INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO 

Año 5º- Mes de mayo de 2006

 

Un monje agustino de Saint Maurice (Suiza), acompañado de una familia, nos visita. Durante el diálogo nos dice que en su convento se celebra la misa desde el año 500, y es la cuna del cristianismo en Suiza; Nos sentimos contentos de poder unirnos a estos monjes que nos recuerdan la fe de las primeras generaciones cristianas.

 

Una familia de la parroquia del Perpetuo Socorro de Trujillo (Perú) nos comenta que han conseguido iniciar la adoración perpetua. Nos alegra oír esta buena noticia.

 

Un joven de Sant Cugat de 26 años es seminarista en Holanda y viene a rezar acompañado de un amigo. Después de la Eucaristía le invitamos a presentarse, y nos cuenta brevemente su experiencia de dos años en el “Seminario Misionero”, cerca de Amsterdam. Allí la experiencia eclesial es muy diferente de la nuestra (nos da detalles) y él se encuentra con mucha precariedad por el idioma, pero ha experimentado que Jesucristo le quiere misionero.

 

En estos días de Pascua nos han visitado personas de todos los continentes. Nos interrogó el comportamiento de unos hindúes que estuvieron en una celebración eucarística durante un buen rato.

 

Una adoradora nocturna que estuvo con nosotros las fiestas de la Semana Santa, nos hace un donativo diciéndonos que había recibido un milagro. A un nietecillo suyo que tiene que nacer le habían diagnosticado por dos veces una malformación dentro de su madre. En una tercera prueba se ha visto que el feto estaba completamente sano.

 

Una joven se quiere confesar y no sabe cómo hacerlo porque no se ha confesado nunca. Deja al chico que le acompaña afuera y ella entra dentro de la capilla de la adoración en donde estaba el sacerdote. Al preguntarle quién era y por qué venía, nos dice que cree en Dios a su manera, mientras enseña una cruz que lleva al cuello, dice que no está contenta, ya lleva varios intentos de suicidio, y no está bautizada. El sacerdote la acoge, la escucha y le anuncia la Buena Noticia de Jesucristo que la ama y ha dado su vida por ella para que pudiera vencer el mal y ser feliz. Al no poder confesarla, el sacerdote de da una bendición que ella recibe contenta.

 

En estos días de primavera aumenta el número de visitas de chicos y chicas que entran en el Templo antes de entrar al parque de atracciones y después de salir. Algunos rezan con los padres; otros se sientan a gusto descansando y viendo las luces y los colores de los mosaicos; otros van de un sitio a otro; y los hay que se ponen a corretear. Con todo, no es raro encontrarnos con pequeños que, después de indicarles la capilla en donde se reza, nos dicen que se están preparando para la 1ª comunión como algo importante que van a hacer. Recordamos una frase de una madre que le dice al pequeñito: “Estás dentro de la iglesia blanca que ves por las noches desde casa”.

 

Unos 150 trabajadores de la editorial salesiana EDB quieren conocer la obra de D. Bosco del Tibidabo y pasan unas horas con nosotros. Escuchan la historia, visitan las iglesias y suben a lo más alto.

 

Un joven, que parece despistado, entra en la capilla de la adoración y sale enseguida. Al cabo de un rato suena el timbre de las confesiones. Era él que quería confesarse después de muchos años que no lo hacía. Sale verdaderamente contento. Le regalamos unos evangelios para que pueda ir conociendo al Señor Jesús que nunca le dejará.

 

Una señora que vienen a rezar a menudo y está separada, se preocupa mucho de la educación de su hijo de 7 años porque sabe que es trascendental para su vida. La mamá quisiera que el pequeño tuviera la misma experiencia de cuando ella hizo la primera comunión, en que vivió el gozo y la paz de sentirse amada por el Señor. Aunque nunca más lo ha experimentado, sabe que no lo podrá olvidar.

 

Un grupo de escolares de un instituto estatal de Torre Baró suben caminando al Tibidabo, la mayoría son musulmanes y entran en el Templo con los profesores. Uno de ellos nos comenta que tienen que acostumbrarse a entrar en las iglesias aunque ellos no nos dejen entrar en sus mezquitas. Les resumimos la historia en sus rasgos más concretos y suben contentos al pie de la imagen.

