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Los providentes designios de Dios al revelar a los hombres la devoción al Sagrado Corazón de Jesús
José Javier
Echave-Sustaeta
¿Nació el culto al Corazón de Jesús contra el jansenismo?
Mantenía el padre Orlandis la convicción de que la devoción al Corazón de Jesús tendía a un fin que la hacía providencial para nuestro tiempo; y como el fin es lo primero a considerar, cuando no se comprende la finalidad a la que se dirige la acción de Dios al revelar el misterio de su Corazón a los hombres, lógicamente, tampoco se comprenderá el sentido de su devoción, ni el de las revelaciones transmitidas para alcanzarlo. ¿Cuál es ese designio providencial cuyo desconocimiento hacía que tantos no comprendieran ya entonces las revelaciones de Paray-le-Monial y la devoción en ellas fundada? El padre Orlandis lo puso como lema y bandera de la revista Cristiandad que sus discípulos redactaban: «Al Reino de Cristo por la devoción a su Sagrado Corazón»
Advertía el padre Orlandis en la devoción al Corazón de Jesús que se predicaba en ciertos ambientes en los años cuarenta del siglo pasado una selección omisiva de su mensaje, al minimizar o silenciar elementos esenciales de las revelaciones de Paray-le-Monial, que la dejaban devaluada. Veía cómo se iba extendiendo una corriente que, partiendo de considerar optativa la consagración pedida por el Corazón de Jesús, atenuando progresivamente la voz con que el Hijo de Dios se quejaba en Paray-leMonial del desamor de los hombres, no quería insistir en su súplica de consuelo por este rechazo, ni en dar a conocer sus ansias de que los hombres, confiando sólo en su amor, le dejaran desbordar sobre ellos los torrentes de misericordia que ya no puede contener en su Corazón.
Rechazaban como ilusoria esta esperanzadora promesa que Margarita María reconoce que Jesús le repetía constantemente en sus momentos de desaliento, colmándole de inmensa alegría las palabras: “ne craignes rien”, “Je regnairé malgré mes ennemis”, palabras que están grabadas en mármol al pie de su sepulcro en la capilla de las apariciones de Parayle-Monial.
Temieron algunos que este claro designio de Jesucristo de reinar en la sociedad humana por su Corazón pudiera ser mal entendido en sentido que, sin precisar, llamaban milenarista, y para evitarlo, optaron por interpretar que el anuncio de su reinado no debía entenderse literalmente como social en la tierra, sino que había que referirlo al cielo donde Cristo reinará con todos los bienaventurados por los siglos de los siglos, pues reinar en este mundo resultaba de impensable realización en las coordenadas políticas y religiosas de nuestro mundo moderno.
¿Cabía vislumbrar otro designio o finalidad a la devoción revelada en Paray distinta de la de su reinado social en el mundo por el triunfo de su divino Corazón? Sí, pero para ello había que sustituir el sentido literal y propio de los textos por otro traslativo y figurado, y relativizar su alcance, limitando su lugar y tiempo en función de la situación concreta y para la circunstancia del momento pasado en que se produjeron, sin proyectarlos a los nuestros. Comenzó a extenderse la idea de que la devoción al Corazón de Jesús tiene sólo una dimensión individual, y que su fin fue un providencial antídoto a la herejía jansenista que amenazaba infiltrarse en la Iglesia en los tiempos de las revelaciones de Paray-le-Monial para alejar a los hombres del amor de Dios.
¿Reveló Dios el misterio del Corazón de su divino Hijo para contrarrestar la herejía jansenista?
Si se admite tal planteamiento, se impone una obligada conclusión: desaparecido el peligro jansenista, gracias a la nueva devoción, introducida en la Iglesia y admitida ya por todos su consoladora doctrina de que Dios es amoroso y misericordioso, carece de sentido mantener la devoción al Corazón de Jesús como devoción preceptiva, por lo que procedería relegarla al archivo de lo opcional, como una más de las venerables y obsoletas devociones que practicaron tan entrañablemente nuestros piadosos antepasados. Breve: la devoción al Corazón de Jesús, cumplida su misión, debe relegarse al baúl de los piadosos recuerdos agradecidos.
Dios es el Señor de la historia que la conduce al fin que su eterna Sabiduría ha dispuesto en su designio redentor, contando para ello con la libre cooperación u oposición de los hombres, pero modernos historiadores eclesiásticos prefieren explicar los acontecimientos determinándolos, o al menos condicionándolos necesariamente sólo a las circunstancias políticas, religiosas, sociales y económicas de su tiempo. Así ven en el jansenismo la causa y razón de la aparición en el siglo XVII de la devoción al Corazón de Jesús. Esta justificación nos parece inexacta, reductiva y desorientadora respecto a los designios de la Providencia redentora al revelarnos en un momento de la historia humana parte del insondable e inefable misterio que encierra la devoción al Corazón de Jesús y, en definitiva, desconocedora de su genuina esencia.
