![]()
1.-
Consagración familiar a los Corazones de Jesús y María
2.-
Consagración de la familia al Corazón
Inmaculado de María
3.- Hora Santa con Santa Margarita
María, P. G. Dufour
4.- ¡Qué bien se está contigo, Señor,
junto al sagrario!
5.-
Consagración de las Familias al S. Corazón de Jesús
(Barcelona, 3.06.07)
6.-
Consagración joven al Corazón de Cristo. (Barcelona,
Visitación, 2.06.07)
CONSAGRACIÓN FAMILIAR A LOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA
Sacerdote:
"Oh, Corazón
Inmaculado de María, Auxiliadora de los Cristianos, refugio seguro y ancla
firme de salvación, a Ti queremos hoy consagrar esta familia y especialmente
estos/as hijos/as nuestro/as.
Madre Santísima Auxiliadora, al consagrar a esta familia y a esto/as
hijos/as a tu Corazón Inmaculado ellos te reconocen como Madre y Maestra.
Oh Madre Auxiliadora, a través de su consagración, esta familia, te reciben
en sus corazones, en su hogar.
Te
hace partícipe de sus vidas, de sus alegrías y sus luchas. Se encomienda a
tu cuidado maternal, a tu intercesión, y a tu guía, para que seas la
Estrella que las lleve, en camino seguro y perfecto, al Corazón de Cristo.
Por lo tanto, con confianza en tu promesa, de que al final tu Inmaculado
Corazón triunfara, esta familia, se consagra a Tu Corazón como medio seguro
para estar consagrados al Corazón de Jesús.
Familia y
Padrinos:
Tu que
eres la Madre de Cristo y que conoces perfectamente los rasgos de Su
corazón, de su mente y su carácter, te pedimos nos moldees, nos formes y nos
enseñes a ser como Él, para así ser imágenes vivientes de Jesús en nuestra
familia, en la Iglesia y en el mundo.
Tu
que eres nuestro Auxilio, ayúdanos a crecer en la vida de la gracia,
a vivir plenamente injertados en la vida divina que recibimos en el
Bautismo. Llévanos de la mano por caminos de santidad y no permitas que
caigamos en pecado mortal o que desperdiciemos las gracias ganadas por
Cristo en el sacrifico de la Cruz.
Tu que eres Maestra de las almas, enséñanos a ser dóciles como Tú,
para acoger con obediencia y agradecimiento toda la Verdad que nos enseña tu
Hijo a través de la Iglesia y su Magisterio.
Tu que eres Intercesora ante tu Hijo, mantén tu mirada misericordiosa
siempre puesta en cada uno de los miembros de esta familia, y aunque no
percibamos nuestras propias necesidades, acércate siempre a tu Hijo,
implorando como en Caná, el milagro del vino que nos hace falta.
Tu que eres Corredentora, guarda a esta familia, en la fidelidad ante
la Cruz. Que en los momentos de sufrimiento, no busquemos cada uno nuestro
propio bienestar, sino el acompañar al que sufre. Que en los momentos de
aridez y desolación, nos mantengamos fieles al compromiso adquirido ante
Dios, y que los sacrificios y luchas sepamos vivirlos en unión a tu Hijo
Crucificado.
Cabeza de
Familia:
Por la
unión del Inmaculado Corazón de María, Auxiliadora del pueblo cristiano,
con el Sagrado Corazón de Jesús, pedimos que esta familia que hoy se ha
consagrado a estos Dos Corazones, viva siempre en el amor, en la paz,
generosidad, fidelidad,
gozo y unidad.
Que esta familia sea un santuario doméstico donde se ore juntos, se
comuniquen con alegría y entusiasmo; donde los esposos nos amemos y
respetemos donde los hijos/as amen, respeten y obedezcan a sus padres.
Que los padres asumamos con responsabilidad su misión de amar, formar,
cuidar y enseñar a nuestros hijos para que crezcan en gracia ante Dios y los
hombres.
Te pedimos, en virtud de esta consagración, que esta familia sea protegida
de todo mal espiritual, físico o material. Que tu Corazón Inmaculado reine
en este hogar para que así Jesucristo sea amado, escuchado, consolado y
obedecido en esta familia." Amen!
