Don Domingo Pérez Méndez

El 3 de diciembre de 2001, volaba al encuentro de la misericordia divina, en la Residencia “Mare de Déu de la Mercè” de Martí-Codolar, el sacerdote Salesiano Don Domingo Pérez Méndez. Contaba 92 años de edad, 73 de profesión religiosa y 64 de sacerdocio. Su figura puede enmarcarse dignamente bajo la divisa: “Apóstol del Corazón de Jesús en el Templo del Tibidabo”.

 

El fruto de un hogar cristiano

Había nacido en el pueblecito de Piñeira de Arcos, provincia de Ourense, el 8 de febrero de 1909. Sus padres Vicente y Benita, vieron bendecido su hogar por tercera vez con el nacimiento de Domingo. Siguieron otros cuatro nacimientos hasta completar la corona de siete con que el Señor quiso bendecir su matrimonio.

A los 13 años, con varios compañeros, deja la casa paterna y emprende el rumbo hacia el Mediterráneo, hacia el Aspirantado Salesiano de Campello (Alicante). La visión del Mare Nostrum suaviza la nostalgia del lejano mar de su tierra:

Cantarte hei, Galicia,

teus dulces cantares,

que así mo pediron

na veira do mare.

Prendida en el recuerdo queda su aldea, de la que puede cantar con Rosalía de Castro:

“Algo ha quedado tuyo en mis entrañas

que no morirá jamás,

y que Dios, porque es justo y porque es bueno,

a desunir ya nunca volverá”

El amor a su tierra gallega quedará siempre en su alma con el recuerdo de su infancia, pero Jesucristo llama y, cautivado por la bondad y el atractivo de Don Bosco, decide ser salesiano y sacerdote.

Transcurridos sus años de Aspirantado, a sus 17 años, llega a Barcelona y, en la Casa de Sarriá, inicia el Año de Noviciado. El 24 de septiembre de 1927 le impone la sotana el Beato José Calasanz, profesando el 6 de agosto de 1928.

 

Julio del 36

En julio de 1936, acabado el curso de teología en Carabanchel, Madrid, se traslada a Valencia para los Ejercicios Espirituales. Allí le sorprende el Alzamiento, y es conducido, con otros 40 salesianos, a la Cárcel Modelo de Mislata.

El 29 de julio, a la una de la madrugada, es puesto en libertad junto a los demás salesianos. ¿A dónde ir?. Tiene en el bolsillo 150 pesetas, lo que le ha correspondido del reparto de fondos comunitarios. Varios de sus compañeros sufrirán el martirio. Domingo se refugia en casa de un amigo. Los milicianos van en su busca pero se equivocan de piso y llaman al de dos hermanas solteras. En el registro aparecen objetos religiosos, un escándalo… Domingo escapa, logra refugiarse en el consulado italiano y adquiere un documento que le acredita como “Guarnieri Domenico”, con él intentará huir a Italia.

Para eludir el control de aduanas, se mezcla con los obreros portuarios y embarca rumbo a Génova. Pasa luego a Turín donde completa sus estudios de teología. Allí es ordenado sacerdote, el 4 de junio de 1937, por el también salesiano Cardenal Augusto Hlond, primado de Polonia. Unos días antes se ha presentado al Rector Mayor y le ha manifestado su deseo de ser enviado a las misiones. “No, mira -le responde Don Pedro Ricaldone- ahora es España la que te necesita. Vuelve. Luego ya veremos…”

Vuelve pues, ya sacerdote, en 1938, y es destinado a las Escuelas Profesionales de Pamplona. Es el encargado de la disciplina, el consejero. Los que hemos sido alumnos de un colegio salesiano, sabemos lo que representaba el consejero: el hombre del orden, de la exigencia. No deja de serlo, pero los muchachos lo adoran, se confiesan con él. Se ha ganado el cariño, el respeto y la gratitud de muchísimos jóvenes que estuvieron bajo sus cuidados.

 

A Barcelona

En 1948 viene a Barcelona. En Sarriá desempeña el cargo de Administrador de las Escuelas Profesionales Salesianas, sólo por un año. En 1949 le vemos ya en el Colegio de San José de la calle Rocafort como Director de la Obra.

Hay que reconstruir el colegio y levantar la Iglesia, y no hay dinero. Sabe que no puede pedírselo a los superiores que no lo tienen. ¿A quién acudir?.  El dinero se lo dará María Auxiliadora. El 23 de mayo de 1953 experimenta el gozo de poder inaugurar la nueva iglesia. Aún ahora lo recuerdan paseándose por los andamios con el rosario entre las manos, y en el ministerio de la Confesión, en el que hace vibrar a las almas en amor a Jesús Sacramentado.

Del 55 al 57 es Delegado Inspectorial de los Antiguos Alumnos y Cooperadores, y del 57 al 60, es enviado como Director al Colegio de Sarriá.

