El padre Mateo Crawley-Boevey y la cruzada mundial
por el Reinado social del Sagrado Corazón (II)


 José Javier Echave-Sustaeta

La entronización del Corazón de Jesús en las familias es el medio
para que llegue su reinado social (P. Mateo Crawley)

 Vimos ya como Dios en su providencia velaba por el pequeño Eduardo Crawley, para que en su niñez y juventud fuera educado en la firme tradición católica de la familia de su madre, y cómo el 24 de agosto de 1907, recibía del Corazón de Jesús en Paray-le-Monial el encargo de ser apóstol de sus designios de ser entronizado en los hogares de las familias cristianas como medio para preparar la instauración de su reinado social en el mundo.

 Ya en sus primeros años apostólicos en Chile el Corazón de Jesús le había hecho intuir al padre Mateo la misión para la que le destinaba, viendo los distintos elementos de su vocación: Reinado del Corazón de Jesús, devoción en familia, consagración familiar, pero los veía dispersos. La luz plena la recibe en la capilla de la Visitación en Paray-le-Monial, donde el Señor le da a entender cómo esos elementos han de estar reunidos, integrados y orientados a su fin: promover el reinado social del Corazón de Jesús.

 El camino será una cruzada para conquistar las familias una a una; el medio, entronizar al Sagrado Corazón en cada casa, y enseñar a sus moradores a convivir amorosamente con Él; su ámbito será el mundo entero. Antes de dejar Paray hace colocar sobre la puerta de la capilla de las Apariciones un exvoto de mármol rojo sobre el que hizo grabar este texto:

 «ESTE ES EL SANTUARIO DEL DIVINO AMOR, LA FUENTE INAGOTABLE DE LA VIDA. BASTA CON VENIR UNA VEZ JUNTO AL CORAZÓN DULCÍSIMO DE JESÚS PARA PODER DECIR: ¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ! ESTA ES LA PUERTA MISTERIOSA POR DONDE SE LLEGA AL PARAÍSO DE TU CORAZÓN DE REY, DE HERMANO, DE AMIGO, DULCÍSIMO JESÚS. EN EL CIELO TÚ HAS INSCRITO YA NUESTROS NOMBRES CON CARACTERES IMBORRABLES. HAZ QUE, ESCONDIDOS EN ESA HERIDA ÍNTIMA, TE ESTEMOS UNIDOS ETERNAMENTE EN VIDA DE SANTIDAD, EN SED DE GLORIA, EN AMOR DE REPARACIÓN. 1 DE SEPTIEMBRE DE 1907».

 De vuelta a su Valparaíso chileno para el comienzo del curso universitario, su preocupación no es ya académica; se ve desplazada por la nueva llamada recibida en Paray que le consume. En octubre hace la primera entronización en un hogar amigo, y en ella utiliza el cuadro del Corazón de Jesús de García Moreno que se convertiría en bandera de su cruzada. Envía a todos los párrocos un folleto explicativo de su obra cuyo fin es «instalar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en el lugar más noble de la casa, de tal modo que Jesucristo Nuestro Señor reine visiblemente en los hogares católicos». Millares de fa­milias la acogerán en sus hogares. De las familias pasa a las comunidades religiosas, a los colegios, a los hospitales, hasta dos periódicos de la ciudad: El Chileno y La Unión, entronizan el Sagrado Corazón en sus redacciones. La obra se extiende por América del Sur y Estados Unidos, y llega hasta Palestina y Constantinopla. En Uruguay predicó durante tres meses, clausurando su estancia con una Hora Santa en la catedral de Montevideo abarrotada de fieles. El número de conversiones fue tal, que el arzobispo le despidió diciéndole agradecido que su misión había sido como una resurrección milagrosa, pero no como la resurrección individual de Lázaro, sino que había sido la resurrección de todo un cementerio.