Consagración de la familia al Corazón Inmaculado de María
Sacerdote
"Oh, Corazón Inmaculado de María, refugio seguro de nosotros pecadores y ancla firme de salvación, a Ti queremos hoy consagrar esta familia. En estos tiempos de gran batalla espiritual, de la lucha entre la oscuridad y la luz, entre la verdad y la mentira, entre los valores familiares auténticos y la permisividad destructiva, te pedimos la recibas en tu Corazón, la refugies en tu manto virginal, la defiendas con tus brazos maternales y la lleves por el camino seguro hacia el Corazón de tu Hijo, Jesús.
Madre Santísima, al consagrar esta familia a tu Corazón Inmaculado ella te reconoce como Madre y Maestra. Desea abrir sus corazones a ti, para que el fruto de esta consagración sea alcanzar plenitud de comunión con el Corazón de Cristo.
Oh Madre, a través de su consagración, esta familia, te recibe en su casa, en sus corazones, en su hogar. Te hace partícipes de sus vidas, de sus alegrías y sus luchas. Se encomienda a tu cuidado maternal, a tu intercesión, y a tu guía, para que seas la Estrella que les lleva en camino seguro y perfecto, al Corazón de Cristo. Por lo tanto, con confianza en tu promesa, de que al final tu Inmaculado Corazón triunfará, esta familia, se consagra a Tu Corazón como medio seguro para estar consagrados al Corazón de Jesús.
Familia
Tú que eres la Madre de Cristo y que conoces perfectamente los rasgos de Su corazón, de su mente y su carácter, te pedimos nos moldees, nos formes y nos enseñes a ser como El, para ser así imágenes vivientes de Jesús en nuestra familia, en la Iglesia y en el mundo.
Tú que eres Virgen y Madre, derrama sobre esta familia el espíritu de pureza de corazón, de mente y de cuerpo. Que todos vivamos la virtud de la castidad según nuestro estado y que la modestia y el pudor, impidan que entre en este hogar toda impureza, o manipulación del cuerpo.
Tú que eres Auxiliadora de los cristianos, ayúdanos a crecer en la vida de la gracia, a vivir plenamente injertados en la vida divina que recibimos en el Bautismo. Llévanos de la mano por caminos de santidad y no permitas que caigamos en pecado mortal o que desperdiciemos las gracias ganadas por Cristo en el sacrifico de la Cruz.
Tú que eres Maestra de las almas, enséñanos a ser dóciles como Tú, para acoger con obediencia y agradecimiento toda la Verdad que nos enseña tu Hijo a través de la Iglesia y su Magisterio.
Tú que eres Mediadora de las gracias, sé el canal seguro por el cual recibamos las gracias de conversión, de luz, de discernimiento, de fidelidad, de sabiduría, de santidad y de unión, que provienen del Corazón de Cristo.
Tú que eres Intercesora ante tu Hijo, mantén tu mirada misericordiosa siempre puesta en cada uno de los miembros de esta familia, y aunque no percibamos nuestras propias necesidades, acércate siempre a tu Hijo, implorando como en Caná, el milagro del vino que nos hace falta.
Tú que eres Corredentora, guarda a esta familia, en la fidelidad ante la Cruz. Que en los momentos de sufrimiento, no busquemos cada uno nuestro propio bienestar, sino el acompañar al que sufre. Que en los momentos de aridez y desolación, nos mantengamos fieles al compromiso adquirido ante Dios, y que los sacrificios y luchas sepamos vivirlos en unión a tu Hijo Crucificado.
Cabeza de Familia
Por la unión del Inmaculado Corazón de María con el Sagrado Corazón de Jesús, pedimos que esta familia que hoy se ha consagrado a estos Dos Corazones, viva siempre en el amor, en la paz, generosidad, fidelidad, gozo y unidad. Que esta familia sea un santuario doméstico donde sus miembros oren juntos, se comuniquen con alegría y entusiasmo; donde los esposos se amen y respeten, donde los niños ( y los jóvenes ) amen, respeten y obedezcan a sus padres.
Que los padres asumamos con responsabilidad nuestra misión de amar, formar, cuidar y enseñar a nuestros hijos para que crezcan en gracia ante Dios y los hombres.
