INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO

Año 5º- Mes de enero de 2006

 

 

En este mes de diciembre nos han visitado varios grupos de personas mayores que en su ruta turística querían visitar el Tibidabo. Se interesan por el Museo de belenes y por la historia del Templo que escuchaban con atención. A algunos les afloran los recuerdos pasados. Luego suben contentos a ver el paisaje desde la terraza superior. Recordamos en especial al grupo del Orfeón Catalán de Badalona que cantó el “Virolai” con mucha devoción.

 

Un señor ciego que suelen acompañar a misa, nos felicita el año nuevo con una frase que le sale de dentro y no es normal oírla: “Que no nos falte el Espíritu del Señor durante este año”. También lleva una postal de Navidad con una frase del evangelio colgada al cuello para que la gente la vea. “Quien se avergüence de mi yo también me avergonzaré de él…” Nos impresiona el espíritu evangelizador de este ciego.

 

Una joven acompaña a un señor, que nos dice ser un sacerdote de la Iglesia clandestina de  China. Han subido al Templo sobre las 13’-porque era la única iglesia que han encontrado abierta. El sacerdote quiere confesarse y celebrar la Eucaristía. La joven que le hace de traductora nos cuenta su historia. Está en Barcelona para visitar al médico por una hepatitis C complicada, que cogió junto con otros dos seminaristas, cuando cuidaban a un obispo enfermo. Allí no tienen iglesias y van a rezar a casas particulares en donde guardan el Santísimo. Si los descubren peligra su vida. En la capilla de la adoración rezan con mucha devoción, el sacerdote se confiesa en chino, y celebran la Eucaristía. Impresiona ver cómo todavía hay cristianos que exponen su vida por su fe. La joven, que conoce bien a los chinos porque estuvo allí para aprender el idioma, nos dice que lo que les importa es hacer dinero. Se intentó hacer una llamada a los chinos cristianos de Barcelona para celebrar una misa, pero no fue nadie.
 

 Una pareja está visitando con interés la cripta. Nos dicen que son israelitas que tienen en Barcelona una tienda de ropa y piensan quedarse a vivir un tiempo. Hablan algo el castellano. No van a la sinagoga porque no les dice nada. A Dios lo encuentran en todas partes. La “schequiná”(la gloria de Dios) está para ellos en la inmensidad de la naturaleza y no en una iglesia. Les hablamos de Jesucristo como el anunciado por los profetas, que ellos no aceptan como el Mesías. Aunque conocen bastante las Escrituras, ven en el cristianismo, sobre todo en S. Pablo, a los que han rechazado la manera de vivir del AT para montarse una nueva “estructura” que ha dominado por todas partes. Les recordamos que Jesucristo no rechaza la Ley sino que la completa con un espíritu interior. Al comentarles el mosaico de la Virgen de Montserrat saben que la frase “Soy negra pero soy hermosa”, que se aplica a la Virgen, es del “Cantar de los Cantares”.

 

Un grupo de siete muchachos adolescentes entran en la cripta con cierta prisa, “viendo” la iglesia y haciéndose notar. Se les para, diciéndoles que se fijen en los mosaicos. Al pronunciarles la palabra D. Bosco, enseguida intervienen diciendo que ellos son del Colegio Salesiano de Horta, estudian 4º de la ESO, y van a pasar el día en el parque. Nos comentan que tienen a un salesiano muy amigo. Les acogemos como de la familia, y les subimos a la terraza más alta de Barcelona desde donde se divisa muy bien su colegio. Por la tarde, al salir del parque, vienen a despedirse.

 

Una familia con cinco hijos está visitando la cripta con mucho interés y sin prisas. Les explicamos con pocas frases la capilla de la adoración. Nos dicen enseguida que son judíos pero que van a la sinagoga solamente por las fiestas. Nos recuerdan que Jesús fue judío y que su Dios es el nuestro. Les aceptamos sus palabras, recordándoles la necesidad de la oración como pueblo escogido.
 

Una madre con una niña de nueve años y un niño de cuatro entran en la cripta mientras esperan que se abra el parque de atracciones. Al ver que el pequeño intenta hacer la señal de la cruz con el agua bendita le felicitamos. Al hablar con él, nos damos cuenta que no sabe rezar. Le decimos que no es difícil, solamente tiene que darse cuenta de todo lo que tiene, que es un regalo de Dios, y entonces le dará gracias. Luego, la madre escucha con agrado la historia del Templo. Cuando los niños dicen que se aburren, ella les invita al respeto, señal que necesita escuchar una palabra. Su marido no ha querido acompañarla y a veces se siente sola. La animamos a no desfallecer en su misión como esposa y madre.

 

Los alumnos del 1er ciclo de secundaria del Colegi del Pinar aprovechan los días del puente de la Inmaculada, para visitar el Templo y pasar el día en el parque de atracciones aprovechando el TIBITOUR. (=los grupos que visitan el Templo y que luego tienen una entrada muy económica para el parque). Escuchan con atención la historia de D. Bosco, suben en grupos a las terrazas, rezan ante el Santísimo y parten para el parque.

 

Una familia con dos pequeñines cogidos de la mano de la mamá están caminando tranquilamente dentro de la cripta. Al preguntarle al menor si le gusta la iglesia, no nos contesta. Al mirarle a la cara vemos que tiene los ojos rojizos. La madre nos dice que se ha impresionado mucho al ver en el Viacrucis a Jesús clavado en la cruz, porque no lo entiende. Y ¿quién de verdad entiende al que se deja destrozar por amor a los que le asesinan?