«El Congreso aprueba la entronización del Corazón de Jesús en el hogar, y ve en ello el medio escogido por ese divino Corazón para establecer su reinado social en el mundo.» (Conclusión del Congreso Eucarístico Internacional de Lourdes de 1914)

Mas de un millón de familias de toda América habían acogido al Corazón de Jesús y se le habían consagrado como a Rey de su hogar, pero el padre Mateo sentía los deseos del Corazón de Jesús de presidir también los hogares de las familias de la vieja y orgullosa Europa. Para ello precisaba una aprobación de Roma, y redacta un dossier que presenta ante la Santa Sede el embajador. Moviliza a sus amigos, y en 1913 El Universo de Madrid reproducía sus escritos, y los obispos de Barcelona, Granada y Mallorca, recomendaban la entronización en sus pastorales. Luis Veuillot escribió en su Univers un entusiasta artículo: «El Corazón de Jesús, Rey de las familias» que tuvo gran eco en Francia, y en la embajada de Chile en Roma se estableció un secretariado bajo la presidencia del futuro cardenal monseñor Tedeschini.

La ocasión propicia para su venida al viejo continente fue el Congreso Eucarístico Internacional de Lourdes de 1914. Por distintas causas el viaje se demoró y el padre Mateo no pudo llegar a tiempo. Su ponencia no fue admitida por estimarla ajena al tema, pero su amigo el padre Baños, respaldado por el cardenal de Sevilla, logró incluirla en la sección de habla española, y luego en el pleno hizo adoptar por unanimidad sus conclusiones: «El Congreso aprueba la entronización del Corazón de Jesús en el hogar, y ve en ello el medio escogido por ese divino Corazón para establecer su reinado social en el mundo. El Congreso, en este espíritu, invita a todos los hogares católicos y a todos los centros privados y públicos, a introducir su imagen en la habitación principal de la casa.»

 Su viaje a Europa estuvo enmarcado por dos noticias funestas: al ir a embarcar en Montevideo le llega la del inicio de la Guerra Europea, y al desembarcar, conoce la más dolorosa para él: la muerte del papa Pío X que tanto le había animado y cuyas aprobaciones y bendiciones iba a presentar como carta de acreditación.

 «Nunca se podrá insistir demasiado en la unión indispensable entre la Eucaristía y el Corazón de Jesús, son dos palabras, dos títulos pero un solo amor, uno sólo.» (Padre Mateo Crawley)

 Se dirigió en primer lugar a Paray-le-Monial a pedir al Corazón de Jesús su gracia de darlo a conocer. Hizo un retiro de doce días en el que permanecía de las 6 de la mañana a las 3 de la tarde en la capilla de las Apariciones. Se le tuvo que arrancar de allí para que predicara en la Basílica. Le pidieron tratase sobre su tema predilecto en Paray: el Corazón de Jesús y la Eucaristía. Sintiendo que ser apóstol de la Eucaristía no era cosa distinta que serlo del Corazón de Jesús, había escrito: «Nunca se podrá insistir demasiado en la unión indispensable que debe haber entre estos dos cultos, son dos palabras, dos títulos pero un solo amor, uno sólo». Pese a su mal francés, su éxito fue extraordinario, requiriéndole continuase la predicación en la parroquia y conventos de Paray durante dieciséis días más, a razón de cuatro sesiones diarias. 

Comienza la prueba de la contradicción: el misterio de las oposiciones en el bien

 En octubre de 1914 pisaba por primera vez España, tierra de sus antepasados, esperanzado por la singular promesa del Corazón de Jesús al padre Hoyos de que reinaría en ella con más veneración que en otras partes. Llevaba tres meses predicando con éxito creciente en Madrid, cuando, de pronto, le llegó una seca comunicación del obispado haciéndole saber que no podía aprobar la entronización, por ser «una novedad sin fundamento teológico que cae bajo la condena de la Santa Sede, especialmente de un reciente decreto de la Congregación de Ritos que prohíbe los títulos inusuales en el culto

 Tras las explicaciones oportunas, el conflicto se desvanecería, y el 22 de enero se celebraba en la cripta de la Almudena una fiesta de las familias que habían entronizado al Corazón de Jesús, presidida por el obispo de Madrid por la mañana, y por el Nuncio de Su Santidad por la tarde. Fue su adiós a España, reclamado por Francia.

