Página índice de oraciones    

1.- Oración de la mañana, Cardenal Suenens
2.- La respuesta a la oración
3.- Consagración de la familia a los Corazones de Jesús y de María
4.-
Oración de la Confianza (Cardenal Newman)
5.-
Oración para una visita a Jesús Sacramentado
6.- Consagración de los niños recién bautizados y la familia
      a los Corazones de Jesús y María


 


Oración de la mañana

Señor, en el silencio de este día que comienza,
vengo a pedirte la paz, la prudencia, la fuerza.

Hoy quiero mirar el mundo con ojos llenos de amor,
ser paciente, comprensivo, dulce y prudente.

Ver por encima de las apariencias,
a tus hijos como Tú mismo los ves,
y así no ver más que el bien
en cada uno de ellos.

Cierra mis oídos a toda calumnia,
guarda mi lengua de toda maldad,
que sólo los pensamientos caritativos
permanezcan en mi espíritu,
que sea benévolo y alegre,
que todos los que se acerquen a mí
sientan su presencia.

Revísteme de Ti, Señor,
y que a lo largo de este día yo te irradie.

Amén.

 

La respuesta a la oración

Pedí a Dios fortaleza para poder triunfar :
Fui hecho débil, para que aprenda humildemente a obedecer.

Pedí salud para poder hacer grandes cosas:
Me fue dado flaqueza, para que pueda hacer mejores cosas.

Pedí riqueza para poder ser feliz:
Se me dio pobreza , para que pueda ser sabio.

Pedí poder, para ser el orgullo de los hombres:
Se me dio debilidad, para que pueda sentir necesidad de Dios.

Pedí todas las cosas para poder disfrutar la vida:
Se me concedió vida par poder disfrutar todas las cosas.

No se me dio nada de lo que pedí, pero todo lo que deseaba y algo más incluso, a pesar de mi; las oraciones que expresé fueron respondidas...

De entre todos los hombres he recibido la mejor bendición.
 

 

Consagración de la Familia a los Sagrados Corazones de Jesús y María

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Santísimos corazones de Jesús y María,
unidos en el amor perfecto,
como nos miráis con misericordia y cariño,
consagramos nuestros corazones, nuestras vidas,
y nuestras familias a Vosotros.

Conocemos que el ejemplo bello
de Vuestro hogar en Nazaret fue un modelo
para cada una de nuestras familias.

Esperamos obtener, con Vuestra ayuda,
la unión y el amor fuerte y perdurable que Os disteis.

Que nuestro hogar sea lleno de gozo.
Qué el afecto sincero, la paciencia, la tolerancia,
y el respeto mutuo sean dados libremente a todos.
 

Que nuestras oraciones incluyan las necesidades de los otros,
no solamente las nuestras.
Y qué siempre estemos cerca de los sacramentos.
 

Bendecid a todos los presentes y también a los ausentes,
tantos los difuntos como los vivientes;
qué la paz esté con nosotros,
y cuando seamos probados, conceded la resignación cristiana
a la voluntad de Dios.

Mantened nuestras familias cerca de Vuestros Corazones;
qué Vuestra protección especial esté siempre con nosotros.
Sagrados Corazones de Jesús y María,
escuchad nuestra oración. Amén.

 


 

Oración de la Confianza (Cardenal Newman)

 Tú y sólo tú, Dios mío eres infinitamente sabio. En tu sabiduría has determinado todos los acontecimientos de mi vida, del primero al último. Todo lo has determinado del modo más perfecto.

Tú sabes lo que me acaecerá, año tras año, hasta el fin; tú conoces la duración de mi vida y cómo será mi muerte. Todo lo has previsto y todo lo has querido, fuera del pecado. Todo suceso de mi vida es lo mejor que me puede suceder, porque procede de ti.

Tú me llevas adelante, año tras año, en tu maravillosa providencia, desde la juventud hasta la madurez, con la ciencia más perfecta y con el más profundo amor…

Sé, oh Señor, que como yo deseo con tu gracia cumplir mis compromisos contigo, no dejarás tú ciertamente  de hacer otro tanto. Sé muy bien que no puedes olvidar a los que te buscan ni decepcionar a los que confían en ti. Pero sé también que con cuanta mayor insistencia yo pida tu protección, con mayor seguridad y plenitud la obtendré. Por eso te ruego ahora y te suplico que me libres de mí mismo y me impidas obedecer a una voluntad diferente de la tuya. Te pregunto también por qué motivo, en tu compasión infinita, quieres adaptarte a mi debilidad. Te pregunto por qué motivo no eres severo sino indulgente conmigo.

