Por qué vinieron las reliquias de Santa Margarita María
a España en el año de la Eucaristía.
 


 

Todo había comenzado casi como un sueño. Al ver en la revista de Paray-le-Monial las "peregrinaciones" por diversos países de las reliquias de Santa Margarita María de Alacoque, una guardia de honor de Barcelona coment6 con su marido, D. José Javier Echave, miembro de Schola Cordis Jesu: ¿ y si las trajéramos a España? ¡Cuánto bien harían! La respuesta de él era de esperar: Sí, pero ¿ qué podemos hacer nosotros?

Pasó el tiempo, aumentó la ilusión. Una tarde, en casa de un joven matrimonio amigo que había consagrado su hogar al Caraz6n de Jesús, Ana volvió a dejar escapar su deseo que fue recogido con entusiasmo. Era el 30 de diciembre de 2004. El 1 de enero unos amigos viajaban a Paray con la carta de petición escrita por la superiora del Monasterio de la Visitación de Barcelona, en representación de las visitandinas españolas. Por esos. mismos días, otro matrimonio español, esta vez de la Comunidad de Emmanuel, sin saber nada de lo anterior, hacía la misma petición por su cuenta. .

¿Casualidad? No, mejor será decir "Providencia". ¡Era claro que el Corazón de Jesús quería que su "mensajera", Santa Margarita María de Alacoque, viniera a nuestra Patria a recordarnos cuánto nos ama!

D. José Javier Echave nos explica cuál ha sido, en realidad, el verdadero motivo de esta aventura.

 

"'El divino Corazón... derramará tan abundantemente sus bendiciones y gracias... que producirán frutos que sobrepasen sus trabajos y esperanzas"

 

Cuando nos preguntan cómo se nos ocurrió traer las reliquias de Santa Margarita María a España en el verano del año 2005, año de la Eucaristía, contamos los hechos que nos llevaron a programarlo y organizado, pero reconocemos que, viendo las cosas en su verdadera perspectiva: “sub specie aeternitatis", éstos serían la circunstancia y la ocasión, pero no la causa de la venida de la Santa aquí y ahora. La causa estaría expuesta en la capilla de las apariciones del Monasterio de la  Visitación, y en la de San Claudio de la Colombière, en Paray-le-Monial.

 

El motivo y objeto del viaje estaban expresados en las palabras del Corazón de Jesús a Santa Margarita María. Grabadas en el altar donde, esperando la resurrección, reposan sus restos, y en cuyo frontal se lee:

 

“Yo quiero que me sirvas de instrumento para atraer a los corazones a mi Amor”.

El arco que lo circunda recuerda este texto: ''Te constituyo heredera de mi Corazón".

Y en la base del ara se contiene esta confidencia profética: ''No temas nada, Yo reinaré a pesar de mis enemigos".

Estas palabras de Jesús, entregando a su heredera los tesoros de su Corazón, y encargándole la misión de atraer a los hombres a su Amor, han sido la razón del viaje. La promesa de su reinado, el motivo de nuestra esperanza, que nos ha llevado a realizado con ánimo alegre y confiado, como Santa Margarita María cuando escribía: ''Me dijo que este Corazón reinará; estas pafa6ras me llenaban de consuelo y me hacían   sobrellevar con alegría todas las dificultades".

 

En la capilla de San Claudio de la Colombière de los jesuitas de Paray vimos reflejada en un mosaico la misión a la que se nos enviaba: Allí se lee cómo hace 317 años, el 2 de julio de 1688, entonces fiesta de la Visitación, al pasar Santa Margarita María ante el Santísimo Sacramento,

se le representó el Corazón de Jesús en un trono de llamas, la Santísima Virgen a su derecha con sus hijas de la Visitación, y San Francisco de Sales y el padre de la Colombière a la izquierda. La Virgen, mostrándoles el Corazón divino, dijo a sus hijas:

 

«Este precioso tesoro se os manifiesta particularmente. . . no sólo para que os enriquezcáis vosotras¡ sino para que lo distribuyáis con abundancia procurando enriquecer con él a todo el mundo, sin temor a que se acabe porque cuanto más saquéis más encontraréis”.