 De Madrid viajó directamente a Paray, su Betania, donde sabía iba a hallar luz y recibir gracia, pero no pensó que además recibiría allí la misma cruz que en Madrid. El arzobispo de Besançon, monseñor Gauthey, antiguo capellán de Paray y reconocido historiador de la entonces beata Margarita María, de la que había publicado una edición crítica de sus escritos, le hacía saber que desaprobaba formalmente la palabra entronización y tachaba la obra de novedad de la que desconfiar. El misterio de las oposiciones en el bien se vale muchas veces de nuestras miserias humanas. Paray pertenecía al obispado de Autun del que monseñor Gauthey era metropolitano, y el cardenal arzobispo de Lyon y el obispo de Moulins, se habían atrevido a invitar a un joven religioso chileno que apenas hablaba francés, a predicar en Francia sobre el Corazón de Jesús, sin consultarle. La decisión del arzobispo provocó reacción en cadena, y el rector de la basílica de Paray, que antes le había alabado, manifestó ahora también al padre Mateo su desacuerdo, al igual que el de la basílica del Voto Nacional de Montmartre, que en aquellos meses de guerra era frecuentada por multitud de devotos, muchos de los cuales consagraban sus hogares al Corazón de Jesús mediante su fórmula. Cuando monseñor Gauthey conoció la aprobación de la obra del padre Mateo por Benedicto XV tuvo la elegancia de reconocer su error, y le escribió: «Vuestro celo ha sido alabado y aprobado por el Papa; está dicho todo. Hace mucho tiempo que estoy en la escuela de Margarita-María para no haber aprendido a hacer actos de humildad. Pido al Corazón de Jesús que de nuestro conflicto sobre la manera de honrarle, saque provecho para su gloria.» 

«Pero, Eminencia, ¡si yo hablo el francés como... una vaca española!» (Padre Mateo Crawley)

 

 Imagen llamada de García Moreno, ante la que se consagró la República del Ecuador en 1874,
 y que el padre Mateo adoptó para su cruzada de entronización.

El arzobispo de Lyon, cardenal Servin, tras oírle, le requirió: «Debéis volver a decir en público lo que me acabáis de decir en privado, y de la misma manera.» El padre Mateo replicó: «Pero, Eminencia, ¡si yo hablo el francés como... una vaca española! No os preocupéis, al principio yo iré repitiendo lo que decís, luego ya no hará falta». Habló en Fourviére y cautivó al auditorio de tal manera que al final el arzobispo declaró que la consagración al Corazón de Jesús de las familias debía ser la corona de todas las obras de la diócesis, nombrando director del secretariado al jesuita padre Perroy, muy conocido por sus escritos, quien al poco redactaría un folleto que se haría muy popular: el Catecismo de la Entronización y la Consagración de las familias. En la Visitación de Lyon predicó a las hermanas de santa Margarita María que: «El Rey de Amor no es amado; pero el Rey de Amor quiere ser amado, y el Rey de Amor será amado», conferencias que serían también publicadas más tarde alcanzando una tirada de ciento treinta mil ejemplares. El cardenal Andrieu, arzobispo de Burdeos, declaraba el 15 de agosto de 1915: «Oyéndoos hemos sentido algo de que los discípulos experimentaron camino de Emaús hablando con el misterioso desconocido, hemos notado como nuestro corazón ardía de amor

«Es pura y simplemente la franca devoción al Corazón de Jesús, tal como nos ha sido transmitida por las revelaciones de la beata Margarita María, y tal como la Iglesia la ha aprobado con su suprema autoridad.» (Cardenal Billot)

Ya no gobernaba la Iglesia el santo papa Pío X quien, como vimos, en 1907, había bendecido el proyecto del joven padre Mateo y le había conferido el mandato de predicarla: «Salvando la familia se salva la sociedad. Emprendéis una obra de salvación social, consagradle vuestra vida». Esta había sido su carta de presentación hasta entonces, pero el santo Papa había muerto, y algunos de sus críticos comenzaron a extender el rumor de que esos sus poderes habían caducado con el fallecimiento de su poderdante, y que había que estar a lo que decidiera su sucesor.

