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CATECISMO DEL
SAGRADO
CORAZÓN
Refiriéndose a la segunda edición, El Mensajero del Corazón de Jesús de enero de1931 escribía lo siguiente:
«Sirve muy bien para iniciar en la gran devoción. En diez capítulos se expone, compendiosa y exactamente, la naturaleza y la historia de esta devoción, el reinado del Sagrado Corazón, las promesas que nos hace, las prácticas y el culto que pide. Todo ello amenizado por lecturas históricas muy apropiadas.»
Frases tan elogiosas, salidas de la autorizadísima pluma del P. Sáenz de Tejada, nos han parecido el pórtico más adecuado para la nueva edición, reducida y renovada, de esta obra tan preciosa, que confiamos al formato digital de la Web del Corazón de Jesús del Tibidabo. Confiamos que continuará siendo un medio muy eficaz para la extensión del reinado del Corazón de Jesús en España y en los países de lengua hispánica.
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SUMARIO
LA DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS EN LOS PRIMEROS SIGLOS
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús nació en el mismo Calvario como uno de los más preciados frutos del árbol de la Cruz, del que dice un himno litúrgico “no hay selva que produzca otro igual en lozanía, en flor o en fruto” (Himno de Laudes de la Santa Cruz). “Uno de los soldados le abrió el costado con su lanza, y al punto salió sangre y agua” Comentando este texto de San Juan exclama admirado San Agustín: “¡Qué palabra más adecuada usa el Evangelista!”
LA DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
1. ¿A quién designamos con las palabras: Sagrado Corazón de Jesús? Con las palabras: Sagrado Corazón de Jesús designamos a Jesucristo nuestro Señor, considerado, adorado y alabado en su amor divino y humano, manifestado, y simbolizado por su Corazón de carne, su Corazón real.
2 ¿Cuál es el objeto final y definitivo de la devoción al Sagrado Corazón? Es la persona única y divina de Jesucristo: Jesucristo en su integridad, amabilísimo y amantísimo. Porque la honra que tributamos a una cualidad o a una parte de una persona va dirigida, a la misma persona. Así, cuando besamos el anillo episcopal es al Obispo a quien honramos y no a su mano.
3-¿Cuál es el objeto concreto de la devoción al Sagrado Corazón? Es el Corazón de carne del Hombre Dios, órgano propulsor de su sangre, y que sigue latiendo en el divino pecho de Jesús glorioso, en el Cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.
4.- ¿Cuál es su objeto profundo y último? Es el amor de Jesucristo nuestro Señor, amor humano y amor divino.
5.- ¿Cuáles son las más insignes manifestaciones del amor de Jesús a los hombres? E1 amor de Jesús a los hombres se manifestó maravillosamente en todos los actos de su Encarnación, de su Vida y de su Redención. Pueden sintetizarse en tres, palabras: la Cuna, el Calvario y el Altar.
6. ¿Hasta dónde se extiende el amor de Jesús? El amor de Cristo se extiende a todos los hombres, a todos los tiempos y a todos los lugares. Impulsado por él se rebajó el Verbo hasta la naturaleza humana, y se anonadó hasta la muerte, la muerte horrible y afrentosa de la Cruz. Por él fuimos encumbrados hasta la dignidad de hijos adoptivos de Dios con derecho a gozar de su misma gloria.
7. ¿Cómo se expresaba San Pablo al encarecer la grandeza del amor de Jesús para los hombres?
Decía a los de Éfeso: «Doblo mis rodillas ante el Padre de Nuestro
Señor Jesucristo... para que podáis comprender con todos los santos,
cuál es la anchura y la largura, la sublimidad y la hondura de la
caridad de Cristo.»
Nació esta privilegiada del Sagrado Corazón el 6 de enero de 1256.
Niña de cinco años, ingresó en el monasterio benedictino
de Helfta, cerca de Eisleben (Sajonia), donde
Lutero había de ver la luz. Toda su vida se deslizó tranquila en la
serenidad del claustro, donde murió de
un éxtasis de amor a la edad de, cuarenta y seis años. Escritora tan insigne como elevada mística, fue escogida como confidente y mensajera del divino Corazón.