Que tu Corazón Inmaculado reine en este hogar para que así Jesucristo sea amado, escuchado, consolado y obedecido en esta familia.
Te consagramos nuestro ser y toda nuestra vida, todo lo que tenemos, todo lo que amamos y todo lo que somos.
Sean tuyos nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras almas; sean tuyos nuestros hogares, nuestras familias, nuestra patria.
Queremos que todo lo que hay en nosotros y en derredor de nosotros te pertenezca para que participemos de tus maternales bendiciones.
Nos obligamos a introducir en nuestra vida, las prácticas consoladoras de los católicos piadosos: El Rosario, la Oración diaria, la Misa y la Sagrada Comunión.
Te prometemos finalmente, oh gloriosa Madre de Dios y Madre nuestra, consagrar nuestro corazón a tu amor, para pedir y asegurar, mediante el reinado de tu Inmaculado Corazón, el reinado del Corazón de tu hijo Santísimo, en nosotros mismos, en nuestras familias, en nuestra patria y en toda la humanidad. Amén.
Hora Santa con Santa Margarita María
Esta Hora Santa ha sido redactada por el P. Gérard Dufour, capellán de Paray-le-Monial,
siguiendo las palabras de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque.
“Todas
las noches de jueves a viernes, te haré partícipe de la tristeza mortal que
tuve a bien sentir en el Huerto de los Olivos. Esta tristeza te reducirá,
sin poder tú comprenderlo, a una especie de agonía más dura de soportar que
la muerte. A fin de acompañarme en la humilde oración que hice entonces a mi
Padre en medio de todas mis angustias, te levantarás entre once y doce de la
noche para postrarte conmigo durante una hora, con el rostro en tierra, ya
para calmar la cólera divina[1],
pidiendo misericordia por los pecadores, ya para dulcificar de algún modo la
amargura que sentí en el abandono de mis apóstoles, la cual me obligó a
echarles en cara que no habían podido velar una hora conmigo; y durante esta
hora harás lo que te enseñe.” (Autobiografía n° 57).
Primer tiempo:
“Todas las noches de jueves a viernes, te haré partícipe de la tristeza mortal que tuve a bien sentir en el Huerto de los Olivos”.
Jesús, en la noche del primer Jueves Santo, llevas contigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y comienzas a sentir tristeza y angustia. “Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo” (Mt 26, 37-38).
¿Por qué esta tristeza?
Por la traición de Judas y la debilidad de los apóstoles…Por la hostilidad de los jefes y la volubilidad de la turba...
Pero no sólo por eso:
En muchas ocasiones has sufrido por la falta de confianza de tus amigos -¡hombres de poca fe! (Mt 8, 26)-; también, “apenado por la dureza de corazón de los fariseos” que estaban al acecho para ver si curabas a un enfermo en sábado, les has dirigido una mirada de indignación (cfr. Mc 3, 5); y al acercarte y ver la ciudad de Jerusalén, has llorado por ella diciendo: “¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado, queda oculto a tus ojos... porque no has conocido el tiempo en que fuiste visitada” (Lc 19, 41).
Además sientes sobre Ti el enorme peso del pecado de la multitud por la que vas a entregar tu vida (cfr. Mt 26, 28), Tú, el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29).
Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia,
que has pagado por nuestros pecados,
hoy en el mundo, ¿cuáles son las causas de tu tristeza?
hoy en mi vida, ¿qué es lo que te entristece?
Esta tarde, ¿seré capaz de compartir tu tristeza?
(Tiempo de meditación)
Canción: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. (3 veces)
Segundo tiempo:
“Para acompañarme en la humilde oración que hice entonces a mi Padre en medio de todas mis angustias”.
Jesús, Tú sabías que para Ti había llegado la hora de pasar de este mundo a tu Padre... la hora en que ibas a amar a los tuyos hasta el extremo (cfr. Jn 13, 1).
Así empiezas tu humilde oración:
“Y adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que si era posible, se alejase de Él aquella hora. Y dijo: ¡Abba! Padre, Tú lo puedes todo: aparta de Mí ese cáliz; pero no lo que Yo quiero, sino lo que Tú quieres” (Mc 14, 35-36).
Permítenos contemplarte en tu oración:
- oración humilde y de adoración: te postras en tierra...
