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INTRODUCCIÓN
Esta devoción
ha sido refrendada en numerosas ocasiones por el Magisterio de la
Iglesia, y por los Papas Pío XII, Benedicto XV, León XII y Juan
Pablo II, existiendo tres grandes encíclicas referentes al Sagrado
Corazón: Anum Sacrum; Miserentísimus Redemptor y Haurietis Aquas.
La
Consagración del P. Alcañiz está inspirada en los escritos de tres
grandes Apóstoles del Sagrado Corazón: Sta. Margarita María Alacoque
-fundamentalmente-, P. Bernardo de Hoyos y Sor María del Divino
Corazón. Las transcripciones directas de sus escritos aparecen en el
texto entrecomilladas.
El P. Alcañiz
nos pone en contacto directísimo con el Sagrado Corazón utilizando
para ello la primera persona, ya que toda la consagración se basa en
revelaciones del Corazón de Jesús a sus elegidos, y de esta manera
nosotros al leer el escrito también nos convertimos en receptores
directos de las inspiraciones que el Amor de Jesús sugirió a sus
predilectos.
Ramón Horn
Consagración personal
por
P. Florentino Alcañiz S.I.
I LA IMPORTANCIA DE LA CONSAGRACIÓN
TRES CLASES DE ALMAS
Descansa
un poquito, alma cristiana, del tráfago de la vida y escucha las
amorosas palabras del Corazón de Jesús, de ese Dios de amor y
misericordia que tanto anhela tu bien.
Dime, hijo mío, ¿eres feliz? ¿Estás contento? ¿Tu
corazón tiene paz? ¿Goza de aquella tranquilidad en lo hondo
parecida a la quietud de la arena que descanso en el fondo de los
mares muy profundos?
Tal vez eres de esas almas desgraciadas que lloran por encontrarse
caídas a cada paso en la culpa, pero que a manera de palomas que
tuviesen las alas apelmazados de cieno, parece que no pueden acabar
de levantarse. Tal vez eres de esas otras que caminan arrastrando
por la senda pendiente y estrecha de la virtud con la fría languidez
de esa tisis del espíritu que se llama tibieza. Tal vez, en fin,
seas de aquellas, ni pecadoras ni tibias, pero en cuya mirada triste
se ve retratado el desaliento: almas que, o bien a la manera de
águilas, con los vuelos recortados, se pasan toda la vida en
lanzarse a los espacios y caer mil veces en tierra desalentadas, o
bien, al modo de caminantes que marchasen por un arenal inmenso, se
desaniman y hastían de andar y andar tantos años y tan poco
adelantar. ¡Cuánta compasión me causan todas estas pobrecitas almas!
¡Y son tantas!
UN GRAN REMEDIO
Sin
embargo, oye las consoladoras ideas que he comunicado Yo a mis
confidentes íntimos para que fuesen como acueductos de plata o como
cables eléctricos, por medio de los cuales se trasmitiesen al mundo
las luces y los ardores de mi Corazón amante.
"Los tesoros de bendiciones y de gracias que este Sagrado Corazón
encierra son infinitos; yo no sé que haya ningún ejercicio de
devoción en la vida espiritual, que sea más a propósito para
levantar un alma en poco tiempo a la perfección más alta y para
hacerla gustar de las verdaderas dulzuras que se encuentran en el
servicio de Jesucristo".
"Yo no sé, mi querida madre (Se dirige a la Madre Superiora), si
comprenderá Vd. lo que es la devoción al Corazón de Ntro. Señor
Jesucristo de que le hablo, la cual produce un gran fruto y cambio
en todos aquellos que se consagran a ella y se entregan con fervor".
"Cuanto a las personas seglares, ellas hallarán por
medio de esta amable devoción todos los socorros necesarios a su
estado; esto es: la paz en sus familias, el alivio en sus trabajos,
las bendiciones del cielo en todas sus empresas, el consuelo en sus
miserias; y en este Sagrado Corazón encontrarán su lugar de refugio
durante la vida y principalmente a la hora de la muerte. ¡Oh qué
dulce es morir después de haber tenido una tierna y constante
devoción al Sagrado Corazón de Jesús" "Sobre todo haga Vd. Porque la
abracen las personas religiosas, porque sacarán de ella tantos
auxilios, que no será necesario otro medio para restablecer el
fervor primitivo y la más exacta regularidad en las comunidades
menos observantes, y llevar al colmo de la perfección a las que
viven en la más perfecta observancia".