La página más interesante de sus revelaciones es, sin duda, aquella en que relata 1a visión célebre en la que vio perfilarse los destinos futuros de la devoción al Corazón sagrado.
Ocurrió el día de la fiesta de San Juan Evangelista, como la primera aparición a Santa Margarita.
Como la Santa se entregara por entero a los impulsos de su devoción durante el rezo de los Maitines, se le apareció el discípulo predilecto de Jesús colmándola de demostraciones de amistad.
Dijo Gertrudis: -¿Qué gracia podría conseguir yo, ruin criatura, en vuestra amabilísima fiesta? - Ven conmigo -contestó San Juan- ya que eres la elegida del Señor, y juntos descansemos en el amoroso pecho de Jesús, que encierra los tesoros de toda dicha. Y, tomándola consigo, la llevó junto a nuestro Salvador, dejándola a su derecha mientras él se situaba a la izquierda. Luego, señalándole el pecho del Salvador, añadió el santo Evangelista: - Éste es el Santo de los santos, que atrae hacia El todo el bien del cielo y de la tierra. Yo te he colocado junto a la llaga para que pudieras saborear más a gusto la suavidad y el consuelo que, derrama el amor divino sobre cuantos lo desean.
Y como la Santa experimentara inefable deleite al percibir los dulcísimos latidos del Sagrado Corazón, hubo de preguntar a San Juan: - Decidme, predilecto del Señor, estos latidos que ahora me embelesan ¿no os causaron celestial dulzura cuando reclinabais la frente en el pecho de Jesús durante la última Cena? - Es cierto -repuso el Apóstol-, y mi alma quedó embebida por su suavidad como un bocado de pan tierno queda endulzado por la miel más exquisita. - Siendo esto así - repuso la Santa -, ¿por qué fue tan riguroso vuestro silencio hasta el punto de no escribir una sola palabra que nos lo diese a entender, con gran provecho de nuestras almas? - La misión que se me confió - dijo San Juan- fue la de escribir, con destino a la Iglesia primitiva, unos breves conceptos acerca del Verbo increado; conceptos suficientes para satisfacer las ansias de verdad del humano linaje, que jamás llegará a comprenderlos plenamente. En cuanto a la suavidad de estos latidos, quedaba reservado el conocerla a estos últimos tiempos, a fin de que el mundo, entumecido por la edad, recobre algún calor de amor divino al oír la revelación de tan altos misterios.
¿No es ésta la devoción al Sagrado Corazón en su más pura esencia y en su porvenir, vaticinado con tres siglos de anticipación? ¿Quién no descubre al leer estas líneas las misteriosas afinidades, que existen entre la gran mística benedictina y la vidente de Paray? Tal vez no podamos llamar a Gertrudis apóstol del Sagrado Corazón, pero sí hemos de proclamarla su mensajera, su profetisa, su amante embelesada.
LO QUE SIMBOLIZA EL CORAZÓN DE JESÚS
1. ¿Qué se entiende por símbolo? Símbolo es la expresión sensible de una realidad invisible. Así, la bandera es el símbolo de la patria; la azucena, de la pureza; el cordero, de la mansedumbre.
2. ¿Es muy frecuente el uso de los símbolos? Sí, el empleo de los símbolos es muy frecuente y sumamente fecundo. Así la bandera, símbolo de la patria, evoca todo un mundo de sentimientos elevados; las esculturas de nuestras catedrales prestan forma sensible a los más profundos conceptos teológicos; y los ritos de la Iglesia: sacramentos, consagraciones, bendiciones de las cosas sagradas, repletos de simbolismo, hablan elocuentemente a nuestros corazones.
3. ¿Qué simboliza generalmente el corazón? Todos los lenguajes humanos: el popular, el artístico, el filosófico, y hasta el lenguaje divino de la Escritura, han visto en el corazón el símbolo del amor. Así solemos decir: hombre de corazón, hombre sin corazón; y la Sagrada Escritura abunda en expresiones como éstas: “Mi corazón se estremeció; se dilató mi corazón; mi corazón se ha vuelto como cera derretida.”
