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INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO Año 5º- Mes de julio de 2006
Las últimas semanas del mes de junio fueron apareciendo en el Tibidabo cantidad de adolescentes y niños que iban a pasar un día de recreo en el parque. Llegaron autocares incluso de las comarcas de Cataluña. El momento más conflictivo en relación con el Templo era a la salida del parque, cuando en las escalinatas se iban juntando los chicos para esperar sus autocares. Siempre había los incontrolados que entraban en grupo en la iglesia. Cuando conseguíamos serenarlos, les explicábamos lo que estaban viendo para que recibieran algún mensaje empezando por el de la gratuidad de la vida que todos entienden.
Una pareja ya madura está delante del crucifijo de la cripta. Son de pueblo y por eso no tienen reparo en decirnos que no son practicantes pero que nunca han perdido la fe, ni la van a perder. Muchas veces, cuando están nerviosos, cogen el coche y se van a un santuario a pasar media hora tranquilos y salen renovados. Ellos no creen que la gente pierda la fe tan fácilmente, sino que la podemos tener como apagada. Se dan cuenta que incluso los que dicen que son agnósticos o no creen, cuando están ante un problema serio o una enfermedad acuden a Dios porque no somos tontos. Sin Dios ¿qué es la vida?
Un padre de familia, con cinco hijos, que viene a confesarse a menudo, nos dice que ahora se siente más débil en su misión de padre porque no puede dedicar a la Escritura el tiempo suficiente, cosa que hacía antes cuando iba al trabajo en tren. Sabe que la Palabra toca siempre lo profundo del ser y nos va colocando en la verdad de la vida que es la voluntad del Padre.
196-Un grupo de chicos está jugando en la escalinata. Cuando ven al sacerdote empiezan a acercarse los más atrevidos y luego los otros. Por las preguntas que nos hacen adivinamos que entre ellos hay bastantes musulmanes. Nos dicen que son de un “Centro abierto”. Al cabo de un rato se nos acerca la profesora y nos pide permiso para visitar con ellos la cripta. Les avisa que se comporten, y entran con los ojos bien abiertos. Ya dentro siguen haciendo preguntas, sobre todo las chicas musulmanas que se interesan por las imágenes que ven, empezando por el crucifijo. La profesora les invita a echar una moneda en el lampadario y encender una lucecita “para tener suerte”, les dice. Nosotros les invitamos a hacer la oración que está escrita.
Un señor nos pregunta qué significa la palabra TIBIDABO. Luego nos dice que es cubano, ha estudiado de pequeño en un Colegio Salesiano y lee cada día la Bíblica tratando de cumplir lo que dice, aunque no es practicante. Intentamos ayudarle a que descubra el amor de Dios a través de los acontecimientos de la vida, que la Palabra ilumina. Sigue haciéndonos preguntas sobre el AT porque no entiende las luchas y guerras que narra. Al marchar, nos agradece el tiempo que le hemos dedicado.
La parroquia de San Félix de Sabadell hace la salida de final del curso de catequesis y vienen al Tibidabo como cada año. Escuchan la historia y suben a lo más alto del Templo. Luego van a pasar el resto del día al parque hasta las 19’- h. en que vuelven para celebrar la Eucaristía presidida por su rector.
Sobre las 22’h se presenta una madre con un hijo de 19 años que buscaba un sacerdote para hablar con él. El joven está metido en la droga y ella sabe que un sacerdote le podrá ayudar, con la sabiduría de Dios, a encaminarse hacia el bien. Mientras están dialogando, la madre se queda rezando en la capilla de la adoración. El joven se marcha contento con los santos evangelios que le regalamos y con la promesa de confesarse otro día.
Un señor entra con una vela encendida en la capilla de la adoración. Le decimos a su esposa que le acompañaba, que era mejor ir a los lampadarios. Ella nos explica que es su marido y le van a operar al día siguiente y por eso ha querido llevar una vela al Santísimo. Al cabo de un rato viene otro matrimonio que conocemos porque son adoradores nocturnos. La esposa, a la que también van a operar al día siguiente, lleva muletas, y quiere presentarse ante el Señor.
Un grupo de turistas israelitas nos visita, interesándose por la historia del Templo. Les extraña oír nombres conocidos de su tierra: “Valle Hebrón”, “Monte Carmelo”. El mismo guía nos recuerda que Jesús nació, vivió y murió como judío. Incluso nos da su interpretación del por qué los cristianos no empezamos a contar el año a partir del día del nacimiento de Jesús, el 24 de diciembre por la noche. Porque la vida, para ellos, se empieza a contar después de la circuncisión a los 8 días de nacer, que sería el día 1 de enero. Vimos cómo se sentían acogidos cosa que hace unos años no hubiera sido así.
