INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO

Año 4º- Mes de noviembre de 2005 

 


 

Dos chicos de unos siete años apenas entran en la cripta se dan cuanta del confesionario. Enseguida piensan en jugar y consiguen abrirlo. Al acercarnos les preguntamos si saben para qué sirve esta especie de armario. Los pequeños quedan desarmados sin saber qué contestar. Les intentamos hacer una mini catequesis y al no saber quién es Jesús, nos guiamos por las estaciones del viacrucis. Al interesarnos por los padres, nos dicen que ellos están en el bar y nunca quieren entrar en la iglesia.

 

Casi cada domingo, sobre las 10 de la mañana, entra en la cripta un ciclista con su bicicleta que coloca en un rincón. Lo primero que hace es poner una flor, que ha recogido durante su trayecto por el monte, a los pies de la Virgen del Carmen, luego va pasando por los altares rezando su oración a cada santo. Al llegar al Santo Cristo está un rato más largo. Recoge luego su bicicleta y continúa el paseo matinal. Ciertamente no es el único ciclista que entra, pero los demás, normalmente son más confiados y dejan su bicicleta fuera de la iglesia.

 

Un padre de familia sube al Templo a la oración de la tarde; tiene unas horas libres y necesita rezar. Hace poco se ha enterado que su hija toma drogas desde hace un año. Los padres se sienten profundamente afectados,  y más, si es el novio quien se las proporciona. Los padres saben que sin el Señor se encuentran hundidos. 

 

Tres jóvenes se presentan sudando un domingo por la mañana. Se adivina que han subido la montaña caminando. Uno es catalán y acompaña a dos argentinos que todavía no conocían el Tibidabo. El mayor, era del grupo de escoltas en su colegio salesiano; ahora hace un año que trabaja de peón de lampista. El más joven hace unas semanas que ha llegado a Barcelona y está buscando trabajo. Les subimos a las terrazas y les explicamos la historia de D. Bosco. Luego les aconsejamos que no dejen de asistir a misa los domingos y se busquen un grupo cristiano para mantener viva su fe. Escuchan con atención y consideran un regalo del Señor el haber subido al Templo.

 

¡Ha surgido un nuevo turno de adoradores nocturnos! ¡Aleluya! Hace unas semanas el turno del 3r martes empezó con ocho personas nuevas su primera noche de adoración, con gran gozo espiritual para ellos y alegría para todos. Los componentes que formaban este turno del martes pasan a reforzar el turno del 3r miércoles. Después de la misa de medianoche se celebró el acontecimiento con galletas y cava.

 

Unos 150 jóvenes universitarios de varias ciudades de España, llegan un sábado por la tarde al Tibidabo con sus mochilas al hombro. Vienen para hacer la convivencia de la “corazonada”. Les acoge el Rector del Templo que a media noche les preside una celebración con procesión con el Santísimo Sacramento, y bendición de la Ciudad. Luego, por turnos, se quedan toda la noche en adoración ante el Santísimo. Impresionaba ver el recinto del Templo con los jóvenes en torno al Señor Sacramentado, unos de rodillas, otros sentados en profundo recogimiento, otros cansados de las más de tres horas de caminata. Se podía decir que el Templo estaba iluminado por fuera y por dentro. En las mismas escalinatas de afuera se veían grupitos de jóvenes que con voz baja se comunicaban sus experiencias. Los salesianos nos sentimos animados y también compartimos con ellos algún tiempo. En la mañana del domingo celebran la Eucaristía y El Sr. Arzobispo de Barcelona les visita, animándoles en su testimonio cristiano. Luego escuchan experiencias de vida cristiana de compañeros y profesores de universidad, en situaciones de persecución, de desprecio y rechazo que muchos están viviendo. Después de la comida en el jardín, se despiden.

 

Cinco jóvenes están escuchando la historia del Templo cerca de la puerta de la capilla de la adoración perpetua. Cuando se les dice que aquí se está rezando desde hace 39 años, ponen cara de extrañeza. A la segunda vez que se lo repetimos, uno exclama “¡qué fuerte!, cosa que interpretamos como una admiración. Luego continúa diciéndonos que los catalanes que él conoce, no están enterados de esta realidad del Tibidabo.

 

Casi cada día al caer de la tarde, un señor de unos 40 años, viene desde hace varios años al Templo. No sabemos quién es, porque es muy reservado y escuetamente nos contesta al saludo. Sabemos que trabaja en el puerto de Barcelona cargando y descargando los barcos. Muchas veces enciende velas y se pasa ratos en la adoración con sus libritos de plegarias. Algún día se queda también toda la noche a la adoración.

 

Durante unos días hemos tenido el gozo de tener entre la Comunidad Salesiana del Tibidabo al P. Larrea misionero en la India. Su cariño por este Templo del Tibidabo es manifiesto; aquí, nos dice, estuvo de monaguillo en la Escolanía el año 1944 y guarda gratos recuerdos. Su presencia entre nosotros ha sido un testimonio de sencillez y de oración; le hemos visto muchas horas del día ante el Santísimo Sacramente en la capilla de la adoración y ha estado en total disponibilidad para ayudarnos en las celebraciones eucarísticas.

 

Dos monjes ortodoxos nos visitan. El mayor vive en Suiza y ha venido para estar con su “hijo” unos días. Al acompañarles en la visita nos enriquecimos mutuamente. Ellos tienen un gran conocimiento de la historia de la Iglesia, de los Santos Padres y de la Tradición. Su veneración por la Eucaristía en que Jesucristo el Hijo del Padre eterno se hace presente entregando si vida, en muy grande, y por eso durante la consagración en la santa misa, el sacerdote se oculta detrás del ”iconostasio” para que no sea banalizado tan grande misterio exponiéndolo a la vista de cualquiera. Lo cual no coincide con nuestra tradición católica, pero, nos hace reflexionar sobre el sentido profundo y santo que tienen del misterio. También están escandalizados que nosotros incineremos a los difuntos porque es destruir el templo santo de Dios que es nuestro cuerpo...

 

Un matrimonio joven nos visita con su pequeño. Nos lo presentan, recordándonos que apenas llegados de su país del Este, estuvieron durante bastante tiempo en la casa de acogida de inmigrantes del Tibidabo. Después de muchas dificultades buscando trabajo y lugar donde vivir, pudieron casarse y están felices con su pequeña de dos meses. Ahora al marido le han hecho un contrato por cinco años. Nos han pedido que recemos por ellos porque viven en un espacio muy pequeño y quieren ahorrar para comprarse un piso digno para estar con su hija. También piensan bautizar a la pequeña en su parroquia. Antes de despedirse nos piden una bendición para ellos y su hija.