4. ¿Por qué es tan universal el tomar el corazón por símbolo del amor? Por ser el órgano en el que más repercuten los afectos del hombre: el dolor le oprime y hasta puede suspender su funcionamiento; el amor hace que palpite más aceleradamente, lo cual demuestra una relación estrecha e indiscutible entre los movimientos del corazón y nuestros afectos.
5. ¿Cómo sabemos que el Corazón de Jesús y su amor son el objeto propio de esta devoción?
1° Por la enseñanza de la Iglesia: «En el Sagrado Corazón,
dice León XIII en su Encíclica Annum sacrum, encontraréis el símbolo
y la imagen sensible de la caridad infinita de Jesucristo.» 2º Por las mismas palabras de Jesucristo a Santa Margarita María: «Aquí tienes este Corazón que tanto amó a los hombres.»
6. ¿Cómo quiso acrecentar Jesucristo la elocuencia de este símbolo? Por las insignias de que se dignó rodear su Corazón santísimo: la Cruz, la corona de: espinas, las llamas, la llaga del costado y las gotas de sangre y agua.
7. ¿Qué significa la Cruz? La Cruz enclavada en el centro del Sacratísimo Corazón nos dice la grandeza de su amor que le movió a sufrir una afrentosa muerte para redimirnos.
8. ¿Qué enseñanza nos ofrece? Nos enseña que hemos de llevar una vida de sacrificio si queremos ser discípulos fieles del Sagrado Corazón.
9. ¿Qué simboliza la corona de espinas? La corona de espinas que ciñe el Sagrado Corazón simboliza las humillaciones de que fue saturado Jesús por amor nuestro. Y nos advierte que la corona de gloria que esperamos en el cielo ha de labrarse en esta vida con espinas de humillaciones y desprecios.
10. ¿Qué más simboliza? Simboliza además las punzadas que le inferimos con nuestras faltas, singularmente con los pecados veniales.
11. ¿Qué representan las llamas? Las llamas que salen de este Corazón adorable representan el fuego de amor vivo que le consume, con el que anhela abrasar a todos los corazones.
12. ¿Qué significa la llaga? La llaga del costado, abierta por la punta de hierro, nos pinta a lo vivo el gesto abominable del hombre que incurre en pecado mortal. También significa, en frase de San Agustín, que el divino Corazón ha querido permanecer abierto para servirnos de refugio en vida y en la hora de la muerte.
13. ¿Qué expresan las gotas de sangre y agua? Son figura de los dos grandes Sacramentos de la Iglesia: el Bautismo y la Eucaristía.
Representan asimismo las gracias inagotables prometidas por el Corazón
de Jesús a sus devotos.
Nació Margarita en Verosvres, pueblecito de aquella Borgoña tan fecunda en santos y en hombres ilustres. Desde sus más tiernos años la previno Jesucristo nuestro Señor con sus gracias de predilección: cierto instinto de recato virginal por el que se conservó nítida su inocencia; un amor filial a la Santísima Virgen, a quien se consagró por voto; una devoción intensa al Santísimo Sacramento del Altar, ante el cuál permanecía absorta sin que jamás experimentase cansancio; y, sobre todo, el obsequio más regalado que suele ofrecer a sus escogidos: el sufrimiento.
En efecto, pronto se le murió el padre, y habiéndose despojado su madre de toda, autoridad para trasmitirla a unos tutores, de tal forma la ejercieron, que madre e hija se vieron sumidas en el más penoso cautiverio.
“No teníamos poder alguno en nuestra casa, refiere la Santa, nada podíamos hacer sin permiso; todo estaba cerrado con llave, hasta el punto de no encontrar a veces con qué vestirme para ir a misa... Desde entonces enderecé todos mis afectos hacia el Santísimo Sacramento del Altar. Pero, hallándome en un pueblo distante de la iglesia, no podía ir sin el beneplácito de ambos tutores, y sucedía a veces que cuando uno quería el otro se oponía. Y si, a impulsos de mi dolor, daba rienda suelta a mis lágrimas, me echaban en cara que tendría alguna cita que trataba de encubrir con el pretexto de la misa... No sabiendo dónde refugiarme, me ocultaba en algún rincón de la huerta o del establo. Allí permanecía días enteros, sin más alimento o bebida que algo de leche o fruta que me ofrecían al atardecer los aldeanos compasivos. Pero la más áspera de mis cruces era el no poder endulzar las de mi madre, para mí cien veces más duras de soportar que las propias.»
