El Sagrado Corazón en España

 

Santa, Margarita María y los Padres de la Compañía de Jesús, Bernardo de Hoyos,
Agustín de Cardaveraz y Juan de Loyola.

"Jesús me dijo que quería por mi medio extender el culto de su Corazón en España"

(Bernardo de Hoyos, S. J.)

 


 

Habían pasado cuarenta años desde que Jesús descubriera a la her­mana Margarita María en Paray-Ie­Monial los tesoros de su Corazón. Su mensaje se había ido extendiendo lenta y suavemente mediante una fina cadena de apóstoles escogidos de entre los dos institutos designados por Él para su difusión. De la Visitación de Nuestra Señora lo trasmitieron, entre otras, las superioras madres Saumaise y Greyfié, la celosa hermana Joly, las novicias de la santa, y la visitandina frustrada, la desterrada reina de Inglaterra María de Módena.

 

De entre los jesuitas sólo un corto número tomó desde el principio como propio este precioso encargo: el primero fue Claudio la Colombière, a quien Margarita María confió las revelaciones. Cumplida su misión de confortarla y confirmar su autenticidad ante sus directoras, fue enviado a Inglaterra, como capellán de la Duquesa de York, María de Módena.

 

 

 

 p Bernardo de Hoyos, confidente del Corazón de Jesús

 

Expulsado por la sangrienta persecución anticatólica, retornó a Francia, fracasado y enfermo. Sus superiores jesuitas, viéndole ya con tan pocas fuerzas, le encargaron sólo la dirección espiritual de unos jóvenes estudiantes del colegio de Lyon, a los que trasmitió confidencialmente el mensaje de Paray. Estos jóvenes jesuitas, ya misioneros, extenderían la devoción al Corazón de Jesús por toda Francia, parte de Europa y hasta el Asia y Canadá. El P. La Colombière moría en Paray el 15 de febrero de 1682, pero ya entonces el Corazón de Jesús para ser sus continuadores se había elegido entre sus oyentes a dos novicios amigos: eran Juan Croiset y José de Galliffet..

 

Juan Croiset se carteaba ya con la hermana Margarita María, y por ella estaba al corriente de las revelaciones, y al año de morir la santa publicó un libro que divulgó la devoción por toda Francia.

 

José de Galliffet, que había conocido por el P. Claudio el amor misericordioso del Corazón de Jesús, cayó gravemente enfermo, y cuando, todos lo daban por muerto, su compañero Juan Croiset se fue ante Jesús en el Sagrario e hizo en nombre de su amigo el voto de que si se dignaba curarle, José viviría en adelante sólo para difundir el mensaje de su Sagrado Corazón. Jesús aceptó, y contra toda esperanza, sanó el novicio Galliffet. Al ser nombrado asistente del P. General de la Compañía en Roma, fiel a su voto, se propuso cumplir el encargo del Corazón de Jesús a los jesuitas, y obtener de la Santa Sede la institución de su fiesta.

 

Para ello publicó el P. Galliffet en 1726 el libro "Del Culto al sacratísimo Corazón de Dios, Nuestro Señor Jesucristo", primera obra que trata doctrinalmente y a fondo la devoción al Corazón de Jesús, narrando en un anexo los hechos de Paray-Ie-Monial.

 

Del libro elaboró una memoria para pedir la institución de la fiesta del Corazón de Jesús ante la Sagrada Congregación de Ritos, pero en aquellos tiempos de alumbrados y quietistas se estimó novedosa la devoción, y la petición se denegó por dos veces.

  

El P. Galliffet, fracasado en su intento, regresó a Francia, pero un ejemplar del libro había llegado al Colegio de San Ambrosio de Valladolid, donde en el verano de 1727 lo leyó el novicio guipuzcoano Agustín de Cardaveraz, quien descubrió asombrado el mensaje de amor misericordioso del Corazón de Jesús, hasta entonces desconocido para él: "Me consolé mucho en el Señor cuando leí el tomo del P. Galliffet en San Ambrosio, y lo leí muchas veces. "

 

Jesús fue adentrando al novicio Agustín en su Corazón: "El 11 de Septiembre (de 1729) vi como S. Majestad abría su divino pecho y llaga del Costado, hasta descubrirse claramente su divino Corazón, volcán de  amor infinito y relicario riquísimo de la Trinidad beatísi­ma. Y habiéndose también abierto aquel sagrario de la divinidad, Jesús me dijo:

 

“Hijo, entra en éste mi Corazón, y descansarás en él a tu gusto... estuve así perdido y hundido por un rato, y perdí luego de vista a mi Jesús al entrar en su Coraz6n; porque me pasó de su humanidad a la divinidad. "

 

En 1733 en España, a cien escasas leguas de Paray, apenas se tenía noticia de Ias revelaciones que habían tenido lugar allí; pero no era Agustín Cardaveraz el destinado a darlas a conocer, pues el Corazón de Jesús en sus planes ya había destinado a ello al joven Bernardo de Hoyos, al que desde niño había preparado con la dulzura y mansedumbre de San Francisco de Sales, al que Bernardo tomó por maestro y director en su noviciado jesuita, y al que cada noche, arrodillado ante su estampa, daba cuenta de conciencia.

