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Actualidad de la Reparación FRANCISCO CANALS Conferencia pronunciada el 31 de Mayo de 1991 en el Monasterio de las Salesas de Barcelona.
¿Qué misión tiene en la Iglesia Sta. Margarita Mª de Alacoque? Por qué talmente no se podría mencionar la historia del culto moderno al Sgdo. Corazón, el culto litúrgico al Sgdo. Corazón, la espiritualidad del Corazón de Jesús en el pueblo cristiano desarrollado a partir del s. XVII-XVIII-XIX, estallando en la Consagración Universal de León XIII en la fiesta de Cristo Rey; ¿por qué no se puede hablar de todo esto sin hablar de Sta. Margarita Mª de Alacoque? Si nosotros ahora interfiriéramos como un escrúpulo teológico y dijéramos como que los documentos de la Iglesia en que se ha instaurado la fiesta del Corazón de Jesús y se ha señalado cuál es el contenido y el mensaje de esta devoción... ¿qué misión tiene Sta. Margarita Mª de Alacoque en la Iglesia? Voy a ser muy rápido en esto. Un sacerdote amigo mío, excelente apóstol del Corazón de Jesús, ha suscitado, y yo lo he firmado alguna vez, peticiones de que Sta. Margarita Mª de Alacoque fuese declarada doctora de la Iglesia como lo ha sido Sta. Teresa de Jesús y Sta. Catalina de Siena. Si la Iglesia la declarase doctora de la Iglesia estaríamos todos muy felices, daríamos gracias a Dios. Yo, que he firmado la petición, pienso que tal vez la Iglesia nunca la declare doctora de la Iglesia y que hay un carisma más importante que el carisma de los doctores a los que Dios da la palabra de sabiduría y de ciencia para ilustrar al pueblo cristiano, hay un carisma más excelente que éste, el cual sólo cede en importancia al de los Apóstoles sobre los que se funda la Iglesia, que es el carisma profético. Los profetas de Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, el Apocalipsis es el libro profético. Son órganos inspirados por el Espíritu Santo de la Revelación pública, que se llama, aquella Revelación de los profetas y los Apóstoles sobre la que la Iglesia se funda. S. Pablo que dice que en la Iglesia hay profetas, Sto. Tomás lo comenta. A mí me parece que esto hace entender lo que ha ocurrido en la Iglesia con Sta. Margarita, me parece que el Señor escogió a esta hija de San Francisco de Sales para que fuese en la Iglesia profeta. Voz que en nombre de Dios anunciase nuevamente de una forma renovada con un esfuerzo, como una segunda Redención amorosa, como ella misma dice, el mensaje del Amor Redentor Misericordioso de Cristo, lo anunciase del modo que el Espíritu Santo suscitó para que, en un tiempo de enfriamiento de la caridad y de confusión de la fe y desintegración de la vida cristiana, como era el tiempo de Sta. Margarita, mantuviese vivo el mensaje que encontramos en el Evangelio de S. Juan y en todo el Evangelio y todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento. La misión de Sta. Margarita yo por mi cuenta pero fundándome en lo que los Papas han dicho de ella, la caracterizo como de profeta. La Iglesia declara a santos doctores pero nunca ha declarado a santos profetas, pero los hay. Son lo que tienen un especial camino de transmitir el mensaje de Dios. Más que ilustrarlo, explicarlo, darlo a comprender como hacen los doctores de la Iglesia, transmitirlo como nueva fuerza que de una forma nueva llegue al pueblo cristiano un mensaje permanente, nuevo y antiguo. Podemos repasar el número de Congregaciones religiosas que tienen por nombre el Corazón de Jesús, la solemnidad litúrgica, la aprobación reiterada por el Magisterio eclesiástico de la fructificación y utilidad pastoral de la práctica de los Primeros Viernes, la Hora Santa mencionada también en la encíclica «Miserentissimus Redemptor» como inspirada literalmente en los escritos de Sta. Margarita, el culto Eucarístico en la forma que fue tomado en el siglo pasado, que llevó a los Congresos Eucarísticos. Todo esto, consagraciones familiares, consagraciones públicas, consagraciones Eucarísticas, Hora Santa, Primeros Viernes..., todo esto aprobadísimo por la Iglesia jerárquica, está todo, todo, incluso la misma fecha litúrgica del viernes siguiente a la octava del Corpus, está todo contenido en las cartas de Sta. Margarita como habiéndoselo comunicado a ella Cristo mismo para que lo anunciase a la Iglesia. Por tanto el carácter de instrumento, órgano escogido por Dios para hacer vivir en la Iglesia esta floración, «río que alegra la ciudad de Dios», como decía Pío XII en su primera encíclica, es un hecho patente, un hecho admirable, por tanto hacemos muy bien si nos ponemos a pensar en el mensaje central de la devoción al Corazón de Jesús cuyos dos actos esenciales son la Consagración y la Reparación. Se habló