacramento,

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
Sagrado convite

ten misericordia de nosotros.

 

V El Señor misericordioso hizo un memorial de sus maravillas

R. Dio un manjar a los que temían.

Oración: Señor Jesucristo, que por el exceso de tu amor, estableciste la admirable Eucaristía, concede que acudamos fielmente a este manantial infinito de la gracia y gocemos de él plenamente Tú que vivas y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


III  LETANÍAS DE CRISTO, SACERDOTE Y VÍCTIMA (JUAN PABLO II)

Señor, ten piedad
Cristo ten piedad

Señor, ten piedad

Cristo, óyenos

Cristo, escúchanos

Dios Padre de los cielos                        [Ten misericordia de nosotros]
Dios Hijo Redentor del Mundo
Dios Espíritu Santo
Trinidad Santa un solo Dios Jesús,
Sacerdote y víctima
Jesús, Sacerdote para siempre según
el rito de Melquisedec
Jesús, Sacerdote enviado por Dios
para evangelizar a los pobres Jesús,
Sacerdote que en la ultima cena
instituiste el sacrificio perpetuo,
Jesús, Sacerdote que vive siempre
para interceder por nosotros
Jesús, Pontífice al que el Padre ungió
con Espíritu Santo y fortaleza
Jesús, Pontífice tomado de entre los hombres,

Jesús, Pontífice constituido a favor de los hombres

Jesús, Pontífice de nuestra confesión
Jesús, Pontífice de mayor gloria que Moisés
Jesús, Pontífice del tabernáculo verdadero
Jesús, Pontífice de los bienes futuros
Jesús, Pontífice santo, inocente y puro
Jesús, Pontífice fiel y misericordioso
Jesús, Pontífice encendido en celo de Dios
y de las almas
Jesús, Pontífice perfecto para siempre
Jesús,
Pontífice que por tu propia sangre
penetraste los cielos
Jesús, Pontífice que iniciaste para nosotros
un camino nuevo
Jesús, Pontífice que nos amaste
y nos lavaste de los pecados con tu sangre
Jesús, Pontífice que te entregaste a Dios
como oblación y hostia
Jesús, Hostia de Dios y de los hombres

Jesús, Hostia santa e inmaculada
Jesús, Hostia que aplaca

Jesús, Hostia pacifica

Jesús, Hostia de propiciación de alabanza

Jesús, Hostia de conciliación y de paz

Jesús, Hostia en la que
tenemos la confianza y el acceso hasta Dios
Jesús, Hostia que vive por los siglos de los siglos

Muéstrate propicio perdónanos, Jesús
Muéstrate propicio
escúchanos, Jesús

De entrar temerariamente en el clero         [Líbranos, Jesús]
Del pecado de sacrilegio
Del espíritu de incontinencia
Del deseo impuro

De toda mancha de simonía

De una dispensa indigna de las tareas eclesiásticas

Del amor al mundo y de su vanidad

De una celebración indigna de tus Misterios

Por su sacerdocio eterno
Por la santa unción con que fuiste constituido
corno Sacerdote de Dios Padre
Por tu espíritu sacerdotal

Por tu ministerio, con el que glorificaste
al Padre sobre la tierra
Por tu propia inmolación cruenta hecha en la cruz de una vez para siempre

Por tu único sacrificio renovado
cada día en el altar
Por tu potestad divina, que ejerces
invisiblemente a través de tus sacerdotes

Para que te dignes conservar a todo el orden sacerdotal en la santa religión      [ Te rogamos óyenos ]
Para que te dignes proveer a tu pueblo de pastores según tu corazón

Para que te dignes llenarlos
de tu espíritu sacerdotal
Para que los labios de los sacerdotes
prediquen la sabiduría
Para que te dignes enviar operarios fieles a tu mies

Para que te dignes multiplicar los ministros
fieles de tus misterios
Para que te dignes darles perseverancia
en el servicio a tu voluntad
Para que te dignes concederles mansedumbre
en el ministerio, habilidad en la acción y constancia en la oración
Para que te dignes promover en todas las
partes a través de ellos el culto al Santísimo Sacramento
Para que te dignes recibir en tu gozo
a los que te sirvieron bien

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo Perdónanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo
Escúchanos, Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo
Ten piedad de nosotros, Señor

Jesús, Sacerdote óyenos
Jesús, Sacerdote
escúchanos
Jesús, Sacerdote
ten misericordia de nosotros

 Oremos: Oh Dios, santificador y custodio, suscita en tu Iglesia por tu Espíritu, ministros idóneos y fieles de tus santos misterios, para que con tu ayuda el pueblo cristiano sea dirigido por el ministerio y ejemplo de ellos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.


IV   HIMNO EUCARÍSTICO LITÚRGICO PANGE LINGUA

Que la lengua humana
cante este misterio:
la Preciosa Sangre
y el Preciosa Cuerpo.

