DOCTRINA DEL BEATO CLAUDIO DE LA COLOMBIÈRE
-Del libro: ESCRITOS ESPIRITUALES DEL BEATO CLAUDIO DE LA COLOMBIÈRE, S. J. del P. Juan Manuel Igártua, S. J. Ed. Mensajero, 1979.
HACERSE SANTO
- Después de
haber deseado y trabajado tanto para hacerse santo, por fin ha comprendido: "Es
imposible, si Dios no pone su mano en ello. Sólo a El pertenece el santificamos,
y no es poco desear sinceramente que lo haga. No tenemos ni bastante luz ni
bastante fuerza para hacerla". Al fin está en el punto que Dios quiere: había
dicho que trataba del negocio de la santidad "entre Vos y yo a solas". Ahora ya
sabe que es cosa de Dios sólo. Su humildad es plena, está maduro para el cielo.
- Desde que estoy enfermo no he sabido otra cosa sino que nos apegamos a nosotros mismos por muchos lazos imperceptibles, y que si Dios no pone la mano en ello, no los romperemos nunca. Ni siquiera los conocemos. Sólo a El pertenece santificamos. No es poca cosa desear sinceramente que haga Dios todo lo necesario para ello."
- "Nada es pequeño cuando se
trata de agradar a Dios. En la fidelidad a las cosas pequeñas consiste la
perfección".
HUMILDAD Y OLVIDO DE SÍ
MISMO
- Esta gracia es
la petición que inicia su consagración al Sagrado Corazón de Jesús, en la cumbre
de su vida espiritual. Pide el olvido de sí mismo porque "es el único camino por
el cual se puede entrar en el Sagrado Corazón". Esta enseñanza se la ha dado
Santa Margarita. Lo dice él mismo "un consejo dado de parte del mismo Dios, por
medio de una persona de quien Dios se ha servido para otorgarme muchas
gracias..."
- Es el consejo dado por San Ignacio la terminar la segunda semana de los Ejercicios: "Tanto aprovechará cada uno cuanto más saliere de su propio amor, querer e intereses".
- "No encuentro en la Encarnación sino anonadamiento y humildad. El Ángel se baja a los pies de una doncella, María toma la calidad de sierva, el Verbo se hace esclavo y Jesucristo, concebido en el seno de su Madre, se anonada delante de Dios de la manera más sincera y profunda que es posible imaginar".
- "¿Qué honor hay en predicar, si a Dios no le place que lo haga?, decía el P. B. Álvarez; y ¿qué cosa hay baja en los oficios más viles, si agrado a Dios ocupándome en ellos?"
A cualquier precio que sea, es necesario que Dios esté contento.
- "Si no estamos alerta perdemos casi toda la vida por el deseo de agradar a los hombres. Pues ¿qué obligación tenemos para con ellos? ¿Qué bien esperamos de ellos? Más desgraciados somos y más despreciables que los que trabajan para ganar dinero".
- "Sólo se encuentra la paz en el total olvido de sí mismo. Es necesario que nos resolvamos a olvidamos hasta de nuestros intereses espirituales, para no buscar más que la pura gloria de Dios".
- "Cuanto más conocimiento adquiero, más me persuado de que es gran desgracia divertimos con todo lo que pueda agradamos aquí abajo, pudiendo emplear el tiempo en santificamos por la práctica de la humildad y el desprendimiento completo de nosotros mismos."
- "Trate pues de estudiar ese corazón y descubrir, por sus diversos movimientos, si hay todavía criatura alguna a la que esté apegado, alguna cosa por la cual tenga afán, a fin de purgado, lo más pronto, de toda pasión desordenada. Si está limpio al presente, esté en guardia para impedir que entre en él ningún amor, ningún deseo de las cosas creadas, cualesquiera que sean".
- Ame mucho a Cristo crucificado. Su corazón es muy pequeño para amarle como El merece. Dedíqueselo, por lo menos, todo entero, y no permita ningún movimiento voluntario que no sea de amor a Jesús en la cruz".
- Es un gran bien ser desconocido, pero vale más todavía hacer conocer y amar a Nuestro Señor y practicar la caridad que es la más grande de las virtudes".
