INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO
Año 4º- Mes de agosto de 2005

 

La Asociación de Viudas de Tárrega (Lleida) hace su excursión de final de curso subiendo al Tibidabo. Son 20 abuelitas alegres y animadas, algunas sobrepasando los 80 años. Escuchan con atención la historia interesándose y haciendo preguntas. Algunas ya habían subido hacía años antes de que el Templo estuviera acabado. También se animan a subir a las terrazas y tres de ellas llegan hasta los pies de la estatua del Corazón de  Jesús. Su visita nos ha alegrado y convencido de que se puede llegar a la vejez con ánimo y optimismo gracias a la fe.

 

Un grupo de chicas están paseando por la cripta. Parece que no saben dónde se encuentran. Al decirles si quieren conocer la historia, se sientan. La monitora nos dice que algunas son paquistaníes que han llegado hace poco y otras son del Ecuador. Participan de un “Esplai” que cada día hace salidas. Nos adaptamos a ellas insistiendo en la oración, y las acompañamos en el recorrido del Templo. Se marchan contentas.

 

Una pareja francesa nos visita en su viaje de bodas. Al ver la capilla de la adoración se quedan como paralizados delante de la puerta. Les animamos a entrar. Nos dicen que la oración es importante para ellos para poder perdonar.

 

Las Hermanas de los pobres siervas del Sdo.Corazón pasan la mañana visitando el Templo, rezando y conviviendo. Nos piden que recemos por ellas que están en Roma atendiendo a un estudiantado de 150 sacerdotes mejicanos.

 

Una monja nos explica que cada día observa el Templo iluminado, lo cual le ayuda a rezar y a aumentar su devoción al Corazón de Jesús.

 

Un grupo notable de hermanas del colegio de Jesús María de San Gervasio  escuchan con agrado la historia de D. Bosco y el Tibidabo. Ellas conocen bien las dificultades de su labor educativa entre las muchachas y los muchachos. Suben luego a contemplar la vista panorámica de la ciudad con regocijo del espíritu.

 

Una señora que está pasando una temporada de recuperación en una residencia cerca del Templo. Viene cada tarde a la adoración, participa en la misa, el rosario y las vísperas y se pasea por el Templo como por su casa. La saludamos diciéndole que estamos contentos de que venga y nos dice: “es que lo necesito”. Ya nos lo ha dicho todo. Nosotros sabemos que está superando una depresión.

 

Un grupo de jóvenes musulmanes entran sin saber bien en dónde. Un joven acompaña a una chica sin “chador”. Se les dice que no pueden llevar la gorra y hacen caso. Son de Inglaterra y nos hacen preguntas  sobre si hay muchos creyentes católicos en Barcelona, si hay protestantes, si hay mezquitas, si teníamos mujer (la pregunta de siempre), quién era la mujer negra con el niño negro y qué tenía en la mano… Se ve que no conocen nada del aspecto religioso de España. Les recordamos que aquí tenemos una tradición católica de muchos siglos. Les preguntamos si rezan, y nos dicen que también para ellos es importante la oración para el alma.

 

Un grupo de chicos y chicas, la mayoría inmigrantes, de un “Esplai” de Barcelona, llegan a media mañana para ir luego a pasar el día en el parque de atracciones. El primer sitio que visitan es la capilla del Santísimo. Todos con mucho recogimiento rezan un padrenuestro y presentan el día al Señor.

 

Una señora con una joven, que debía ser su hija, ven el letrero de la recepción sobre el rosario que ofrecemos gratis junto con la manera de rezarlo, y solicitan uno. Les explicamos cómo se recitan los misterios después de leer la reflexión del pasaje evangélico. La mamá, contenta, comenta que está segura que ello la relajará en los momentos difíciles; y nosotros le añadimos, que la Virgen María la protegerá.

 

Cuatro jóvenes están en la cripta sin demasiada devoción. Uno de ellos toca el timbre con el cual se llama al confesor. Al darse cuenta de que se había equivocado va saliendo fuera disimuladamente. El sacerdote que estaba dentro y le ha visto sale también y le dice distendidamente, que si ha tocado el timbre, ahora tenía que confesarse. Él se excusa y dice que es ateo. Nos sorprende la afirmación y le añadimos sin más, que para poder negar una cosa se tiene que presuponer su existencia, porque sería absurdo negar algo que no exista con anterioridad. El joven se siente desorientado y, los demás que ya estaban a su lado, le echan una mano diciendo que ellos tampoco creen en Dios. Les remitimos a la experiencia de la vida que todos hemos recibido gratis, como el amor gratuito de los padres, la salud, la naturaleza,  ¿a quién hemos de agradecérselo?  Pues, “a mí mismo”, contesta una chica sin pensárselo mucho. Enseguida intentamos presentarles la experiencia de las personas que rezan aquí desde hace 39 años, que por algo será. No se lo creen, quizá porque tendrían que admitirlo como un signo de fe. No quieren continuar y se despiden. Sintiendo el pesar de ver a jóvenes con posiciones tomadas más visceralmente que razonadamente,

 

Una señora al salir de la adoración nos dice que ha ayudado a tres personas a salvarse. A una viejecita que vivía sola le invitó a rezar el rosario. Ella lo prueba y luego lo continúa rezando y ya nunca lo dejará, ayudándole a estar serena incluso ante una operación. A otros dos ancianos consiguió que acogieran la visita del sacerdote, se confesaran y recibieran el viático.

 

Un señor con cara seria sale de la capilla del Santísimo y nos saluda diciendo que nos conoce. Ha venido al Templo en esta tarde de domingo porque necesitaba salir de casa. Tienen a su esposa con una enfermedad que le afecta a la cabeza y su relación con ella se le hace muy difícil. No la quiere dejar porque ve que es su obligación el atenderla. Ante el Santísimo Sacramento encuentra fortaleza. Le decimos que no deje de asistir a la Eucaristía porque el Señor nunca nos deja de su mano y menos a los que sufren.