Quien nació de Virgen,

Rey del Universo,
por salvar al mundo
dio su Sangre en precio.

Se entregó a nosotros,
se nos dio naciendo
de una casta Virgen,
y, acabado el tiempo,
tras haber sembrado
la Palabra al pueblo,
coronó su obra
con prodigio excelso.

Fue en la ultima cena
-agape fraterno­

tras comer la pascua
según mandamiento,
con sus propias manos repartió su cuerpo,
lo entregó a los Doce para su alimento.

La Palabra es carne
y hace carne y cuerpo
con palabra suya
lo que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino

y aunque no entendemos,
basta fe si existe Corazón sincero.

Adorad postrados este Sacramento,
cesa el viejo rito, se establezca el nuevo;
dudan los sentidos y el entendimiento;
que la fe los supla con asentimiento.


Himnos de alabanza, bendición y obsequio;
por igual la gloria y el poder
y el reino al eterno Padre con el Hijo eterno,
y al divino Espíritu que procede de ellos. Amén.

 

Pange, lingua, gloriosi
Córporis mystérium.
Sanguinísque pretiósi,
quem in mundi prétium,
fructus ventris generosi
Rex effúdit géntium.

Nobis datus, nobis
natus ex intàcta Vírgine,

et in mundo conversàtus,
sparso verbi semine,
sui moras incolàtus
miro clàusit ordine.

In suprema nocte cena,
recumbens cum fratribus,
observàta lege plene,
cibis in legàlibus,
cibum turbae duodenae
se dat suis manibus.

Verbum caro, panem verum,
Verbo carnem éfficit,
fitque sanguis Christi merum,

et si sensus déficit,
ad firmandum cor sincérum
sola fides súfficit.

Tantum ergo Sacraméntum
venerémur cémui,
et antíquum documéntum
novo cedat ritui;

praestet fides supplementum
sénsuum deféctui.

Genitori, Genitóque
laus et iubilàtio;
salus, honor, virtus quoque
sit et benedíctio;
procedenti ab utróque
compar sit laudatio. Amen.

 


 

V - VISITAS  AL  SANTÍSIMO

A) Textos bíblicos para la meditación:

Is 55, 10 ss - ... como la lluvia y la nieve caen del cielo y no vuelven a él sin haber fecundado la tierra y hecho germinar las plantas, así es la Palabra que sale de mi boca, no vuelve a mi, sin haber cumplido mis proyectos.

Ez 36, 26 - Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.

Mt 26, 26-28 - Estando cenando, tomó Jesús el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: tomad y comed, éste es mi cuerpo. Y tornando el cáliz dio gracias, y se lo dio diciendo: Bebed todos de él, porque ésta es mi sangre de la nueva alianza.

Mt 28, 20 - Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Jn 6, 27. - Trabajad para tener no tanto el manjar que se consume, sino el que dura hasta la vida eterna, el cual os dará el Hijo del hombre.

Jn 6, 32-33 - Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. Es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. El pan de Dios viene del cielo y da la vida al mundo.

Jn 6, 35 - Yo soy el pan de vida. El que viene a mi no volverá a tener hambre; el que cree en mi nunca tendrá sed.

Jn 6, 51-52 - Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Quien coma de este pan, vivirá eternamente, y el pan que daré es mi misma carne para la vida del mundo.

Jn 6, 54-57- El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el ultimo día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mi y yo en él. El Padre, que vive, me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mi.

Jn 10,10 - He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.

Jn 14, 6- Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mi.

Jn  14, 23 - El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amara, y vendremos a él y haremos morada en él.

Jn 14, 27 - La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy corno la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde.

Jn 15, 4 - Permaneced en mi y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por si si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mi.

Jn 15, 5 - Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: el que permanece en mi y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mi no podéis hacer nada.

1 Cor 10, 16-17 - El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no nos hace entrar en comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos hace entrar en comunión con el Cuerpo de Cristo? Pues si el pan es uno solo y todos participamos de ese único pan, todos formamos un solo cuerpo.

I Cor 11, 26 - Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

I Jn 4,16- Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.


B) Otros pensamientos para la meditación:

Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia - En la Eucaristía, «Cristo también nos recibe a cada uno de nosotros».

Concilio Vaticano 11- El Sacrificio eucarístico es «fuente y cima de toda la vida cristiana».

San Agustín de Hipona - La eucaristía es un banquete en el que comemos con Cristo, comemos a Cristo, y somos comidos por Cristo.

Beata M. Teresa de Calcuta - «Para mi, Jesús es el Sacrificio ofrecido en la Santa Misa por los pecados del mundo y por los míos propios»

Juan Pablo II - «La Eucaristía es misterio de le, prenda de esperanza y fuente de caridad con Dios y entre los hombres».

