Corría el año 1885, los alumnos de los talleres salesianos de Sarriá, Barcelona, enviaron una carta a Don Bosco con un dibujo que representaba una locomotora. La inscripción decía: “De Turín a Barcelona”. Aquel dibujo trajo a Don Bosco a Barcelona y, con él, la profecía de un grandioso templo. Este año celebramos el centenario de la bendición de su primera piedra.
El 8 de abril de 1886, Don Bosco hacía su entrada en el humilde recinto de los Talleres Salesianos de Sarriá, Barcelona. Le precedía la aureola de santidad que había sido propagada en la Ciudad Condal por el gran publicista católico, el sacerdote Félix Sardá i Salvany, en su publicación “Revista Popular”. Toda la Barcelona católica vibró ante la presencia del santo durante las cuatro semanas de su estancia. Pero un grupo de doce caballeros decidió levantar un monumento singular que perpetuase su memoria. Cuando el santo acudió a la Basílica de Nuestra Señora de la Merced, Patrona de Barcelona, para despedirse de la Virgen, le esperaba un singular acontecimiento: la donación de la cumbre del Tibidabo.
Basílica de la Merced, 3’30 de la tarde. Don Bosco avanzó entre la multitud, oró unos instantes y escuchó la Salve de la Escolanía. A continuación se adelantaron los 12 propietarios y le hicieron entrega de un documento. La finalidad constaba en aquellas líneas: era para que Don Bosco levantase en la cima del monte Tibidabo una ermita “consagrada al Sacratísimo Corazón de Jesús”. El Santo, visiblemente emocionado, les explicó que, estando casi terminada la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Roma, se preguntaba qué empresa podría ahora acometer para “honrar y propagar esta saludable devoción”. Una voz interior le venía repitiendo: “Tibi-dabo” “Tibi-dabo” [Te-daré, Te-daré]. “Sí, señores, vosotros sois los instrumentos de la Divina Providencia, con vuestra ayuda muy pronto se levantará en este monte un majestuoso santuario dedicado al Sagrado Corazón de Jesús...”Era la formulación de una profecía. El Sagrado Corazón de Jesús se reservaba la montaña para ofrecer su mensaje de amor y misericordia a la ciudad de Barcelona y a España entera.
El 3 de julio de 1886, a dos meses escasos de la partida de Don Bosco, se inauguraba ya la primera ermita al Corazón de Jesús. Había surgido por iniciativa de Doña Dorotea de Chopitea, insigne dama barcelonesa, que había obtenido de Don Bosco la fundación de la Casa de Sarriá. Era una señal palpable de que no se podía disponer arbitrariamente de aquella cumbre ya que había sido ofrecida al Corazón de Jesús. No obstante, esta posesión iba a ser discutida y pasar por diversas vicisitudes, hasta que el 17 de agosto de 1900, la Sociedad Anónima Tibidabo otorgaba a los Salesianos los 6.000 m2 necesarios para el futuro Templo.
Escasos de recursos para una empresa de tal envergadura, los salesianos tuvieron que esperar hasta 1902 para proceder a la bendición de la primera piedra. Se escogió al gran arquitecto barcelonés Enrique Sagnier que, en premio a su celo y servicios a la Iglesia, recibiría en 1923 el título pontificio de Marqués. Era entonces el Arquitecto de la Diócesis. Al Tibidabo dedicaría muchas vigilias y limosnas y el alma entera con todo su arte.
El 28 de diciembre apareció luminoso y radiante.. A medida que avanzaba la mañana, iba aumentando el número de fieles. Se preparó un altar para la Misa de Campaña que fue oficiada por el Obispo de Lérida. Terminada ésta, se organizó la procesión hasta la cima, y allí el Cardenal Casañas, obispo de Barcelona, bendijo la Primera Piedra del futuro Templo. De sus labios salieron estas palabras: “esta obra será la mayor de mi pontificado”.
1911, “TEMPLO NACIONAL EXPIATORIO”
1911 fue un año glorioso para el Templo. El 17 de junio se cubría e inauguraba la cripta con asistencia del Rector Mayor Don Pablo Álbera, segundo sucesor de Don Bosco. Aquel día el Doctor Laguarda, Obispo de Barcelona, impartió, por vez primera, la bendición con el Santísimo. Pero en ese mismo mes esperaba al Templo una distinción mucho mayor, la que le otorgaría el XXII Congreso Eucarístico Internacional de Madrid.