Un viernes, durante la sagrada Comunión, dijo El a su
indigna esclava, si mal no recuerdo, estas palabras: "Yo te prometo,
en el exceso de la misericordia de mi Corazón, que su amor
todopoderoso concederá a cuantos comulguaren nueve Primeros Viernes
de mes seguidos la gracia de la penitencia final, o sea que no
morirán en desgracia mía, ni sin recibir los Sacramentos, y que mi
Corazón se constituirá en seguro asilo de ellos en aquel postrer
momento".
"Nuestro glorioso protector San Miguel acompañado de innumerable
multitud de espíritus angélicos, me certificó de nuevo estar él
encargado de la causa del Corazón de Jesús, como de uno de los
mayores negocios de la gloria de Dios y utilidad de la Iglesia, que
en toda la sucesión de los siglos se han tratado lo que ha que el
mundo es mundo..... Este misterio escondido a los siglos, este
sacramento manifiesto nuevamente al mundo, este designio formado en
la mente divina a favor de los hombres y descubierto ahora a la
Iglesia, es uno de los que, por decirlo así, se llevan las
atenciones de un Dios cuidadoso de nuestro bien y de la gloria del
Salvador".
"Parecióme ver (Interiormente) que esta luz, el Corazón de Jesús,
este sol adorable derramaba sus rayos sobre la tierra, primero en un
espacio reducido, y que luego se extendían hasta iluminar el mundo
entero. Y me dijo: con el resplandor de esa luz, los pueblos y las
naciones serán iluminados y con su ardor recaldeados".
Dime ahora, con toda sinceridad, hijo mío, si después de leer estas
ideas ¿no comienzas casi casi a persuadirte de que la devoción al
Corazón de Jesús es algo grande en el mundo? Sí, hijo mío; si lo
dudas, estudia con detención este asunto y te convencerás por ti
mismo; esta convicción personal desearía Yo en todos mis fieles,
sobre todo en mis sacerdotes y en mis religiosos; no creer porque se
ha oído, sino conocer porque se ha visto, de esta manera se forman
los convencidas, que son los que hacen algo en la tierra. ¡Oh, si
lograse que tú fueses uno de esos convencidos de mi Corazón divino!
DOS CLASES DE DEVOCIÓN
Yacen
Mis alhajas más preciosas allá en el fondo del cofre, porque todavía
quedan muchos que no han caído enteramente en la cuenta. Esta
devoción divina es un grueso filón de oro que atraviesa todo el
campo de la iglesia; generalmente se explotan las capas más
exteriores que se hallan a flor de tierra, y por eso todo el mundo
las descubre, y con muy poco trabajo puede aprovecharse de ellas;
¿quién no conoce, p. e¡., la Comunión de los Primeros Viernes de mes
Y la Consagración de las familias? ¿Quién no asiste de cuando en
cuando a alguna fiesta en mi honor? ¿Quién no tiene su nombre
escrito en la lista de alguna Congregación y cumple con una u otra
de sus prácticas más fáciles? Todos estos son viajeros que, al Pasar
Por el filón, se detienen un momento, remueven algo la arena, hallan
algunas pepitas de oro y continúan su camino. Mas son pocos, hijo
mío, los que se lanzan a ahondar de lleno en la mina, los que
pudieran llamarse mineros de profesión.
II LA CONSAGRACIÓN
En
efecto, la Consagración es 1a práctica fundamental de la devoción a
mi corazón divino. Pero ¡cuanta rutina se observa ya en este punto!
Cuántas personas piadosas están haciendo cada día consagraciones que
hallan en los libros píos, y, sin embargo, no son almas consagradas
de verdad; más bien que hacer consagraciones las rezan, son
rezadoras de consagraciones. Oye, hilo mío, en qué consiste la
Consagración completa según Yo mismo enseñé a mis amigos más
íntimos, según ellos lo explicaron en sus diversos escritos, y según
lo dejaron confirmado con su ejemplo.
