Año 4º- Mes de marzo de 2005

  

Constatamos con alegría que se va consolidando el grupo de guías voluntarios para acoger a los visitantes. Actualmente son un equipo de doce, la mayoría jóvenes, que se turnan los fines de semana. Nuestro objetivo ahora es ir consolidando y formando el grupo para que su labor llegue a ser también catequética.

 

Una pareja con la chica embarazada escuchan con gusto la historia del Templo. Aunque son de Colombia y conocen bien a D. Bosco, ahora viven en Barcelona y están preocupados por la manera con que aquí se vive. Ellos se sienten agobiados y no quieren esto para su hijo. En su país, nos afirman, la familia es muy importante y respetuosa con padres, hijos y abuelos. Al preguntarles sobre su vida ella nos dice que está separada pero quiere ponerse en orden con la Iglesia.

 

Un joven antiguo alumno salesiano nos escribe a menudo porque su salud no se lo permite desplazarse desde su pueblo. Nos dice que está unido con la oración y que sobre todo reza el rosario.

 

El mes pasado nos comunicamos con todas las comunidades de religiosos y religiosas de la provincia de Barcelona, enviándoles nuestras intenciones de oración, recordándoles la adoración perpetua del Tibidabo e invitándoles a subir para hacer algún turno de adoración. Algunas de ellas ya lo hacen, escogiendo un día al mes para pasar dos horas ante el Santísimo. Siempre es un gozo el poder ir a buscarlas para tener este rato de intimidad con el Señor, porque  están contentas y optimistas a pesar de los achaques de las más ancianas. Estamos convencidos que no sólo ayudan a la  misión del Tibidabo sino que ellas mismas sacan provecho espiritual.

 

Una joven nos telefonea desde Sabadell pidiendo que recemos por su padre que está enfermo. Se manifiesta muy preocupada porque ella y su madre no pueden dejar al papá solo ya que no siempre le rige la cabeza. La hija nos dice que tiene una postal de la capilla de la adoración perpetua y una vez al mes hace una larga oración como si estuviera delante del Señor Sacramentado.

 

Unos jóvenes, en dos grupos de tres, hacen el viacrucis siguiendo las hermosas estaciones de la cripta. Es un sábado por la tarde y hay mucho movimiento de visitantes. Los jóvenes con seriedad y siguiendo un libro van pasando por cada estación del bajo relieve de alabastro con las expresivas escenas de la pasión de Jesús.

 

Un inmigrante vive en una casa en el bosque junto con otros compañeros. Suele hacer auto-stop en la carretera de San Cugat para poder desplazarse. El salesiano que regresa de celebrar misa lo recoge a menudo. Muy dolorido, nos explica que le pagan muy poco en su trabajo y por no tener seguridad social, ahora no puede acceder a tener los papeles en regla. Está pensando hacer una denuncia.

 

El último día de febrero sobre las cinco de la madrugada una intensa nevada deja toda la montaña del Tibidabo bajo un espeso mando de nieve. Aquella noche había en el turno de la adoración unas diez señoras de Viladecans que no pudieron marcharse porque nos quedamos incomunicados. Ellas, sin agobiarse y muy contentas, continúan su turno. Participan en los Laudes con la comunidad salesiana y luego en la Eucaristía de las 8’-h. Cuando ya estaban dispuestas a pasarse el día en el Templo, suben las máquinas quitanieves y despejan la carretera, lo cual permitió que pudieran bajar a casa en medio de un soberbio espectáculo de blanca hermosura.

 

Nos telefonea un señor que hace poco había llegado del sur de España y vive ahora en Masnou. Nos  pide información sobre los grupos de oración porque quiere integrarse en uno de ellos ya que piensa que estando solo le va a resultar muy difícil mantenerse cristiano dadas las circunstancias que le rodean. Nos alegramos al constatar cómo el Espíritu Santo actúa dentro de las personas infundiendo sed de Dios.

