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INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO Año 5º- Mes de agosto de 2006
Nuestra primera oración de este mes queremos que sea por los cinco jóvenes que hicieron el primer campo de trabajo de “GUÍAS VOLUNTARIOS” del Templo. Con gran entusiasmo juvenil y alegría dedicaron su tiempo para estudiar la historia y el arte del Tibidabo, para luego lanzarse a acoger y acompañar a los visitantes. Vivieron con la Comunidad Salesiana y se intentó cultivar su interioridad y su vida espiritual necesaria para dar contenido a las palabras.
Durante el mes pasado varias corales inglesas subieron al Templo para hacer su concierto de fin de curso. Agradecemos su presencia que da realce a la belleza y al arte de la construcción
Una hermana religiosa salesiana sube acompañando a su sobrinito de 5 años. Viene a saludar a Jesús antes de ir al parque a pasar unas horas. La tía religiosa sabe que el pequeño es un milagro porque a los cuatro meses de vida le trasplantaron los pulmones con muy pocas esperanzas de curación, y con grande fe en el Corazón de Jesús. Ahora al ver la vida gozosa y alegre del niño, nos unimos a su familia que nos da un donativo.
Un joven de unos 26 años está trabajando y al mismo tiempo acabando su carrera. Participa con sus compañeros en las fiestas de final de curso, que al final suele acabar en la discoteca, con lo que ello supone. Este joven no entra porque no está a gusto con las conversaciones sin sentido y los deseos vanos; para él la vida es para hacer algo importante y no quiere gastarla con vanidades. Nos impresiona su sinceridad porque nos manifiesta la riqueza de un corazón joven.
Unas 20 personas devotas del Sgdo. Corazón de Artesa de Segre nos visitan como cada año. Contentas escuchan la historia de D. Bosco, que siempre es nueva, y suben a lo más alto del Templo en donde rezan y mandan un mensaje al pueblo catalán. Luego participan con mucha devoción en la Eucaristía. Agradecen las estampas con oraciones y nos entregan un donativo.
Un señor se presenta en el turno de adoración nocturna del 2º martes diciendo si puede participar en la Eucaristía de media noche, porque al día siguiente tiene que coger temprano el avión para América. Al marchar, le decimos que le quedan pocas horas de sueño. Él nos contesta que “la Eucaristía vale mucho más que el sueño”.
Un seminarista de Seúl vienen con dos compañeros suyos. Se presenta enseguida y nos enseña la camiseta “Universidad Sagrados Corazones”. Él es cristiano desde hace 5 años y se percibe su entusiasmo por Jesucristo. Es el reportero del Centro, donde son 30 seminaristas, lo cual se nota, porque no para de hacer fotografías. Nos entendemos con él con un inglés rudimentario.
Un joven nos dice que es italiano y nos pide una bendición porque va a emprender el camino de Santiago. Contentos se la damos para que el Señor le proteja en el camino y pueda encontrarse con él en su peregrinar.
Los miembros de una familia se confiesan uno tras otro. Al verlo un joven francés, se para ante el confesionario. Al preguntarle si se quería confesar, nos dice que no lo hace desde hace mucho tiempo. Es cristiano de l’Ille, reza, va bastante a misa, pero los sacerdotes no le hablan de este sacramento. Le hacemos una pequeña catequesis y dice que intentará confesarse en su parroquia.
Un grupo de niños y niñas de un casal, entra en la cripta. Mientras el guía les explica , una de las pequeñas me pregunta “¿qué es eso?” señalando el confesionario, ¿Es eso para contar las cosas tímidas que no dirías a nadie?. Nos encanta la concepción infantil del sacramento de la Reconciliación.
Un joven de unos 25 años se pasea por la cripta y entra en la capilla de la adoración. Al salir, nos dice que trabajaba en el parque pero no le han renovado el contrato y ahora está parado; le gusta leer mucho y se lleva muchas hojas de espiritualidad que recoge en la cripta; suele venir una vez al mes porque tiene necesidad de rezar. Le presentamos la posibilidad de apuntarse para hacer de guía voluntario.
Un grupo de jóvenes, la mitad minusválidos, vienen a pasar una semana en la Residencia. Son de una organización de Bélgica. Cada mañana se desplazan a la ciudad con su minibús adaptado a las sillas de ruedas. Impresionaba ver cómo se arreglaban. Uno sin brazos manejaba su silla con las piernas.