 

Después volviéndose al buen Padre La Colombière  le dijo: "tienes gran parte en este precioso tesoro¡ porque si fue dado a las hijas de la Visitación conocerlo y distribuirlo a los demás, está reservado a los Padres de la Compañía demostrar y dar a conocer su utilidad y valor... y en la medida en que le proporcionen este contento, el divino Corazón derramará tan ab6undantemente sus bendiciones y gracias sobre las funciones de su ministerio, que producirán frutos que sobrepasen sus trabajos y esperanzas... “.

 

El viaje habría formado parte de la realización entre nosotros y en nuestros días de estos designios del Corazón de Jesús manifestados a su mensajera Margarita María y a su "fiel servidor y perfecto amigo" Claudio. Las dos congregaciones que ellos representaban han cumplido a su modo este suavísimo encargo en cada época a lo largo de más de tres siglos, unas veces colectiva y otras individualmente.

 

Algunos creen no se debe hablar ya hoy del Corazón de Jesús, pues sería cosa del pasado. Otros -más de los que se supone, pues el bien no hace ruido-, saben que los dones de Dios son para siempre, y no les parece que haya olvidado su lamento: ''Tengo misericordia de las muchedumbres", ni haya prescrito su queja: ''Tengo sed ardiente de ser amado de los hombres en la Eucaristía', sino que piensan que son precisamente éstos los tiempos para los que los designios de misericordia del Corazón de Jesús fueron dispuestos, y, por ello, aguardan con confiada esperanza el triunfo de su prometido reinado por amor.

 

los promotores y organizadores del viaje, discípulos del P. Ramón Orlandis, S.I., fundador de "Schola Cordis Jesu", suscriben lo que firmó el P. Emilio Vega S. I. en el libro de la peregrinación: "Como jesuita y superior de la Comunidad de jesuitas en Santander...damos gracias a Dios por este "munus suavissimum" hecho a la Compañía", y han cooperado a su modo en llevar a cabo este suavísimo encargo de "demostrar y dar a conocer fa utilidad y valor" de la devoción al Corazón de Jesús. Ésta ha sido en realidad la razón y el objeto del viaje.

 

Los diecinueve monasterios de la Visitación, hitos obligados del itinerario de su Santa Hermana, han cumplido de modo admirable el mandato recibido por ésta en Paray de procurar "enriquecer con él a todo el mundo". Así, han promovido los actos en cada lugar, y renunciando a su limitado tiempo, lo han puesto generosamente al servicio de la Iglesia en España, ofreciendo su tesoro a todo aquél que lo ha pedido, sabiendo que "cuanto más saquéis, más encontraréis".

 

Así ha venerado las reliquias un Nuncio de Su Santidad, y en sus diócesis, tres Cardenales, seis Arzobispos, doce Obispos titulares y otros tantos Obispos Auxiliares, Eméritos y Vicarios Generales, amén de catorce conventos del Carmelo, y otros muchos de Trapenses, Clarisas, Capuchinas, Dominicas, Cistercienses, Benedictinas, Agustinas, Jerónimas, Justinianas, Hijas de Nuestra Señora, Esclavas de Cristo Rey, Hijas de Santa María del Corazón de Jesús, Hermanas de los Desamparados, Fraternidad Reparadora del Corazón de Cristo, etc, y con ellas numerosas parroquias, santuarios, iglesias y colegios, entre otros, de PP. Jesuitas, Salesianos, Misioneros de los Sagrados Corazones, Legionarios de Cristo, Misioneros Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Heraldos del Evangelio, Lumen Dei, Cruzados y Cruzadas de Santa María...

 

Todos los que hemos participado en los actos del viaje, agradecidos al Corazón de Jesús y a nuestra Hermana Margarita María por habernos escogido como pobres instrumentos de sus designios, reconocemos haber recibido mucho más de lo que hemos dado.

 

Al explicar el valor de las reliquias, nos gustaba citar a San Basilio, que escribe: "Quien toca los huesos de un mártir participa de la santidad y de la gracia que reside en él"; y a San Gregorio de Nacianzo: "Los cuerpos de los mártires tienen el mismo poder que sus almas santas", y, como escribe el P. Rodolfo Khars, capellán de Paray: "La veneración de los restos de un santo no sólo nos recuerda su ejemplo, sino que nos trasmiten una comunicación especial de la gracia y el carisma que Dios le ha concedido en forma más particular".

