INTENCIONES PARA LA ORACIÓN 

Año 4º- Mes de abril de 2005

 

Un joven AA .AA. salesiano ha venido a Barcelona y no quiere marcharse sin subir al Tibidabo. Al preguntar en la ciudad le dicen que no hay medios para subir (lo que no es verdad) y coge un taxi que le espera durante más de media hora.

 

Tres jóvenes portuguesas de Oporto visitan la cripta y escuchan con seriedad la historia del Templo. Son estudiantes de “cooperación social” que están acabando su estancia de tres meses en Barcelona y están encantadas por lo que han aprendido. Suben a la cima del Templo y dentro de la basílica son capaces de quedarse recogidas en silencio más de diez minutos. Una vez más nos impresiona la capacidad de interiorización de los jóvenes.

 

Muchas personas se han tomado con interés la iluminación del Templo durante el mes de marzo, y han contribuido con sus ofertas a que estuviera iluminado, algunos días incluso durante toda la noche, cosa inusitada que ha alegrado a los trabajadores que lo podían contemplar al ir al trabajo.

 

Un grupo de peregrinos franceses de París acompañados por un sacerdote acaban de llegar a Barcelona y han querido hacer su primera visita al Tibidabo. Aunque es tarde y el ascensor está fuera de servicio se contentan con escuchar la historia del Templo que tiene su inspiración en el Templo de Montmartre del “Sacre Coeur”. Contemplan los mosaicos y entran a rezar en la capilla de la adoración perpetua.

 

Un joven acompaña a unos alemanes y les va explicando los mosaicos. Es italiano y profesor de arte en Inglaterra. Nos agradece las informaciones que le damos y luego nos explica que tiene mucha dificultad  para enseñar el arte a los ingleses porque no poseen el sentido de lo sagrado, y no llegan a comprender las obras de arte religiosas. Esta experiencia del profesor nos esclarece nuestra extrañeza de que los visitantes de Inglaterra parece que les importa poco el arte del Templo.

 

Un grupo de unas 20 personas de un “Esplai” para adultos disminuidos “N.A.U.” viene a pasar la mañana del domingo entre nosotros. Después de asistir a la Eucaristía en que participan con sus cantos e instrumentos musicales, van a rezar a la capilla de la adoración perpetua. Luego casi todos suben a las terrazas hasta la imagen que corona el Templo. Llevan la alegría en sus rostros. Se sacan fotos de recuerdo. Antes de marchar prometen que volverán el verano cuando haga mejor tiempo. Nos alegra esta visita de los miembros de NAU que dentro de sus limitaciones físicas viven contentos y con la sencillez de saberse amados por el Señor.

 

Una familia que nos visita trae a su hijo tetraplégico en una silla de ruedas. Llevan nueve meses en Barcelona intentando curar al joven que tuvo un accidente de coche hace un año en el que murieron dos ocupantes y él fue el único que salvó la vida. La madre que conoce a los salesianos de Madrid, porque un hermano suyo fue misionero, está muy agradecida al Señor por tener al hijo con vida a pesar de su estado de postración. El joven entiende las cosas con momentos de depresión. La mamá asegura que le han ayudado muchos las oraciones de tantas personas.

 

Unos 30 jóvenes suben al Templo sobre las 21’-h. un viernes al mes para escuchar una charla y estar una hora de adoración ante el Santísimo Sacramento. Son del movimiento “Regnum Dei” que se preparan para evangelizar. Luego desde el pie de la imagen pueden contemplar la  belleza de la vista nocturna de la ciudad.

 

Un señor se pasa un buen rato en la capilla. Al salir nos dice que viene solo porque ya no tiene a su esposa. Ella venía mucho al Tibidabo, incluso cuando el parque no estaba cerrado y se podía pasear. Y los dos subían a menudo a pasar el día con un bocadillo. Al narrar su historia pasada se ponía visiblemente triste. Le hemos animado recordándole que todo lo que tenemos es un don de Dios y que nunca perdemos la misión de amar y hacer el bien que hemos recibido de Dios.