 

Ordenado sacerdote el P. Agustín Cardaveraz, es enviado en 1733 al colegio de Bilbao. El Ayuntamiento encomendó al joven jesuita que predicara en la fiesta del Corpus Christi. Pensó Agustín sería ocasión propicia para dar a conocer a sus paisanos vascongados la buena noticia de la devoción al Corazón de Jesús, y como en el sermón debía relacionarla con la del Corpus, celebrada ocho días antes, recordó que el P. Galliffet en un capítulo de su libro comparaba las contradicciones que en el siglo XIII tuvo santa Juliana de Cornillón para el establecimiento de la fiesta del Corpus Christi, con las que se oponían ahora a la introducción de la fiesta del Corazón de Jesús. Pero como no disponía del libro, que estaba en Valladolid, escribió a su amigo Bernardo de Hoyos, estudiante de teolo­gía, allí para que le trascribiera e! pasaje que precisaba.

 

Bemardo de Hoyos cuenta así lo sucedido: -El P. N. (Cardaveraz) me pedía le trasladase la institución de la fiesta del Corpus y la revelación y dificultades que para ello hubo, como lo refiere el P. Gallíffet, para lo que saqué de la librería ese tomo el domingo (3 de mayo l. Yo que no había oído jamás tal cosa, empecé a leer el origen del culto del Corazón de nuestro amor Jesús, y sentí en mi espíritu un extraordinario movimiento fuerte, suave y nada arrebatado ni impetuoso, con el cual me fui luego al punto delante del Señor Sacramentado a ofrecerme a su Corazón, para cooperar cuanto pudiese, a lo menos con oraciones, a la extensión de su culto. Adorando la mañana siguiente al Señor en la hostia consagrada, me dijo clara y distintamente, que quería por mi medio extender el culto de su Corazón…y estando ayer en oración, me hizo el Señor un favor muy semejante al que hizo a la primera fundadora de este culto, la V. M. Margarita Alacoque. Me mostró su divino Corazón todo abrasado en amor y condolido de lo poco que se le estima." (5 de mayo).
 

Prosigue Bernardo; "El domingo pasado (10 de mayo) ...se me mostró aquel divino Corazón de Jesús todo arrojando llamas de amor, de suerte que parecía un incendio de fuego abrasador…cerró y cubrió mi miserable corazón dentro del suyo, donde por visión intelectual admirable vi los tesoros y riquezas del Padre depositadas en aquel sagrario; el deseo y como ímpetu que padecía su Corazón por comunicarlas a los hombres ...Desde entonces he andado absorto y anegado en este divino Corazón; al comer, al dormir, al hablar, al estudiar, no parece palpa mi alma otra cosa que el Corazón de su mado, y cuando estoy delante del Señor Sacramentado, aquí es donde se desatan los raudales de sus dulcísimos favores, y, como este culto mira al Corazón Sacramentado como a su objeto, aquí logra de lleno sus ansias amorosas." (Vida del P. Bernardo Francisco de Hoyos. P. Loyola)

 

Cuenta Bernardo cómo el 14 de Mayo, después de comulgar: "El divino amor Jesús convidaba a mi corazón a que se metiese en el suyo por aquella herida...y como el mío aceptase, le dijo el Señor: ¿No ves que está rodeado de espinas, y te punzarán?, que todo fue irritar más mi amor que, introduciéndose en lo íntimo, experimentó eran rosas las espinas... Pedí a la Santísima Trinidad esta fiesta en especial para España en que ni aun memoria parece hay de ella, y me dijo Jesús: Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes." (P. Loyola. V. M. del P. Hoyos, 1.111, c. l)

 

El 2 de Enero de 1735 Bernardo de Hoyos era ordenado sacerdote a los 23 años. En su primera Misa oyó a Jesús decir a su Padre: "He escogido a Bernardo para que se consagre del todo a la reparación de mi Corazón, para que aplaque vuestra justa indignación, ofreciéndome a Mí en sacrificio. Para esto le he honrado con el sacerdocio. "Habién­dosele dado a conocer que "los pecados de los hombres no bastan a apagar, sino que sirven de encender el amor nobilísimo del buen Jesús, Bernardo no sabía ni podía formar discurso alguno sin referirlo a las glorias del Corazón de Jesús." (P. Loyola)

 

Le quedaban sólo once meses de vida que empleó en remover cielo y tierra hasta hacer prender por toda España el fuego de amor al Corazón de Jesús que le consumía. El 17 de octubre, aniversario de la muerte de Margarita María, recibe durante la Misa una gracia que es como una premonición:

 

"Entendí cómo su muerte fue  un recostarse dulcemente en e Corazón de su amado dando en él el último aliento. Y a la vista de muerte tan deseable, ¡oh buen Dios¡ qué asalto de amor fan fuerte sintió este mi pobre corazón, tocado de una santa envidia!".

 

 Poco debía esperar, pues aI mes siguiente, el 29 ,de noviembre de 1735, tras repetir "qué bueno es habitar en el Corazón de Jesús!", moría a los 24 años Bernardo de Hoyos, el introductor de la devoción al Corazón de Jesús en nuestra patria y al que esperamos ver pronto .glorificado.

 

J. Javier  Echave-Sustaeta
Schola Cordis lesu

Tomado de la Revista Cor Jesu Nº 145, junio-septiembre 2005