INTENCIONES del TIBIDABO PARA LA ORACIÓN 

 Año 4º- Mes de septiembre de 2005


 

 

Nos visitan 250 jóvenes madrileños de regreso de la Jornada Mundial de la Juventud. Es la última etapa en su viaje. Escuchan con gozo la historia de D. Bosco y el Templo. Saben que la creatividad y los cambios profundos vienen de los santos.

 

Los domingo de verano, muchas veces no hemos podido cerrar la cripta a la hora prevista porque la gente iba entrando sin parar. Al ver la iluminación, el ambiente y la música, se sentaban y se quedaban inmóviles. Era visible que la gente estaba gozando y descansando física y espiritualmente. Un joven con cara de sufrimiento llevaba ya unos diez minutos mirando las estaciones del viacrucis, hasta que se sentó; no nos atrevimos a dirigirnos a él para no estorbarle en su recogimiento.

 

Casi un centenar de personas se reunieron el 30 de julio para celebrar la fiesta del Perú. El cónsul del país participó en los actos y la Eucaristía fue presidida por Mons. Joan Godayol obispo salesiano de Ayaviri. Una tómbola, demostraciones folklóricas y coros, amenizaron los festejos.

 

Un matrimonio con seis hijos ha pasado unos días por el Tibidabo acompañando a los jóvenes en su preparación al encuentro de Colonia con el Papa. La señora afirma: “no sabéis lo que tenéis en el Tibidabo”, refiriéndose al ambiente espiritual que aquí encuentra y que fácilmente cala dentro de la persona. Lo descubrieron cuando venían con sus hijos al parque y los padres aprovechaban para pasar buenos ratos rezando en la capilla. Ahora siguen subiendo a menudo, y siempre que tienen problemas con los hijos, porque saben que el Señor les ayuda y consuela.

 

Un grupo de jóvenes de Kazakistan, están de camino hacia el encuentro de jóvenes con el Papa, y pasan por el Tibidabo. Les acompañan varios sacerdotes. Uno que había estudiado en Roma hace de traductor del italiano. Siguen con atención la historia de D. Bosco y luego visitan el Templo.

 

Un grupo de italianos, bastantes mayores, viene antes de abrir las puertas al público, y con prisas, porque tienen que visitar muchas cosas en Barcelona. Les indicamos la capilla del Santísimo diciéndoles que si rezan dejan de ser turistas para convertirse en peregrinos. Todos entran a rezar. Siendo ya mayores algunos salen conmocionados pensando en sus familias, sobre todo en sus hijos. Una señora nos pide que recemos por su hijo Rocco que se está recuperando de una enfermedad, pero que ahora necesita la salud espiritual.

 

El letrero bien visible y con un botón para solicitar un confesor, atrae la curiosidad de los visitantes, A menudo es fotografiado por los turistas y casi siempre hay despistados que lo aprietan pensando que son unas luces. De hecho, todos los días se acercan penitentes, incluso sacerdotes que saben que la iglesia está siempre con posibilidad de reconciliarse con Dios y rezar ante el Santísimo. También lo solicitan italianos y franceses. Los ingleses ya son más raros.

 

Otro grupo de 300 jóvenes de Hispanoamérica, en su viaje de regreso de Colonia, viene a pasar la última noche al Tibidabo, La Residencia quedó invadida literalmente de juventud. Todos los rincones de la casa eran válidos para extender los sacos y poder dormir. A la mañana siguiente los jóvenes quedan encantados al percibir la luminosidad de la cripta con sus vidrieras de colores, la capilla de la adoración, y la vista panorámica de Barcelona. Algunos se resistían a embarcarse en los autobuses como queriendo apurar el tiempo

 

Otro objetivo “turístico” son los confesionarios de madera con sus adornos, que llaman la atención incluso a los cristianos no católicos. Algún turista más atrevido, llega a encontrar la manera de abrir para ver lo que hay dentro. La frase que solemos decir en estos caso es: “¿Vd.. se quieren confesar’” (Would you like to confes?), que resulta ser casi mágica porque consigue alejar a la gente, que se va diciendo que ellos no tienen pecados. En cambio al informar a los visitantes que en la capilla de la adoración se reza continuamente para pedir perdón por los pecados de España, y que tenemos mucha faena, casi todos están de acuerdo en que hay mucho mal y pecado. El hecho no deja de cuestionarnos, porque entonces ¿Dónde están los pecados? ¿Quién los tiene?

