Año 4º- Mes de enero de 2005
En un banco de la cripta está sentada una familia con tres hijos. El papá llama
al sacerdote para confesarse, y luego lo hacen los demás. Al finalizar se les
da una estampa a cada uno para recordar este día. Los padres son colombianos y
la mamá había estudiado en un colegio salesiano, Viven en Sant Celoni y visitan
el Tibidabo varias veces al año.
Un matrimonio con un chico pequeño asiste a la misa. Al salir, la mamá nos
recuerda que se casó aquí hace cuatro años y ahora viene a pedir para que su
segundo parto le vaya bien. Se le recuerda la frase de San Antonio de Padua:
"Todo lo que pida al Señor una mamá embarazada se lo concederá porque está
contribuyendo con Él a la creación". Nos explican que el marido ha tenido un
problema de trabajo pero Dios les ha ayudado. Después de encender una vela se
marchan contentos.
Varios grupos de catequesis de 1ª comunión, niños y padres de las parroquias de Sant Bernat de Claraval y de Mª Auxiliadora de Sarriá vienen a hacer una
convivencia y coinciden en el mismo día. Se dividen en grupos,
hacen sus actividades, visitan el Templo y el museo de belenes, rezan, conviven
alegres, y celebran la Eucaristía.
La Comunidad cristiana de San José de la Montaña viene a pasar un día de retiro
con su presbítero. Escuchan unas charlas, rezan, comen juntos fraternalmente, el
sol radiante les acompaña, visitan la exposición de la Santa Sábana y contentos
por el día transcurrido se despiden del Tibidabo.
Un autocar de abuelos de Viladecavalls llega a la plaza del Tibidabo. Al bajar,
todos se esparcen. Una viejecita nos comenta que es muy difícil que se pongan de
acuerdo. Unos se creen que la iglesia está cerrada, como todas, y se pasean por
la plaza. Un grupo entra en el Templo y escuchan con atención la historia. Una
señora al oír que en el año 1961 se colocó la imagen del Corazón de Jesús, nos
dice que se acuerda muy bien de aquella ocasión. Al marchar aceptan contentos
una estampa.
Un sacerdote nos explica su misión pastoral en el Hospital del Valle de
Hebrón. Son un equipo de dos sacerdotes y tres seglares que comparten
conjuntamente el trabajo. Cada día hay un presbítero encargado de pasar por
las habitaciones por si alguien requiere algún servicio religioso. En la
misa de la mañana suelen repartir más de 20 comuniones. El equipo reside en
el 5º piso y desde la capilla en donde hacen oración ven el Templo del
Tibidabo.
Una joven está paseando sola por la cripta en penumbra sobre las 20'- h.
Al preguntarle qué buscaba, nos contesta que el silencio de las iglesias le
gusta, le reconforta y le serena. Le damos la razón y se inicia un diálogo.
Nos dice, entre otras cosas, que no entendía el por qué la gente tenía miedo
a Dios. Ella estaba segura que Dios siempre la perdonaba. La creación era
algo maravilloso. La idea de familia no la tenía clara porque sus padres se
separaron. Nos alegró el poder conectar con un alma abierta a Dios.
Cuatro jóvenes del seminario misionero de Stransburgo (Francia) nos
visitan. Están acogidos en unas familias de la parroquia de Santa Joaquina
para pasar los días de la Navidad. Pertenecen a varios países de Hispanoamérica: Colombia, Ecuador y Sto. Domingo. Nos dicen que no hay
ninguno que sea francés en el seminario. Dentro de poco va a ser ordenado un
compañero suyo. Escuchan con atención la historia, visitan la basílica y
participan en la bendición con el Santísimo, que ellos también hacen en el
seminario los domingos por la tarde. .
Treinta alumnos de 3º de ESO de la "Escola Arrels" suben como cada año
para disfrutar de dos días de convivencias. Hacen actividades de grupo,
reflexionan, juegan , rezan y se pasean por el bosque. El gozo de la
relación y la amistad se nota en sus caras. Este año no tuvieron tiempo de
subir a los pies de la imagen porque la noche que lo tenían programada les
llovió. Nos alegramos de ver estos grupos de adolescentes capaces de pararse
en sus actividades escolares para profundizar en los valores humanos y
cristianos que deben orientar sus vidas.
La 3ª comunidad neocatecumenal de la parroquia del Sto. Cristo hace su
convivencia de principio de curso en la residencia del Templo. De los 17 que
vienen, la mayoría son jóvenes que hacen un camino de conversión y
maduración en la fe. Nos impresiona su sinceridad en la comunicaciones y su
alegría constante. Rezamos por ellos, por su parroquia y por las comunidades
neocatecumenales de Barcelona.
