INTENCIONES

PARA LA ORACIÓN

Del TIBIDABO

  Mes de enero de 2004   

 

Este mes de enero es señalado para los salesianos porque el día 31 celebramos la fiesta de nuestro Santo fundador San Juan Bosco, Maestro, Pastor y Padre de la juventud, a la cual entregó toda su vida. La familia salesiana de la Basílica del Tibidabo le pide al Sagrado Corazón de Jesús que nos conceda, por intercesión del santo de los jóvenes, el espíritu de santidad para poder vivirlo y transmitirlo con entusiasmo.

 

Una señora anciana amiga del Tibidabo nos telefonea para excusarse por no haber podido venir a la celebración del día de Cristo Rey, aunque desde el balcón del hospital estuvo pendiente del momento de la bendición a la ciudad con el Santísimo Sacramento. Ahora está deseosa de subir para dar gracia al Sagrado Corazón por haberse recuperado de una quemadura seria y nos dice que vendrá cuando se encuentre mejor.

 

Un joven asiste a la misa de 19’- h. un día de cada día. Como su presencia no era normal, el sacerdote se hace el encontradizo con él y le pregunta el por qué ha venido. Nos explica que para él la oración es importante sobre todo para encontrarse a sí mismo. Había tenido una educación cristiana, pero de adolescente se había apartado de todo. Luego a los 25 años sintió un vacío interior que no podía soportarlo y empezó a buscar, probando en el yoga y en otras experiencias que no le llenaron; hasta que volvió a encontrarse con el Señor que ahora le fortalece su vida.

 

Un grupo de unos 20 jóvenes se presenta un sábado sobre las 23 h. a la capilla de la adoración. Les acompaña un sacerdote que pregunta al que está de vela si podían rezar el rosario. Al salir nos explican que son un grupo de los muchos de la Escola de María itinerante, que los sábados, como alternativa a otras diversiones, hacen un itinerario espiritual por la montaña, recorriendo lugares marianos. Seguro que el Señor se ha alegrado al ver a esta juventud que sin miedo al frío quieren convivir entre ellos y profundizar en su vida espiritual.

 

Un grupo de unos ocho jóvenes y niños, algunos conducidos de la mano por los mayores, se pasean muy formales dentro de la cripta. Por el aspecto se dirían que son de familias musulmanas. En un cierto momento están alrededor de un lampadario y echan una moneda. Al decirles que también tenían que rezar la oración que esta escrita, nadie se atreve a hacerlo, al parecer no sabían leer demasiado. Al final de una corta conversación nos dicen que son gitanos y aunque no tienen ninguna religión creen en Dios. Sus mismos nombres eran de santos: Luis, Carmen... Al enterarse donde estaba la Virgen del Carmen enseguida van a verla. Al marchar los pequeños aceptan una estampa de Mª Auxiliadora.

Un matrimonio después de asistir a la Eucaristía se quedan un buen rato en la capilla de la adoración. Al salir nos dicen que entre sus hijos hay uno adolescente que les hace sufrir mucho: no estudia, protesta por todo, llega tarde a casa y hasta se escapa por la ventana. Ellos hacen lo que pueden y necesitan confiarlo al Señor para que haga lo demás.

 

La escolanía de Montserrat nos visita en una de sus salidas por Barcelona. El grupo sube alegre y contento hasta los pies de la imagen desde donde se alcanza a ver su monasterio. Rezamos para que el Sagrado Corazón bendiga a los monjes y a la Escolanía de Montserrat y que por medio de la oración y del canto coral arrastren al pueblo catalán hacia la alabanza y la belleza de la vida cristiana.

 

Una joven coreana que frecuenta nuestra Basílica, recibió los sacramentos de la iniciación cristiana ( bautizo, eucaristía y confirmación), en una celebración presidida por el Sr. Cardenal de Barcelona. Ella ha querido dar este paso decisivo de incorporarse a la Iglesia católica  antes de la Navidad para poder celebrarla participando en los Sacramentos.

 

Nos piden que recemos por una mamá que se quedó paralítica de medio cuerpo al nacer su hija. Después de varios años se encuentra sin fuerzas para llevar la casa adelante y a ello se añade la indiferencia de sus familiares.

 

Un grupo de 20 jóvenes de la parroquia de Sant Quirze residen dos días en las dependencias del Templo para hacer un retiro de Navidad. Hacen sus actividades de grupo, charlas, rezan, se confiesan, les visita el párroco y participan en la Eucaristía. Rezamos por las parroquias para que descubran la importancia de tener encuentros de reflexión y plegaria con los jóvenes.

 

Un matrimonio que hacía dos años se había casado en el Templo nos visita muy contento acompañando una familia extranjera para que conozca la iglesia. Por lo que explicaban se notaba que todavía se acordaban de la historia que habían oído y ahora querían transmitir. Rezamos por los matrimonios que se casan en el Tibidabo para que el Señor los mantenga en la fidelidad y en el amor.

 

Un señor portugués que pasa unos días en Barcelona nos dice que está emocionado por lo que está viendo en la cripta. Le llama la atención el botón para solicitar al sacerdote para confesarse porque no lo había visto nunca, ni en Roma. Relacionarnos con alguien que tiene capacidad de admiración es siempre una fuente de gozo verdadero.