 

El lunes de Pascua, un joven que frecuenta el Templo, se pasa el día en la capilla del Santísimo. En unos de los momentos en que sale a tomar el aire le preguntamos cómo está. Por toda respuesta nos dice: “Ajuda molt el Senyor! Viendo que no quería entrar en conversación le dejamos a su aire. Nos alegramos de tenerle entre nosotros.

 

Dos jóvenes están haciendo fotografías en la cripta porque quieren llevarse un buen recuerdo. Son de Méjico y están estudiando en París. Nos comunican la impresión que les causó el templo iluminado por la noche cuando llegaron con el avión.

 

La mamá de un matrimonio con siete hijos suele subir a rezar y a confesarse. Nos cuenta cómo a veces sus hijos regresan del colegio afectados porque el profesor en la clase ha criticado a la Iglesia y se ha burlado de la fe. La chica que va a bachillerato ya se sabe defender, y una vez le contestó al profesor, que afirmaba que los jóvenes ya no tenían fe, que ella cuando estuvo con el Papa en Colonia, conoció a miles que eran estupendos y con fe. Las otras hijas que van a ESO se sienten más humilladas. En una reunión de padres de alumnos, la madre levantó la mano y protestó en público, preguntando de dónde le venía al profesor el derecho a tocar la moral de los alumnos y cómo se atrevía a ello.

 

Un guía voluntario, reconoce que él sale ganando cuando atiende a las personas por la alegría que siente. También expresa su extrañeza por las personas que parece no van a escuchar y luego resulta que son las que más se interesan.

 

A las 10 de la noche llaman al timbre de la puerta. El sacerdote de turno va a abrir pensando que, por la hora, todavía no podían ser los adoradores de la noche. Se presentan cuatro jóvenes que vienen a hacer adoración. Rezan en la capilla durante media hora con un gran fervor, y se marchan. No sabemos quieres eran ni por qué habían venido. Pero nos queda el gozo de saber que hay jóvenes que han descubierto la gran riqueza de tener a Jesús sacramentado como amigo.

 

Una pareja está mirando el viacrucis en la cripta. El chico de rasgos chinos y con cara de extrañeza escucha a la joven que le está explicando la escena de la crucifixión. Consuela ver estas escenas que nos hacen pensar en la misión de todos los cristianos de anunciar el amor de Jesucristo a todas las personas en especial a los más cercanos.

 

Una señora nos telefonea pidiendo oraciones por una abuela a la que le han detectado un cáncer muy avanzado en la cabeza. Ella está muy cuerda y a momentos pide al Señor que se la lleve, pero acaba diciendo que la prepare antes para poder entrar en su presencia. También una madre de familia con cinco hijos, el mayor de 16 años, está enferma de cáncer y estos días ha querido ir a Roma para rezar ante la tumba de Juan Pablo II para pedirle un milagro.

 

Catequistas, chicos y padres del colegio salesiano de Mataró vienen a pasar un día de convivencia en el Tibidabo. Por la mañana escuchan la historia de D. Bosco, visitan el Templo y el museo de arte navideño, llegan hasta los pies de la estatua del Corazón de Jesús y participan en la Eucaristía. Después de comer en el jardín de Domingo Savio van al parque de atracciones.

 

Un adorador nos cuenta su experiencia de cuando fue a la peluquería y se comentaba el ”Código da vinci”, diciendo –según él- barbaridades. Aguantó todo lo que pudo y al final dijo fuerte: “yo sí que creo que Jesús es el Hijo de Dios”. Se hizo un silencio y luego siguió una discusión bastante acalorada.

 

Un grupo de austríacos están pasando unas semanas de intercambio cultural para aprender castellano, y aprovechan para subir al Templo. Parece que algo entienden, aunque la profesora les va añadiendo sus comentarios. Nos dicen que son católicos. La vista de Barcelona desde lo alto les encanta.

 

Un joven deja su pareja y va a rezar a la capilla. Nos dice que su esposa lo necesita porque está con depresión, aunque cree que es él quien más lo necesita porque no sabe comprenderla. Le comentamos que en vez de rezar solo sería mejor que fuese a rezar al lado de su esposa. Ante nuestro asombro así lo hace.

 

Dos jóvenes están rezando la liturgia de las horas en la cripta. Nos dicen que son seminaristas de Barcelona, y uno de ellos se confiesa.