Homilía de Mons. Josep Ángel Sáiz en la Eucaristía de Consagración de las Familias al Sagrado Corazón de Jesús. Templo del Tibidabo, domingo día 29 de junio de 2003, a las 12 horas.
Lecturas: 1ª Oseas 11,1,3-4, 8c-9.Salmo responsorial: Isaías 12, 2-3.
2ª Efesios, 3, 8-12, 14-19.
Evangelio: Juan 19, 31-37.
Reverendo señor Rector del Templo, sacerdotes y salesianos de la Comunidad al servicio del Templo, familias cristianas que renováis o hacéis por primera vez vuestra consagración al Sagrado Corazón de Jesús, religiosos y religiosas, hermanas y hermanos en Cristo Jesús:
1. Un acto ya tradicional en el Tibidabo
Yo, que fui adorador del Santísimo Sacramento en este templo, vengo hoy con gozo a presidir esta eucaristía con motivo de la fiesta de la Consagración de las Familias al Sagrado Corazón, con lo que se clausura el Centenario de este Templo Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús, aquí en la cumbre del Tibidabo. El pasado viernes se celebró el acto solemne de clausura, con la Misa presidida por el señor Nuncio de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro.
El nombre dado por los Jerónimos a esta cima preanunciaba ya su destino religioso que cuajó en la iniciativa de doce caballeros de nuestra ciudad, aceptada por San Juan Bosco durante su visita a la misma. Este templo, por sus orígenes y por la presencia de los Salesianos en él, es un gran signo religioso muy querido por todos los barceloneses.
Hablar de la historia del Tibidado es recordar la visita que realizó a Barcelona San Juan Bosco en el año 1886. Venía a consolidar las Escuelas Profesionales de Sarriá, fundadas dos años antes, y a conseguir ayudas para el Templo del Sagrado Corazón de Jesús que, por encargo del Papa, estaba construyendo en Roma.
La presencia de este gran sacerdote y apóstol social en la ciudad de Barcelona sugirió a doce caballeros cristianos de la ciudad que había llegado el momento de cumplir su compromiso de reservar la cima del Tibidado para el culto cristiano. Por este motivo, el 5 de mayo, por la tarde, cuando Don Bosco visitó la Basílica de Nuestra Señora de la Merced, para agradecerle las gracias recibidas con motivo de su visita, le hicieron entrega de un pergamino que decía: “Para perpetuar el recuerdo de vuestra visita a esta Ciudad se han reunido estos señores, y de común acuerdo han determinado cederos la propiedad del monte Tibidabo, a fin de que en la cumbre del mismo, que amenaza convertirse en un semillero de irreligión, se levante un Santuario al Sagrado Corazón de Jesús para mantener firme e indestructible la religión que con tanto celo y ejemplo nos habéis predicado y que es noble herencia de nuestros padres”.
Don Bosco agradeció, emocionado, su generosidad y les anunció que se construiría el gran templo que hoy nos acoge. Su profecía se ha cumplido y todos nosotros somos testigos de esto.
2. Litúrgia de la Paraula
La lectura de l'evangeli ens ha presentat a Nostre Senyor Jesucrist elevat a l'arbre de la creu, entregat a sí mateix per nosaltres amb un amor admirable, i com del seu costat traspassat, font dels sagraments de l'Església surt sang i aigua, perqué tots, atrets al seu Cor obert, poguem beure a les fonts de salvació, segons ens recordará el prefaci.
La creu de Jesucrist és un gran misteri, necedat y escàndol per a alguns, saviesa de Déu per als elegits. La Revelació ens permet endinsar-nos en les claus d'aquest gran misteri. La creu de Crist és expiació pel pecat del món i és també reconciliació dels homes amb Déu.
La creu de Crist és la nostra redempció. Des d'aquesta manifestació del seu amor hem d'entendre el sacrifici redemptor de la creu.
En contemplar el misteri de la creu veiem sobretot un signe de dolor i ens preguntem què ens vol significar Déu amb la eloqüència del Crucificat. Sobretot a la creu contemplem la immensitat de l'amor de Crist, que recordem i actualitzem celebrant aquesta festa del Sagrat Cor.