 

Una mamá, muy preocupada por su hija que tiene anorexia, nos telefonea para preguntarnos si en el Tibidabo tenemos algún grupo de jóvenes donde la chica pueda integrarse. Le explicamos que en estos momentos la chica no está para iniciar nuevas relaciones pero que puede venir con sus padres para conocer y familiarizarse con la gente de la parroquia, sobre todo los sábados por la tarde, y el resto ya lo pondrá el Señor.

 

Los chicos y chicas que se preparan a la primera comunión de la parroquia salesiana de la Ciudad Meridiana suben con sus padres a pasar un día de convivencia en el  Tibidabo. Visitan el Templo, el “Museo de Arte navideño”, rezan, conviven, comen juntos y cantan en una sobremesa muy salesiana. El encuentro llena de movimiento y alegría las dependencia del Templo.

 

Nos visita una familia argentina con tres hijos, la mayor ya es adolescente. Al enterarse de la Obra expiatoria del Tibidabo, apuntan en ella a sus familiares difuntos, dan un donativo, se confiesan todos y van a rezar a la capilla de la adoración. Nuestra alegría todavía es mayor cuando nos enteramos que el marido había estudiado en los salesianos.

 

Dos señoras llaman por la noche porque quieren hacer un rato de adoración. El padre encargado las recibe y les dice que pueden estar en la capilla hasta la medianoche. A la hora de la Eucaristía piden quedarse porque se encuentran muy a gusto. Después de la misa una de ellas habla entusiasmada con el sacerdote porque está dispuesta a apuntarse a un turno de adoración, aunque piensa que debido a sus tareas familiares, antes tendrá que hablar con su marido y quizá sea más factible venir a la adoración durante el día. Rezamos para que el Sagrado Corazón suscite nuevos adoradores que le den gloria y alabanza con su oración y sus vidas.

 

Nos telefonea una madre que se encuentra en una seria depresión y lleva casi todo un año de baja. Nos comunica que uno de sus dos hijos ha cogido un camino desviado y quiere que recemos por él. Las estadísticas nos dan 340 millones de personas deprimidas en el mundo, lo cual es preocupante. En el congreso internacional del mes de noviembre en Roma  con 600 participantes, el Papa dijo que la depresión es siempre “una prueba espiritual”  y que el camino para paliarla es la oración de los salmos, el rosario y la Eucaristía, “fuente de paz interior”.

 

Una señora después de visitar toda la cripta se dirige a un salesiano y le hace una exclamación que resulta curiosa: “¡Mira qué es difícil sacar el polvo a las figuras del bajo relieve del vía crucis y sin embargo están bien limpias!”. A los que no poseemos esta sensibilidad femenina nos sorprende dicha constatación y nos hace pensar en que la limpieza entra dentro de la belleza de las cosas.

 Un joven se presenta y nos dice que es antiguo alumno del colegio salesiano de Horta. Ha subido para acompañar a su abuela que quiere ir a misa al Tibidabo dos veces al año. El joven se acuerda con cariño de su colegio aunque no sacaba buenas notas, pero luego se espabiló y ahora trabaja de aparejador.

 

Una familia con siete hijos entra en la cripta con toda normalidad. Ante la puerta de la capilla de la adoración se les propone a los pequeños entrar a hacer una oración por los sacerdotes y así lo hacen. A los pocos minutos salen y uno de los pequeños nos dice que ha rezado tres padrenuestros, otro de tres años nos aclara que él todavía no sabe rezar muy bien porque se equivoca muchas veces. Agradecemos la oración sencilla de los niños que el Señor siempre escucha.

 

Los jóvenes de los grupos de fe de los salesianos de Horta y de Martí-Codolar suben a pie para tener un día de convivencia en el Tibidabo. Después de visitar la Basílica, aprovechan para ver la Exposición catequética de la Santa Sábana de Turín. Rezamos por todos los jóvenes que suben al Tibidabo para que la fe arraigue en sus corazones.

Una familia mejicana con dos niños pequeños pregunta por la hora de la misa en castellano. Viven en Olesa de Montserrat hace un año porque el marido encontró trabajo allí. Nos dicen que no quieren perder la fe cristiana que han recibido. La niña de 4 años ya sabe el padrenuestro porque su madre se lo ha enseñado. Rezamos por ellos y tantas otras familias emigrante para que el Señor les ayude a conservar la fe que recibieron en su país y sepan transmitirla a sus hijos.

Un joven de unos 30 años entra en la cripta, pide confesarse y luego entra en la capilla de la adoración. Al salir se le ve  sereno y en paz. ¿Que ha acontecido en esta tarde de otoño, entre el Señor y el joven? Algo ciertamente grandioso, el hombre hecho de la nada se ha relacionado con el Dios eterno gracias a la fe en Jesucristo el Señor. Bendecimos al Señor por habernos creado, redimidos y dado la capacidad de recibir su gracia y le pedimos que siga atrayendo a todos con la fuerza de su amor.

Un grupo procedente de Granada viene a visitar la Basílica del Tibidabo porque sus familiares se lo habían recomendado. Uno de ellos nos dice que en su familia de ocho hijos tres de ellos eran hermanas de la caridad y dos misioneros.

 Queremos presentar al Señor a las Hermanas Carmelitas Teresianas por con su colaboración desinteresada y anónima a la Obra del Tibidabo. Cada  semana acogen los encargos que de otra modo no nos llegarían.