 

Una señora pide para confesarse. Detrás de ella también lo hace su hija ya mayor. Al final nos dicen que son de Badalona y han subido expresamente al Tibidabo para recibir el sacramento del perdón porque no sabrían hacerlo en otro sitio.

 

El día 19 de julio el Tibidabo se vistió de fiesta. Un novel sacerdote celebra la misa solemne acompañado de 30 sacerdotes y unas 400 personas entre familiares y amigos.

 

Un señor acompaña a un joven sacerdote de Madrid. Le vemos contemplando los mosaicos y le contamos la historia de D. Bosco. Después de visitarlo todo, nos pregunta cuántos salesianos somos e iniciamos un diálogo. Al decirle que por aquí pasaban grupos numerosos de jóvenes de Madrid, no dice que el secreto está en los sacerdotes jóvenes que últimamente se están ordenando. Estos días de agosto acompañará a 700 jóvenes de su diócesis de Getafe al encuentro con el Papa. Nos llenamos un poco de santa envidia.

 

Dos jóvenes a la entrada de la cripta esperan a la chica que había ido a encender una lámpara al Santo Cristo y otra a la Virgen de Montserrat. Al juntarse con ellos, uno nos dice: ¿a quién hay que rezar cuando una persona está enferma? Aprovechamos la pregunta para hablarles de la confianza en Dios que nos quiere y sabe sacar bien de todos los acontecimientos de la vida. Incluso una enfermedad o un sufrimiento es una palabra de Dios que hay que saber escuchar. La chica acepta con agrado, no así los otros.

 

Un grupo de jóvenes venidos de Madrid nos acompañan en la hora santa que se celebra todos los jueves en el Tibidabo a las 9’15 de la noche. Al salir nos agradecieron la oportunidad que tuvieron de encontrarse con el Señor. Después pudieron subir al pie de la imagen del Sgdo. Corazón y contemplar la ciudad de noche a vista de pájaro.

 

Son muchos los grupos que nos visitan en su peregrinación a los diversos santuarios, algunos quieren celebrar la Eucaristía en el Templo y rezar en la capilla de la adoración perpetua.

 

Un joven que viene con mucha frecuencia a la adoración nos comunica contento que ha encontrado trabajo. Nos afirma convencido, que ha sido el señor el que le ha ayudado y por ello le está agradecido.

 

Un grupo de jóvenes de la parroquia de San  Luís Gonzaga se preparan con ilusión el viaje del encuentro mundial de la juventud a Colonia con el Papa, y solicitan poder venir unos días al Tibidabo para ofrecer a la gente las manualidades que han hecho para financiarse el viaje. Con su presencia han llenado de alegría el Templo durante unos días.

 

Una madre nos comunica que su hijo, al acabar el curso, le dijo que se marchaba de “okupa” con sus amigos. La familia que es cristiana, ve descabellada esta decisión pero como el joven es mayor de edad no se lo pueden impedir. Dentro de su inevitable preocupación, los padres saben ver el aspecto positivo del interés de su hijo por enfrentarse con la aventura de la vida y piensan que regresará, al menos cuando venga el frío.

 

Dos jóvenes entran rápidos en la cripta porque están esperando el autobús para regresar. Se les indica la capilla de la adoración como lugar privilegiado por si quieren rezar. Dicen que saben el padrenuestro. Al salir, uno quiere que le bendigamos el rosario que lleva colgado al cuello. Le ponemos la condición de que tiene que rezarlo al menos una vez. No sabe cómo se hace y se lo explicamos antes de bendecirlo. El otro joven, que ostenta una bonita cruz colgada, nos pide también que se la bendigamos. Es un regalo de la primera comunión y todavía la lleva a sus 18 años. Nos impresiona la sencillez y el coraje de estos jóvenes en llevar los signos religiosos en los que creen.

 

Un grupo de un “Esplai” de Caldes de Malavella ha pasado el día en el parque y está esperando en las escalinatas el autocar para su regreso. Pasan una hora y dos horas, los chicos descontrolados entran en grupo al templo. Más tarde vuelven, y esta vez ya hacen preguntas; después de las maliciosas, las serias y las que realmente les preocupan. Empiezan por querer saber qué es confesarse, qué es el pecado, ¿ y Dios?, después sobre Satanás... Luego llegan unos muchachotes que desplazan a los pequeños y continúan con sus preguntas defendiendo su posición atea ante la vida. El diálogo se vuelve profundo cuando su líder se toma en serio el debate. Al final escuchan sin hacer preguntas porque les interesa el tema. Acabamos diciéndoles que no son ellos los que buscan a Dios sino que es Dios quien les busca a ellos.

 

Dos jóvenes entran en la cripta se ponen a coger hojas informativas. Les comentamos, que si las van a leer todas, se las pueden quedar. Al poco tiempo nos dicen que son evangélicos y que ellos no tienen ni una cruz en su lugar de culto. Al preguntarnos sobre cómo hacemos la oración, les explicamos que primero alabamos a Dios, luego le adoramos, pedimos perdón e intercesión. Seguimos hablando de la escritura y de Jesucristo, y al preguntarnos si sentimos a Dios, cosa que para ellos es central, les decimos que la fe no es sentimiento sino que creemos porque tenemos signos que Jesús actúa en nuestra vida y nos salva. Al poco rato vienen otros jóvenes mayores, como para apoyarles. Uno nos dice que ha sido curado del asma completamente. Con ellos había una familia entera de bolivianos. Les subimos a las terrazas como signo de acogida. El joven nos pide el correo electrónico para seguir hablando de temas más importantes.