 

Un profesor de religión nos cuenta su experiencia en clase de 5º de primaria de su colegio religioso. Después de explicarles el adviento como preparación para la última venida de Jesucristo al fin del mundo, en que vendrá a juzgarnos y a llevarnos con él, (El profesor cree importante este punto porque los alumnos solamente oyen hablar de reencarnación y les parece que esto es lo normal), hace una pregunta a los alumnos: ¿Qué te dirá Dios cuando te presentes ante Él? Un chico contesta con soltura: “¿Qué? ¿Te ha gustado la vida que te he dado? Quizá ni un teólogo habría sabido interpretar tan profundamente el corazón de Dios Padre.

 

¿Cómo podemos asentar la cabeza? nos preguntan, sin más, dos jóvenes que no pasarían de los 20 años y que con un montón de “piercings”, se presentan a la puerta del confesionario. Al parecer iban en serio. Pero apenas empezamos a hablar, cuando aparece un compañero diciendo que los “mossos de escuadra” están en la plaza, y rápidamente salen todos asegurando que volverían. Al cabo de un rato regresan insistiendo en la misma pregunta. Uno ha tenido ya dos accidentes serios de coche. Reconoce que va muy rápido conduciendo aunque no querría hacerlo, pero no lo puede evitar, ni le importa matarse. Se lleva mal con sus padres. Se ve que está sufriendo y no encuentra salida a su problema. El otro dice que no para de robar y también querría cambiar. Nos sentimos sorprendidos por sus testimonios, y les insinuamos que recen y se lo pidan al Señor, que siempre escucha También necesitan reconciliarse con sus padres, porque seguro que les quieren ayudar, y si les tienen confianza, saldrán ganando.

 

Un adorador se ofrece para ir a buscar a una monja que no puede desplazarse hasta el Templo para subir a rezar, porque se rompió el fémur y no se le acaba de arreglar. Nos dice que sufre por ello, y con sencillez nos comunica que lo único importante que puede hacer ahora es ofrecer al Señor sus sufrimientos. Nos emociona oír estas palabras que salen de un corazón enamorado de Jesús.

 

Un señor, que viene casi todos los sábados a rezar varias horas ante el Santísimo, tiene que hacer cuatro cambios de transporte para llegar hasta el Tibidabo, pero no le importa. Cuando uno ama a alguien es capaz de hacer los sacrificios que sean necesarios. Estamos seguros que el Corazón de Jesús se lo recompensará.

 

Dos jóvenes se presentan jadeantes en la cripta a media mañana de un día precioso de frío y de sol. Uno de ellos lo conocíamos porque se había casado hacía poco en el Templo. Nos dice que al fin había podido cumplir su promesa de subir al Tibidabo corriendo desde Hospitalet, por haber encontrado un trabajo que deseaba.

 

Las parroquias del arciprestazgo de Piera y Capellades hacen una salida de Adviento. Son unos 150 fieles que nos visitan, escuchan la historia del Templo y celebran la Eucaristía con los cinco párrocos. Luego visitan el museo de los belenes y se esparcen por todo el Templo en una mañana de viento y sol.

 

Dos jóvenes adolescentes, con los cascos de la moto en la mano, están mirando los mosaicos. Al comenzar a explicarles, uno coge confianza y empieza a hacernos preguntas sobre quién era el niño que estaba en brazos de aquel señor. Le decimos que es Jesús. ¿Luego creció?, sigue preguntándonos. Y ¿dónde está ahora? Pues, fue un predicador que hizo milagros, luego le mataron, resucitó, y por eso se ha podido quedar con nosotros para siempre. Y ¿por qué le clavaron los clavos? Señalando el crucifijo… Así, durante un buen rato. Luego al decirles que aquí se rezaba día y noche, nos dicen que son musulmanes, aunque no rezan mucho. Se extrañan que la gente aquí crea poco. No tienen claro qué pasará en la otra vida, no entienden cómo Dios pueda perdonar al que se ha portado mal, al final de la vida, pues Dios tendría que castigarlo ya que se ha reído de él. El joven parecía no tener prisa. Les invitamos a subir al Templo y luego se despiden contentos.

 

Un padre de familia argentino que asiste a una comunidad neocatecumenal, lleva once meses trabajando en Barcelona con el terrible sufrimiento de tener a su esposa y cinco hijos en su país. Él tuvo que emigrar porque no veía seguro el futuro de la familia a causa de la inestabilidad económica. Unas semanas antes de la Navidad pudo conseguir mandar los pasajes para que su familia pudiera estar con él. Al llegar el avión al aeropuerto del Prat, el padre espera emocionado, pero tiene la gran desilusión de ver que entre los pasajeros no sale su familia. Se queda esperando lo peor. Al cabo de mucho tiempo, alguien le informa de que los cinco hijos con su esposa están retenidos, porque la policía no se creía lo que le decían. Al final, ya por la tarde, el encuentro familiar es impresionante por la emoción y los abrazos. Al final de semana, en la Eucaristía, se les da la bienvenida, son presentados los hijos con la madre y se celebra un ágape fraterno y festivo.