 La forma de consagración de la familia al Corazón de Jesús que promovía el padre Mateo desmentía la taimada crítica de devoción sentimental, meramente individual, sin trascendencia eclesial ni social, pues tal como era propuesta por él, mediante la presencia del sacerdote en el hogar y su predicación a domicilio, se presentaba como una fuente de espi­ritualidad no sólo personal, sino eminentemente familiar que propiciaba una permanente convivencia natural con Cristo.

Sus oponentes invocaban además la ya clásica crítica de novedad. El padre Mateo, poco amigo de dilaciones, decidió ir a Roma y zanjar la cuestión dejándola en manos del nuevo papa al que remitió un informe en el que le exponía la historia de su obra con la que intentaba renovar y ratificar en el ámbito familiar el gesto de León XIII de consagrar el mundo al Corazón de Jesús en 1899, y como, a su humilde juicio, las pruebas que atravesaba en este momento la Cristiandad exigían para salvarla que el remedio se aplicara a la raíz, y por ello actuar sobre la familia, transformándola por el amor en familia del Corazón de Jesús.

 A la espera de la audiencia pedida al Papa, el padre Mateo en Roma acudió a consultar al afamado teólogo cardenal Billot sobre los ataques de novedad y falta de fundamento que recibía. Su respuesta fue terminante: «No se trata de ningún modo de una devoción nueva que por su propia novedad pudiera parecer sospechosa; no, se trata pura y simplemente de la franca devoción al Corazón de Jesús, tal como nos ha sido trasmitida por las revelaciones de la beata Margarita María y tal como la Iglesia la ha aprobado con su suprema autoridad. Veo en ella un medio sencillo y práctico de realizar los deseos del Corazón de Jesús, y en segundo lugar el medio más apropiado de santificación de la familia, y por ella de toda la sociedad». Apoyándose en san Pablo, san Agustín y Bossuet, el sabio cardenal demostraba en su dictamen como «por el gran sacramento sobre el que se basa, la familia cristiana nos aparece como sumergiendo sus raíces en las mismas profundidades del Corazón del que ha nacido la Iglesia, y por ello ¿dónde mejor que en la familia puede tener su sitio la devoción al Corazón de Jesús?, ¿dónde tendrá un medio, y me atrevería decir, un terreno de cultivo más apropiado?».

 El padre Mateo escribe unas notas de la audiencia que el 6 de abril de 1915 le concedió el papa Benedicto XV: «Ha durado una media hora; el papa me ha tratado y animado como si fuera Jesús. Le he leído mi informe; me ha pedido se lo dejara, y me ha dicho que me responderá con una carta que escribiría él mismo. Yo le agradecí tanto favor, pero me contestó: "No, no me lo agradezcáis. Si Jesús es el Rey del Amor, y yo su primer ministro, no hago más que cumplir con mi deber".

 «Instalar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en el lugar más noble de la casa, de tal modo que Jesucristo Nuestro Señor reine visiblemente en los hogares católicos.» (Benedicto XV)

 La respuesta del Papa no se hizo esperar, y su carta autógrafa, tal como le había prometido, sería publicada en las Acta Apostolicae Sedis del 6 de mayo de 1915. Hasta entonces el padre Mateo no había recibido de Roma más que aprobaciones verbales, cuya interpretación podía cuestionarse, y esperaba, a lo más, un breve de elogio y ánimo, pero, ultra quam speraverint, se vio recompensado con una carta firmada del Papa y publicada en el diario oficial de la Santa Sede, en la que el cabeza de la Iglesia se pronunciaba sobre las cuestiones de doctrina y pastoral que le había sometido, dando razón de su aprobación, y precisas directivas para su aplicación.

 El documento comienza precisando como la entronización «Es instalar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en el lugar más noble de la casa, de tal modo que Jesucristo Nuestro Señor reine visiblemente en los hogares católicos», definición que se hará clásica y, palabra por palabra, será retomada por sus sucesores Pío XI y Pío XII. Dice luego que, lejos de duplicar la consagración colectiva de sus predecesores, la completan felizmente en el dominio que toca a cada hombre más de cerca: su familia; y vienen en su momento más necesario, cuando asistimos a una poderosa ofensiva para paganizar y laicizar la sociedad, cuyos esfuerzos se dirigen especialmente contra «la sociedad doméstica que contiene como en germen los principios de la sociedad civil».