- Me pregunta Vd. a qué no debe apegarse. No hay que apegarse a nada, ni a la fortuna, ni a los parientes ni a los directores, ni a las dulzuras interiores; en fin no debe haber nada en el mundo de que no estemos prontos a separamos sin inquietud si Dios quiere privamos de ello..
OBEDIENCIA
-La doctrina es
clara: el superior puede equivocarse, y se equivocará más de una vez, cuando
manda, si miramos a lo que objetivamente hubiese sido más apropiado mandar. Nada
garantiza que el mando haya de acertar siempre, aunque se puede pensar que la
Providencia asiste de algún modo al que manda en su nombre. Pero el que obedece
hace bien en obedecer a lo mandado, y agrada a Dios, exceptuado el caso en que
el superior manda algo que es pecado hacer (pues entonces no manda en nombre de
Dios), o manda algo contrario a las Reglas (pues entonces no tiene autoridad
para mandarlo).....
- Antes de hacer nada, querida Hermana, asegúrese de que hace lo que Dios quiere. Hágase dependiente de otro desde la mañana hasta la noche...El demonio nunca ha engañado ni engañará a un alma verdaderamente obediente...En cuanto a mí, hago tan gran caso de esta virtud que todas las demás no me parecen nada si ella no las conduce. Reconozco que el empeño que he tenido en practicarla ha sido la felicidad de mi vida, que le debo todas las gracias recibidas de Dios, y que mejor quisiera renunciar a toda clase de mortificaciones, de oraciones y de buenas obras, que apartarme en un solo punto no sólo de los mandatos, sino aun de la voluntad de aquellos que me gobiernan, por poco que pueda entrever esa voluntad.
- La perfecta observancia de las reglas es una fuente de bendiciones. De mí sé decirle que mis reglas son mi tesoro, y que encuentro tantos bienes encerrados en ellas, que aun cuando estuviese enteramente solo en una isla en el extremo del mundo nada me faltaría ni desearía otro socorro, con tal que Dios me concediera la gracia de observarlas bien. ¡Oh Santas Reglas, bienaventurada el alma que ha sabido poneros en su corazón y conocer cuán provechosas sois!.
- "He resuelto ser obediente como un niño durante toda mi vida, especialmente en las cosas que se refieren de algún modo al adelanto en el servicio de Dios, porque sin esto hay peligro de buscarse uno a sí mismo. Aun cuando fueseis el mayor hombre del mundo, ¿qué dificultad hay en obedecer en todo a otro hombre? Este hombre representa a Dios: y ¿no reconocéis en una campana la voz de Dios?".
LA CRUZ
- Siempre tiene la palabra de la cruz en el corazón y en la pluma. Las cruces
son las joyas, las cruces son el camino, las cruces son el tesoro.
- "A nosotros nos toca el desprendemos de todos los placeres de la tierra, al menos no tomar ninguno por puro gusto; desprender de ellos nuestro corazón, si no podemos renunciar realmente a ellos; hacer que se nos conviertan en tormento por el deseo ardiente que tenemos de privamos de ellos por amor de Dios. En cuanto a los consuelos del cielo, es necesario dejar hacer a Dios, que conoce nuestras fuerzas y tiene sus designios, y vivir en una gran indiferencia, siempre dispuestos a pasamos sin ellos.
- "Es la cruz lo que hay que buscar en el estado que has abrazado, la gran cruz; es decir, aquella que pesa más a la naturaleza y que choca más con nuestras inclinaciones. Malo sería no encontrar siempre alguna de esta clase; en una comunidad hay siempre algo que contraría nuestro humor o nuestros sentimientos. Es necesario estar en guardia para aprovecharse de estas preciosas ocasiones y para someter en todas las cosas el juicio y la voluntad. Sin esto, no se goza de paz perfecta, o por lo menos no se goza mucho tiempo de ella."
- "Si te viene algún acceso de tristeza o pesadumbre, reflexiona, te lo ruego, si es que tienes todavía algún apego a la vida o a la salud o a alguna comodidad o persona o cosa, que debes olvidar y despreciar para no desear ni amar sino a Jesucristo. Cada vez que sientas algún asomo de turbación en el fondo del corazón ten la seguridad de que su causa es alguna pasión mal mortificada, que es un fruto del amor propio que vive todavía; y con ese pensamiento arrójate a los pies de Jesús crucificado y dile: ¡"Qué, Salvador mío! ¿Deseo todavía alguna cosa fuera de Ti? ¿No me bastas Tú solo?. ¿Qué me importa lo que digan de mí?, que me amen o desprecien, qué esté sana o enferma, ocupada en un ejercicio u otro, con esas personas o las otras. Con tal de estar contigo y que Tú estés conmigo, estoy contenta."