UN PACTO
LA
Consagración puede reducirse a un pacto: a aquel que Yo pedí a mi
primer apóstol de España, Bernardo de Hoyos, y antes, en términos
equivalentes, a mi sierva Santa Margarita: Cuida tú de mi honra y de
mis cosas; que mi Corazón cuidará de ti y de las tuyas. También
contigo desearía hacer este pacto. Yo, que como señor absoluto
podría acercarme exigiendo sin ningunas condiciones, quiero pactar
con mis criaturas. Y tú ¿no quieres pactar con migo? No tengas miedo
que hayas de salir perdiendo. Yo en los tratos con mis criaturas,
soy tan condescendiente y benigno, que cualquiera pensaría que me
engañan. Además, es un convenio que no te obligará de suyo ni bajo
pecado mortal, ni bajo pecado venial; Yo no quiero compromisos que
te ahoguen; quiero amor, generosidad, paz: no zozobras ni apreturas
de conciencia.
Ya ves que el pacto tiene dos partes: una que me obliga
a Mí, y otra que te obliga a ti. A Mí, cuidar de ti y de tus
intereses; a ti, cuidar de Mí y de los míos, ¿Verdad que es un
convenio muy dulce?
PRIMERA PARTE
DE LA CONSAGRACIÓN
Principiaremos
por la parte mía: Yo cuidaré de ti y de tus cosas. Para eso es
necesario que todas, es a saber: alma, cuerpo, vida, salud, familia,
asuntos, en una palabra: todo, lo remitas plenamente a la
disposición de mi suave providencia y que me dejes hacer. Yo quiero
arreglarlas a mi gusto y tener las manos libres. Por eso deseo que
me des todas las llaves; que me concedas licencia para entrar y
salir cuando Yo quiera; que no andes vigilándome para ver y examinar
lo que hago; que no me pidas cuenta de ningún paso que dé, aunque no
veas la razón y aun parezca a primera vista que va a ceder en tu
daño; pues , aunque tengas muchas veces que ir a ciegas, te
consolará el saber que te hallas en buenas manos. Y cuando ofreces
tus cosas, no ha de ser con el fin precisamente de que Yo te las
arregle a tu gusto, porque eso ya es ponerme condiciones y proceder
con miras interesadas sino para que las arregle según me parezca a
Mí; para que proceda en todo como dueño y como rey, con entera
libertad aunque prevea alguna vez que mi determinación te haya de
ser dolorosa. Tú no ves sino el presente, Yo veo lo porvenir; tú
miras con microscopio, Yo miro con telescopio de inconmensurable
alcance; y soluciones, que de momento parecerían felicísimas, son a
veces desastrosas para lo que ha de llegar; fuera de que en
ocasiones, para probar tu fe y confianza en Mí y hacerte merecer
gloria, permitiré de momento, con intención deliberada, el trastorno
de tus planes.
Mas con esto no quiero que te abandones a una especie de fatalismo
quietista y descuides tus asuntos interiores. Debes seguir como ley
aquel consejo que os dejé en el Evangelio: "Cuando hubiéreis
hecho cuanto se os había mandado, decid: siervos inútiles somos".
Debes en cualquier asunto tomar todas las diligencias que puedas,
como si el éxito dependiera de ti sólo, y después decirme con
humilde confianza: "Corazón de Jesús, hice, según mi flaqueza,
cuanto buenamente pude; lo demás ya es cosa tuya, el resultado lo
dejo a tu providencia". Y después de dicho esto procura desechar
toda inquietud y quedarte con el reposo de un lago en una tranquila
tarde de otoño.
LO QUE SE DEBE OFRECER
Como
dije, debes ofrecerme todo sin excluir absolutamente nada, pues sólo
me excluyen algo las personas que se fían poco de Mi.
EL ALMA - Ponla en mis manos: tu salvación
eterna, grado de gloria en el cielo, progreso en virtud, defectos,
pasiones, miserias, todo. Hay algunas personas que siempre andan
henchidas de temores, angustias, desalientos por las cosas del
espíritu. Si esto es, hijo mío, porque pecas gravemente, está muy
justificado. Es un estado tristísimo el del pecado mortal, que a
todo trance debes abandonar en seguida, ya que te hace enemigo
formal mío. Esfuérzate, acude a Mí con instancia, que Yo te ayudaré
mucho, y sobre todo confiésate con frecuencia, cada semana, si
puedes, que este es un excelente remedio. Caídas graves no es
obstáculo para consagrarte a Mí, con tal que haya sincero deseo de
enmienda, la Consagración será un magnífico medio para salir de este
estado.