- oración de dolor: si es posible, aparta de Mí ese cáliz...
- oración filial: ¡Abba! ¡Padre!...
- oración de confianza: Tú lo puedes todo...
- oración obediente: pero no lo que Yo quiero, sino lo que Tú quieres...
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad,
en quien el Padre ha puesto todo su amor,
Tú no quieres estar solo en tu oración.
Permítenos permanecer Contigo y en Ti.
Dígnate, mediante tu Espíritu, continuar tu oración en nuestros corazones.
(Tiempo de meditación)
Canción: Padre, me pongo en tus manos
Tercer tiempo
“Te postrarás... pidiendo misericordia por los pecadores”.
Jesús, unos instantes antes de morir, vas a decir: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34). Tenías fama de acoger bien a los pecadores: “Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada hasta que la encuentra?” (Lc 15, 2-4). “Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por las ovejas” (Jn 10, 11). “No he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo” (Jn 12, 47). “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mc 2, 17). “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante” (Jn 10, 10).
Señor Jesús, haznos entender tu sufrimiento ante los pecados de! mundo, tu deseo de perdonar a los hijos pródigos, la alegría que sientes al derramar tu misericordia y al devolver la vida a lo que estaba muerto.
Corazón de Jesús, generoso con todos los que te invocan,
paz y reconciliación nuestra,
ten piedad de nosotros que somos pecadores,
derrama tu misericordia en nuestros corazones arrepentidos,
danos corazones obedientes y llenos de amor.
(Tiempo de meditación)
Canción: Vengo ante Ti, mi Señor
Cuarto tiempo:
“Te postrarás... para dulcificar de algún modo la amargura que sentí en el abandono de mis apóstoles, la cual me obligó a echarles en cara que no habían podido velar una hora conmigo”.
Jesús, Tú elegiste doce apóstoles para que estuviesen CONTIGO (cfr. Mc 3, 14). Son tus “servidores y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador lo que se busca es que sea FIEL” (1Co 4, 1-2).
Cuando eliges a alguien, le pides una adhesión absoluta: “Como el Padre me ha amado, así os he amado Yo; permaneced en mi amor” (Jn 15, 9). “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mc 8, 34). Por eso has sufrido por el abandono de los que habías llamado: “Desde entonces (¡después del anuncio de la Eucaristía!) muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él” (Jn 6, 66). “Todos vais a caer, como está escrito: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas»” (Mc 14, 27). “Está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo” (Jn 16, 32).
Y dentro de poco, cuando te arresten, todos te van a abandonar, todos huirán (cfr. Mc 14, 50).
Señor Jesús, haznos comprender la amargura de tu Corazón ante el desamparo de tus apóstoles, su tibieza para velar una hora contigo en el Huerto de los Olivos. ¡Has sufrido tantas infidelidades, tantos abandonos, tantas respuestas a medias de los que Tú mismo habías elegido!
Corazón de Jesús, saciado de oprobios,
lleno de bondad y de amor.
Te pedimos en especial por los sacerdotes a quienes has llamado a tu servicio,
por todas las almas consagradas a Ti en la vida religiosa,
por todos los que han recibido tu llamada a seguirte más de cerca.
Ten piedad de sus flaquezas.
¡Mantenles fieles para que tu Reino se extienda!
(Tiempo de meditación)
Canción: Nadie tiene amor más grande
Quinto tiempo:
“Durante esta hora, harás lo que Yo te enseñe”.
Jesús, estas últimas palabras nos sorprenden. ¡Estamos tan poco acostumbrados a dejar que seas Tú quien guíes nuestra oración! Pero intentamos hacer silencio en nuestros corazones para decirte, con toda nuestra pobreza, toda nuestra debilidad: Aquí nos tienes, Señor Jesús... ¡Haznos conocer lo que quieres de nosotros!
(Leeremos los textos de la Sagrada Escritura sólo después de un buen rato de silencio)
“Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios ésos son hijos de Dios. Vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavitud para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: “¡Abba! ¡Padre!” (Rm 8, 14).
“El que me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14, 23).
“Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como Yo os he amado” (Jn 15, 12).
“Permaneced en mí como yo en vosotros. El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante” (Jn 15, 4-5).
