Mes de noviembre de 2004
Una pareja joven se presenta hacia el final de la tarde. Se les ve muy contentos. Nos dicen que hace un año que se casaron y quieren recordarlo subiendo al Tibidabo ya que son muy felices, aunque el piso no lo tuvieron terminado hasta hace poco. Ahora nos traen la nueva dirección para que les mandemos la revista y encargan un ahora de la iluminación como expresión de su alegría.
Son muchas las personas que encargan con su donativo una hora de iluminación del Templo. Unos, porque celebran su aniversario de bodas o cumpleaños o alguna fiesta familiar; otros, lo hacen para pedir intenciones, dar gracias, o simplemente como apostolado para que la gente lo vea. Les queremos tener presentes a todos, incluso a la institución que cada día ilumina una hora durante todo el año. Nos alegramos que se vaya apreciando y valorando el hecho de iluminar el Templo, que para nosotros es un signo de amor al Corazón de Jesús y a Barcelona.
Un matrimonio, al salir de la misa de la tarde, nos dice que han venido a celebrar sus 23 años de casados. Luego nos hablan de los hijos que están estudiando en la universidad, y de su preocupación porque están viendo cómo se alejan de la fe y de la Iglesia.
Las religiosas “Hermanitas del Cordero” que viven dedicadas a los pobres por las calles de Barcelona subsistiendo de limosnas, vienen a pasar un día de oración y retiro. Sorprende verlas con sus hábitos grises, la mayoría jóvenes, y siempre alegres.
Una familia del Brasil nos visita acompañada de una señora de Sant Viçens del Horts que tiene un hijo en el seminario de Brasilia construido en el mismo lugar que San Juan Bosco vio en un sueño. Actualmente es un seminario misionero en el que estudian 70 jóvenes seminaristas.
Una mamá con dos niños de unos 5 y 6 años entran en la cripta. Al ver el agua en la pila se mojan las manos, la misma mamá se moja la cabeza. Les decimos que es agua bendita que sirve para santiguarse. Ellos, con gran candidez, lo intentan varias veces hasta que lo consiguen. Luego al pasar delante de la capilla de la adoración, los pequeños quieren entrar, la mamá les para y les dice que es para rezar. ¿Y qué es rezar?, pregunta espontáneamente el pequeño. Sin más, la madre los coge de la mano y se los lleva.
El día 14 de octubre partía de este mundo el alma del P. Fidel Martín a la edad de 97 años. Durante 50 años de su larga vida salesiana los había pasado en el Templo del Tibidabo como director y sobre todo como “limosnero”. Son muchas las personas que han querido despedir: adoradores, a los que les presidió la misa tantos años a las 5 de la mañana; sus muchos sobrinos que le agradecen su don de aglutinar a la familia, (una tía trae como signo tierra de su pueblo para colocar en el ataúd); y tantas personas amigas y conocidas a las que D. Fidel enfervorizó con sus ardientes pláticas. Unos pasan un rato de oración ante su cuerpo y otros prefieren asistir a la eucaristía del funeral.
Un joven sale de la capilla de la adoración y nos pregunta el horario de misas en castellano. Se llama Hugo, es del Paraguay y le han dado trabajo para cuidar una casa a una media hora del Templo. Dice que piensa venir siempre que pueda, incluso al rosario.
“Aquí se reza”, frase que el guía suele repetir cuando alguien se para delante la capilla del Santísimo. Las reacciones son múltiples: el que entra enseguida como atraído por algo, el que se da media vuelta, el que se queda y mira con curiosidad, sobre todo si ve personas orando...
Una joven, que viene a menudo a rezar, nos comunica que está pensando seriamente entrar en la congregación religiosa contemplativa de las “Hermanitas del Cordero” que se dedican a la evangelización por las calles, atendiendo a todos y viviendo de lo que les dan. La joven tiene la carrera acabada, trabaja de lo que ha estudiado, posee piso propio y se puede permitir un montón de gustos y comodidades. Últimamente ha dejado al novio porque siente que lo más grande que puede hacer es entregar la vida al Señor.
Un grupo de chicas y chicos del colegio de “B.Virgen.María” de Barcelona viene a hacer unas convivencias cristianas y de amistad. Pasan el día con actividades y reflexiones, visitan el Templo, duermen en la residencia y contentos se marchan para el “Cole” al día siguiente.
Una señora que vive en EE.UU, y hace 32 años tuvo que huir del régimen comunista de Cuba, nos dice que siempre que viene a Barcelona, para visitar a su hijo, sube al Templo del Tibidabo, en donde encuentra “su refugio”.
Un grupo de unas 40 madres de la Asociación de padres del Colegio de SAFA que dentro de su programación organizan frecuentes salidas culturales y religiosas, nos visita. Con notable interés escuchan la historia, ven el museo y suben a los pies de la imagen. No paran de ir de un sitio a otro porque quieren conocerlo todo. Se marchan cansadas pero contentas.
Las hermanas religiosas “San Juanistas” de Valldoreix nos comunican con gozo una buena noticia: la sección femenina de la adoración nocturna ha escogido su iglesia para hacer cada primer viernes adoración nocturna ante el Santísimo Sacramento, porque saben que en la vecindad hay adoradores.
Un señor entra en la cripta hacia la caída de la tarde y se queda mirando por todas partes como buscando algo. Le preguntamos si le gustan los mosaicos, y nos dice que está observando, porque desde el día de su 1ªcomunión, hace 31 años, no había entrado en la cripta Con satisfacción escucha la historia del Tibidabo y se despide, afirmando que volverá para acabar de visitarlo todo.