No me envíes, mi amoroso Señor, no me envíes, si es lícito suplicarte así, las pruebas que sólo los santos pueden soportar. Ten compasión de mi debilidad... Todo lo dejo en tus manos, amable Salvador mío, porque no quiero andar en estipulaciones contigo.

Si quieres enviarme pruebas más duras, dame también más gracia; inúndame con la plenitud de tu fuerza y de tus consolaciones, para que esas pruebas no me sean ocasión de muerte, sino de vida y salvación. (J. H. Newman, Madurez cristiana).

 

Oración para una visita a Jesús Sacramentado por el Papa Juan Pablo II

¡Oh Jesús de mi alma, encanto único de mi corazón!, heme aquí postrado a tus plantas, arrepentido y confuso, como llegó el hijo pródigo a la casa de su padre. Cansado de todo, sólo a Ti quiero, sólo a Ti busco, sólo en Ti hallo mi bien. Tú, que fuiste en busca de la Samaritana; Tú, que me llamaste cuando huía de Ti, no me arrojarás de tu presencia ahora que te busco.

Señor, estoy triste, bien lo sabes, y nada me alegra; el mundo me parece un desierto. Me hallo en oscuridad, turbado y lleno de temor e inquietudes...; te busco y no te encuentro, te llamo y no respondes, te adoro, clamo a Ti y se acrecienta mi dolor. ¿Dónde estás, Señor, dónde, pues no gusto las dulzuras de tu presencia, de tu amor?

Pero no me cansaré, ni el desaliento cambiará el afecto que me impulsa hacia Ti. ¡Oh buen Jesús! Ahora que te busco y no te encuentro recordaré el tiempo en que Tú me llamabas y yo huía... Y firme y sereno, a despecho de las tentaciones y del pesar, te amaré y esperaré en Ti.

Jesús bueno, dulce y regalado padre y amigo incomparable, cuando el dolor ofusque mi corazón, cuando los hombres me abandonen, cuando el tedio me persiga y la desesperación clave su garra en mí, al pie del Sagrario, cárcel donde el amor te tiene prisionero, aquí y sólo aquí buscaré fuerza para luchar y vencer.

No temas que te abandone, cuando más me huyas, más te llamaré y verteré tantas lágrimas que, al fin, vendrás... Sí..., vendrás, y al posarte, disfrutaré en la tierra las delicias del cielo.
Dame tu ayuda para cumplir lo que te ofrezco; sin Ti nada soy, nada puedo, nada valgo... Fortaléceme, y desafiaré las tempestades.

Jesús, mío, dame humildad, paciencia y gratitud, amor..., amor, porque si te amo de veras, todas las virtudes vendrán en pos del amor.

Te ruego por los que amo... Tú los conoces, Tú sabes las necesidades que tienen; socórrelos con generosidad. Acuérdate de los pobres, de los tristes, de los huérfanos, consuela a los que padecen, fortalece a los débiles, conmueve a los pecadores para que no te ofendan y lloren sus extravíos.

Ampara a todos tus hijos, Señor, más tierno que una madre.

Y a mí, que te acompaño cuando te abandonan otros, porque he oído la voz de la gracia; a mí, que no te amo por el cielo, ni por el infierno te temo; a mí, que sólo busco tu gloria y estoy recompensado con la dicha de amarte, auméntame este amor y dadme fortaleza para luchar y obtener el apetecido triunfo.

Adiós, Jesús de mi alma salgo de tu presencia, pero te dejo mi corazón; en medio del bullicio del mundo estaré pensando en Ti, y a cada respiración, entiende. oh Jesús, que deseo ser tuyo.

Amén.

 

Consagración de los niños  recién bautizados a la Virgen

 

Padres:

Virgen Santa,
Auxiliadora de los Cristianos, 
Madre de Dios y Madre nuestra. 
Hoy, como miembros de la Iglesia de tu Hijo, 
hemos traído a esta niña, 
para que recibiera Nueva Vida 
con las aguas del Bautismo 
y entrase en el Pueblo de Dios, 
que es nuestra Iglesia. 

Aunque pequeña, 
estaba en el pecado, 
en soledad y muerte. 
Desde hoy, sepultada con Cristo, 
con Él ha resucitado 
a la Nueva Vida 
del Agua y del Espíritu Santo. 