Hay otra clase de personas que no pecan mortalmente, y sin embargo,
siempre están interiormente de luto, porque creen que no progresan
en la vida espiritual. Esto no me satisface. Debes también aquí
hacer cuanto buenamente puedas según la flaqueza humana, y lo demás
abandonarlo a Mí. El Cielo es un jardín completísimo, y así debe
contener toda variedad de plantas; no todo ha de ser cipreses,
azucenas y claveles; también ha de haber tomillos; ofrécete a ocupar
ese lugar. Todas esas amarguras en personas que no pecan gravemente
nacen de que buscan más su gloria que la mía. La virtud, la
perfección tiene dos aspectos: el de ser bien tuyo, y el de ser bien
mío; tu debes procurarla con empeño, mas con paz, por ser bien mío,
pues lo tuyo, en cuanto tuyo, ya quedamos en que debes remitirlo a
mi cuidado. Además, debes tener en cuenta que si te entregas a Mí,
la obra de tu perfección más bien que tú la haré Yo.
EL CUERPO - También Yo quiero encargarme de tu salud y tu
vida, y por eso tienes que ponerlas en mis manos. Yo sé lo que te
conviene, tú no lo sabes. Toma los medios que buenamente se puedan
para conservar o recuperar la salud, y lo demás remítelo a mi
cuidado, desechando aprensiones, imaginaciones, miedos, persuadido
de que no de medicinas ni médicos, sino principalmente de Mí vendrá
la enfermedad y el remedio.
FAMILIA - Padres, cónyuges, hijos, hermanos, parientes. Hay
personas que no hallan dificultad en ofrecérseme a sí, pero a veces
se resisten a poner resueltamente en mis manos algún miembro
especial de su familia a quien mucho aman. No parece sino que voy a
matar incontinenti todo cuanto a mi bondad se confíe. ¡Qué concepto
tan pobre tienen de Mí! A veces dicen que en sí no tienen dificultad
en sufrir, pero no quisieran ver sufrir a esa persona; creen que
consagrarse a Mí y comenzar a sufrir todos cuantos les rodean, son
cosas inseparables. ¿De dónde habrán sacado esa idea? Lo que sí hace
la Consagración sincera, es suavizar mucho las cruces que todos
tenéis que llevar en este mundo.
BIENES DE FORTUNA - Fincas, negocios, carrera, oficio,
empleo, casa, etc. Yo no exijo que las almas que me aman abandonen
estas cosas, a no ser que las llame al estado religioso. Todo lo
contrario; deben de cuidar de ellas ya que constituyen una parte de
las obligaciones de su estado. Lo que pido es que las pongan en mis
manos, que hagan lo que buenamente puedan, a fin de que tengan feliz
éxito; pero el resultado me lo reserven a Mí sin angustias ni
zozobras, ni medio desesperaciones.
BIENES ESPIRITUALES - Ya sabes que todas las acciones
virtuosas que ejecutes en estado de gracia, y los sufragios que
después de tu muerte se ofrezcan por tu descanso, tienen una parte a
la cual puedes renunciar en favor de otras personas ya vivas o ya
difuntas. Pues bien, hijo mío, desearía que de esa parte me hicieras
donación plena, a fin de que Yo la distribuya entre las personas que
me pareciere bien. Yo sé, mejor que tú, en quienes precisa
establecer mi reinado, a quienes hace más falta, en donde surtirá
mejor efecto, y así podré repartirla con más provecho que tú. Pero
esta donación no es óbice para que ciertos sufragios que o la
obediencia o la caridad o la piedad piden en algunas ocasiones
puedas ofrecerlos tú.