Cuando llegó la hora de clausurar las tareas del Congreso, se levantó el Presidente, excelentísimo señor Messeguer i Costa, Arzobispo de Granada, y propuso a la Asamblea que “se propague por toda España la idea del templo nacional dedicado al Sagrado Corazón del Tibidabo, a fin que los españoles tengamos también cuanto antes nuestro Montmartre”. La Asamblea entera, presa de inmenso entusiasmo, puesta en pie, aclamó la proposición que consagraba el Templo profetizado por Don Bosco como “Expiatorio y Nacional”. El Tibidabo iba a ser el Montmartre español.
1909 y 1936 – SE INCENDIAN LOS TEMPLOS DE BARCELONA
La última semana de julio de 1909, la Semana Trágica, supuso el incendio de 80 edificios eclesiásticos en la Ciudad Condal, triste preludio de lo que ocurriría en 1936. Los incendios de 1909 suscitaron la reacción de una santa mujer Doña Amalia Vivè de Negra que, con el seudónimo de María Victoria, emprendió una campaña de reparación por lo ocurrido. Así nació el lema “Expiación por el sacrificio”. El templo se levantaría por la acción de muchos sacrificios anónimos como ofrenda de amor al Sagrado Corazón. Llegó también el año 1936. Las llamas no perdonaron al Templo. El 25 de julio fue saqueado y profanado. La estatua del Sagrado Corazón, fue fusilada. El soplete de los milicianos le cortó la cara y la mano derecha. Tres años después, el 25 de julio de 1939 se promovía el Acto de Reparación, 8.000 personas subían a pie desde la ciudad llevando a hombros una gran cruz de madera.
1952, EL CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL DE BARCELONA
1952 fue un año memorable para Barcelona. Durante los meses de mayo y junio, toda la ciudad vibró en homenaje de adoración al Cuerpo de Cristo. Un mes antes, el 25 de mayo, el Doctor Modrego, obispo de Barcelona, bendijo el Templo ya cubierto. Se cumplían 50 años del acontecimiento de la Primera Piedra. El primer acto del Congreso tuvo lugar en el Templo del Tibidabo, la Gran Vigilia de la Adoración Nocturna. Pasa el congreso y las obras prosiguen. Las miras se ponen ahora en el empuje final. Hay que izar la nueva estatua que, desde 1950, extiende sus brazos en la terraza superior. La culminación llega en marzo del 61. La estatua, que durante 11 años ha estado aguardando, es izada en alto. Para solemnizar el acto, se celebra en Barcelona el primer Congreso Internacional al Sagrado Corazón, y en octubre de ese año, el día 21, el Papa Juan XXIII ilumina, desde Roma, la estatua del Corazón de Jesús y el Templo.
Si el Corazón de Jesús había revelado a Santa Margarita “la sed ardiente de ser amado por los hombres en el Santísimo Sacramento”, salesianos y adoradores siente la necesidad de responder a esa llamada. Así, el 8 de octubre de 1960, Don Domingo Pérez funda la Adoración Nocturna, y en 1966 el P. Enseñat la Adoración Perpetua. Si en el Huerto de los Olivos se oyó el lamento de Jesús al no sentir el consuelo de los suyos, los adoradores del Tibidabo le ofrecerán cada noche el homenaje de amor que alivie los ardores de su Corazón.
¿SE HA CUMPLIDO YA LA PROFECÍA?
No falta quien afirma que los salesianos han hecho ya realidad la profecía que anunció Don Bosco. A los 100 años de la colocación de la Primera Piedra y a la vista del rumbo moral de nuestra sociedad, podemos ponerlo en duda. El Templo está como pedestal visible del Corazón de Jesús ofreciendo su Amor a los hombres de nuestro tiempo. ¿Podemos esperar que la profecía de Don Bosco augura tiempos de plenitud en los que la misericordia del Divino Corazón triunfará sobre la frialdad e indiferencia de los hombres?. Así lo esperamos, y así lo sugieren los brazos abiertos que esperan a los hombres de la gran ciudad. Nicolás Echave SDB