 

la veracidad de estas afirmaciones la ha experimentado personalmente cada uno, pero en mayor medida quienes durante semanas hemos estado "conviviendo" con nuestra querida Santa Margarita María en largas horas de viaje en nuestra furgoneta-capilla, acompañándola en su entrada a tantos lugares, y emocionándonos ante tales muestras de amor para con ella. Como reconocía un conductor, "Santa Margarita María ha llegado a se" y la hemos llegado a querer" como a un miembro más de nuestra familia". Y como dijo otro miembro de la expedición: "Santa Margarita María, en este viaje, me ha consagrado al Corazón de Jesús como sólo ella sabe hacerlo; me ha dejado "tocado" por su carisma y por su celo por el Corazón de Jesús. No creo que las inmensas gracias que he recibido se me olviden nunca”.

 

Por eso el 5 de julio, finalizada la misión, al devolverla a su casa de Paray al cuidado de sus Hermanas francesas, se nos quebraba el alma de pena como si nos dejara alguien muy querido, sintiendo lo que escriben las salesas de Lugo al despedirla: "Hermanita del alma, no te dejamos marchar quédate con nosotras".

 

Ante su altar le preguntamos si no prefería venirse con nosotros a España a proseguir su misión por más tiempo, pues nos parecía que en sólo un mes no había podido trasmitimos del todo su mensaje de esperanza en las misericordias del Señor y la confianza de que su Corazón triunfará a pesar de sus enemigos, mensaje que tanto precisamos los españoles en los tristes tiempos en que éstos prevalecen. Con su silencio Margarita María nos hizo comprender que nuestros deseos no eran ahora los del Señor.

 

Al volver a nuestro aposento en la hospedería de la Visitación de Paray y abrir la ventana, se nos presentó enfrente, serena y sonriente, la estatua de San José, que corona uno de los tejadillos laterales de la capilla de las apariciones. Como protector del viaje, quería despedirnos certificando su eficaz tutela a lo largo de más de 10.000 kms. de recorrido, haciendo que transcurriera sin un solo contratiempo, accidente, avería, multa, atasco, extravío ni retraso. Sentimos que quería asegurarnos de parte de Jesús, de su esposa Nuestra Señora del Sagrado Corazón, y de la amorosa discípula de ambos, Santa Margarita María, que, siervos inútiles, cumpliendo con la gracia de Dios la misión que se nos había encomendado, lo que debíamos hacer, eso hicimos.

 

En la capilla de las apariciones, y en nombre de todos los que han colaborado en este viaje, confiando en sus promesas de misericordia, le pedimos a Jesús que escribiera nuestros nombres en su Corazón, y que, en su día, recordando nuestros afanes y desvelos, permita que nuestra querida Hermana Margarita María nos espere a la entrada del Cielo para hacernos pasar de su mano, sin mayor examen, por la puerta de sus amigos, y nos lleve a Su presencia para poder cantar con ella eternamente sus misericordias.

 

¡Dios Sea Benditol

José Javier Echave-Sustaeta del Villar

 

 


 

La urna con reliquias de Santa Margarita María que peregrina por el mundo fue obsequiada en el siglo XIX a la Visitación de Paray-le-Monial por diócesis vecinas. Bajo un terciopelo rojo y tisú dorado se encuentran varios huesos de la Santa y un trocito del cerebro que se conserva incorrupto. Encima él reposa la "rosa de oro" que el Papa Juan Pablo II regaló durante la visita a este lugar en octubre de 1986. La rosa de oro es una condecoración otorgada por el Papa desde el siglo XI a personalidades católicas, naciones, ciudades, basílicas, imágenes... como una altísima distinción. Es bendecida el IV domingo de cuaresma personalmente por el Santo Padre, que la unge con el Santo Crisma y la espolvorea con incienso, de modo que la rosa de oro viene a ser un sacramental.

 

(De la Revista Cor Jesu - Octubre-diciembre 2005)