Un seminarista de Barcelona nos escribe invitándonos a su ordenación
diaconal. El domingo siguiente acompaña un grupo de jóvenes de su parroquia
de Sabadell. Se le ve contento y entregado a los jóvenes y viste el
clergygman sin complejos.
Cuarenta alumnos de 2º de bachillerato de un colegio de Utiel (Valencia)
están pasando unos días en Barcelona y suben al Tibidabo ya oscurecido.
Escuchan la historia de D. Bosco y se atreven a subir por las escaleras
hasta los pies del Corazón de Jesús. Después de admirar la ciudad de noche
son capaces de recogerse unos minutos dentro de la basílica para escuchar el
"silencio".
Unas señoras de Galicia que viven en Barcelona y suelen viajar mucho
vienen a su turno de adoración de las 9'-h. Nos comentan que siempre que
regresan a Barcelona y ven el Templo, les inunda una alegría especial.
Incluso una de ellas, cada noche antes de ir a dormir, sale a fuera para ver el
Templo iluminado y darle al Corazón de Jesús las buenas noches.
Cuatro jóvenes rumanos con un sacerdote colombiano nos visitan; vienen de
Valencia y están pasando unos días en Barcelona. Acogen contentos la
historia del Templo. Al explicarles cómo está organizada la adoración
perpetua, una joven nos interrumpe diciendo que ellos forman un grupo con un
Padre que les atiende. Cuando llegaron de su país estaban desorientados y
con muchos miedos. Después de dos años de reunirse cada semana,
comunicándose y leyendo el Evangelio, se sienten animados y contentos; su vida,
nos dicen, les ha cambiado.
Un grupo de 50 jóvenes de un Oratorio salesiano de Polonia visitan el
Tibidabo; están de camino hacia Lisboa (Portugal) al encuentro de jóvenes de
Taizé que se celebra cada año en los últimos días de diciembre. Les acompaña
un sacerdote salesiano. Después de celebrar la Eucaristía con sus cantos
típicos, suben a contemplar el precioso paisaje con una temperatura de cero
grados. Nos sentimos contentos de podernos relacionar con ellos gracias al
salesiano que conocía el italiano.
Un señor después de salir de la capilla de la adoración nos dice que
gracias a acercarse a la Iglesia había salido de una depresión. Ahora quería
apuntarse a la adoración nocturna porque su trabajo le permitía tener cuatro
días libres al mes.
Dos chicas colombianas que viven y trabajan en un pueblo vienen a visitar
Barcelona. Al ver el templo desde la ciudad les pareció que estaba muy cerca
y empiezan a subir. Después de un buen rato les parece que el camino nunca
se acaba. Tienen que preguntar, y al cabo de casi tres horas llegan al
Templo. Están contentas y nos cuentan su aventura. Como peregrinas, les
invitamos a subir a lo más alto. El paisaje es precioso con las montañas nevadas
de fondo.
Estos últimos días del año hemos entrado en relación con varios casos de
cáncer. Un diácono muy amigo del Tibidabo nos narra el testimonio de Mª
Ángeles, una joven de Sant Quirze del Vallés, nos expresa la fortaleza de la
fe que consuela a la joven y a su madre en estas circunstancias difíciles y
nos pide oraciones. También la Sra. Pepi, madre de tres hijos, alumnos de
los salesianos, fue operada de los dos pechos. Nos explica cómo la
enfermedad la cogió de improviso y no se acababa de creer lo que le estaba
pasando, y más al ver a su familia que la necesitaba. Confiesa que Dios le da
fortaleza.
Un sacerdote de color nos visita. Está estudiando historia de la Iglesia
en Navarra y un amigo le ha traído a Barcelona como regalo de cumpleaños. Le
acompañamos en la visita al Templo. Nos dice que en su país africano los
salesianos están haciendo una gran labor con la formación profesional
promocionando al pueblo, y la gente les quiere mucho. Nos alegra oír buenas
noticias, y aprovechamos para rezar por la misión salesiana en el África que
D. Bosco profetizó en un sueño que tuvo precisamente en Barcelona.
Un grupo de cooperadores salesianos se ha organizado en este mes de
diciembre en el Tibidabo. Lo componen tres familias que se reúnen con
regularidad los viernes con un sacerdote salesiano. Su finalidad es ir
conociendo el espíritu de D. Bosco y tratar de vivirlo en la vida cotidiana. Se
les ve animados y contentos.
Una viejecita sube muy despacio las escaleras cogida del brazo de su
hija. Al decirle que era muy valiente al salir en un día de frío, nos
contesta que tiene 89 años y quería subir al Tibidabo. Es hermoso ver a los
ancianos acompañados por los familiares en estos días de fiesta.