S. Josemaría Escrivcí de Balaguer - «Cuando te acercas al Sagrario piensa que Él te espera desde hace veinte siglos».

San Ambrosio - La Eucaristía es el remedio de nuestra necesidad cotidiana.

San Pio X - Acerquemos a los niños a la Eucaristía y veremos frutos de Santidad.


C) Antífonas eucarísticas:

1.- iOh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura!


2.- iQué bueno es, Señor, tu espíritu! Para demostrarnos a tus hijos tu ternura, les has dado un pan delicioso, bajado del cielo, que colma de bienes a los hambrientos y deja vacíos a los ricos hastiados.

 3.- Salva, cuerpo verdadero, nacido de María Virgen, verdaderamente atormentado, inmolado en la cruz por el hombre, de cuyo costado traspasado manó agua y sangre. Seas saboreado por nosotros en el trance de la muerte, ioh Jesús dulce, oh Jesús piadoso, oh Jesús, hijo de María!

4.- Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. 

D) Alabanzas al Santísimo Sacramento:

Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.

Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

Bendita sea su Preciosísima Sangre.

Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.

Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.

Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.

Bendita sea María Santísima Madre de la Iglesia.

Bendito sea su castísimo esposo San José.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.


VI ORACIÓN DE PREPARACIÓN  PARA LA MISA Y COMUNIÓN 

Oración de San Ambrosio:

Señor mío Jesucristo, me acerco a tu altar lleno de temor por mis pecados, pero también lleno de confianza porque estoy seguro de tu misericordia.

Tengo conciencia de que mis pecados son muchos y de que no he sabido dominar mi corazón y mi lengua. Por eso, Señor de bondad y de poder, con mis miserias y temores me acerco a Ti, fuente de  misericordia y de perdón; vengo a refugiarme en Ti, que has dado la vida por salvarme, antes de que llegues corno juez a pedirme cuentas.

 Señor no me da vergüenza descubrirte a Ti mis llagas. Me dan miedo mis pecados, cuyo número y magnitud sólo Tú conoces; pero confío en tu infinita misericordia.

 Señor mío Jesucristo, Rey eterno, Dios y hombre verdadero, mírame con amor, pues quisiste hacerte hombre para morir por nosotros. Escúchame, pues espero en Ti. Ten compasión de mis pecados y miserias, Tú que eres fuente inagotable de amor.

Te adoro, Señor, porque diste tu vida en la Cruz y te ofreciste en ella corno Redentor por todos los hombres y especialmente por mi. Adoro Señor, la sangre preciosa que brotó de tus heridas y ha purificado al mundo de sus pecados.

Mira, Señor, a este pobre pecador, creado y redimido por Ti. Me arrepiento de mis pecados y propongo corregir sus consecuencias. Purifícame de todos mis maldades para que pueda recibir menos indignamente tu sagrada comunión. Que tu Cuerpo y tu Sangre me ayuden, Señor, a obtener de Ti el perdón de mis pecados y la satisfacción de mis culpas; me libren de mis malos pensamientos, renueven en mi los sentimientos santos, me impulsen a cumplir tu voluntad y me protejan en todo peligro de alma y cuerpo. Amén.

Oración de Santo Tomás  de Aquino:

 Dios eterno y todopoderoso, me acerco al sacramento de tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, corno se acerca al médico el enfermo, el pecador a la fuente de misericordia, el ciego al resplandor de la luz eterna y el pobre e indigente al Dios del cielo y de la tierra.

Muéstrame, Señor, tu bondad infinita y cura mis
debilidades, borra las manchas de mis pecados, ilumina mi ceguera, enriquece mi indigencia y viste mi desnudez, a fin de que pueda yo recibir, en el Pan de los Ángeles, al Rey de los Reyes y Señor de los Señores, con toda la humildad y la reverencia, el arrepentimiento y el amor, la pureza,  la fe y el deseo que son necesarios para la salvación de mi alma.

Haz, Señor, que no sólo reciba yo el sacramento del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, sino también la fuerza que otorga el Sacramento, y que con tal amor reciba yo el Cuerpo que tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, recibió de la Virgen María, que quede yo incorporado a su Cuerpo místico y pueda ser contado corno uno de sus miembros.