Todo, pues, has de entregármelo con entera confianza,
para que Yo lo administre como me parezca y, aunque no debes hacerlo
con miras interesadas ya verás cómo, a pesar de que en ocasiones
sueltas pondré a prueba tu confianza haciendo que salgan mal, sin
embargo, en conjunto, tus asuntos han de caminar mejor; tanto mejor,
cuanto tú le tomes mayor interés por los míos. Cuanto más pienses tú
en Mí, más pensaré Yo en ti; cuanto más te preocupes de i gloria,
más me preocuparé de la tuya; cuanto más trabajes por mis asuntos,
más trabajaré por los tuyos. Tienes que procurar, hijo mío, ser más
desinteresado. Hay algunas personas que sólo piensan en sí; su mundo
espiritual es un sistema planetario, en el cual ellos ocupan el
centro, y todo lo demás, incluso mis intereses, al menos
prácticamente son especies de planetas que giran en derredor; este
egocentrismo interior es mal sistema astronómico.
Hijo
mío, hemos llegado con esto a la segunda parte de la Consagración:
cuida tú de mi honra y de mis cosas. Ésta es la parte para ti más
importante, porque en rigor es la propiamente tuya. La anterior era
la mía: si en ella te pedía aquella entrega de todo era con el fin
de tener las manos libres para cumplir la parte del convenio que me
toca; mas la tuya, en la que debes poner toda la decisión de tu
alma, la que ha de formar el termómetro que marque los grados de tu
amor para conmigo, es la presente: el cuidar de mis santos
intereses.
¿Sabes cuales son mis intereses? Yo, hijo mío, no tengo otros que
las almas: éstas son mis intereses y mis joyas y mi amor; quiero,
como decía a mi sierva Margarita, establecer el imperio de mi amor
en todos los corazones. No ha llegado todavía mi reinado; hay cierta
extensión externa en las naciones católicas, pero este reinado
hondo, por el cual el amor para conmigo sea quien no de nombre, sino
de hecho mande, gobierne e impere establemente en el alma, ese
reinado ¡qué poco extendido está aún en los pueblos cristianos! Y no
es que el terreno falte; son numerosas las almas preparadas para
ello, y cada día serán más, lo que falta son apóstoles; dame un
corazón tocado con este divino imán, y verás qué prontamente quedan
imantados otros.
MANERAS DE APOSTOLADO
¡Qué
fácil es ser mi apóstol! No hay edad, ni sexo, ni estado, ni
condición que puedan decirse ineptos. ¡Son tantos los modos de
trabajar! Míralos:
1º La oración: O sea pedir al cielo mi reino continuamente:
pedirlo a mi Padre, pedírmelo a Mí, a mi Madre, a mis Santos.
Pedirlo en la Iglesia, en casa, en la calle, en medio de tus
ocupaciones diarias. "¡Que reines!, Corazón Divino"; esta ha
de ser la exclamación que en todo el día no se caiga de tus labios;
repítela diez, veinte, cincuenta, cien, doscientas veces por día,
hasta que se haga habitual; busca mañas e industrias para acordarte.
¿Quién no puede ser apóstol? ¡Y qué buen apostolado este de oración
por instantánea! Dame una muchedumbre de almas lanzando de continuo
estas saetas, y dime si no harán mella en el Cielo; son moléculas de
vapor que se elevan, forman nubes y se deshacen después en lluvia
fecundante sobre el mundo. 2º El sacrificio: Primero
pasivo o de aceptación. ¡Cuántas molestias, disgustos, malos
ratos, tristezas, sinsabores, pequeños o grandes, suelen
sobreveniros a todos, como sobreviniéronme a Mí, a mi Madre y a mis
Santos! Pues bien, todo eso, llevado en silencio, con paciencia y
aún con alegría, si puedes; todo eso, llevado en silencio, con
paciencia y aun con alegría, si puedes; todo eso, ofrecido porque
reine, ¡qué apostolado tan rico! Hijo mío, la cruz es lo que más
vale, porque es lo que más cuesta. ¡Cuántas cruces se estropean
tristemente entre los hombres! ¡Y son joyas tan preciosas! En
segundo lugar, el sacrificio activo o de mortificación;
procura habituarte al vencimiento frecuente en cosas pequeñas,
práctica tan excelente en la vida espiritual. Vas por la calle y te
asalta el deseo de mirar tal objeto, no lo mires; tendrías gusto en
probar tal golosina, no la pruebes; te han inculpado una cosa que no
has hecho, y no se sigue gran perjuicio de callarte, cállate, y así
en casos parecidos, y todo porque Yo reine. Y si tu generosidad lo
pide, puedes pasar a penitencias mayores. Ya ves ¡qué campo de
apostolado se presenta ante tus ojos, y este sí que es eficaz! 3º
Ocupaciones diarias: Algunas personas dicen que no pueden
trabajar por el reinado del Corazón de Jesús por estar muy