 

Rector del Tbidabo (del 60 al 63)

El curso 60-61 es destinado como Superior a la Obra del Tibidabo. Allí le está esperando el Corazón de Jesús a cuya devoción se entrega con la energía y apasionamiento con que siempre ha servido al Señor.

El Templo del Corazón de Jesús ha reparado ya las heridas sufridas durante la persecución religiosa de nuestra guerra civil. Una nueva estatua está aguardando desde el año 1950 a que se le prepare un digno y sólido pedestal en la cima. Los trabajos se aceleran, el mismo Don Domingo se mezcla con los obreros y aporta su esfuerzo. El 10 de octubre de 1961, la estatua emprende el camino hacia el punto más alto de la torre central, a 575 metros de altura sobre el nivel del mar. Desde allí, la majestuosa estatua de bronce del Corazón de Jesús, ofrece su amorosa mirada y su abrazo de acogida y perdón.

Pocos días después, el 21 de octubre, tiene lugar la solemne inauguración de la iluminación del Templo. En una serena y estrellada noche otoñal, el Papa Juan XXIII, desde Roma, acciona el dispositivo, y el Templo se llena de luz. El Tibidabo es ya el faro que ilumina y guía a cuantos andan cansados y agobiados.

El 28 de octubre se celebra con gozo la consagración del Templo, y el 29 el Papa Juan XXIII le otorga el título de Basílica.

Como digno complemento de tan memorables acontecimientos, tiene lugar en Barcelona, del 23 al 29 de octubre de 1961, el Primer Congreso Internacional del Sagrado Corazón de Jesús.

 

Fundador de la Adoración Nocturna del Tibidabo

Un año antes, en 1960, apenas iniciado como Rector del Templo, sabe ya lo que quiere el Corazón de Jesús, porque para eso le ha situado en ese cargo.

Y es que existía ya un turno mensual de Adoración Nocturna de los Antiguos Alumnos Salesianos de Sarriá en el Santuario de María Auxiliadora, ¿por qué no trasladarlo al Tibidabo, a los pies del Corazón de Jesús?

Así empieza la Adoración Nocturna. Suyo es el carné número 1 de la Asociación.

Un año más tarde, en julio del 61, son ya 3 sábados al mes y llegan a 57 adoradores.

En 1962, son ya 4 turnos, 4 sábados, 80 adoradores.

¿Cuál es el espíritu que anima al P. Domingo? Lo podemos deducir por el texto de la Carta Abierta dirigida a los bienhechores y amigos del Tibidabo, aparecida en la Revista del Templo, Enero de 1962, en que se expresa así:

“...Levantaremos un gran templo del cual saldrá mucha gloria a Dios”. Esta segunda parte de la profecía de San Juan Bosco es a la que interesa dar vida ahora: convertir este Templo en una hoguera de amor al Sagrado Corazón, darle vida, culto, misas, horas santas, predicación del Mensaje de Amor de Cristo al mundo, peregrinaciones de expiación y desagravio, adoración permanente en este Montmartre español; en una palabra hacer que Barcelona entera mire hacia el Tibidabo y busque en él al Maestro, hasta que todos convirtamos en realidad palpitante la estrofa del himno del Tibidabo:

“Dulce Jesús, reinad en toda España –del Tibidabo haced vuestro montaña.- Reinad desde la sierra, reinad desde el altar,- Señor de nuestra tierra, Señor de nuestro mar.- Reinad en los hogares de toda la nación- haciéndolos altares de vuestro Corazón”.

En 1966 podrá alegrarse al ver cómo su sucesor, el P. Enseñat, inaugura la Adoración Perpetua, instrumento privilegiado de culto al Señor en permanente espera de nuestra amistad.

Durante estos años, su afán apostólico le lleva a fundar en Barcelona el Grupo de Voluntarias de Don Bosco, Instituto Secular de Derecho Pontificio perteneciente a la Familia Salesiana, grupo de mujeres que ofrecen su vida en donación total a Dios con la profesión de los consejos evangélicos. Será su primer Asistente, cargo que ejerce desde 1965 a 1983.

También durante estos años colabora con el Movimiento Sacerdotal Mariano, siendo uno de los organizadores de sus Encuentros. Hasta el mes de octubre de 2001, pocos meses antes de morir, llega su ilusión por participar en el que se celebra en Martí-Codolar.

 

La nueva casa “Mater Salvatoris”

En 1963 empieza su tarea en el Centro de Espiritualidad de “Casa Pastor”, la torre cercana al Templo adquirida por la Congregación Salesiana, ampliada luego con la construcción de la Casa de Espiritualidad “Mater Salvatoris”, para acoger y atender espiritualmente a los peregrinos y devotos del Corazón de Jesús.

