INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO

 

 Mes de octubre de 2004

 

Una familia de Madrid que recibe la revista viene a pasar unos días en Barcelona y no quieren marchar sin haber subido al Templo. Recuerdan momentos muy bonitos de cuando sus hijas eran todavía pequeñas y estudiaban en el colegio salesiano de Horta. Aceptan con alegría la historia que el Señor está haciendo con ellos y nos dicen que el futuro no les preocupa porque no existe; lo importante es el momento presente en el que Dios actúa. Nos hablan también de Madrid, de su diócesis de Getafe donde cada año entran unos 20 jóvenes en el seminario, y están muy contentos de los nuevos presbíteros que salen porque saben conectar con la juventud. Este verano han hecho el Camino de Santiago 2.000 jóvenes de su diócesis.

 

Un joven ya maduro nos dice que es brasileño pero hace tiempo que vive en Francia. Se había apartado de todo lo religioso durante años pero lo ha recuperado. Ahora va a misa cada domingo y ello le ayuda a vivir la vida con profundidad y alegría. Sobre todo ha descubierto la Palabra de Dios en el NT. Acepta una estampa del Corazón de Jesús.

 

Nos visita un numeroso grupo de peregrinos de la adoración nocturna de Vigo que están haciendo una peregrinación a Lourdes. Escuchan con atención y sin prisas la historia del Templo y nos dicen que ellos ya han cumplido los 106 años de su asociación. Rezan y algunos se confiesan.

 

Una pareja pasa delante de la capilla. El chico con una tupida barba negra se para un instante, luego entra y se pone en el primer banco para rezar. La chica se queda afuera. Nos choca un tanto la escena porque lo normal suele ser lo contrario: la chica entra y el chico espera. Al salir se les pregunta si quieren un recuerdo del Templo. El joven acepta dos estampas y nos dice que es cristiano de Siria y que hace un año que reside en Barcelona. Le damos un abrazo de hermano. La chica nos dice que es musulmana de Arabia y que somos todos iguales porque hay un solo Dios. Nos vemos en la necesidad de clarificar que al Dios de los cristianos lo podemos conocer porque se ha hecho hombre en Jesús y nos ha revelado su amor, hasta al enemigo, muriendo por nosotros en la cruz. La chica no dice nada más y escucha con atención porque todo ello le sonaba nuevo.

 

Una mamá que trabaja unos días a la semana con nosotros, espera su segundo hijo. Nos cuenta emocionada lo grande que está pasando en ella; cómo a través de la ecografías puede ver a su pequeña que se mueve y su corazón que palpita. Seguimos hablando sobre la herencia genética, de cómo las células se van reproduciendo rápidamente, según la precisa información que reciben de sus cromosomas, para ir formando los diferentes órganos y partes del cuerpecito. ¡Algo maravilloso!

 

Unos 20 religiosos hermanos maristas de diferentes países nos visitan. Residen en el Escorial en Madrid, en donde hacen una renovación doctrinal y espiritual durante tres meses. Escuchan con satisfacción la historia de D. Bosco, admiran la vidriera de su santo fundador, San Marcelino Champagnat, y luego se despiden cantando un canto a la Virgen y rezando ante el Santísimo.

 

No es raro ver a personas que salen de la capilla de la adoración con los ojos enrojecidos por la emoción o secándose las lágrimas. ¿Qué ha pasado en lo profundo de su espíritu? Sólo el Señor lo sabe.

 

Una familia, con dos hijos, viene al Templo a ofrecer al Señor las dos velas de su bautismo. Están muy agradecidos al Corazón de Jesús porque aquí, en el Tibidabo, fue donde el marido, de joven, le pidió a ella si quería casarse con él; fecha que los dos consideran decisiva para sus vidas.

 

Hacia el caer de la tarde entra un señor que por las facciones parece nativo de la India. Le acompaña un joven que le va explicando lo que ve. Caminan muy lentamente. Ante la puerta de la adoración, le decimos que aquí los católicos rezamos continuamente. Él escucha, se queda un  quieto un rato, como recogido, y al marchar hace el típico saludo de levantar las manos juntas hasta la cabeza con una inclinación. Antes de salir, el joven nos dice que acompaña al alcalde de la ciudad de Bombay de la India.

 

Un sacerdote de la parroquia de San Agustín con un joven rezan un buen rato ante el Santísimo. Al marchar les agradecemos su oración desde este Templo. El joven sacerdote nos dice que en su parroquia también tienen expuesto el Santísimo Sacramento todas las tardes de lunes a viernes.

 

Nos llega la noticia de que cada año hay unas 80 personas que se presentan en la curia diocesana porque quieren dejar de pertenecer a la Iglesia. No nos deja indiferentes esta información y consultamos qué realidad hay detrás de esta renuncia. Si se trata solamente de unas palabra, no existe ningún efecto, pero si se firma un documento en el cual se especifica lo que este acto de apostasía implica, (como dejar de participar en los sacramentos, de poder ser padrino, de ser enterrado como cristiano...) el hecho es muy serio y algunos después de considerarlo se vuelven atrás.

 

Nos visita un sacerdote de Toledo que durante muchos años fue vicario del Cardenal Marcelo González recientemente fallecido. Nos dice que era un gran prelado y que tuvo que sufrir mucho en Barcelona. Actualmente se ordenan en la Diócesis unos doce sacerdotes cada año. Al hablarle de D. Bosco y el Templo le encanta porque conoce bien al Santo y lo admira.

 

Leemos en la última página del semanario “Catalunya cristiana” del 23 de septiembre la entrevista a Rut, una joven adoradora nocturna del grupo de los primeros martes. Hacia dos años que había entrado en el noviciado de la congregación religiosa de “La pureza de María”, dedicada a la educación y a la evangelización de la juventud. Ahora iba a profesar sus votos.

 

Una familia acompaña a unos recién casados al Tibidabo. Acaban de llegar a Barcelona en su viaje de bodas. Suben a las terrazas y al templo, y contentos rezan un padrenuestro pidiendo al Corazón de Jesús su bendición y su protección para la nueva vida de casados que acaban de emprender.

 

El equipo del Centro Salesiano Regional de Formación permanente de Quito (Ecuador), están de paso por Barcelona y quieren conocer el Tibidabo de D. Bosco. Son dos salesianos y una cooperadora. Están encantados de poder estar en un lugar lleno de historia salesiana. Después de rezar en la capilla visitan la Obra. Les hace ilusión ver los escudos de sus países en la basílica. Nos cuentan que también ellos en Quito tienen un gran templo dedicado al Sdo. Corazón que tardó cien años en construirse. Al preguntarles sobre las vocaciones nos dicen que se mantienen en el número, entrando unos ocho novicios cada año. Tomamos su dirección para estar conectados con ellos por medio de nuestra Revista.