ocupadas, como si los deberes de su estado, las obligaciones de su
oficio y sus quehaceres diarios, hechos con cuidado y con esmero no
pudieran convertirse en trabajos apostólicos. Sí, hijo mío, todo
depende de la intención con que se hagan. Una misma madera puede ser
trozo de leña que se arroje en una hornilla, o devotísima imagen que
se ponga en un altar. Mientras te ocupas en eso procura muchas veces
levantar a Mí tus ojos y como saborearte en hacerlo todo bien, para
que todas tus obras sean monedas preciosísimas que caigan en el
cepillo que guardo para la obra de mi reinado en el mundo. Debes
también esforzarte, aunque con paz, por ser cada día más santo;
porque cuanto más lo seas, tendrá mayor eficacia lo que hicieres por
mi gloria. 4º La propaganda: A veces pudieras prestar tu
favor a alguna empresa de mi Corazón divino; recomendar tal o cual
práctica a las personas que están a tu alrededor, ganarlas si puede
ser, a fin de que se entreguen a Mí como te entregaste tú. Y sí
tienes dificultad en hablar, una hoja o un folleto no la tienen;
dalo o recomiéndolo; colócalo otras veces en un sobre y envíalo de
misión a cualquier punto del globo. ¡Cuántas almas me han ganado
donde menos se pensaba estos misioneros errabundos!
¡Ya ves si existen maneras de trabajar por mi reino! Si no luchas,
no será por falta de armas, No hay momento en todo el día en que no
puedas manejar alguna de ellas. Debes imitar al girasol o al
heliotropo, que miran sin cesar al astro rey. Es muy fácil ser mi
apóstol. Y ¡qué cosa tan hermosa una vida de continuo iluminada por
este ideal esplendoroso! ¡Todas las obras del día selladas con sello
de apostolado, y del apostolado magnífico del amor! ¡Todas las obras
del día convertidas en oro de caridad! A la hora de la muerte, qué
dulce será, hijo mío, echar una mirada hacia atrás y ver cinco,
diez, veinte o más años de trescientos sesenta y cinco días cada
uno, pasados todos los días así.
CONCLUSIÓN
Después no te olvides de volverla a renovar cada día en la Iglesia o
en tu casa, porque el hacerla a diario es punto muy importante, si
no la renuevas cada día pronto la abandonarás; si la renuevas,
acabarás por cumplirla. Así lo hagas, hijo mío. Si con decisión
abrazas este santo derrotero, ¡Qué brisa primaveral, qué corriente
de sangre joven y vigorizante advertirás en tu alma!
Y ahora, hijo mío, dos consejos para terminar: Uno es que procures
no olvidarme en el sagrario. Me agrada el culto a mi imagen, pero
más vale mi persona que mi imagen. La Eucaristía es mi Sacramento
porque es el del amor. Yo quisiera que me recibieses con alguna más
frecuencia, y quisiera también verte alguna vez entre día; ¡no sabes
lo que agradezco estas visitas de amigo!; ¡estoy frecuentemente tan
solo! El otro consejo es que procures, si es posible, sacar un
ratito al día para leer y meditar cosas de mi corazón; de este modo
poco a poco irás abriendo la concha en que se guarda la perla de
esta devoción divina.
CONSAGRACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y
agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo
pacto de cuidar Tú de mi y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas
a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus
manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso
interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno
que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto,
por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, negocios,
ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de
estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey
que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque
me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca
en todo mi bien.
Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no
sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer
mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o
jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas
aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda
no estar a ser posible, estar un momento sin hacer algo por Ti. Haz
que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación
hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! Sea el broche de oro, el acto
de caridad que cierre toda una vida de apóstol fevorosísimo. Amén.
Hay concedida indulgencia parcial a todos los fieles que devotamente
reciten esta CONSAGRACIÓN PERSONAL al Sagrado Corazón de Jesús.
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