- "Aunque no se adelante en la destrucción de las pasiones, no se deja de avanzar en el amor de Dios combatiéndolas. A Dios toca destruir mis pasiones, y lo hará cuando le plazca; pero a mí me toca reprimirlas e impedirles que estallen y me arrastren al mal, a donde tratan de llevarme. Esas cruces que no había usted esperado, si quiere hacerse un poco de violencia, serán seguidas de consuelos que nunca hubiera usted esperado. Créame, vienen de la mano de Dios como las otras gracias, y la creo demasiado prudente para rehusar lo que viene de tan buena parte y lo que la sabiduría eterna juzga que le es necesario."
- "Continúe adelantando en el camino de la verdadera perfección sin querer contribuir a la reforma de los demás sino por el ejemplo y la oración".
- "¡Qué desgraciada es Vd. si duda de que sus penas vengan de Dios! Pues, ¿de dónde vendrán? ¿Sucede algo en la tierra sin su mandato? Aún cuando esas penas vinieran del demonio, como las de Job, o del fondo de su naturaleza como las de Jesucristo en el huerto, ¿cree Vd. que serían por eso menos estimables? Usted pidió en otro tiempo sufrimientos y Dios le hace hoy esa gracia, ¿habrá algo que pueda consolarla más que verse escuchada y en cosa de tanta importancia?"
TIBIEZA EN LA VIDA RELIGIOSA
- Las casas religiosas están llenas de personas que guardan sus reglas, que se
levantan, que van a Misa, a la oración, a confesarse, a la Comunión, porque es
costumbre, porque llama la campana y van las otras; que hacen eso y más todavía,
sin devoción interior, sin interés, sin deseo de agradar a Dios. El corazón casi
no tiene parte en lo que hacen; tienen sus miras pequeñas, sus pequeños
designios que las ocupan; las cosas de Dios no entran en su espíritu, sino como
cosas indiferentes.
Los parientes, las buenas amigas, sea de dentro, sea de fuera, consumen todos
sus afectos; de suerte que no queda para Dios sino no sé qué movimientos lentos
y forzados que le disgustan y que no acepta de ninguna manera. Esas personas se
forman cierta conciencia, que no se turba por mil cosas que alarmarían a las
almas temerosas de Dios. Alimentan a veces aversiones, sentimientos de
murmuración y rebelión contra las superioras; se perdonan faltas contra la
pobreza; tienen una voluntad formal de no hacer caso de cosas pequeñas, de no
darse el trabajo de pensar en su perfección; así se confiesan y comulgan, sin
deseo de enmendarse.
Dicen sus pecados como una historia indiferente. Van al tribunal de la
Penitencia, no con los sentimientos de dolor y de humildad que deberían tener,
sino porque es el día de confesarse, porque es su turno, y al salir de allí se
faltará al silencio, se murmurará una hora después, y se verá después de uno,
dos y tres años, que los cobardes son siempre cobardes, los irregulares siempre
irregulares, las coléricas no han adquirido nada de mansedumbre, las orgullosas
nada de humildad, las perezosas ningún fervor, las interesadas ningún
desprendimiento, y así de lo demás. De suerte que las comunidades, que deberían
ser hogueras en que se inflamaran sin cesar en el amor de Dios, y en que el alma
se purificara cada vez más y más, permanecen siempre en una espantosa medianía,
y quiera Dios que eso no vaya de mal en peor. Si se quiere vivir de esa manera
es mejor quedarse en el mundo; habrá, tal vez, menos peligro para la salvación.
- Del mismo modo decía el cura de Ars ante alguna desgracia: "peor es un pecado venial". Es la doctrina de San Ignacio en los ejercicios al tratar del segundo grado de humildad, que debe preferir perder el mundo todo y la misma vida antes que cometer un pecado venial.