de Consagración y hoy vamos a centrarnos en la Reparación. La Reparación que es la finalidad misma de la institución de la fiesta, fue tratada por Pío XI en la admirable encíclica «Miserentissimus Redemtor», de doctrina de permanente actualidad reiterada en documentos recentísimos; en la aprobación de estatutos del Apostolado de la Oración se reitera otra vez la idea de Reparación, etc. Vamos a pensar en esto un poco, es un abismo insondable que sólo podemos pedir a Dios que nos lo haga entender algo, pero no tengo más remedio que intentar pensar en voz alta algo sobre esto. Evidentemente Cristo pidió el culto a Su Sagrado Corazón presentándose a sí mismo como habiéndose agotado y consumido todo Su Amor, como si Dios infinito, habiéndose hecho hombre para descender hasta nosotros y hacerse en todo semejante a nosotros menos en el pecado, pero asumiendo sobre sí todas las consecuencias del pecado, de sufrimiento, de dolor, de humillación, hecho, como dice San Pablo, por nosotros, pecado, obediente al Padre hasta la muerte de Cruz, anonadado, «de Creador», dice San Ignacio, «ha venido a hacerse hombre, de vida eterna a muerte temporal», a pasar pobreza, humillación, persecución. Como si Dios mismo hubiese hecho todo este don infinito y ahora para renovar el impulso en la Iglesia de su Amor Redentor, a través de Su instrumento, Santa Margarita, nos presentase con un gesto renovado algo que está ya en el Evangelio y está ya en los profetas del Antiguo Testamento. La petición de la Reparación tiene un doble sentido: Cristo ha sido el reparador de la Humanidad pecadora expiado por nuestros pecados con la muerte redentora y por ahí ha llegado la Resurrección, que es el principio de nuestra salvación en la reinstauración de todas las cosas en el orden divino. Pero además de pedir que nos asociemos a esta Reparación por la expiación reconociéndonos pecadores y aceptando unirnos con Cristo que nos redime y haciéndonos como miembros suyos también corredentores y víctimas por los pecados, los nuestros y del mundo, además de esta dimensión, que está muy clara en Sta. Margarita, además, ahora pide que tengamos compasión de Él. El Señor quiere suscitar en nuestro corazón de hombres pecadores, en nuestro corazón petrificado por el egoísmo para darnos un corazón de carne animado por el Espíritu de Dios, capaz de ternura, de generosidad, de correspondencia, de caridad. Para invitamos a corresponder al Amor Redentor de Dios, Dios pide que tengamos compasión de Él. Y esto es lo que está en Sta. Margarita, también está en el Evangelio, también está en los profetas. «No habéis podido velar una hora conmigo», dice el Señor a los más íntimos, que se durmieron en Getsemaí. Pío XI habla de que la humanidad de hoy está dormida, está adormecida. El Señor pide que tengamos misericordia de Él, nos pide la limosna de una correspondencia porque Su Corazón de hombre angustiado la necesita. En nuestro tiempo dije que se cavila pretendiendo hacer teología, se cavila y se prescinde de lo que la Iglesia ha dicho y de lo que ha dicho Sta. Margarita y de lo que está en la Escritura. Algunos han puesto en duda el sentido mismo de la expiación. No dudemos, Pío XI lo dice bien claro. Los que dudan de la necesidad de la Reparación, en sentido de expiación, precisamente es porque no tienen el sentido del pecado; ahora, sino tenemos el sentido del pecado, tampoco podemos pedir nunca humildemente como publicanos la misericordia de Dios y tampoco entenderemos nunca desde la fe el porqué de la Encarnación Redentora y de la Cruz. El mensaje del Corazón de Jesús presupone que sabemos que somos pecadores y que Dios tiene misericordia de nosotros y que nos llama a conversión porque nuestra resistencia, la no aceptación de Su don, es no sólo una ofensa a Dios en su Majestad infinita sino un agravio entristecedor al Dios que se ha humillado hasta ser hermano nuestro. Dios no tiene en Su naturaleza humana la pecaminosidad nuestra pero sí que tiene nuestra finitud. No se puede ser devoto del Corazón de Jesús si no nos acercamos a Cristo y no tratamos de connaturalizarnos con Él. Pedirle que nos haga sentir qué significan sus palabras en los profetas, en los Evangelios y en las cartas de Sta. Margarita en que nos pide que le hagamos compañía, que le consolemos. Algunos dicen ¿cómo podemos decir vamos a reparar, vamos a consolar? ¿Acaso nosotros somos buenos y los otros malos? no, no se trata de eso. El que se pensase que él va a consolar al Señor porque él es un justo que a diferencia de los pecadores no da ningún disgusto al Señor, naturalmente sería un fariseo. No se trata de eso. Se trata más bien de que la aceptación agradecida y humilde de Su Amor misericordioso, el