“Lo que pidáis al Padre en mi nombre, Él os lo dará” (Jn 15, 16).
“Hermanos, os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios, éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rm 12, 1-2).
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad,
Rey y centro de todos los corazones,
renuévanos por tu Espíritu de Amor,
enséñanos a unirnos a tu oración,
¡haznos testigos de tu Amor!
(Tiempo de meditación)
Canción: Seréis mis testigos
Seréis mis testigos, testigos del Amor,
seréis mis testigos, testigos de mi Amor.
Seréis mis testigos, testigos de la paz,
seréis mis testigos, testigos de mi Paz.
Testigos de confianza, testigos de perdón,
testigos de esperanza, cada cual desde su don,
testigos de alegría, alegría del Señor.
Testigos de la Pascua, testigos de la Cruz,
testigos de la Gracia, testigos de la Luz,
testigos de alegría, la alegría de Jesús.
Testigos de María, de su maternidad,
testigos de María: “Hágase su voluntad”
testigos de alegría, de alegría y humildad.
Testigos de obediencia, de entrega en libertad,
testigos de paciencia, de escucha y de bondad,
testigos de alegría, de alegría y de verdad.
Con licencia eclesiástica
Letanía a Jesús paciente
Humildemente postrada al pie de tu santa Cruz, te diré a menudo, ¡divino Salvador mío!, para mover las entrañas de tu misericordia a perdonarme:
Jesús,
desconocido y despreciado
Jesús, calumniado y perseguido
Jesús, abandonado de los hombres y tentado
Jesús, traicionado y vendido a vil precio
Jesús, censurado, acusado y condenado injustamente
Jesús, vestido con un traje de oprobio y de vergüenza
Jesús, abofeteado y burlado
Jesús,
arrastrado con la cuerda al cuello
Jesús, azotado hasta derramar sangre
Jesús, tenido por loco y endemoniado
Jesús, pospuesto a Barrabás
Jesús, despojado y desnudado con infamia
Jesús, coronado de espinas y saludado por irrisión
Jesús, cargado con la Cruz y las maldiciones del pueblo
Jesús, agobiado de injurias, dolores y humillaciones
Jesús, triste hasta la muerte
Jesús, ofendido, escupido, golpeado y ultrajado
Jesús, colgado de un infame madero, en compañía de ladrones
Jesús, anonadado y deshonrado ante los hombres
Jesús, agobiado por toda clase de dolores
¡Oh buen Jesús!, que has querido sufrir una infinidad de oprobios y de humillaciones por mi amor: imprime fuertemente su amor y estima en mi corazón y haz que desee practicarlos. Así sea.
Santa Margarita María de Alacoque
[1] La cólera de Dios es la expresión de su amor herido por la ofensa del pecado del hombre. Dios es herido en su Amor y lo dice. Esta expresión de su amor toma el rostro de la cólera para los que le resisten. El amor creador y redentor de Dios es un fuego devorador que purifica y transforma los corazones que se dejan tocar por la gracia; y que quema y consume necesariamente todo lo que se resiste a su acción; porque nada puede escapar al ardor del Amor de Dios que llena el Universo. (Cfr. Ml 3, 18.21).
Evidentemente, Jesús jamás ha resistido al Amor del Padre, pero en Getsemaní, como que se ha revestido de toda la condición pecadora de la Humanidad que ha rechazado la bondad de Dios. Para expiar la ofensa hecha al Padre, Él ha querido “caer en manos del Dios vivo” (Hb 10, 31), y Él solo podía hacerlo.
¡Qué bien se está contigo,
SEÑOR,
junto al SAGRARIO!
¡Qué bien se está contigo, SEÑOR, junto al SAGRARIO!
¡qué bien se está contigo, ¿por qué no vendré más?
Hace ya muchos años que vengo aquí a diario
y aquí te encuentro siempre -AMANTE SOLITARIO-
sólo, pobre, escondido, pensando en mí quizás!
Tú no me dices nada ni yo te digo nada,
que Tú lo sabes todo de mi vida olvidada.
Sabes todas mis penas, todas mis alegrías,
sabes que vengo a verte con las manos vacías
y que no tengo nada que te pueda servir.