 

Una joven adoradora nos pide oraciones por su madre que hacía unos días tenía mareos y dolores de cabeza. Al llevarla al médico le diagnostican un tumor canceroso en la parte occipital de la cabeza de muy difícil tratamiento. Con la operación  tiene pocas posibilidades de curación. La mamá dice que prefiere no operarse y ponerse en manos de Dios. Toda la familia está ahora al lado de la enferma que vive con fe y con mucha paz los últimos días que serán de su vida. Su hija, que viene mucho a rezar al Tibidabo, nos dice que todos los de casa están conmovidos por el testimonio de la mamá.

 

Una señora de 80 años que tiene su turno de adoración diurna el miércoles, hacía tiempo que su salud no le permitía subir al Tibidabo. Este mes está muy contenta porque ha podido venir a rezar las tres horas de su turno.

 

Nos visitan 50 alumnos de cuarto de primaria del colegio de Jesuitas de la calle Caspe que están haciendo un trabajo de conocimiento de la comarca. Escuchan atentos la historia del Templo y luego suben a las terrazas. Quedan encantados  al poder contemplar el Vallés Occidental, el Montseny  y el Pirineo nevados. Incluso pueden tocar la nieve acumulada. No tuvieron miedo del frío porque venían preparados.

 

Un grupo de hermanas religiosas de los ancianos desamparados de Berga nos visitan acompañadas de un sacerdote cubano. Escuchan la historia con atención y a pesar del frío quieren subir a los pies de la imagen que corona el Templo. Una hermana recuerda con ilusión que ella había besado los pies de la imagen, pero era antes de subirla, cuando estaba en la explanada de la primera terraza hace más de 40 años.

 

Algunos domingos, después de cerrar por la noche y la cripta queda en semioscuridad y en un profundo silencio, podemos ver a un joven en una silla de ruedas delante de la imagen de San José que va pasando ante todas las imágenes sin ninguna prisa. Su padre está a su lado y la madre reza en la capilla de la adoración. Es Alberto a quien desde hace años le gusta rezar en el Tibidabo. Si le diriges la palabra siempre te mira con bondad y con la sonrisa en los labios.

 

La nieve también hizo su visita al Tibidabo este año. Muchos jóvenes y familias suben con sus cámaras fotográficas, con ganas de divertirse y admirar el precioso paisaje. Hasta las últimas horas de la tarde la gente no deja de fluir a la plaza del Templo. La puerta de la iglesia siempre abierta es una invitación para que pueda entrar el que quiera. Unos lo hacen con respeto y otros no tanto; no es raro ver a jóvenes calentándose las manos en las velas de los lampadarios. Un grupo de cuatro jóvenes ya maduros ha entrado y están admirados por lo que ven. Se interesan por los mosaicos, por la barca en la tempestad, el arco iris, la virgen negra… Vamos contestando a sus preguntas y añadiendo el por qué del Templo expiatorio con la capilla de la adoración perpetua. Al cabo de un rato se sienten como llamados y quieren entrar a rezar un padrenuestro y así lo hacen. Cuando luego nos paramos a pensar caemos en la cuenta de que estas “visitas inesperadas” han sido gracias a la nieve que les ha invitado a subir, o que Alguien se ha servido de la belleza de la naturaleza para atraerlos hacia el Tibidabo.

 

Dos señores de Hospitalet han subido caminando al Tibidabo. Les recordamos que por ello ya son consideramos peregrinos y les explicamos algo de la historia. Nos dicen que no tienen más tiempo porque se les ha hecho tarde y tienen que regresar, pero piensan volver.

 

90-Sabemos de una familia numerosa que los viernes de Cuaresma hacen ayuno todos juntos. En lugar de hacer la cena normal, ese día solamente se toma pan con leche y lo que van ahorrando la mamá lo contabiliza, para entregarlo a los pobres al final de este tiempo. No se trata de hacer grandes cosas pero sí de tomar consciencia de que tenemos que morir a nosotros mismos para dejar entrar al Espíritu del Señor que nos arrancará del mal y nos transformará en hombres nuevos. Lo cierto es que los hijos se acordarán toda la vida del gesto que han realizado en casa y del poquito hambre que han experimentado.