Mes de diciembre de 2004
Un grupo de jóvenes italianos aprovechan un puente de cinco días para visitar Barcelona. Son estudiantes de medicina de la Universidad católica del Sdo. Corazón de Jesús de Roma que han querido visitar el Templo. Escuchan con atención y se les hace un trato especial llevándoles a las terrazas de noche.
Nos visitan 90 alumnos de 1º de secundaria del Instituto estatal “Joan Fuster de Barcelona, acompañados por sus profesores. Después de escuchar la historia del Templo y de D. Bosco con notable atención suben a lo más alto por las escaleras de caracol, lo que supone una pequeña aventura. Luego van a hacer una excursión por el bosque y regresan para comer en el Jardín de Domingo Savio. Nos alegramos de esta visita al mismo tiempo que constatamos que todos los alumnos aceptaron muy bien el tema religioso y eso que solamente unos pocos estudian religión. Un muchacho sorprendido por lo que está viviendo, nos dice que era la primera vez que entraba en una iglesia. Otra chica recogió estampas para llevarlas a su abuela que las aprecia mucho.
Una pareja india entra un domingo por la tarde, en el momento en que se estaba iniciando la celebración de un bautismo. La chica nos pregunta extrañada qué es lo que se estaba haciendo. Después de darle una pequeña explicación nos dice que estaría interesada en conocer más el cristianismo. Le tomamos los datos y la ponemos en contacto con alguien que sabe bien el inglés y está capacitado para darle una orientación.
Se nos presentan en visita rápida, el Sr. Cardenal Stephen Tumishamito, presidente del Pontificio Consejo de Migraciones y Movilidad, con dos sacerdotes y unos laicos. Habían llegado a Barcelona en barco hacía unas horas y mientras esperaban una entrevista con el Arzobispo, para tener luego unas reuniones sobre el apostolado de los hombres del mar, el Sr. Cardenal quiere conocer el Templo. Después le hicimos firmar en el libro de honor.
Una monja con una señora y dos muchachas asisten a la misa del mediodía y luego visitan muy contentas el Templo. Hace dos días que han llegado de Venezuela y quieren hacer una experiencia de vida contemplativa aquí en Barcelona con las monjas “Mínimas” de San Francisco de Paula. Otras dos jóvenes que habían venido con el mismo grupo ya estaban en un convento de Ágreda. La señora que les acompañaba era la catequista que responde por ellas.
Un señor inglés que
reza en la capilla de la adoración
bastante a menudo, nos comunica con gozo que el día de Cristo Rey iba a hacer la
ceremonia de pasarse al catolicismo en la catedral de Barcelona. Nos extrañamos
porque en realidad no pensábamos que
pensara en dar este
paso. Lo que siempre le había
atraído, nos dice, era su deseo de poder comulgar.
La Comunidad
salesiana del Templo atiende espiritualmente a los ancianos de la residencia
“Virgen de Fátima” (antigua casa “Mater Salvatoris”). El capellán nos narra,
que para la distribución de la comunión
en la
Eucaristía, tiene que bajar hasta los asistentes porque muchos
ancianos
no pueden
desplazarse. Al llegar a uno que parecía no estar muy consciente, pasa de largo.
Cuando el sacerdote llega al altar oye una voz que le dice: “¡la comunión!” y se
vuelve hasta el ancianito que no había atendido, el cual le dice: “nosotros
sin la Eucaristía no podemos vivir”.
Dos jóvenes, una portuguesa y otra italiana, escuchan con mucho interés la historia del Tibidabo. Nos dicen que son voluntarias europeas, que les pagan el viaje y la estancia y trabajan en diferentes actividades durante seis meses. Una se dedica a la administración y la otra a la acogida de emigrantes. Ya han conseguido hablar bastante bien el castellano. Al pasar delante de la capilla del Santísimo una de ellas exclama con su lenguaje que no entendemos del todo: “cuanta energía se nota aquí”.