Concédeme, Padre lleno de amor, llegar a contemplar al término de esta vida, cara a cara y para siempre, a tu amado Hijo, Jesucristo, a quien voy a recibir hoy, oculto en este sacramento. Por el mismo Cristo nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


 

Oración de Santo Tomás  de Aquino:


Gracias te doy, Señor Santo, Padre todopoderoso, Dios eterno, porque a mi, pecador, indigno siervo tuyo, sin mérito alguno de mi parte, sino por pura dignación de Tu misericordia, te has dignado alimentarme con el precioso Cuerpo y Sangre de tu Unigénito Hijo mi Señor Jesucristo. Te suplico que esta sagrada Comunión no me sea ocasión de castigo, sino intercesión saludable para el perdón: sea armadura de mi le, escudo de mi buena voluntad, muerte de todos mis vicios, exterminio de todos mis carnales apetitos, y aumento de caridad, paciencia y verdadera humildad, y de todas mis virtudes: sea perfecto sosiego de mi cuerpo y de mi espíritu, firme defensa contra todos mis enemigos visibles e invisibles, perpetua unión contigo, único y verdadero Dios, y sello de mi muerte dichosa.

Ruégote que tengas por bien llevar a este pecador a aquel convite inefable, donde Tu, con tu Hijo y el Espíritu Santo, eres para tus Santos luz verdadera, satisfacción cumplida, gozo perdurable, dicha consumada y felicidad perfecta. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

Aspiraciones de San Ignacio:

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.

Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.  
Oh buen Jesús
, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.

No permitas que me  aparte de ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame,
y mándame ir a ti

y mándame ir a ti,

para que con tus santos te alabe
por los siglos de los siglos. Amén.

 Ofrecimiento de sí mismo:

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer Vos me lo disteis, a Vos Señor lo torno, disponed de ello a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y vuestra gracia que ésta me basta. Amén.

 Oración a la Santísima Virgen:

 Oh, María, Virgen y Madre Santísima, he recibido a tu Hijo amadísimo, a quien concebiste en tu seno inmaculado, engendraste, alimentaste y estrechaste suavemente entre tus brazos. Te presento y ofrezco, con amor y humildad, Aquel mismo, cuya presencia te alegraba y te llenaba de gozo, para estrecharlo con tus brazos, amarlo con tu corazón y ofrecerlo corno supremo culto de latría a la Santísima Trinidad, por tu honor y gloria, y por mis necesidades y las de todo el mundo. Te ruego, queridísima Madre, que me obtengas el perdón de todos mis pecados y abundante gracia para servirle a partir de ahora con mas fidelidad, y la gracia de la perseverancia final para que pueda contigo alabarle por todos los siglos de los siglos. Amén.


VIII  - ACTO DE DESAGRAVIO

Por las blasfemias contra la sagrada Eucaristía,
Por los robos sacrílegos...

Por el derribo de tantos templos...
Por la profanación de cálices, copones
y demás vasos sagrados...
Por la violación de los Sagrarios..
Por la despreocupación respecto del decoro de las casas de Dios...
Por las risas y charlas en los templos...

Por la inmodestia en los pensamientos,
miradas y vestidos en las iglesias...
Por la comprensión de la necesidad y obligación cristiana y apostólica de
contribuir al culto eucarístico...
Por el trabajo dominical y festivo...
Por el incumplimiento de la Misa
dominical y festiva...
Por el desconocimiento general de la Misa...

Por la ignorancia general acerca del Pan de vida...

Por el descuido en frecuentar la sagrada Mesa,
conforme a los deseos de la Iglesia...
Por el desprecio de la misma Comunión pascual...

Por la negligencia en la Comunión de los enfermos...
Por la dejadez en la administración del Viático...
Por la despreocupación respecto de la primera
y frecuente Comunión de los niños...
Por las comuniones tibias y frías...
Por las comuniones sacrílegas...
Por la conciliación de la Misa y Comunión
con la vida frívola y hasta pecaminosa..
Por la denegación de los derechos de la
Eucaristía a homenajes solemnes y públicos...
Por la persecución sistemática, violenta
o solapada, de los Sacerdotes...

 Oración: Señor nuestro, Jesucristo, que has querido permanecer en el Sacramento basta la consumación de los siglos para dar a tu Padre una gloria infinita y a nosotros el alimento de la inmortalidad; que te has expuesto a todos los ultrajes de los impíos antes que abandonar a tu Iglesia; concédenos la gracia de llorar con verdadero dolor los ultrajes y descuidos que cometen los hombres contra el mayor de los sacramentos, danos celo eficaz para reparar los oprobios que has sufrido en este misterio inefable. Tu que vives y reinas con Dios Padre, en unión del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

La Santa Misa: Todos los domingos y fiestas de precepto debes participar en la celebración de la Eucaristía, la Santa Misa, y procura comulgar. Si has cometido algún pecado, confiésate. Y celebra el domingo, día del Señor, en unión con todos los cristianos del mundo. Procura participar con la mayor frecuencia posible de la Eucaristía. Haz de tu vida una ofrenda al Padre, unido a Jesucristo por la acción del Espíritu Santo.


IX  -  EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA

271. ¿Qué es la Eucaristía?

La Eucaristía es el sacrificio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús, que Él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el sacrificio de la Cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su Muerte y Resurrección. Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual, en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida eterna.