Un grupo de jóvenes de la coral “GOSPEL” pasan unos días en la residencia del Templo ensayando sus cantos. Les organiza un AA.AA salesiano de Sarriá que al reunir y entusiasmar a estos jóvenes por el canto, se siente continuador de la obra de D. Bosco. Escuchan la historia con atención, sobresaliendo por su gran sensibilidad espiritual y capacidad de admiración, lo cual nos alegra, porque sabemos que ello es un camino serio para alcanzar a Dios, aunque no sean practicantes y no tengan una cultura cristiana. Una chica argentina, que vive en Barcelona, viene con un grupo de amigos a visitar el Templo. Nos dice que le gusta mucho la iglesia y que es su preferida. Al enterarse de la adoración perpetua durante 40 años se queda admirada. Un matrimonio que recibe la revista, nos escribe gozoso explicándonos cómo fue el nacimiento de su segunda hija. La madre no quiso ir a la clínica y tuvo la hija en casa asistida por dos comadronas para experimentar todo lo que supone el parto al natural. “La realidad es que una vez entras en el sufrimiento y lo aceptas, encuentras el sentido, simplemente el dolor pasa, y te encuentras tú (la madre), el bebé (a punto de nacer) y Dios. Y al final de todo, la recompensa de tener un ser vivo, hijo tuyo, en tus manos”. Acogemos con gozo la experiencia de esta madre que acaba diciéndonos. “La verdad es que el parto en casa ha sido una experiencia familiar, espiritual y positiva para nosotros; el dolor tiene sentido: la vida nueva”.
Una familia argentina con cinco hijos ya mayorcitos nos pide quedarse a rezar pasadas las 22’-h. En la cripta hay un absoluto silencio y una luz tenue ilumina la imagen central del Sgdo. Corazón. Ellos permanecen un buen rato quietos y recogidos. Después entran en la capilla de la adoración. Luego nos dicen que se habían enterado de esta iglesia por unos conocidos y es la primera vez que venían.
Un grupo de 40 filipinos viene de varias partes de América para hacen una convivencia de cinco días. Se llaman grupos de “Estudios espirituales continuos”, que profundizan la figura de Jesús y de la Virgen. Nos afirman que el Tibidabo es el sitio más encantador que han encontrado, mucho más que Roma y otros sitios a dónde han peregrinado. La mayoría no hablan castellano. Reciben muchas charlas y les oímos cantar mucho. Las noches que han estado haciendo turnos de vela ante el Santísimo Sacramento nos han impresionado. Las señoras se presentaban con sus vestidos de gala, blancos y rosa, e incluso algunos se descalzaban.
Un grupo de seis jóvenes entran en la cripta. Hablan en francés y se les ve contentos. Enseguida nos dicen que son musulmanes de Marruecos y que trabajan aquí. Empiezan la conversación afirmando que Dios es el mismo para todos. Nosotros les añadimos que los cristianos tenemos ventaja porque conocemos a Dios que se ha revelado en su Hijo Jesucristo como Padre, y nos ha dado la gracia para poder amar incluso a los enemigos. Ellos nos escuchan y les invitamos a subir en el ascensor porque no suelen tener dinero. La joven, que parece más espabilada, nos dice que le gusta ir conociendo cosas nuevas y está contenta porque es la primera vez que hablaba con un Padre católico.
Un grupo de fieles de Panamá nos visitan junto con su obispo. Están de paso hacia Roma para ir luego a Valencia al encuentro de las familias con el Papa. Vienen al Templo para conocer la obra de D. Bosco cuya devoción es muy popular en su país. Escuchan con emoción la historia y agradecen la estampa que les damos de la foto del santo en su venida a Barcelona, ahora hace 120 años.
Un joven de Venezuela está encantado de la cripta. Él no suele entrar en las iglesias, pero ésta es especial, siente como una “energía”. Es alumno de un colegio salesiano en su país y ahora está acompañando a unos familiares que han venido a verle a Barcelona. Nos dice que medita mucho, y que ve a la gente perdida, pero no sabe cómo ayudarles para que comprendan las cosas del espíritu. Antes de marchar nos pide una bendición.
Un matrimonio catalán que está en misión en Japón con 11 hijos, recibe la revista del Tibidabo. Hace 15 años que marcharon cuando sus hijos todavía eran pequeños. Ahora algunos han regresado para casarse. Uno de ellos, nos comunica que la familia sigue dando la vida por este país y actualmente viven un tiempo difícil para su misión.
Nos comunican que ha fallecido el esposo de una familia que recibe la revista y que llevaba muchos años alcohólico. La esposa lo cuidaba con cariño y le soportaba los malos modos, a pesar de que le aconsejaban que se separara. En el desenlace de su enfermedad el enfermo le dijo a la esposa que le agradecía lo bien que le trataba, señal de que sentía y reconocía el amor que recibía. Los hijos siempre han amado a su padre a pesar de su enfermedad porque veían el cariño con que la madre lo trataba. Los familiares han oído decir a la esposa, que ya no se acordaba de los sufrimientos y se sentía gozosa de haber cuidado siempre a su marido.
Pablo e Ingrid son un matrimonio joven que antes de casarse, hace dos años, se prepararon e hicieron la primera comunión. Ahora continúan viniendo a misa los sábados. Nos alegra verles integrados en la comunidad parroquial del Tibidabo.
Un grupo de hermanas salesianas de Sta. Dorotea sube al Tibidabo el último día de junio. Una de ellas nos comunica que cada día reza una preciosa oración al Sgdo. Corazón aprendida de su madre, y muchas veces contempla el Templo iluminado desde la terraza de su vivienda. Nos alegra saber que hay muchas personas que aman al Señor, aunque no puedan venir al Templo. Les invitamos a que suban regularmente cada mes como ya lo hace la Comunidad de hermanas de Montbau.
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