Un abuelito ha subido caminando la montaña. Hablando con él, nos explica su preocupación por los hijos mayores que afirman que son agnósticos, aunque tiene algo que le consuela. Nos cuanta que “Uno de ellos fue a Túnez en un yate y tuvieron que pasar un temporal. Luego mirando sus escritos quedó admirado cuando el joven decía que nunca había rezado tanto como en esta ocasión”. Pero, ¿no decías que eras agnóstico?, le dice su padre.
Cuatro muchachos de color nos visitan. Les acompaña una señora la cual nos informa diciendo que son jugadores de fútbol del Gabón (África) y están haciendo unas semanas de entreno especial en Barcelona. Conocen a D. Bosco y los talleres de formación profesional que tienen los salesianos en el país. Uno de ellos es protestante y con todo escucha muy respetuoso la historia de las imágenes.
Una familia con tres hijos pequeños está paseando tranquilamente por la cripta. Sus rasgos mestizos muy remarcados son encantadores. A un pequeño le hace gracia el agua bendita de la pila de la entrada y juega con ella. Al pasar delante de la capilla se les explica qué es la adoración perpetua. Nos dicen que en el Ecuador conocen a los salesianos. Antes de partir, la mamá nos pregunta si aquí hacemos bautizos, porque ellos son católicos y todavía no tienen a sus hijos bautizados. Les explicamos que el bautismo es la
Un grupo de chicos y chicas de “La Virgen María de la medalla milagrosa” visitan el templo y la exposición de la Santa Sábana, una preciosa catequesis visualizada de la pasión de Jesucristo según San Juan.
Un joven con el casco de la moto en mano nos pregunta por el significado de las palabras del mosaico central de la cripta. “Salva, Señor a tu pueblo y bendice a tu heredad”, le traducimos. Luego aprovechando su interés, continuamos con la historia de D. Bosco y el Tibidabo. En un cierto momento el joven dice que no cree y que tiene su propia religión, aunque con muchos interrogantes. Nosotros los cristianos, le decimos, creemos en Jesús y le hacemos caso porque hemos descubierto que es Hijo de Dios. Al subir a la cima del Templo le acompaña un guía joven que estaba en prácticas. Después de un buen rato bajan los dos muy amigablemente. Al despedirse, el guía se siente conmovido porque era la primera vez que escuchaba a otro joven en búsqueda. Nos vemos en la necesidad de presentar a José Mª a la bondad del Corazón de Jesús para que perfeccione el encuentro evangelizador acontecido en el Tibidabo
Un adorador que suele ir a visitar a los enfermos al Hospital de Bellvitge, nos comunica la alegría que siente una señora enferma porque desde su habitación puede contemplar el Templo iluminado del Tibidabo.
Una pareja está mirando los papeles que hay en la entrada de la capilla. Al invitarles a rezar, nos dicen que cada día leen juntos la Biblia y la meditan. Hace poco que están casados, él es catalán y ella italiana que está estudiando castellano para poder convalidar su título de abogada en España. Se les ve contentos y conscientes de vivir su matrimonio como una misión.
Una señora venezolana que pasa unos días en Barcelona nos cuenta su experiencia de cómo subió al Templo Al preguntar a la gente por el Tibidabo le decían que era un parque de diversiones, pero al final consiguieron llegar. Después de visitar la cripta quedan encantados. La señora, dejando un rato a su marido, asiste a la misa de la tarde. Al salir nos dice que era verdad lo que le habían dicho del Tibidabo que era un parque, pero de diversión y gozo espiritual.
Un grupo de jóvenes
seglares consagradas
de la rama femenina de “Los legionarios de Cristo Rey” nos visitan. Han estado
unos días en Roma para celebrar los 60 años de sacerdocio de su fundador. Nos
dicen que se han reunido 600 seminaristas de todo el mundo. Mientras les
enseñamos el Templo les preguntamos sobre sus actividades. Nos dicen que se
dedican a la educación de la fe de las chicas, en colegios, centros de
formación, y en donde sea. Se les nota un gran entusiasmo misionero. Se despiden
visitando a Jesús sacramentado y se marchan encantadas de haber conocido el
Templo.