 La carta señala los tres frentes sobre los que se dirige el ataque contra la familia: «El divorcio que quebranta su estabilidad; el monopolio de la enseñanza, que elimina la autoridad de los padres;  y la búsqueda del placer que burla los derechos de la naturaleza... Hacéis bien en poner vuestras miras la sociedad humana... continuad vuestros esfuerzos y apostolado para suscitar a través de los hogar católicos las llamas de amor que nos inflaman mirando al Corazón de Jesús. Nada hay más oportuno que vuestra empresa en los tiempos presentes, y actuando así obedecéis al mismo Jesucristo».

 Dos polos desde los que el Corazón de Jesús atrae a las almas en Francia: Paray-le-Monial  y Lisieux

 El padre Mateo en Paray le había pedido a beata Margarita María que le trasmitiera devoción al Corazón de Jesús, su celo por culto y por la divulgación de su imagen, y que hiciera sentir el fuego de su consagración y sus ansias de reparación, su confianza en la promesa de los primeros viernes y su certeza en el advenimiento del triunfo prometido de su divino Corazón. Ahora en Lisieux le pide a la venerable pequeña Teresa que le enseñe su «caminito» de tol confianza en nuestro buen Padre Dios, la sencillez de niño y la alegría de sentirse pequeño y a poder ofrecer por amor al Corazón de Jesús 1os pequeños actos del día. Llegado el mes de junio viene a Paray a ver cumplido por primera vez su siempre aplazado anhelo: la gracia de poder celebrar la fiesta del Corazón de Jesús en el mismo lugar donde Jesús ha pedido a la Iglesia que instituya, y en el día por él elegido y expresamente señalado.

 Allí predicó como el fin que se propone es «realización práctica y concreta del Evangelio misericordia revelado en Paray», precisamente haciendo que una consagración, que pudiera ser pasajera al Corazón de Jesús, una especie de vasallaje como el que realizaba en la Edad Media el súbdito a su señor, es decir una institución permanente que prepare el reinado social de Cristo Rey: «La familia es el templo de los templos; las espléndidas iglesias de piedra no salvarán el mundo, sino las familia cristianas, es decir Nazaret. La familia es la fuente de la vida. Si la fuente de la vida de una nación es envenenada, la nación perecerá. Queremos inyectar en la familia la ley del amor del Corazón de Jesús. Si Jesús está injertado en el árbol, todo el árbol será Jesucristo». En las notas de uno de sus oyente halla escrito: «En Betania había un muerto: Lázaro, una gran pecadora: María Magdalena; y un alma buena pero fácil en turbarse: Marta. ¡De cuántas familias esta es la imagen! Pues bien, Jesús es recibido en ella como Amigo y como Maestro, y se hace el milagro: Lázaro resucita, Magdalena se transforma y Marta se pacifica. Eso es la Entronización». «Jesucristo viene a reclamar su sitio en el hogar, como en sus correrías apostólicas pedía hospitali­dad en Betania, lugar de honor porque es el Rey y debe reinar en cada familia para poder reinar cuanto antes en la sociedad. Su lugar íntimo es la familia porque es el Amigo que quiere reinar por el Amor de su Corazón. La familia, célula social, debe ser el primer trono vivo del Rey de Amor».

"Es el cumplimiento de las promesas a Margarita María de que el Salvador vuelve al mundo para reconquistarlo por su  corazón" (Padre Mateo Crowley)