272. ¿Cuándo instituyó Jesucristo la Eucaristía?

Jesucristo instituyó la Eucaristía el Jueves Santo, «la noche en que fue entregado» (1 Co 11, 23), mientras celebraba con sus Apóstoles la Ultima Cena.

273. ¿Cómo instituyó la Eucaristía?

Después de reunirse con los Apóstoles en el Cenáculo, Jesús tomó en sus manos el pan, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros». Después tomó en sus manos el cáliz con el vino y les dijo: «Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía».

274. ¿Qué representa la Eucaristía en la vida de la Iglesia?

La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana. En ella alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a Él. La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del Pueblo de Dios. Mediante la celebración eucarística nos unimos a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna.

275. ¿Qué nombres recibe este sacramento?

La inagotable riqueza de este sacramento se expresa con diversos nombres, que evocan sus aspectos particulares. Los mas comunes son: Eucaristía, Santa Misa, Cena del Señor, Fracción del Pan, Celebración Eucarística, Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, Santo Sacrificio, Santa y Divina Liturgia, Santos Misterios, Santísimo Sacramento del Altar, Sagrada Comunión.

276. ¿Qué lugar ocupa la Eucaristía en el designo divino de salvación?

En la Antigua Alianza, la Eucaristía fue anunciada sobre todo en la cena pascual, celebrada cada ano por los judíos con panes ázimos, corno recuerdo de la salida apresurada y liberadora de Egipto. Jesús la anunció en sus enseñanzas y la instituyó celebrando con los Apóstoles la Ultima Cena durante un banquete pascual. La Iglesia, fiel al mandato del Señor: «Haced esto en memoria mía» (1 Co 11, 24), ha celebrado siempre la Eucaristía, especialmente el domingo, día de la resurrección de Jesús.

277. ¿Cómo se desarrolla la celebración de la Eucaristía?

La celebración eucarística se desarrolla en dos grandes momentos, que forman un solo acto de culto: la liturgia de la Palabra, que comprende la proclamación y la escucha de la Palabra de Dios; y la liturgia eucarística, que comprende la presentación del pan y del vino, la anáfora o plegaria eucarística, con las palabras de la consagración, y la comunión.

278. ¿Quién es el ministro de la celebración de la Eucaristía?

El ministro de la celebración de la Eucaristía es el sacerdote (obispo o presbítero), válidamente ordenado, que actúa en la persona de Cristo Cabeza y en nombre de la Iglesia.

279. ¿Cuáles son los elementos esenciales y necesarios para celebrar la Eucaristía?


Los elementos esenciales y necesarios para celebrar la Eucaristía son el pan de trigo y el vino de vid.


280. ¿En qué sentido la Eucaristía es memorial del sacrificio
de Cristo?
 

La Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo, en el sentido de que hace presente y actual el sacrificio que Cristo ha ofrecido al Padre, una vez por todas, sobre la Cruz en favor de la humanidad. El carácter sacrificial de la Eucaristía se manifiesta en las mismas palabras de la institución: «Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros» y «Este cáliz es la nueva alianza en mi Sangre que se derrama por vosotros» (Lc 22, 19-20). El sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio. Son idénticas la víctima y el oferente, y sólo es distinto el modo de ofrecerse: de manera cruenta en la cruz, incruenta en la Eucaristía.

 

281. ¿De qué modo la Iglesia participa del Sacrificio eucarístico?

En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo se hace también sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo. En cuanto sacrificio, la Eucaristía se ofrece también por todos los fieles, vivos y difuntos, en reparación de los pecados de todos los hombres y para obtener de Dios beneficios espirituales y temporales. También la Iglesia del cielo está unida a la ofrenda de Cristo.

282. ¿Cómo está Jesucristo presente en la Eucaristía?

Jesucristo está presente en la Eucaristía de modo único e incomparable. Está presente, en efecto, de modo verdadero, real y sustancial: con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y su Divinidad. Cristo, todo entero, Dios y hombre, está presente en ella de manera sacramental, es decir, bajo las especies eucarísticas del pan y del vino.

283. ¿Qué significa transubstanciación?

Transubstanciación significa la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre. Esta conversión se opera en la plegaria eucarística con la consagración, mediante la eficacia de la palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo. Sin embargo, permanecen inalteradas las características sensibles del pan y del vino, esto es las «especies eucarísticas».

284. La fracción del pan, ¿divide a Cristo?

La fracción del pan no divide a Cristo: El está presente todo e integro en cada especie eucarística y en cada una de sus partes.

285. ¿Cuánto dura la presencia eucarística de Cristo?

La presencia eucarística de Cristo continua mientras subsistan las especies eucarísticas.

286. ¿Qué tipo de culto se debe rendir al sacramento de la Eucaristía?

