INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO
Año 4º- Mes de julio de 2005

 


 

Una señora de Barcelona se presenta diciendo que conoce mucho a los salesianos porque un hermano suyo estudió en el Colegio de San Juan Bosco de Horta en el año 1980. Al acabar sus estudios le cogieron unas fiebres altas y ya no pudo recuperarse. Era una meningitis que lo llevó a la muerte después de dos años de enfermedad. Ella, su hermana, nos narra con emoción cómo el joven sufría en paz y ofrecía sus sufrimientos por la conversión de los pecadores, muriendo con fama de santo. Ella ha notado su presencia ante Dios. Le hemos pedido el nombre y nos ha dicho que se llamaba José Antonio Porqueras.

 

Se presenta un joven, alto y bien plantado, diciendo que es pariente de Dña. Dorotea de Chopitea, la gran benefactora de los inicios salesianos en Barcelona. Nos dice que su bisabuela era pariente de la sierva de Dios y fue a vivir al Canadá en donde nació él. Ahora está en Barcelona y busca información porque le gusta la historia. Sabe que hace poco se ha escrito un libro sobre ella. Nosotros rezamos por la pronta beatificación de esta gran cooperadora barcelonesa.

 

Una señora nos cuenta emocionada cómo se dan milagros en el Tibidabo. Estaba atravesando un problema de “vida o muerte”, nos dice, en que una solución humana era imposible. Se levantó muchos días de mañana y se presentaba  a las 6 de la mañana en la capilla de la adoración, momento en que ya se marchan los adoradores de la noche. Al cabo de un tiempo vio cómo el Señor le daba la respuesta a su problema.

 

Los alumnos de 1 de ESO de un  colegio público de Terrassa están esperando en la escalinata de la cripta al autocar de regreso, después de pasar el día en el parque de atracciones. Cuando ven al sacerdote, le hacen preguntas, casi todas con pillería, empezando por el clergygman, y continuando sobre lo que piensa de los emigrantes, de las parejas de homosexuales, y otras cuestiones más personales: si era virgen, si había visto a Dios, si se aburría… Un chico musulmán, era de los que más preguntaban: si el mundo lo había hecho Dios o Alá, cómo se podía vivir sin una mujer… De hecho, no hacían más que manifestarse como eran,  con su gran ignorancia referente a los temas existenciales, con sus tendencias sexuales a flor de piel y sin ninguna orientación ética ni moral.

 

Una monja joven con su hábito sube las escaleras de la cripta con un paso acelerado como si viniera del parque de atracciones, en un domingo en que la plaza está llena de gente. Le preguntamos, en plan distendido, si viene de divertirse. Ella automáticamente nos responde: “Ahora voy a divertirme más, voy a ver a mi amigo Jesús”. Luego entra enseguida y se dirige a la capilla de la adoración perpetua. La frase salida de un corazón enamorado se nos había clavado dentro.

 

Una señora viene a la Eucaristía con un librito que se llama “Magníficat” con el que acababa de rezar en casa los salmos de la mañana, con el himno y la meditación correspondiente del día. Contenta nos hace los elogios del librito que es simplemente un resumen del libro del Salterio con que los sacerdotes rezan cada día la oración oficial de la Iglesia. Nos alegra ir viendo cómo los laicos y familias enteras están descubriendo esta oración de los salmos como una riqueza espiritual que da gran gozo y fortaleza interior.
 

Una pareja ya mayor, se interesa por la historia del Templo. Después de explicársela muy resumidamente, la señora nos dice que su marido no está bautizado y que a esta edad le parece que ya es tarde para hacerlo porque no tiene coraje para aprender el catecismo. Le decimos que el bautismo es una gracia enorme porque va a recibir el Espíritu Santo que nos hace hijos de Dios, clarificándole que no se trata de “aprender el catecismo” sino de hacer un camino hacia la fe.

 

Dos chicas están mirando las hojas de espiritualidad del fondo de la cripta y se les dice que pueden quedárselas si las quieren. Una de ellas enseguida nos explica que va a clase de religión y aprende muchas cosas. Se les invita a rezar en una capilla especial en donde está Jesucristo en el Santísimo Sacramento. Van a pedir permiso a sus padres y entran.

 

Un señor nos pregunta cuándo hacemos las reuniones de la “Lectio divina” porque le interesaría asistir. Le decimos que un sábado cada quince días a las 10 de la mañana, incluso en verano. Le parece bien, porque ahora durante las vacaciones tendrá más tiempo libre y una buena manera de aprovecharlo es dedicarlo a la Sagrada Escritura.