reconocimiento de nuestro pecado y del pecado de todos los hombres y la petición humilde, esperanzada de Su misericordia, es la que consuela al Corazón de Cristo. Le consuela porque en Getsemaní mismo, en Su ciencia humana, infusa, tenía ante Sí la historia entera de la humanidad, sufría por todos los agravios e ingratitudes y se consolaba por toda las delicadezas y correspondencias de los que hubiesen recibido este mensaje. Pero es que además, Pío XI se atreve a decir otro argumento muy notable: «¿No admitimos todos que los bienaventurados en el cielo se gozan con los bienes de los pecadores? Dice el Evangelio que en el cielo se hace fiesta por un pecador que hace penitencia. Pues bien, también en el cielo Cristo resucitado y sus ángeles y los resucitados y también los que están en el purgatorio se gozan por todo lo que es bien comunicado por Dios y recibido por los hombres, y por decirlo con lenguaje bíblico, que ahora no se trata de hacer análisis metafísicos o psicológicos de esto, dejan de alegrarse o, diríamos, se entristecen, como dice la Escritura «no queráis entristecer al Espíritu Santo». Se entristecen por las resistencias humanas. Pero en fin, precisamente si Cristo en Su Corazón de hombre tiene una ternura por los hombros y pide comprensión a la humanidad por la no correspondencia, tenemos que verlo todo eso desde la fe en la Encarnación redentora y pensar que en definitiva el Corazón de Cristo es tal como se presenta a Santa Margarita: un Corazón suplicante necesitado de consolación y que nos promete todos sus dones y todas sus bendiciones si nos dignamos compadecerle y consolarle. Pensemos que éste quien así nos ama es el Hijo Eterno de Dios que, como dice el Vaticano II, «ha querido amarnos con corazón de hombre». Tal vez toda la Revelación sobre el sentido de la reparación expiatoria y la reparación consoladora podría cesar si pensásemos siempre en la devoción al Corazón de Jesús como la propone Sta. Margarita desde estas palabras del concilio Vaticano II: «Dios ha querido amarnos con corazón de hombre». Por tanto yo voy a terminar diciendo sólo una cosa: ¿qué sentido tiene hoy la reparación? ¿Tiene el sentido que explica Pío XI en la encíclica 'Miserentissimus Redemptor', que ratifica Pablo VI en 'Investigabiles divitias et diserti interpretes'?, tanto más cuanto que algunas dificultades puestas sobre el sentido de la reparación en el culto al Corazón de Jesús, si las leemos desde la fe y desde la autoridad de la Iglesia, no harán sino convencernos de cuan actual, cuan necesaria es la reparación. Termino con estas palabras de Pío XI: «Urgente necesidad, en cuanto agrade o apremie la necesidad de tal experiencia o reparación muy principalmente en estos tiempos, a nadie se le ocultará, a nadie que recorriese con los ojos de este mundo poseído del mal espíritu», «puesto en el maligno», como lo cita San Juan. «Pues de todas partes sube a nos el clamor de los pueblos que gimen cuyos gobernantes en verdad se han coligado contra el Señor y Su Iglesia». Esto está escrito en pleno impulso creciente del comunismo ateo al cual dedicó pocos años después un documento Pío XI: «Vemos ciertamente que por aquellas tierras se trastornan todos los derechos divinos y humanos», ahora acaba de notar Juan Pablo II que han cesado unos desórdenes pero subsisten y se agravan otros.
«Estas cosas son tan
tristes que se diría que se prenuncia el principio de los dolores que
trae el hombre empecatado levantando sobre todo lo que es llamado Dios,
lo que es llamado, reverenciado como Dios. Todavía más de lamentar es
que entre los mismos fieles se encuentran tantos hombres ignorantes de
las cosas divinas e inficionados de doctrinas falsas, llevan lejos de la
casa paterna una vida viciosa, no iluminada por la fe ni deleitada por
la esperanza de la futura felicidad, ni reanimada ni calentada por el
ardor de la caridad, de manera que parecen estar sentados en tinieblas y
sombras de muerte, se extiende entre los fieles el descuido de la
disciplina eclesiástica y de las instituciones en que se apoya toda la
vida cristiana y por las que se rige la familia y se defiende la
santidad del matrimonio». Desde que esto se
escribió hasta hoy, esta oleada que ha trastornado en muchas partes toda
la moral matrimonial, es descuidado totalmente o corrompido por muelles
halagos la educación en la vida, principalmente en el vestido de la
mujer (esto está escrito en el año 28), es desenfrenada la codicia de
las cosas terrenas, desenfrenado el exceso de los intereses y desmedido
el afán del aura popular, afán de prestigio
y la rebelión contra la autoridad legítima y el desprecio de Dios con lo
cual la fe misma se derrumba y se pone en próximo peligro. |