Así quiso cercar el divino Maestro con las espinas de la tribulación el jardín en el que había de poner sus delicias, protegiendo a Margarita contra las solicitaciones del mundo y contra cierta vanidad femenina que tal vez la hubiese desviado del estrecho camino de la virtud.
Así dio comienzo a la obra de desasimiento y de purificación que la habían de hacer instrumento apto para una de las más maravillosas revelaciones que el Señor se ha dignado hacer a los hombres.
FIN DE
LA DEVOCIÓN AL SAGRADO
CORAZÓN
1. ¿Cuál es el fin de la devoción al Sagrado Corazón? El fin de la devoción al Sagrado Corazón es devolver a Jesús amor por amor y reparar los ultrajes que recibe de tantos pecadores, especialmente en el Santísimo Sacramento del Altar.
2. ¿Cómo lo sabemos?
1º Por las palabras del Sagrado Corazón a Santa Margarita María: “Si
supieras cuánto anhelo ser amado de los hombres, nada descuidarías para
lograrlo... Estoy sediento, me consumo en deseos de ser amado.»
(Carta al P. Croiset.) 2° Por la enseñanza de la Iglesia. En su carta encíclica del 28 de junio de 1889 dice el papa León XIII: «Jesús no tiene deseo más ardiente que ver prender en las almas el fuego de amor que devora su propio Corazón. Acudamos, pues, a Aquel que nos pide, a cambio de su caridad, la reciprocidad de nuestro amor.»
Pueden señalarse entre los principales:
1° Su excelencia;
4. ¿En qué estriba la excelencia del Corazón de Jesús? Estriba en que, en virtud de la unión de la naturaleza humana con la naturaleza divina en una sola persona - la segunda de la Santísima Trinidad-, el Corazón de Jesús es el Corazón de un Dios; sus actos y operaciones son asumidos por el Hijo de Dios; por lo tanto, son de valor y mérito infinitos.
5. Siendo esto así, ¿no podía habernos redimido con una sola gota de su sangre? Ciertamente una gota de la preciosísima sangre de Jesús era suficiente para redimir, no ya este mundo, sino mil más; pero nuestro divino Salvador quiso darnos una prueba definitiva de la inmensidad de su amor derramando por nosotros hasta la última gota de sangre que quedaba en su Corazón.
6. ¿Qué títulos del Divino Corazón nos urgen a amarle? - El Corazón de Jesús es el Padre bondadosísimo que nos engendró a la vida de la gracia para hacernos partícipes de su eterna gloria.
- Es nuestro mejor Amigo, a quien podemos acudir con entera confianza, pues no nos ha de abandonar ni en vida ni en muerte.
- Es nuestro poderoso Abogado y Mediador que intercede de continuo por nosotros ante su eterno Padre y ofrece las riquezas infinitas de su oración a la miseria de las nuestras.
7. ¿No es muy justo que devolvamos amor por amor al Corazón de Jesús? Sí, es cosa tan sublime el amor, que sólo puede pagarse amando. Es, pues, estricta justicia que correspondamos con las gotitas de amor de que es capaz nuestro corazón al océano infinito de amor que nos brinda el Corazón de Jesús.
8.- ¿Cómo demostraremos que nuestro amor a Jesús es real? a) Por el cumplimiento fidelísimo de los mandamientos de Dios y de la Iglesia y de nuestro deber de estado. b) Por la práctica de las virtudes cristianas, singularmente de las preferidas del Corazón de Jesús: la mansedumbre, la humildad y la obediencia. c) Por la abnegación y el sacrificio; por ejemplo: privándonos de un gusto o aceptando con resignación los sufrimientos y las cruces que nos envía la Providencia.
9. ¿Cómo fomentaremos en nuestra alma el amor al divino Corazón? 1. Pidiéndoselo a Jesús como la gracia de las gracias.
