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INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO Año 5º- Mes de abril de 2006
Una noche, pasadas las dos de la madrugada, llaman a la puerta. El responsable del turno sale a preguntar quién es, porque ya no esperaban a nadie. Un joven busca un sacerdote para confesarse. El adorador va a preguntar qué tiene que hacer. Resulta que el sacerdote del turno todavía estaba confesando en la cripta. Van a abrir al joven que se confiesa. Se había levantado de la cama porque algo le despertó y comprendió que tenía que ir a reconciliarse con Dios con el que no estaba en paz desde hacía tiempo. Luego contento vuelve a casa. Todavía nos queda la emoción de las “casualidades” que los adoradores interpretamos como signo providencial del amor de Dios hacía este joven.
Una joven quiere hablar con un sacerdote porque está muy triste y no sabe lo que le pasa, y eso que se lleva muy bien con su esposo. La escuchamos y descubrimos que le falta la relación con Dios y la práctica religiosa. Al entrar su marido, les invitamos a leer la Escritura y a ir a su parroquia para integrarse a un grupo de fe. Les regalamos un salterio y un NT. Ella nos dice que siempre que ha leído un salmo le ha encantado.
¿Qué es lo que hay aquí? pregunta una señora al ver un sacerdote ante la capilla de la adoración. Pues es el Santísimo Sacramento, del Cuerpo de Jesús, el pan que en la última Cena del Jueves Santo Jesús nos dejó como memorial de su muerte y resurrección. ¿Y qué se le puede rezar? Pues, lo que uno quiera, porque nos conoce profundamente. ¿Y el Padrenuestro también? Claro.
Un grupo de jóvenes ingleses están en la cripta y el guía voluntario se ofrece para explicarles la historia. Ellos aceptan y uno que sabía castellano les va traduciendo a los demás. Se muestran verdaderamente interesados, lo que nos parece algo extraordinario. Durante una media hora larga el guía les acompaña en el recorrido por todo el Templo.
Un señor que suele venir bastante a rezar aunque no es de muchas misas, va con tres velas encendidas hacia la capilla. Le decimos que ahora se está celebrando la Eucaristía y que tendrá que esperar a que acabe. Así lo hace. Al preguntarle cómo está, nos dice enseguida sin pensarlo, que muy bien porque el Señor le escucha. ¿Pero siempre dispuesto a hacer su voluntad? Sí, sí. Entonces no te canses de venir por aquí. ¡Seguro que no! ¡El Señor ha cambiado mi vida!
Varios grupos de jóvenes que se van a confirmar en esta Pascua de Sant Vicenç dels Horts y de un movimiento filipino, hacen un día de convivencia entre nosotros con sus catequistas. Visitan la Exposición de la Sta. Sábana, rezan, comen en el jardín, se divierten y suben a lo más alto del Templo en un día radiante de luz.
Dos chicas chinas están en la cripta siguiendo con admiración los mosaicos de la cripta. El guía voluntario se ofrece a hacerles un recorrido por el Templo. El mismo guía nos dirá después que se quedó admirado por el interés y el respeto mostrado por las chicas chinas.
Una comunidad neocatecumenal de Barcelona nos encarga tres horas de iluminación del Templo. Están haciendo el paso de la “Traditio” que consideran muy importante para prepararse a ir a anunciar el Evangelio de dos en dos por las casas. Quieren pedir fe y coraje para llevar a cabo esta misión, porque aunque se sienten muy débiles, desean que arda la luz de la fe en todos los corazones.
Un matrimonio de Extremadura es la primera vez que vienen a Barcelona. Están encantados con lo que ven y más cuando les decimos que en la capilla que tienen delante, se reza sin parar día y noche desde hace 40 años.
Un joven se presenta en la recepción para preguntar hasta dónde se podía subir. Su problema era que tenía una promesa hecha para subir al Tibidabo caminando desde Cerdañola y querría llegar hasta el punto más alto. Le decimos que no hay ninguna dificultad y aprovechamos para explicarle algo de la adoración perpetua. Conectamos enseguida con él y su entusiasmo.
“M’ha sorprès molt” el saber que aquí se reza cada noche desde hace 40 años, nos dice un señor que viene a pedir información sobre la adoración nocturna. Una conocida le había dicho que venía a la adoración una noche al mes. Encarga una hora de iluminación, y nos comenta que se está pensando el día para poder apuntarse. No es la primera vez que constatamos la ignorancia de la gente de Barcelona sobre la realidad del Tibidabo.
Una joven con el “Chador” acompañada de un joven entran en la capilla de la adoración. Se adelantan y se quedan de pie mirando por todas partes. Nos acercamos y les decimos que están en un lugar de oración que no se puede visitar. Se desplazan al fondo y se quedan en silencio un buen rato. Al salir, aprovechamos para decirles que los católicos creemos que Dios grande e inmenso nos ha mandado a su Hijo para que viéramos lo grande que es su amor y está aquí vivo entre nosotros en este pan blanco, porque él mismo nos lo ha dicho. El joven, que sabía castellano, poniéndose una mano en el pecho, nos dice que él también quiere a Dios. Les explicamos algunos detalles de la iglesia y siguen su ruta parándose ante el crucifijo y la pila de agua bendita. Luego nos damos cuenta que otro joven sale de la capilla y se junto a ellos. Había estado todo el rato en la capilla.
Dos jóvenes que no pasarían de los 20 años se hacen una foto delante de S. José. Les decimos que si quieren rezar pueden entrar en la Capilla del Santísimo. Así lo hacen. Al salir uno que se secaba los ojos parecía emocionado. Nos dice que son brasileños y que llevan tres meses trabajando de paletas en la construcción. Han venido a España porque en su país está todo muy caro y no se encuentra trabajo. Les acompañamos en la visita al Templo.
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