 

Una señora, que durante estas vacaciones ha podido venir durante una semana a la adoración de la tarde: rosario, vísperas y bendición con el Santísimo, nos dice, que muchos días se emocionaba porque ha conseguido rezar de verdad y ha cantado algún canto que recordaba desde hacía años. Con todo, su alegría más grande no es esa, sino, que ahora cada día a las seis de la tarde, esté donde esté, se acuerda que en el Tibidabo se está rezando el rosario y siempre que puede también lo reza en esta misma hora.

 

Un Señor después de salir de la capilla de la adoración perpetua nos dice que era la primera vez que se había emocionado.

 

Un señor se nos presenta diciendo que es AA.AA. de la escolanía del Templo del año 1959. Hacía mucho tiempo que no venía, y ahora que se va a jubilar, quiere recuperar su historia y los nombres de sus antiguos compañeros de curso. Entre sus muchos recuerdos lo que no puede olvidar es que iban a misa cada día. Una temporada un señor que no conocían se ponía a su lado. Más tarde le dicen que era el rey Balduino de Bélgica que residía en el Hotel “La Masía” y estaba en Barcelona para arreglar los papeles para casarse con Fabiola. Esta anécdota nos alegra porque sabemos que fue un rey muy cristiano con una vida espiritual intensa, y que hizo un gran bien a su pueblo.

 

Una pareja entra en la cripta. Enseguida la chica se separa del chico y se coloca en el primer banco para rezar. Ya era tarde y se estaba cerrando la iglesia, pero a ella como si no le importase. El chico al fondo de pie nos dice: “es una chica de oración”, queriendo expresar con ello que estaba contento de que su novia no se avergonzara y fuera consecuente con su fe.

 

  Una familia ante la capilla de la adoración perpetua. Al informarles de que aquí se rezaba ininterrumpidamente, el padre entra invitando a su hijo de unos 15 años, que estaba indeciso. La madre se retira, cosa no normal. Al salir, el padre nos dice que su esposa era atea e intenta quitar de la cabeza de su hijo la idea de Dios. Le comentamos que Dios no es ninguna idea y que si él, como padre, vive en el amor y la comprensión y la verdad de Jesucristo, verá cómo el Señor tiene para con todos caminos de salvación.

 

El Tibidabo es “un lugar místico”. Frase que oída en labios de un joven argentino que regresaba a su país después de trabajar tres meses en Barcelona y quiso despedirse del Tibidabo. Estuvo un buen rato contemplando la cripta por dentro y al salir en la escalinata, en una tarde nublada y apacible, sólo le salían frases de admiración y gozo por todo lo que estaba viendo.

 

Un matrimonio musulmán, ella con el “chador” y un niño de unos siete años, están contemplando el Viacrucis. Les decimos que representa la historia de Jesús en los últimos días de su vida. Luego quieren saber dónde está representado el inicio de la historia. También les señalamos a “su madre” que también querían verla. Al llegar a la puerta de la adoración no conseguimos explicarles que Jesús (Isa, según ellos) estaba resucitado y presente allí…

 

Una joven rumana que trabaja en Barcelona, acompaña a su madre que le ha venido a visitar. Nos habla de lo difícil que le resulta vivir aquí. Trabaja de camarera y ve que la mitad de los que están con ella no creen en Dios y ella empieza a dudar, aunque se acuerda con gran ilusión de cuando practicaba en su país. Le recordamos que no se deje engañar por el afán de conseguir dinero. Una compañera suya le aconseja que cambie rápidamente de faena.

 

Un matrimonio mayor entra en la capilla del Santísimo. El señor hace la genuflexión con mucha dificultad. Al salir nos dice que había sido adorador pero al casarse y tener hijos tuvo que dejarlo, aunque continúa haciéndolo en Barcelona cuando puede. La señora afirma convencida que aquí es “un sitio especial” porque apenas se pone a rezar, enseguida entra en relación con el Señor, cosa que no le pasa en otros sitios. El marido nos narra historias de su época como la de “La cofradía de los portantes” Barcelona, que le tenía “miedo” a la talla del santo Cristo del Tibidabo de lo pesada que era. De hecho está hecha de madera maciza de ciprés.