2. Por un conocimiento cada vez más íntimo de la adorable persona del Salvador, adquirido en la lectura asidua del Evangelio o de sus comentarios.
3. Visitándole con frecuencia en el Sacramento del Altar porque, como dice la Imitación, ¿quién se acerca a una gran hoguera sin recibir algún calor?
4. Multiplicando los actos de amor.
10. ¿Qué fórmulas de actos de amor son muy del agrado del divino Corazón?.
SANTA MARGARITA MARÍA, SU VIDA RELIGIOSA
A la edad de veinticuatro años, ingresó Margarita en el monasterio de la
Visitación de Paray. Ávida de perfección, pidió a su maestra que le
enseñase sus caminos. “Id, respondió ésta, a poneros de1ante
de Dios como lienzo blanco ante el pintor.”
Pronto se la vio entregarse con ardor a las austeridades de la más áspera penitencia. «Sólo el dolor, exclamaba, hace mi vida llevadera.» Y a impulsos de su vehemente amor a la cruz amargaba con ceniza el alimento que le servían, pasaba hasta cincuenta días sin probar bebida alguna, cubría su lecho con cascos de vajilla...
¡Oh sublimes locuras del divino amor que admiramos sin llegar a comprenderlas!
Por esta, abnegación total de sí mismos los Santos realizan maravillosas ascensiones hasta consumar su unión con el Corazón de Jesús, mientras que nosotros prudentes según la carne, tildamos de exageraciones cuanto excede la pobreza de nuestros conceptos y nos arrastramos penosamente por los senderos de la virtud.
Fueron suficientes tres años de esta formación para que Margarita María se convirtiera en instrumento apto para la trascendental misión que Jesús le reservaba: la de ser Evangelista del nuevo Evangelio de amor de su Sagrado Corazón.
Iba a sonar la hora de las grandes revelaciones.
1. ¿Cómo han correspondido los hombres al amor del Corazón de Jesús? No ha encontrado el Corazón de Jesús la debida correspondencia a las excesivas pruebas de su amor. Fría indiferencia en muchos, desprecio en otros y no falta quien le profese verdadero odio.
2. ¿Ha formulado Jesús alguna queja a este propósito?
Entre las muchas que formuló en sus apariciones a Santa Margarita María,
ocupa lugar preferente la de la memorable aparición del 16 de junio de
1675 con estas palabras:
3. ¿Cómo sabemos que la reparación es uno de los fines principales de la devoción al Corazón de Jesús? Nos lo garantizan plenamente la enseñanza de la Iglesia y las revelaciones de la vidente de Paray.
4. ¿Qué nos dice la Iglesia acerca de la reparación? En la carta encíclica de Pío XI Miserentissimus Redemptor, del 8 de mayo de 1928, leemos los siguientes párrafos: “Y en verdad el espíritu de expiación y de reparación en el culto al Sagrado Corazón de Jesús tiene la primacía y la parte más principal, ni hay nada tan conforme con el origen, virtud, industrias propias de esta devoción, como la historia y la tradición, la sagrada liturgia y las actas de los Pontífices lo confirman.”
5. ¿Qué dice al mismo propósito Santa Margarita María? Dice lo siguiente: «El Sagrado Corazón pide almas reparadoras que le devuelvan amor por amor e imploren humildemente el perdón de Dios por todas las injurias que recibe.»
6.¿Cuáles son los principales actos de reparación que recomendó el Señor a su sierva? Fue el primero que todos los jueves, de once a doce de la noche, permaneciera en oración, postrada en tierra, en memoria de su mortal agonía en el Huerto de los Olivos.
Fue el segundo que el viernes inmediatamente posterior a la octava del Corpus se celebrara una fiesta en honor de su Sagrado Corazón, comulgando en dicho día y ofreciendo un acto de desagravio por los pecados de los hombres.
7. ¿Cómo cumplió Santa Margarita los deseos de Nuestro Señor? Con admirable fidelidad: su vida toda fue una serie continua de sufrimientos que ofrecía amorosamente al Salvador en reparación de las iniquidades de la tierra.