Siempre que vengo a verte, siempre te encuentro solo.
¿Será, Señor, que nadie sabe que estás aquí?
No sé, pero sé, en cambio, que aunque nadie viniera,
aunque nadie te amara ni te lo agradeciera,
aquí estarías siempre esperándome a mí...
¿Por qué no vendré más? ¿Qué ciego estoy, que ciego!
Si sé por experiencia que cuando a Ti me llego
siempre vuelvo cambiado, siempre salgo mejor.
¿A dónde voy, Dios mío, cuando a mi Dios no vengo?
¡Si Tú me esperas siempre! Si a Ti siempre te tengo
si jamás me has cerrado las puertas de tu AMOR.
Por otros se recorren a pie largos caminos
acuden de muy lejos cansados peregrinos
o pagan grandes sumas que no han de recobrar.
Por Ti nadie pregunta, de Ti nadie hace caso,
si alguno te visita, es sólo así de paso;
eres Tú quien nos paga si alguno quiere entrar.
¿Por qué no vendré más si sé que aquí, a TU lado,
puedo encontrar, Dios mío, lo que tanto he buscado
mi luz, mi fortaleza, mi paz, mi único bien?
¡Si jamás he sufrido, si jamás he llorado,
Señor, sin que conmigo llorases TÚ también!
¿Por qué no vendré más, JESUCRISTO BENDITO?
¡si lo estás deseando, si yo lo necesito!
Si sé que no soy nada cuando no vengo aquí...
Si aquí me comunicas la ciencia de los santos
como aquí la buscaron y la aprendieron tantos
que fueron tus amigos y gozan ya de Ti.
¿Por qué no vendré más, Oh Bondad infinita,
riqueza inestimable que nada necesita.
y que te has humillado a mendigar mi amor.
Ábreme ya esa puerta -sea esa ya mi vida-
olvidado de todos, de todos escondida,
¡Qué bien se está contigo, qué bien se está Señor!
Consagración de las familias
al Sagrado Corazón de Jesús
Señor Jesucristo, Redentor del mundo,
Amigo de los sencillos y de los pecadores,
que en la Cruz te has dejado traspasar tu Corazón Sagrado
para salvarnos del pecado y darnos la abundancia de la vida divina.
Mira compasivo nuestra debilidad, y ten piedad.
Libéranos del pecado y del mal,
y condúcenos a la auténtica paz,
que se encuentra por la conversión y la acogida de tu Palabra.
Tú que nos invitas a seguirte y a amarte como discípulos,
porque así encontraremos el descanso y la felicidad que tanto deseamos,
no nos dejes nunca de tu mano poderosa,
y sostennos bondadoso en todos nuestros caminos.
Hoy consagramos humildemente a tu Corazón
nuestras vidas y nuestras familias,
y encomendamos a tu misericordia todas las familias del mundo,
porque queremos vivir siempre con la confianza puesta sólo en ti,
que eres el Amor infinito,
y porque te queremos servir de todo corazón a ti
y a nuestros hermanos por amor a ti.
Haz, Señor, que todos podamos encontrar en ti
el Amigo verdadero y el Maestro bondadoso y humilde,
y que en tu Corazón Sagrado
aprendamos el amor generoso y sacrificado hacia todos.
Amén.
Consagración realizada por el cardenal Salvatore de Giorgi,
Del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo de la Familia,
según el texto preparado por el obispo de Urgell, Joan-Enric Vives i Sicília
Barcelona, 3 de junio de 2007
Solemnidad de la Santísima Trinidad
Clausura del Congreso Internacional Cor Iesu, Fons Vitae
Consagración joven al Corazón de Cristo
Corazón divino de Jesús,
por el Corazón de María,
la mujer nueva de Nazaret,
nos consagramos a tu Corazón
para ser en nuestro mundo
antorcha de esperanza para los decaídos,
alegría para tantos jóvenes
que se encuentran solos y desesperados.
No nos dejes caer en la tentación
de no hacer nada.
Ayúdanos a sembrar los caminos
de amor a los que sufren
y ser entre los jóvenes
constructores de la Civilización del Amor. Amén.
Barcelona, 2 de junio de 2007
Monasterio de la Visitación
Vigilia de la
Solemnidad de la Santísima Trinidad