 Cuando se ponderaba el éxito de su predicación presentando el Evangelio resituado en la vida cotidiana y familiar como un nuevo Pentecostés, respondía: «No es más que el cumplimiento de las promesas a Margarita María de que el Salvador vuelve al mundo para reconquistarlo por su Corazón». Su buen amigo el jesuita padre Anzuini reclama al padre Mateo para que organice su obra en Italia. Al cardenal Van Rossum, redentorista holandés, prefecto de la Congregación de Propaganda Fide, le había llegado el eco del éxito de la predicación del padre Mateo en su país, y así se lo trasmitió al papa Benedicto XV, quien quiso oírla de sus propios labios, convocándole para que el lunes siguiente asistiera a su misa en su capilla privada, la celebrara después él en su presencia y por sus intenciones, y recibirle luego en audiencia. Así el 17 de mayo de 1916 el Papa le preguntó: «¿Qué predicáis para atraer a tantas gentes? Respondió el padre Mateo: - Una sola cosa: la caridad, la misericordia, la realeza del Corazón de Jesús. El Papa comentó: ¡Ah, ahora me lo explico todo, cuando los sacerdotes predican este amor, son todopoderosos para conmover al mundo!»

Benedicto XV siguió preguntándole: «¿Qué respondéis a quienes se quejan de estar tan abrumados por tantas obras como ya existen como para introducir una más? -Esto, Santo Padre: Yo no os traigo una lámpara más a añadir a las doce o a las veinticuatro que ya tenéis, os traigo aceite para todas vuestras lámparas». El Papa confió la obra en Roma al jesuita padre Anzuini, y aun predicando el padre Mateo cinco veces al día, entre ambos no podían dar abasto. Prefería predicar la Hora Santa, pues decía: «Una hora de oración vale más que cuatro sermones».

 «Pero si yo he venido aquí a rezar, no a predicar.»
«Precisamente, sólo os pido que recéis, pero que recéis en voz muy alta». (Dom Chautard)

De vez en cuando el padre Mateo desaparecía y se retiraba varios días, pasándolos desde la mañana a la noche solo ante el Santísimo, sin leer, ni meditar. Al salir de uno de ellos dijo: «No sé si el Señor está satisfecho de mí, en todo caso yo estoy muy contento de Él». Para uno de esos retiros pensó refugiarse en la trapa de las Siete Fuentes de la que era abad Dom Chautard, el célebre autor del Alma de todo apostolado. Se presentó allí creyendo que nadie le conocería, pero al día siguiente el abad ya le pedía que predicara a sus monjes. «Pero si yo he venido aquí a rezar, no a predicar» El abad, con beatífica sonrisa, le contestó: «Precisamente, sólo os pido que recéis, pero que recéis en voz muy alta». No pudo negarse: «Ya veo que he venido a la Trapa para dejarme atrapar». Sus charlas fueron luego editadas por la abadía y se tradujeron a 9 lenguas; su séptima edición fue de doscientos mil ejemplares. Reemprende su predicación por el Rosellón, la Gascuña, Bretaña y la Borgoña, donde es recibido «como un nuevo Pedro el Ermitaño cuya cruzada no se propone liberar una tumba vacía, sino colocar a Jesucristo vivo al frente de la fuente misma de la vida, la familia». Pasó de allí a la Vendée, tierra pri­vilegiada del Corazón de Jesús, cuyos antepasados campesinos, en defensa de su fe católica que la Revolución francesa quería arrancarles, le ofrecieron sus vidas con su «sauvegarde» -nuestro «detente»­ prendido en el pecho. Su herencia no había sido malbaratada, como se ve por carta de Benedicto XV al obispo de Luçon en que refiere como el movimiento de entronizaciones ha desbordado las familias y ha alcanzado a la vida pública, donde numerosos ayuntamientos vendeanos, y el mismo departamento han sido consagrados al Corazón de Jesús para que reine en ellos.

 «Saludamos ya al alba de este mediodía tan deseado en que la soberanía de Cristo será reconocida por todos». (Benedicto XV)

 En febrero de 1918 le diagnosticaban en París al padre Mateo los primeros síntomas de gota, enfermedad que ya no le dejaría, pero tan triste diagnóstico quedó eclipsado por la gran alegría que le causaron las palabras de Benedicto XV en las sesiones preparatorias a la canonización de Margarita María: «Alabado sea Dios por la admirable difusión que ha tomado la obra de la consagración de las familias. La aurora deja entrever lo que será el mediodía, y ya saludamos al alba de este mediodía tan deseado en que la soberanía de Cristo será reconocida por todos». El padre Mateo reproduce en una circular las esperanzadoras palabras del Papa, recordando que la entronización es la realización progresiva, integral y vital de lo que vio Margarita María.