8. ¿Qué hemos de hacer para desagraviar y consolar al Corazón de Jesús? Los principales medios a nuestro alcance son: 1° Hacer con frecuencia la comunión reparadora. 2° Ofrecerle reiterados actos de desagravio, especialmente ante el Sacramento del Altar. 3° Llevar una vida de sacrificio en expiación de la sensual y profana de tantos cristianos.
9. ¿Cómo podrán estos actos de reparación consolar a Cristo? Nos lo dice Pío XI en la encíclica Miserentissimus Redemptor: «Del mismo modo que por nuestros pecados futuros, pero previstos, el alma de Cristo Jesús estuvo triste hasta la muerte, así recibiría sin duda algún consuelo de nuestra reparación, futura, pero prevista, cuando el Ángel del cielo se le apareció para consolarle.»
10. ¿Qué es la comunión reparadora? Es sencillamente una comunión hecha con la intención de reparar las ofensas que recibe el divino Corazón de parte de los pecadores y desagraviarle por ellas. Hemos de ofrecer especial reparación por los pecados propios, por los ultrajes inferidos a Jesús en la Sagrada Eucaristía, por los que recibe de los malos católicos y más todavía de las personas consagradas a su santo servicio.
Tres son las principales y acaecieron en el decurso de dos años aproximadamente. Ocurrió la primera el 27 de diciembre de 1673, fiesta del Discípulo Amado. Estaba Margarita en el coro bajo en presencia de su Amor sacramentado, cuando, perdiendo conciencia de sí misma y de cuanto la rodeaba, se sintió como engolfada en la divina esencia.
Me dijo el Salvador: “Está tan rebosante mi divino Corazón de amor a los hombres y, en particular, hacia ti, que, no pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad, se ve como forzado a derramarlas por tu medio sobre las almas a fin de enriquecerlas con los tesoros que en ellas se encierran. A pesar de tu indignidad, y de tu ignorancia, te he escogido como instrumento de tan alto designio para que se vea claramente que soy yo quien lo hago todo.”
Las místicas benedictinas Santa Gertrudis y Santa Matilde vieron al Sagrado Corazón como amor triunfante y se embriagaron en la copa de las delicias. San Francisco de Asís y otros finos amantes del Salvador no consideraron la llaga del costado sino como uno da los atributos de su Pasión. Para Santa Margarita María el Sagrado Corazón es el Amor olvidado, despreciado, ultrajado, que exhala dulces quejas contra la ingratitud de los hombres y solicita la debida reparación. Este carácter adquirirá aún mayor relieve en la siguiente aparición.
RESEÑA HISTÓRICA DE LA DEVOCIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
1. ¿Cuál es el hecho inicial que inspiró el culto al Sagrado Corazón de Jesús? Fue sin duda el que nos refiere San Juan Evangelista al decirnos que un soldado abrió con su lanza el costado del Salvador y al punto salió sangre y agua.
2. ¿Cómo puede explicarse? Porque la herida del soldado, al poner al descubierto el Corazón santísimo de Jesús, parecía invitarnos a venerar ese símbolo de su inmenso amor.
3. ¿Fue conocida la devoción al Sagrado Corazón en los primeros siglos del cristianismo? En su noción exacta y concreta de culto al Corazón de Jesús como símbolo de su amor, fue poco menos que desconocida en los diez primeros siglos de la Iglesia. Los escritores ascéticos y místicos se limitaron a considerar con fe y con amor al costado abierto, manando sangre y agua, como fuente abundante de gracias.
4. ¿Dónde se halla la primera noción exacta de esta devoción? En el sermón llamado Viña mística, del siglo XIII, atribuido a San Buenaventura, se leen las siguientes exclamaciones: «¡Cuán bueno y deleitoso es morar en vuestro Corazón, rico tesoro, preciosa perla, Oh buen Jesús! ¿Quién no amará a este Corazón traspasado? ¿Quién no devolverá amor por amor a quien tanto nos amó?» Toda la esencia de la devoción al Corazón divino late en estas inflamadas palabras del Doctor seráfico.
5. ¿Cuáles fueron los primeros heraldos del culto al Sagrado Corazón de Jesús? San Bernardo y San Buenaventura fueron los primeros e inspirados cantores de las finezas del Corazón de Jesús, y sus primeras propagadoras, dos místicas benedictinas: Santa Gertrudis y Santa Matilde.