La creu és la revelació suprema de l'amor de Déu. L'amor es revela que hom pateix a favor d'aquells a qui estima. L'amor es pot manifestar amb paraules, amb gestos, amb regals, però aquestes manifestacions podríen ser equivoques. El signe inequívoc de l'amor és justament el dolor, el patiment a favor de la persona estimada. Des de la contemplació de la creu percebem 1'amor immens de Jesucrist que el porta a donar la vida.
En aquest final del primer centenari del Temple Expiatori del Sagrat Cor de Jesús, em sembla important remarcar que gràcies al Tibidabo el Sagrat Cor de Jesús está entronitzat en l'horitzó (sky-line) de la ciutat de Barcelona. Així es compleix el desig del cardenal Casañas, aleshores bisbe de Barcelona, el qual, en posar-se la primera pedra del temple va escriure: “El Sagrado Corazón de Jesús en la cumbre del Tibidabo, que por su altura y situación domina todo el llano de Barcelona y se divisa desde largas distancias, se alzará allí como Faro que ilumine las inteligencias, Imán que atraiga las voluntades, Mediador Divino entre Dios y los hombres, Volcán de caridad a cuyo calor recobre nueva vida la sociedad helada por el frío materialismo y eficacísimo Pararrayos que desarmando los de la Divina Justicia irritada por nuestros pecados, los convierta en centellas de misericordia, que conmuevan y enciendan en su amor a todos los hombres”.
3. Consagración de las familias
Hoy también consagraremos las Familias al Sagrado Corazón de Jesús, un acto ya tradicional desde la celebración del Año de la Familia. Consagrando las Familias, las dedicamos , las ofrecemos al Sagrado Corazón.
La familia cristiana constituye la escuela fundamental para la formación de la fe. Los padres reciben en el sacramento del matrimonio la gracia y la responsabilidad de educar cristianamente a sus hijos. La familia cristiana es llamada a santificarse y a santificar la comunidad eclesial y el mundo entero.
Hoy más que nunca concurren una serie de circunstancias que hacen peligrar el matrimonio y la institución familiar. Por eso es urgente presentar con autenticidad el ideal de la Familia Cristiana, que se basa en la unidad y fidelidad de los esposos, que está abierto a la fecundidad y que está guiado por el amor.
Este amor define en última instancia la esencia y la finalidad de la Familia. Por eso la Familia recibe la misión de custodiar, comunicar y ser testigos del amor, como reflejo vivo y participación del amor de Dios a la humanidad, el amor de Cristo esposo a la Iglesia su esposa.
4. El compromís de la vostra Consagració al Sagrat Cor
Este es vuestro compromiso que asumís hoy y por el que yo os bendigo y os lo agradezco en nombre de la diócesis, de la Congregación Salesiana y de la Iglesia.
4.1. Vivir en vuestra vida cristiana y en familia y en la Iglesia la realidad de un Dios que es un Padre tierno, un Esposo entregado y generoso (primera lectura: del profeta Oseas). “Cuando Israel era niño yo le amé”... Dios es un misterio de amor, de bondad, de entrega generosa. Sin una experiencia del amor auténtico –enseña Juan Pablo II– el hombre no puede entender ni su dignidad ni el sentido de su vida y es un misterio incomprensible para sí mismo. Importancia de la experiencia del amor generoso en la familia, como clave para la madurez de la persona en la vida...
4.2. Profundizar en el conocimiento y en la vivencia del amor de Cristo: para que “lleguéis a conocer la inmensidad del amor de Dios que sobrepasa todo conocimiento”. (Segunda lectura: de San Pablo a los Efesios). Toda nuestra vida cristiana y nuestra moral ha de ser una respuesta al amor de Cristo. No hemos de ser buenos por temor, sino por amor, porque Cristo nos ha amado primero...
4.3. Este Dios-Amor se nos manifiesta en Cristo, cuyo corazón abierto por la lanzada del soldado romano, la ve San Juan como la culminación de la inmolación del Amor de Dios Padre manifestado en Cristo y la fuente de la santificación y redención de los hombres por medio del Espíritu Santo y la Iglesia.
5. Tránsito a la eucaristía
En esta eucaristía:
–Demos gracias a Dios por estos cien años de presencia de este templo y de los Padres Salesianos en la cumbre del Tibidabo.
–Pidamos que este gran signo sagrado de Barcelona pueda seguir dando frutos de fe, de esperanza y de amor.
–Hagamos el firme propósito de contemplar el Sagrado Corazón de esta cima del Tibidabo, de día y de noche, y decir de todo corazón: “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío”.