Al sacramento de la Eucaristía se le debe rendir el culto de latría, es decir la adoración reservada a Dios, tanto durante la celebración eucarística, corno fuera de ella. La Iglesia, en efecto, conserva con la máxima diligencia las Hostias consagradas, las lleva a los enfermos y a otras personas imposibilitadas de participar en la Santa Misa, las presenta a la solemne adoración de los fieles, las lleva en procesión e invita a la frecuente visita y adoración del Santísimo Sacramento, reservado en el Sagrario.

287. ¿Por qué la Eucaristía es el banquete pascual?

La Eucaristía es el banquete pascual porque Cristo, realizando sacramentalmente su Pascua, nos entrega su Cuerpo y su Sangre, ofrecidos corno comida y bebida, y nos une con Él y entre nosotros en su sacrificio.

288. ¿Qué significa el altar?

El altar es el símbolo de Cristo mismo, presente corno víctima sacrificial (altar-sacrificio de la Cruz), y corno alimento celestial que se nos da a nosotros (altar-mesa eucarística).

289. ¿Cuándo obliga la Iglesia a participar de la Santa Misa?

La Iglesia establece que los fieles tienen obligación de participar de la Santa Misa todos los domingos y fiestas de precepto, y recomienda que se participe también en los demás días.

290. ¿Cuándo se debe recibir la sagrada Comunión?

La Iglesia recomienda a los fieles que participan de la Santa Misa recibir también, con las debidas disposiciones, la sagrada Comunión, estableciendo la obligación de hacerlo al menos en Pascua.

291. ¿Qué se requiere para recibir la sagrada Comunión?

Para recibir la sagrada Comunión se debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Católica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Son también importantes el espíritu de recogimiento y de oración, la observancia del ayuno prescrito por la Iglesia y la actitud corporal (gestos, vestimenta), en serial de respeto a Cristo.

292. ¿Cuáles son los frutos de la sagrada Comunión?

La sagrada Comunión acrecienta nuestra unión con Cristo y con su Iglesia, conserva y renueva la vida de la gracia, recibida en el Bautismo y la Confirmación y nos hace crecer en el amor al prójimo. Fortaleciéndonos en la caridad, nos perdona los pecados veniales y nos preserva de los pecados mortales para el futuro.

293. ¿Cuándo se puede administrar la sagrada Comunión a los otros cristianos?

Los ministros católicos administran lícitamente la sagrada Comunión a los miembros de las Iglesias orientales que no están en plena Comunión con la Iglesia católica, siempre que éstos lo soliciten espontáneamente y tengan las debidas disposiciones. Asimismo, los ministros católicos administran lícitamente la sagrada Comunión a los miembros de otras comunidades eclesiales que, en presencia de una grave necesidad, la pidan espontáneamente, estén bien dispuestos y manifiesten la fe católica respecto al sacramento.

294. ¿Por qué se dice que la Eucaristía es «prenda de la gloria futura»?

La Eucaristía es prenda de la gloria futura porque nos colma de toda gracia y bendición del cielo, nos fortalece en la peregrinación de nuestra vida terrena y nos hace desear la vida eterna, uniéndonos a Cristo, sentado a la derecha del Padre, a la Iglesia del cielo, a la Santísima Virgen y a todos los santos.

«En la Eucaristía, nosotros partimos «un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto no para morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre»» (San Ignacio de Antioquía).
 

X  - EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA  Y LA RECONCILIACIÓN

296. ¿Qué nombres recibe este sacramento?

Este sacramento es llamado sacramento de la Penitencia, de la Reconciliación, del Perdón, de la Confesión y de la Conversión.

297. ¿Por qué hay un sacramento de la Reconciliación después del Bautismo?

Puesto que la vida nueva de la gracia, recibida en el Bautismo, no suprimió la debilidad de la naturaleza humana ni la inclinación al pecado (esto es, la concupiscencia), Cristo instituyó este sacramento para la conversión de los bautizados que se han alejado de El por el pecado.

298. ¿Cuándo fue instituido este sacramento?

El Señor resucitado instituyó este sacramento cuando la tarde de Pascua se mostró a sus Apóstoles y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20, 22-23).

299. ¿Tienen necesidad los bautizados de conversión?

La llamada de Cristo a la conversión resuena continuamente en la vida de los bautizados. Esta conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia, que, siendo santa, recibe en su propio seno a los pecadores.

300. ¿Qué es la penitencia interior?

La penitencia interior es el dinamismo del «corazón contrito» (Sal 51, 19), movido por la gracia divina a responder al amor misericordioso de Dios. Implica el dolor y el rechazo de los pecados cometidos, el firme propósito de no pecar mas, y la confianza en la ayuda de Dios. Se alimenta de la esperanza en la misericordia divina.