 

Una docena de chicos y chicas están sentados en la escalinata del Templo esperando que se abra el parque. Vienen a celebrar el cumpleaños de una compañera. La mamá que les acompaña les insinúa entrar en la iglesia para rezar. Todos se levantan. Antes de entrar, el sacerdote les dice, para interesarles, que tienen que pasar un control: saber los nombres de las estatuas de los santos que hay en la fachada. Entre todos logran identificar el patrón de Cataluña, de España y de Barcelona. Después de observar los mosaicos van a rezar un padrenuestro a la capilla del Santísimo, aunque alguno no lo sabía porque no había hecho la primera comunión.

 

Una señora mayor acompañada de dos de sus hijas ha querido venir a Barcelona para visitar a la hija pequeña que es religiosa. Es de Caracas (Venezuela), tiene siete hijos y su marido murió hace dos años. La señora goza por estar al lado de sus hijas y por las cosas que ve en el Templo y no cesa de dar gracias a Dios. Nos va contando que los salesianos tienen en su país un colegio con 500 jóvenes campesinos y ella ha sido visitadora de enfermos. Antes de partir pasan un buen rato con el Señor en la capilla de la adoración perpetua.

 

No es raro ver con alguna frecuencia a presbíteros que rezan en la capilla de la adoración. Son muchos los que conocen el Templo y saben que está abierto durante todo el día. Unos aprovechan para confesarse y otros suelen venir acompañando a algún grupo de su parroquia.

 

Nos acordamos del Sr. Aarón que durante tantos años ha sido vecino nuestro y ahora deja su casa para irse a vivir a Málaga.

 

En la semana de la octava de Pascua nos han visitado numerosos grupos de jóvenes de España, Italia, Francia, Inglaterra… que estaban haciendo su viaje de fin de curso. El recorrido: Sagrada Familia – Tibidabo – Parque Güell, era el más normal.

 

Unos 25 jóvenes filipinos pasan unos días de convivencia con nosotros. Son un grupo de la Madre Paulita. La mayoría estudiantes y algunos trabajadores. Se reúnen, juegan, cantan, hacen sus actividades de grupo, rezan y visitan el Templo. Marchan el domingo después de comer porque a las 18’-h. tienen la misa con la colonia filipina en Barcelona.

 

Al Señor no lo vemos ni lo oímos pero no está parado ni deja de hablar” nos dice sin dudar de sus afirmaciones, una adoradora al salir de su turno después de seis horas.

 

Un joven entra en la cripta minutos antes de cerrar. Va pasando muy lentamente delante de los mosaicos con la gorra puesta y girada al revés. En un principio no le damos importancia. Al cabo de un rato le invitamos a quitarse la gorra por respeto al lugar e iniciamos un diálogo sereno empezando por la historia del Templo. En un cierto momento el joven cambia bruscamente de argumento y dice que si ha subido al Tibidabo ha sido porque le gusta ver la niebla. Ciertamente el espectáculo era espléndido. La luz de los focos se difuminaba envolviendo al Templo en una aureola luminosa y casi mágica. El joven sigue diciendo que hacía muchos años que no entraba en una iglesia y reconocía que no le era fácil encontrar sentido a la vida. Después escucha con atención la misión de D. Bosco que preparaba a los jóvenes para la eternidad. A la cuarta vez que le tocaba el móvil nos dice que tiene que despedirse. Una vez más hemos constatado cómo la belleza de la naturaleza acerca a las personas a Dios.

 

Durante el “Viacrucis” del viernes santo numerosos turistas seguían entrando en la cripta. Unos se quedaban mirando como sorprendidos de lo que estaban viendo, otros volvían a salir rápidamente y algunos jóvenes se unieron a la celebración. No sabemos lo que pasaba dentro de cada persona, lo que es cierto es que el amor del Padre se sirve de todas las circunstancias para atraernos a todos hacia su amor

 

Nos visitan 50 alumnos de 3º de secundaria del “Colegio Pineda” de Hospitalet que están realizando un crédito de síntesis. Pasean por el bosque de Collserola y vienen a comer a la hospedería del Templo. Después de divertirse en el patio y la sala de juegos, escuchan la historia del Templo, suben a las terrazas pudiendo contemplar la vista panorámica de Barcelona, el “Vallés” y las montañas, lo que completa perfectamente el estudio que están realizando. 

 

Una señora anciana está sentada en el último banco de la cripta. Al pasar a su lado nos alarga la mano ofreciéndonos una moneda, y con voz ronca y entrecortada nos dice que la echemos en el lampadario para encender una vela. Tiene 92 años, es de Asturias y la han acompañado sus hijos hasta el Tibidabo.