 «Toda obra divina debe recibir una triple consagración: la aprobación de la Iglesia, el milagro y la contradicción» (Padre Mateo Crawley)

 Si los años 1916 y 1917 fueron años de aprobación y extensión, 1918 iba a ser año de contradicción por la cruz, de la que había dicho que «la cruz es la más prodigiosa de las predicaciones y la más conquistadora de las misiones; para ser apóstol hay que sufrir.» Debía experimentarlo. «Toda obra divina, escribe el padre Mateo, debe recibir una triple consagración: la aprobación de la Iglesia, el milagro y la contradicción». Recién llegado a Italia contactó por medio del jesuita padre Anzuini con la popular «Unión de Mujeres Católicas», que puso a su disposición sus cuadros y comités extendidos por toda la península.

El éxito superó a las expectativas, funcionando trescientos secretariados. Algunos creyeron improcedente dejar en manos de las mujeres un apostolado para el que, decían, no estaban preparadas, y que, de suyo, correspondía al clero. Fueron relevadas y surgieron protestas. El asunto fue llevado hasta el Papa, que preguntó al superior general de los Padres de los Sagrados Corazones, del que dependía el padre Mateo, si disponía de padres para la obra en Italia, y al decirle éste que la congregación no tenía por entonces más que un pie en Roma, el Papa confió la dirección de los secretariados y la consagración de las familias al Apostolado de la Oración, que tenía padres y residencias en abundancia. El padre Mateo escribió a todos los directores ordenándoles que siguieran las directrices pontificias y pusieran sus cuadros, locales y publicaciones en manos del Apostolado de la Oración, que acababa de reconstruirse en Italia y que tomó gran incremento.

 «No es una consagración pasajera, una fiesta familiar sin día siguiente, sino que Jesús es colocado no sólo aparentemente, sino realmente, sobre un trono en la familia, y queda allí como Rey, para que, alrededor de ese trono, la familia le ofrezca su tributo de amor y adoración» (Benedicto XV)

El padre Mateo insistía en que había que dirigirse a la familia, pero sin agotarse en ella; la familia es la célula generadora de la sociedad y por ella se va a establecer el reinado social del Corazón de Jesús en toda la sociedad. Su protector, el cardenal Van Rossum, estaba convencido de que había que proceder no sólo a una verdadera predicación a domicilio, sino al tiempo, proclamar una protesta contra el laicismo invasor que, hace de la religión un asunto privado, confina a Dios en el templo y recluye al sacerdote en la sacristía, y por ello defendió la obra del padre Mateo ante el Papa. Benedicto XV resolvió inmediatamente que "la medida sólo afectaba a Italia, que el nombre en definitiva importaba poco, que lo esencial era que no fuera una consagración pasajera, una fiesta familiar sin día siguiente, sino que Jesús fuera colocado no sólo aparentemente, sino realmente, sobre un trono en la familia, y que quede allí como Rey, para que, alrededor de ese trono, la familia le ofrezca su tributo de amor y adoración".

 El nuevo año de 1919 iba a ser el de la apoteosis española de la realeza del Corazón de Jesús proclamada oficialmente en el Cerro de los Ángeles. El celoso padre Mateo, creyendo que tan grandioso acontecimiento era ya signo del inicio de su prometido reinado en nuestra patria, hizo sustituir del monumento la prevista inscripción de «Reinaré» por la de «Reino en España»; diecisiete años después, el primer viernes de agosto de 1936 el Corazón de Jesús era fusilado por una patrulla de pobres milicianos que desconocían el verdadero sentido de su acción, testimonio de la pervivencia de la fe recibida de sus padres, aunque escondida en los recovecos del alma a la espera de la voz de Jesús que la haga revivir, pues sólo se fusila a quien se sabe está verdaderamente vivo. Pero de cómo intervino el padre Mateo en la consagración de España al Corazón de Jesús, cuyo 90 aniversario celebraremos el año que viene, trataremos, en su momento, Deo volente.

Revista CRISTIANDAD noviembre 2008