6. ¿Cuáles fueron sus inmediatos precursores? Fueron San Francisco de Sales y San Juan Eudes. Fundó el primero la Orden de la Visitación, jardín de almas escogidas, entre las que hubo de elegir el Sagrado Corazón a su confidente predilecta: Santa Margarita María. Al promover al santo Obispo de Ginebra a la dignidad de Doctor de la Iglesia, escribió Pío IX «que había sembrado los gérmenes de la devoción al Corazón de Jesús».
Fundó el segundo la Congregación de los Eudistas, y compuso para sus miembros el Oficio y la Misa en honor de los Corazones de Jesús y de María. Dichos religiosos erigieron la primera iglesia en honor de los Sagrados Corazones, siendo de advertir que se trataba de un culto particular que no trascendía fuera de su Orden.
7. ¿Cuándo fue revelada esta devoción en su forma actual? Lo fue a la ya citada religiosa de la Visitación de Paray-le-Monial (Francia), Margarita María Alacoque, que vivió de 1647 a 1690.
8. ¿En qué forma se manifestó Nuestro Señor a Margarita María? En repetidas ocasiones y en las más variadas formas: bajo la figura de Ecce homo, azotado y cubierto de llagas; del Niño Jesús; de una cruz grande cubierta de flores, etc.; pero la aparición principal ocurrió el 16 de junio de 1675.
9. ¿Cuáles fueron las circunstancias de la Gran Revelación? Estando la Hermana Margarita María de adoración ante el Santísimo, un día de la infraoctava del Corpus de 1675, se le apareció Jesucristo nuestro Señor, que le descubrió su Corazón con estas palabras: «He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y que no recibe en reconocimiento de los más sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de amor.»
10. ¿Qué pidió luego Jesucristo a Santa Margarita María? «Por lo cual, continuó el Salvador, te pido que el primer viernes después de la Octava del Corpus, se dediqué a una fiesta particular para honrar mi Corazón, reparando su honor con un acto de desagravio, y comulgando ese día a fin de expiar las injurias que ha recibido durante el tiempo que he estado expuesto en los altares.»
11. ¿A qué fiesta aluden estas palabras? Se refieren a la Fiesta del Sagrado Corazón.
12. ¿Se logró fácilmente la institución de dicha Fiesta? Por la novedad de la devoción y las muchas polémicas que suscitó, los Sumos Pontífices procedieron con suma cautela y prudentísima lentitud. No había de presenciar Margarita en su vida mortal el pleno triunfo de sus aspiraciones.
Después de varias tentativas infructuosas, Clemente XIII concedió, por fin, a los Obispos de Polonia el Oficio propio y la Misa del Sagrado Corazón, en 1765, o sea setenta y cinco años después de la muerte de Margarita María.
En 1856, Pío IX extendió la Fiesta a la Iglesia universal.
Dentro de su misma Orden hemos de citar a sus Superioras, Madres Saumaise, Greyfié y Soudeilles quienes con su conducta sabia y prudente aquilataron las virtudes de Margarita y la verdad de la misión que el Sagrado Corazón le confiara.
Debido, sin duda, a una especial iluminación de lo alto, el primero supo disipar las dudas y perplejidades que angustiaban a la Santa y retraían a sus Superioras, infundiendo en sus ánimos la completa seguridad de que las visiones de Margarita y las instrucciones que recibía procedían del Espíritu de Dios. El segundo escribió uno de los libros que más han contribuido al conocimiento y a la práctica de la devoción al Sagrado Corazón: La devoción al Corazón de Nuestro Señor Jesucristo.
14. ¿No ha tenido sus mártires la devoción al Corazón de Jesús? Sí, durante la Revolución francesa y las persecuciones de Méjico y España han sido bastantes los condenados a morir por el solo crimen de llevar en su pecho la efigie del divino Corazón o de invocarle con fervor.