301. ¿De qué modos se expresa la penitencia en la vida cristiana?

La penitencia puede tener expresiones muy variadas, especialmente el ayuno, la oración y la limosna. Estas y otras muchas formas de penitencia pueden ser practicadas en la vida cotidiana del cristiano, en particular en tiempo de Cuaresma y eI viernes, día penitencial.

302. ¿Cuáles son los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación?

Los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación son dos: los actos que lleva a cabo el hombre, que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, y la absolución del sacerdote, que concede el perdón en nombre de Cristo y establece el modo de la satisfacción.

303. ¿Cuáles son los actos propios del penitente?

Los actos propios del penitente son los siguientes: un diligente examen de conciencia; la contrición (o arrepentimiento), que es perfecta cuando está motivada por el amor a Dios, imperfecta cuando se funda en otros motivos, e incluye el propósito de no volver a pecar; la confesión, que consiste en la acusación de los pecados hecha delante del sacerdote; la satisfacción, es decir, el cumplimiento de ciertos actos de penitencia, que el propio confesor impone al penitente para reparar el daño causado por el pecado.

304. ¿Qué pecados deben confesarse?

Se deben confesar todos los pecados graves aún no confesados que se recuerdan después de un diligente examen de conciencia. La confesión de los pecados graves es el único modo ordinario de obtener el perdón.

305. ¿Cuándo se está obligado a confesar los pecados graves?

Todo fiel, que haya llegado al uso de razón, está obligado a confesar sus pecados graves al menos una vez al ano, y de todos modos antes de recibir la sagrada Comunión.

306. ¿Por qué también los pecados veniales pueden ser objeto de la confesión sacramental?


La Iglesia recomienda vivamente la confesión de los
pecados veniales aunque no sea estrictamente necesaria, ya que ayuda a formar una recta conciencia y a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo y a progresar en la vida del Espíritu.
 

307. ¿Quién es el ministro del sacramento de la Reconciliación?


Cristo confió el ministerio de la reconciliación a sus Apóstoles, a los obispos, sucesores de los Apóstoles, y a los presbíteros, colaboradores de los obispos, los cuales se convierten, por tanto, en instrumentos de la misericordia y de la justicia de Dios. Ellos ejercen el poder de perdonar los pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.


308.  ¿A
quién está reservada la absolución de algunos pecados particularmente graves?


La absolución de algunos pecados particularmente graves
(como son los castigados con la excomunión) está reservada a la Sede Apostólica o al obispo del lugar o a los presbíteros autorizados por ellos, aunque todo sacerdote puede absolver de cualquier pecado y excomunión, al que se halla en peligro de muerte.

309. El confesor, está obligado al secreto?

Dada la delicadeza y la grandeza de este ministerio y el respeto debido a las personas, todo confesor està obligado, sin ninguna excepción y bajo penas muy severas, a mantener el sigilo sacramentai, esto es, el absoluto secreto sobre los pecados conocidos en confesión.

310. ¿Cuáles son los efectos de este sacramento?

Los efectos del sacramento de la Penitencia son: la reconciliación con Dios y, por tanto, el perdón de los pecados; la reconciliación con la Iglesia; la recuperación del estado de gracia, si se había perdido; la remisión de la pena eterna merecida a causa de los pecados mortales y, al menos en parte, de las penas temporales que son consecuencia del pecado; la paz y la serenidad de conciencia y el consuelo del espíritu; el aumento de la fuerza espiritual para el combate cristiano.

311. ¿Se puede celebrar en algunos casos este sacramento con la confesión general y absolución colectiva?

En caso de grave necesidad (corno un inminente peligro de muerte), se puede recurrir a la celebración comunitaria de la Reconciliación, con la confesión general y la absolución colectiva, respetando las normas de la Iglesia y haciendo propósito de confesar individualmente, a su debido tiempo, los pecados graves ya perdonados de esta forma.

312. ¿Qué son las indulgencias?

Las indulgencias son la remisión ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, cumpliendo determinadas condiciones, obtiene para si mismo o para los difuntos, mediante el ministerio de la Iglesia, la cual, corno dispensadora de la redención, distribuye el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos.

(Tomado del C.C.E.C)


XI - Quince minutos en compañía de Jesús Sacramentado

No es menester, hijo mío, saber mucho para agradarme; basta que me ames con fervor. Háblame sencillamente, como hablarías al más íntimo de tus amigos, o a tu madre, o a tu hermano.

I. ¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera? Dime su nombre, bien sea el de tus padres, bien el de tus hermanos y amigos: dime al punto qué quisieras hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mucho; no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos, que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos para atender a las necesidades ajenas. Háblame con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra de amigo, entrañable y fervorosa. Recuérdame que prometí escuchar toda súplica salida del corazón, ¿y no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón ama especialmente?

