1. Celebraremos nuestras Vigilias de noche y manteniendo la duración de 5 horas establecida.

2. No dejaremos pasar un solo día sin hacer nuestra Visita a Jesús Sacramentado.

3. Mantendremos y fomentaremos el sentido expiatorio de la Adoración.

4. Nos sentiremos Obra de la Iglesia, adorando en nombre de la Humanidad e incluyendo en nuestras peticiones las necesidades del mundo entero.

5. Reavivaremos las relaciones entre los miembros del Turno, procurando vernos alguna vez fuera de la Vigilia e interesándonos por sus cosas.
 

6. Trataremos de mantener buenas relaciones con todas las Asociaciones Eucarísticas.
 

7. Nos ofreceremos personalmente para participar en las tareas apostólicas de la Parroquia y de la Diócesis (en el Cuerpo de Cristo no puede haber miembros inactivos).
 

8. Consideraremos tarea apostólica propia de la Adoración promover el culto a la Sagrada Eucaristía.


9. Haremos lo posible por aumentar el número de Adoradores Nocturnos (como a mí me trajeron, debo yo traer a otros).

10. Estimaremos siempre característica propia de nuestra condición de Adoradores
la devoción filial a María Santísima, madre y primera Adoradora del Hijo de Dios
hecho hombre.


 

10 Sugerencias a un adorador
ANE SANTANDER

 

MOTÍVATE: Ten muy claro un motivo para tu momento de adoración; la Biblia nos dice que Dios tiene sus delicias tratando con nosotros; S. Juan de la Cruz asegura que, aún esos ratos de oración débil, los tiene Dios en mucho... No busques mejor motivo.

  

DESCALZATE: Ante la Eucaristía descalza tu cuerpo: cuida tu postura, relaja tus músculos, aquieta tu respirar. Descalza tu mente: recoge tus sentidos, recuerdos, afectos... Descalza tu espíritu: "Sólo los limpios de corazón verán a Dios"...

  

ESCUCHA: Eres orante en la medida que eres buscador y escucha de tu Dios. Está en cada criatura, en cada acontecimiento, en su Palabra, en la Eucaristía. Tu escucha ha de ser... contemplativa. Esto es, todo lo has de buscar, con paz, con amor y con espíritu de fe. Reconociendo que sólo descubrimos lo que el espíritu nos muestra.

  

DIALOGA: Con un Dios cercano. Con un Dios alimento. Y tu camino es duro. Y largo. Y en más de una ocasión dices que no puedes más.¿Comulgas? Con un Dios compartido por todos cuantos comemos ese mismo Pan o bebemos esa misma sangre. Si Él se partió y repartió por el bien de todos, también tu debes partirte y entregarte por los demás... Con un Dios oculto: Pese a su "real Presencia" la Eucaristía sigue siendo "Misterio de fe". Sólo en la medida en que con la fuerza del espíritu logres contemplar a Dios tras esas apariencias de pan y vino, lo contemplarás al trasluz de cada hecho de vida. Es, en fin, el Dios que vino y el Dios que vendrá. Y, por ello, no puede haber recuerdo ni esperanza que no puedas proyectar en la blanca pantalla de una Hostia consagrada.

  

ADORA: La adoración es la cima de toda modulación orante. Tanto, que sólo a Dios podemos y debemos... adorarle. La actitud adoradora parte de una radical y sincera "humildad". Se manifiesta en una inefable sensación de asombro. Esto es, en una especie de estremecimiento del alma ante la grandeza de Dios y las maravillas que ha hecho y hace sobre todos y sobre mí. Se polariza en un tipo de oración que es: teocéntrica, entusiasta, desinteresada y por lo mismo, pura alabanza divina. Y puede proyectarse en determinados gestos (genuflexiones, postraciones, brazos y manos recogidos o elevados a lo alto,..).

  

CALLA

  

AGRADECE: Gracias por... No olvides que el coeficiente de tu gratitud marcará el de tu "saberte amado de Dios": base de toda vida de fe. Agradece, sobre todo, su don de la Eucaristía.

 

 INTERCEDE: Como Moisés un día; como el mismo Cristo más tarde; todo adorador tiene que asumir ante Dios un rol sacerdotal ineludible. Y unas cuantas veces harás de altar y otras te tocará ofrecerte como victima. Y siempre como puente entre Dios y los hombres. Por todo ello, no finalices nunca tu momento de adoración sin presentar al Señor las intenciones de su Vicario, las de quienes se han acogido explícitamente a tu oración, las de todos los hombres de buena voluntad. Pide, en fin, sintonizando con las alegrías y dolores de toda la Humanidad.

  

ENTRÉGATE: Si toda oración ha de concluir en compromiso, mucho más la adoración. En efecto, "los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad" dice san Juan. En espíritu, esto es, ofreciéndose por entero a Aquel a quien adoran. En verdad, sin quedarse mirando al cielo, embobados ante la grandeza y maravillas divinas.

 

 VIVE: Salta continuamente de la adoración a la vida y de ésta a aquélla. Lo conseguirás si : Ves a Dios en todas partes, le estimas sobre todas las cosas, le ves como meta de todos los caminos y objeto de todos los deseos... Le sientes como algo cercano y ... concibes tu vida como un ir gritando:¡Qué admirable, Señor, es tu nombre en toda la Tierra!

 

(Tomado de la revista Orar)