15. ¿Cuáles son las manifestaciones de piedad o de apostolado con que se ha honrado al Corazón de Jesús en el siglo XIX? Limitándonos a las más destacadas, podemos citar:
a) En los inicios del siglo, la fundación de varias Congregaciones dedicadas a propagar el culto del Sagrado Corazón. b) La edificación de templos con carácter expiatorio, como el de Montmartre, en París, del Sacro Cuore en Roma y el del Tibidabo, en Barcelona. c) La institución del Apostolado de la Oración y de las múltiples obras que del mismo se derivan.
16. ¿Ha continuado progresando en los últimos años la devoción al Sagrado Corazón? Sí, la devoción al divino Corazón extiende cada vez más sus conquistas, y, cual nuevo Lábaro, presagia a la Iglesia el triunfo definitivo sobre sus enemigos.
Pocos años más tarde surge la obra admirable de la Entronización de Jesús en los hogares, y se cuentan por millares las familias en que reina de veras el dulcísimo Corazón de Jesús.
Es un día de la infraoctava del Corpus, probablemente el 16 de junio de 1675, Margarita María está orando ante el Santísimo Sacramento expuesto, cuando, de repente, de la hostia inmaculada se destaca radiante Jesucristo nuestro Señor, quien le descubre su divino Corazón y le dirige estas palabras:
-¿Y qué? - respondió él divino Maestro - ¿Ignoras; por ventura, que me valgo de los seres más débiles para confundir a los fuertes, y que, de ordinario, hago resplandecer mi poder con más brillo en instrumentos humildes para que nada se atribuyan a sí mismos?
- Acude a mi siervo, y dile de mi parte que haga cuanto pueda para establecer esta devoción y complacer a mí Corazón divino.
EL REINADO DEL
CORAZÓN DE JESÚS
1. ¿Cómo puede relacionarse la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y su reinado en el mundo? Puesto que la devoción al Corazón de Cristo se propone el triunfo de su amor en todos los corazones, puede decirse con toda exactitud que su fin es extender en el mundo el reinado de Jesucristo.
2. ¿Existe un vínculo estrecho entre ambas devociones? Si, porque Jesús es Rey de amor y por el amor quiere atraer a las almas. De donde se deduce que la devoción al Sagrado Corazón es el medio más eficaz para extender el reino de Cristo.
3. ¿Es también el sentir de la Iglesia nuestra Madre? Sin duda alguna. Al instituir la Fiesta de Cristo Rey, Pío XI ordenó que en tal día se renovara todos los años la Consagración al Corazón de Jesús.
4. ¿Cuál es el fundamento de la realeza de Cristo? Radica en la unión admirable de la naturaleza humana con la divina. En virtud de esta unión, llamada hipostática, no sólo ha de ser adorado Cristo por los ángeles y por los hombres como Dios, sino que le deben obediencia y sujeción en cuanto Hombre. (Encíclica Quas Primas)
5. El reino de Cristo ¿es espiritual o temporal? El reino de Cristo es principalmente espiritual y se refiere a las cosas espirituales. Cuando la turba intentaba proclamarle Rey, Él declinó siempre tal honor. Además, su doble título de Redentor y Sacerdote da a su dignidad real un señalado carácter espiritual. (de la misma encíclica.)
6. ¿Cuál es la forma visible del reino de Cristo? La forma visible del reino de Cristo es la santa Iglesia, Arca de Noé, fuera de la cual no cabe salvación; ciudad levantada sobre el monte para que todos la puedan ver y distinguir, con su cabeza visible, que es el Papa; sus miembros visibles y sus ritos también visibles, que son los Sacramentos.
7. ¿No tiene Cristo poder sobre las cosas temporales? Indudablemente Cristo recibió de su Padre derecho absoluto sobre todas las cosas creadas y todas deben someterse a su: arbitrio. «Erraría, pues, gravemente, dice la referida encíclica, quien pretendiese arrebatar a Cristo el poder sobre las cosas temporales.»
El imperio de Jesucristo, dice el papa León XIII en su encíclica Annum sacrum, se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y aquellos que regenerados por la fuente bautismal, pertenecen por derecho a la Iglesia, sino que abraza también a los que están privados de la fe cristiana, de modo que todo el género humano está bajo la potestad de Cristo. |