Desde hoy llamará Padre 
a Nuestro Dios; 
y el Dios hecho hombre 
que vino a salvarnos, 
el Buen Jesús, será su Hermano, 
y ella será templo viviente 
del Espíritu Santo, 
y podrá llamarte Madre 
y quedar a ti consagrada. 

Desde hoy es miembro 
de la familia cristiana 
extendida por el mundo. 
Con la vida había comenzado 
su peregrinar por sendas ásperas, 
colmadas de dificultades y peligros. 

La nueva vida que hoy inicia, 
será un desafío para dar testimonio 
de su fe y de su bautismo. 

Madre Inmaculada,
Auxiliadora del pueblo cristiano 
hoy la consagramos a ti. 
Ayúdala a mantener la gracia 
y la amistad con Dios 
en esta vida nueva 
que hoy  ha recibido, 
y que ilumine con su luz 
el camino de todos los hombres. 

Te pedimos, Madre, por su salud, 
la de sus padres, padrinos y familiares 
para que fuertes y unidos, 
se apoyen en el camino diario. 

Virgen Inmaculada y Auxiliadora, 
recibe a esta niña, 
que es nueva hija de Dios, 
y ayúdala a crecer 
sin traicionar  nunca 
su santo bautismo. Amén.


Oración de Acción de Gracias

       Toda la familia recita la siguiente oración:

Gloria a Ti, Oh Sagrado Corazón de Jesús,
por la misericordia infinita que has concedido
a los miembros de esta familia a la que has consagrado
como receptora de Tu amor y como santuario de reparación
donde Tu amantísimo Corazón encuentre consuelo
por la ingratitud de los hombres.

¡Cuán grande, Oh Señor Jesús es  la confusión
de esta porción de tu fiel rebaño
al aceptar el inmerecido honor de verte a Ti presidir nuestra familia.

Te adoramos silenciosamente, llenos de alegría por verte
compartir bajo nuestro mismo techo
los trabajos, las necesidades y las alegrías
de Tus hijos inocentes.

Es cierto que no somos dignos
de que Tú entres en nuestra humilde morada,
pero Tú ya nos has prometido,
cuando nos revelaste Tu Sagrado Corazón,
enseñarnos a encontrar en la herida de Tu Costado,
la fuente de gracia y vida perdurable.

En este espíritu amoroso y confiado, nos entregamos a Ti,
Tú que eres la vida que no cambia.

Quédate con nosotros Sacratísimo Corazón,
pues sentimos un deseo irresistible de amarte y hacerte amar.

Sea nuestro hogar para Ti un abrigo
tan dulce como el de Betania,
donde Tú puedas encontrar descanso
en medio de amigos afectuosos,
quienes como María hemos elegido la mejor parte,
en la amorosa intimidad de Tu Corazón.

Sea para Ti este hogar, Oh amado Salvador,
un humilde pero hospitalario refugio,
durante el exilio impuesto a Ti por Tus enemigos.

Ven entonces, Señor Jesús, ven, pues aquí como en Nazaret,
tenemos un amor tierno por la Virgen María, Tu dulce Madre,
a quien Tú nos has dado como Madre.

Oh Amigo fidelísimo, quédate con nosotros, pues ya es tarde,
y un mundo pervertido busca envolvernos
en las tinieblas de sus negaciones
mientras queremos adherirnos solo  a Ti,
que eres el Camino, la Verdad y la Vida.
Repítenos aquellas palabras que pronunciaste antaño:
“Hoy me hospedaré en tu casa.” (Lc. 19:5)     

Si, querido Señor, establece Tu morada con nosotros,
para que podamos vivir en Tu amor y en Tu presencia,
nosotros que Te proclamamos nuestro Rey y no queremos otro.
Sea Tu Corazón triunfante, Oh Jesús,
por  siempre amado, bendecido, y glorificado en este hogar.
¡Venga a nos Tu Reino! Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, ¡Venga a nos Tu Reino! (tres veces)/
Inmaculado Corazón de María, ¡ruega por nosotros!
San José, ¡ruega por nosotros!
¡Viva el Sagrado Corazón de Jesús!, por los siglos de los siglos. Amén

Bendición del Sacerdote

       El sacerdote bendice a los presentes con la fórmula usual:

       Benedictio Dei omnipotentis, Patris, et Filii, et Spiritus Sancti, descendat super vos et maneat semper. Amen.


 
 

 

 

 


 

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