Aquí permanece trabajando hasta 1989 en que fija su residencia en el Templo. Don Domingo sueña. Sabe que el Corazón de Jesús se ha reservado esta cumbre y que éste es el encargo más importante dejado por Don Bosco a sus hijos de Barcelona. Durante 26 años, lucha, casi en solitario, por irradiar, desde ese centro, la espiritualidad del Corazón de Jesús, el culto eucarístico y mariano que es el remedio a los males del mundo. 

 

Sus años de Martí-Codolar

Sus últimos años son los de Martí-Codolar, donde San Juan Bosco recibió el primer anuncio de la concesión de la cumbre aquel tres de mayo de 1886. Desde aquí puede contemplar la solidez del Templo y, sobre él, la estatua del Corazón de Jesús hacia el que D. Domingo dirige sus fatigados ojos. ¿Sintió en su alma el anhelo que plasmó en poesía Rosalía de Castro, en “A orillas del Sar”?

 

A través del follaje perenne

que oír deja rumores extraños,

y entre un mar de ondulante verdura,

amorosa mansión de los pájaros,

desde mis ventanas veo

el templo que quise tanto.

 

Desde la Residencia de Nuestra Señora de la Merced sigue siendo el hombre de Dios. Ejerce el ministerio de la reconciliación, consuela y aconseja, reza por todos y ofrece sus dolores, cada vez más intensos, por el bien de la Iglesia, por las intenciones por las que se inmola el divino Corazón.

El 8 de febrero de 1999 cumple 90 años. La Adoración Nocturna le honra con el distintivo de Veterano Fundador. Don Domingo agradece y anuncia: “Del Tibidabo surgirá una legión de adoradores para extender el Reino de Cristo”. Asiste al acto Don Filiberto Rodríguez, Consejero general para la Europa Oeste. Las palabras que pronuncia llenan de alegría a Don Domingo: “El Tibidabo es un don de Don Bosco a la Iglesia”.

 

Sus últimos momentos

Todos cuantos le tratan en estos años de enfermedad, experimentan la dulzura de su bondad. Ni una queja, ni un lamento sale de sus labios. Enfermeras, médicos, personal de la casa, todos reconocen que al lado de Don Domingo se respira paciencia, delicadeza y ternura.

Ahí sigue él, en su silla de ruedas. Su sonrisa es un poema, una sonrisa encantadora, la sonrisa de un niño que se sabe en las manos de Dios.

El mismo pide la Unción de los Enfermos que recibe, consciente, a finales de noviembre, en presencia de toda la Comunidad Salesiana.

Sabe que su hora está llegando, que el Señor “está a la puerta y llama”, y está dispuesto al sufrimiento que Él quiera enviarle, como expresión del amor más puro y sublime a su Señor.

Finales de Noviembre, cuando vimos que el Rosario caía de sus manos, comprendimos que se acercaba el final, pero tardó en llegar. Su estado se va agravando, su garganta no soporta ya ni una gota de agua, no puede hablar. Es un sufrimiento que recuerda el de Jesucristo en la cruz. Se va consumiendo en una lenta agonía de ocho días.

¿Se puede vivir sin comer ni beber, con 4, 3, 2 de tensión? Pues Don Domingo llega a vivir así durante casi una semana. No permite siquiera que le humedezcan los labios. Ya no puede hablar pero aún sigue con la vista a las visitas que se le acercan.

Hasta la madrugada del día 3 de diciembre en que se despide de su sobrina y la señorita Elvira, que se desviven atendiéndole, con una sonrisa. Sus ojos quedan fijos para siempre.

 

De él se ha dicho, con acierto, que era un hombre en estado de adoración perpetua.

 

Esperamos que el Señor, en su infinita misericordia, acoja su alma y le premie como El ha prometido a los que propagan el culto a su Divino Corazón.

 

Y esperamos que el impulso que él, como hombre providencial, imprimió a la obra material y espiritual de la cumbre, reciba nuevo y provechoso incremento. Porque el gran Templo ya se alza y da gloria a Dios, pero con Don Domingo seguimos aguardando que se cumpla nuestra esperanza: la venida del Reino de Jesucristo, el Reino de su Corazón, que fue objeto de los sueños de Don Bosco.

 

Rogad al Señor, por esta Comunidad que intenta seguir los ejemplos de tan heroicos predecesores. Que el Corazón de Jesús, dueño de la mies, nos conceda apóstoles como Don Domingo, celosos adoradores de su Divina Majestad, y ardientes propagadores de sus designios de Misericordia.

P. Antonio Samsó, SDB

Director de la Comunidad del Tibidabo

Agosto de 2003, Año Centenario de la Primera Piedra

 

Nace en Piñeira de Arcos (Ourense) el 9 de febrero de 1909

Primera Profesión: 6 de agosto de 1928

Ordenado Sacerdote el 4 de junio de 1937

Fallece el 3-XII- 2001 a los 92 años, 73 de profesión religiosa y 64 de sacerdocio