No son raros los inmigrantes que vienen al Templo y quieren hablar con un sacerdote. Su problema es su terrible soledad en que viven porque han dejado mujer e hijos en su país y después de varios meses se encuentran casi desesperados. Sus convicciones cristianas les ayudan a mantenerse fieles a sus esposas, y sufren por sus hijos. Les escuchamos, haciéndoles ver la importancia de su vida y de su familia para el Señor, y les orientamos con la Palabra de Dios para poder discernir sobre las decisiones a tomar. También les indicamos las comunidades cristianas que existen en las parroquias en donde puedan ser acogidos, valorados y fortalecidos en su vida espiritual.
Una pareja que no nos entiende bien porque son ingleses, entra en la capilla de la adoración cuando se está celebrando la plegaria de la tarde. Luego en la Eucaristía se ponen en el primer banco. Al preguntarles, nos dicen que no son católicos, pero quieren conocer lo que nosotros hacemos, y nos piden si pueden quedarse. Están toda la celebración, que con los cantos y el órgano siempre queda hermosa. Al final como recuerdo les regalamos un librito con frases evangélicas en inglés. Se marchan contentos.
Una señora apenas ve la capilla de la adoración entra a rezar. Luego sale y vuelve con su hija que no quiere entrar. Al comunicarles que aquí se rezaba sin parar día y noche desde hacía 40 años, la madre nos dice con orgullo, que también en su pueblo de Ponferrada de León hay adoración nocturna todos los días desde hace 100 años.
Una devota de Mª Auxiliadora de Ciudadela nos escribe enviando un donativo: “quiere agradecer a la Virgen un gran favor que les ha hecho: devolviendo la salud a una nietecita suya de 18 meses que ha pasado casi dos en el hospital de San Juan de Dios, en Barcelona, con una enfermedad muy grave que se llama “Aplaxia medular”. Los médicos no les daban ninguna esperanza cuando la pequeña se quedó prácticamente sin plaquetas en la sangre. Amigos y médicos nos decían que nos hiciéramos la idea de que la niña se moriría. Pero tanta y tanta gente rezó por ella que incluso sus padres decían: “nos llegan las energías positivas de tantas oraciones”. Milagrosamente y sin medicinas, se fue recuperando y ahora está perfectamente y con una energía increíble. Los que tenemos fe, sabemos que Dios escuchó las oraciones y lo que hizo fue enviarnos una prueba más, para reforzar nuestra confianza en Él y demostrarnos una vez más su amor. Por todo ello le da gracias.
Un grupo de excombatientes de la “División Azul”, viene como cada año, a celebrar la Eucaristía por sus difuntos. Muchos ya son mayores y con experiencias imborrables en sus corazones, y quieren confiar sus vidas en las manos del Señor.
Un joven aparece cada día durante una semana, en la misa de las 8 de la mañana. Siempre estaba muy callado. Al final nos relacionamos con él, nos dice que es francés, está casado, tiene un hijo, y está pasando unos días de vacaciones con sus familiares en Vallvidriera. Nos impresiona su fervor aunque no entienda el castellano.
Una señora va pasando por todos los lampadarios de la iglesia y encendiendo una vela en cada uno. Al manifestarle nuestra extrañeza, nos dice que preguntemos a la señora que está sentada en el último banco a la que se le acaba de morir su esposo. “Hemos venido aquí a unirnos a la Obra Expiatoria del Tibidabo”.
Un grupo de unos 20 jóvenes nos piden entrar para hacer adoración en la capilla del Santísimo. Están haciendo un campo de trabajo en la ciudad ayudando en los hospitales y el Cottolengo. Provienen de diversos pueblos de España, residen en el colegio de los Sagrados Corazones y un sacerdote les atiende espiritualmente. Se nota entre ellos una relación sana y alegre. “Todos tenemos fe” nos dice una joven, como queriéndonos explicar de dónde les venía la calidad de su relación. Conectamos fácilmente con ellos.
Pasada la medianoche se oyen gritos en las escalinatas de la Cripta. El sacerdote del turno sale para ver lo que pasa porque están molestando a los adoradores. Se encuentra con una docena de jóvenes que aceptan el aviso, y alguno insinúa si podrían subir. Al ver su buena disposición les decimos que se esperen hasta la una y media al acabar la misa y quizá les podremos atender. A la hora señalada todavía estaban esperando. Después de darles los avisos pertinentes les llevamos a ver la vista panorámica nocturna de la ciudad. Se comportan muy bien y quedan encantados. Alguno era antiguo alumno del colegio salesiano de Horta. Al bajar una muchacha nos repite varias veces que quería “oír el silencio” y la complacimos llevándolos dentro de la basílica a oscuras durante diez minutos.
“Encontré el amor de mi vida, lo he abrazado y no lo dejaré jamás” nos escribe una joven que el 26 de agosto toma el hábito de la congregación de “Las Hermanitas del Cordero” junto con otros tres postulantes de la Comunidad de Sant Pierre en Francia.
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