 

II. Y para ti ¿no necesitas alguna gracia? Hazme, si quieres, una lista de tus necesidades y léela en mi presencia.

Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad y al regalo; que eres tal vez, egoísta, inconsciente, negligente..., y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para sacudir de encima de ti tales miserias.

No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos justos, tantos santos de primer orden, que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad..., y poco a poco se vieron libres de ellos.

Ni menos vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo darlo, y lo doy, y deseo que me lo pidas en cuanto no se oponga, antes favorezca y ayude a tu santificación. Por hoy, ¿qué necesitas? ¿Qué puedo hacer en tu bien? ¡Si supieras los deseos que tengo de favorecerte! ¿Traes ahora mismo entre manos algún proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente. ¿Qué te preocupa? ¿Qué piensas? ¿Qué deseas? ¿Qué quieres haga por tu hermano, hermana, por tu amigo, por tu superior? ¿Qué desearías hacer por ellos?

¿Y por mí? ¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas mucho y que viven quizá olvidados de mí? Dime qué cosa solicita hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente y con qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu empresa, y Yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras que me interesase algo en tu favor? Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, adonde me place.

 III. ¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿Quién lastimó tu amor propio? ¿Quién te ha despreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas esas heridas del tuyo. Cuéntamelo todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de Mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición.

¿Temes por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías que, no por ser infundadas, dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi Providencia. Contigo estoy; aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento te desamparo.

¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora, olvidadas, se alejan de ti sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado, si no han de ser obstáculo a tu santificación.

 IV. ¿Y no tienes tal vez alguna alegría que comunicarme? ¿Por qué no me haces partícipe de ella a fuer de buen amigo?

Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón. Quizá has tenido agradables sorpresas, quizá viste disipados negros recelos, quizá recibiste faustas noticias, alguna carta o muestra de cariño; has vencido alguna dificultad o salido de algún lance apurado. Obra mía es todo esto, y Yo te lo he proporcionado: ¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud y decirme sencillamente, como hijo a su padre: ¡Gracias, Padre mío, gracias! El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse correspondido.

 V. ¿Tampoco tienes alguna promesa que hacerme? Leo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente, a Dios no; háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a la ocasión aquella de pecado? ¿De privarte de aquel objeto que te dañó? ¿De no leer más aquel libro que avivó tu imaginación? ¿De no tratar más a la persona que turbó la paz de tu alma? ¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien, por haberte faltado, has mirado como enemiga?

Ahora bien, hijo mío: vuelve a tus ocupaciones habituales; al taller, a la familia, al estudio...; pero no olvides los quince minutos de grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario. Guarda en cuanto puedas silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que lo es también tuya, y vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso, más entregado a mi servicio. En mi Corazón hallarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, consuelos nuevos.


XII  - SAN PASCUAL BAILÓN

Nació San Pascual Bailón en Torrehermosa (Zaragoza), Diócesis de Tarazona, el 17 de mayo de 1540, primer día de Pascua de Pentecostés. Trabajó de pastor por las tierras de Alconchel hasta que vistió el hábito Franciscano en el convento de Elche el 1 de febrero de 1564.

En tiempos recios corno los de la mitad del siglo XVI en que la Reforma Protestante puso en cuestión la presencia real y verdadera de Jesucristo en la Eucaristía, Pascual Bailón, con su vida, con su oración, con su adoración y con su caridad, se convirtió -quizás sin saberlo él mismo- en un irrefutable testimonio de esta presencia real y salvadora de Jesucristo en la Eucaristía.

Murió en el convento de Villarreal el 17 de mayo de 1592, primer día de Pascua de Pentecostés.

Fue beatificado por Paulo V el 19 de octubre de 1618 y canonizado por Alejandro VIII el 16 de octubre de 1690.

El 28 de noviembre de 1897, León XIII lo declaró Patrón especial de los Congresos Eucarísticos y de todas las asociaciones que tienen por objeto la Divina Eucaristía.

Oración a San Pacual Bailón:

Acto de contrición:

Dulcísimo Jesús mío, en quien creo, en quien espero y a quien amo sobre todas las cosas: por ser Vos suma bondad me pesa de haberos ofendido y propongo, con vuestra gracia, no volver a pecar. Amén.

 Pues tu imán, vida y sustento
fue el Pan vivo Celestial:

logremos por ti, Pascual,
los frutos del Sacramento

 Padrenuestro, Ave María y Gloria.

Ruega por nosotros San Pascual Bailón,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oración

iOh Dios!, que otorgaste a San Pascual Bailón un amor extraordinario a los misterios del cuerpo y de la sangre de tu Hijo, concédenos la gracia de alcanzar las divinas riquezas que él alcanzó en este sagrado banquete que preparas a tus hijos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.