¿Combatían los jansenistas la devoción al Corazón de Jesús por jesuítica?
Pero el hecho innegable e inexplicable es que todo el jansenismo concitó sin cesar sus más virulentos ataques contra el Corazón de Jesús, tanto en un principio cuando era prácticamente desconocida, como a lo largo del siglo XVIII, cuando la devoción se fue difundiendo y llegó a ser aprobada por la Iglesia.
De no hallarse para esta conducta razones de orden natural, y partiendo de la raíz calvinista del jansenismo, raíz madre de la moderna Revolución, algunos, con el venerable obispo Torras y Bages apuntan razones de otro orden: «La Revolución fue su enemiga declarada, porque un poderoso instinto le hacía comprender que la devoción al Corazón de Jesús era la que debía acabar con ella».
Caída política, condena religiosa y ocaso del jansenismo
La moderna devoción al Corazón de Jesús fue revelada a santa Margarita María en la Borgoña francesa de finales del siglo XVII, en pleno esplendor de la corte del Rey Sol Luís XIV, época y contexto en que el jansenismo tenía notable influencia en determinadas élites aristocráticas religiosas, culturales y políticas. De tal coincidencia temporal han querido deducir algunos una inexistente relación de causalidad.
Luís XIV no quiso que secuelas calvinistas tomaran incremento en su reino, y por los motivos de unidad política y afirmación de su poder absoluto por los que había derogado en 1685 el Edicto de Nantes y sometido el poderío de los hugonotes franceses, decidió acabar con la aristocrática influencia jansenista. Expeditivamente ordenó arrasar hasta sus cimientos su emblemática abadía de Port-Royal, sembrar de sal sus campos, dispersar a sus orgullosas religiosas, y desterrar lejos de la corte a sus refinados mentores.
Luís XIV El jansenismo como herejía había sido formal y definitivamente condenado por la Iglesia en 1713 mediante la bula Unigenitus del papa Clemente XI, y al ser extinguido políticamente en Francia por real orden, se fue difuminando paulatinamente, quedando, tras la muerte de Luís XIV, enquistado durante algún tiempo como secta residual bajo el amparo del cardenal De Noailles y sus contados obispos apelantes. Trasvasado el jansenismo político en Francia a otros partidos, y deshecho como herejía formal, sus tesis fundamentales casi desaparecieron, aunque su maléfico espíritu se refugió en el rigorismo, y se mantuvo presente en la administración de los sacramentos y en la enseñanza de la teología moral aún largo tiempo en ciertos ambientes de la Iglesia hasta el siglo XIX, aunque batiéndose siempre en retirada y sin peligro de grave recaída.
No existe tal finalidad antijansenista
ni en los
escritos de santa Margarita María
Tras este
breve excurso sobre la historia e influencia de la secta jansenista,
retomamos la pregunta inicial: ¿nació el culto al Corazón de Jesús
contra el jansenismo? El padre Hilario Marín, S J prestigioso
especialista sobre la devoción, nos da precisa y fundada respuesta, que
prueba en tres hechos: el primero es el de que la afirmación o la mera
insinuación de que la devoción al Corazón de Jesús sea un instrumento
dispuesto por la Providencia de Dios contra el jansenismo es
desconocida, tanto en los escritos autobiográficos, como en las cartas
de santa Margarita María, en los que no menciona ni asa sola vez el
jansenismo, sino que en ellos se manifiesta el inmenso amor de Jesús a
los hombres y los ardientes deseos de que se le corresponda y se le dé
reparación por la mala correspondencia a Él lo cual vale para todos los
tiempos.
El tercer hecho es el de que los trascendentes documentos posteriores a la instauración de la fiesta del Corazón de Jesús como universal en la Iglesia por Pío IX, Annum Sacrum, de León XIII, Quas Primas y Miserentissimus Redemptor, de Pío XI, y Haurietis aquas, de Pío XII, presentan el culto al Corazón de Jesús, no como destinado al siglo XVI, sino como de actualidad actualísima, adaptado perfectamente a la naturaleza misma de la Iglesia y sumamente apto para remediar los males que ahora nos oprimen. Tras estas afirmaciones el padre Marín concluye: «Ciertamente estas apariciones vinieron en tiempo muy oportuno: cuando se enfriaba la caridad cristiana, mas no se puede probar que precisamente viniesen a remediar pura y exclusivamente los malos frutos de la herejía jansenista... por lo que no se puede decir que, desaparecida ésta, haya de desaparecer la devoción al Corazón de Jesús, o que deje de ser de actualidad».
El jansenismo no fue motivo ni la causa directa de la revelación de la devoción al Corazón de Jesús; el motivo y la causa los anunciaba la autorizada voz del papa Pío XI en su encíclica Miserentissimus Redemptor:
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