 

Una pareja escucha con atención la historia de la adoración y del Templo. Nos dicen que son de Tarragona. Él asegura que tiene fe aunque no practique mucho. Al decirle que la fe hoy está atacada, nos asegura que nunca se la podrán quitar. Impresiona oír frases como éstas de entusiasmo juvenil.

 

Cinco jóvenes llaman a la puerta sobre las 23’30 h. y piden quedarse a la adoración toda la noche. Al principio nos extraña, al verlos decididos y con sus libros de oración en la mano. Nos dicen que son estudiantes que habían acabado sus exámenes y tenían prometido pasar el último día,  rezando durante la noche. Se presentan al responsable del turno y los acepta. Nos alegramos de ver signos juveniles de fe que nos confirman su entusiasmo y capacidad espiritual que no salen en los diarios.

 

Un grupo de 20 señoras de Manresa nos visita y escuchan con interés la historia del Templo. No tienen prisa porque vienen a pasar el día en Tibidabo. Son de una escuela de corte y confección que al finalizar el curso han querido hacer una salida de amistad. Después de visitar todo el Templo, sin cansarse, comen sus bocadillos en las dependencias de la Hospedería y se marchan contentas.

 

Un señor con una señora participan en la Eucaristía de las 19’-h del domingo, leen una lectura y las plegarias. Después se presentan en la recepción y diciéndonos que son de Colombia. El señor está casado, y su esposa no ha podido venir porque precisamente hoy empezaba a trabajar; le acompaña su tía.  Quieren hacer un donativo porque se están defendiendo bien en Barcelona.

 

Un abuelo con el nieto de unos 6 años de la mano van paseando lentamente por toda la cripta mientras aquel le da las explicaciones pertinentes. El chico está contento, como quien tiene un buen maestro. Luego sube al pequeño en el ascensor. La escena es entrañable.

 

Seis jóvenes con sus vestidos descuidados y sus cámaras fotográficas entran en la cripta. Dos de ellos quieren ir en la capilla de la adoración y les decimos que solamente es para rezar. Asienten con la cabeza. Al salir escuchan todos con atención algunas frases en inglés que sabemos de memoria para estos casos, y al verlos tan dispuestos, les subimos a las terrazas con el ascensor. Por el camino nos enteramos que son australianos y que dos de ellos hace un año que viven en Barcelona y han acogido a los otros durante unos días.

 

El club de la “Fuxarda” nos visita con el proyecto TIBITOUR que comprende la visita al Templo y la entrada al Parque a precio reducido. Los 15 jóvenes con sus 4 monitores escuchan la historia de D. Bosco y el Templo, y luego continúan la visita durante poco más de una hora. Al final pasan a saludar el Santísimo haciendo una genuflexión, empezando por los que habían hecho la 1ª comunión. Hablando con ellos les vamos conociendo. Una chica nos dice que se había bautizado y hecho la comunión hacía poco. Otro nos manifiesta su alegría de estarse preparando a la confirmación, porque ahora que es mayor quiere tomarse en serio la fe que sabe es muy importante para la vida. Una acompañante nos dice que viene a rezar al Tibidabo muy contenta aunque no puede hacerlo tan a menudo como desearía porque vive lejos con su hija y con su madre que está sola y tiene que cuidar. Nos afirma que el Señor la está ayudando mucho.

 

Un grupo de cinco jóvenes entran en la cripta cuando ya se está cerrando y desean ir a la capilla de la adoración. Al salir nos dicen que son rumanos y que se consideran afortunados porque hace dos años que trabajan en Santa Perpetua. La chica hace faenas de casa y sus compañeros otros trabajos. Al preguntarles si iban a misa los domingos nos dicen que tienen una iglesia para ellos en donde celebran en el rito ortodoxo, aunque en verano no van, porque hace mucho calor en el local. Suben contentos hasta la estatua del Corazón de Jesús.

 

Dos mujeres están mirando con mucho interés la cripta. Al coger una de ellas una hoja de divulgación de D. Bosco, le preguntamos si conocen a los salesianos. Enseguida nos contesta que sí. Ella, que acompaña a su hija, nos cuenta que la cuidaron las “salesianas” en Palau de Plegamans, y más tarde se trasladaron a Cerdanyola. Se acuerda mucho de las hermanas que estuvieron en su tiempo y empieza a decirnos nombres. Sabe que ahora están arreglando la casa. Ella está muy agradecida y siempre que puede sube al Templo a rezar.