INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO 

Año 5º- Mes de septiembre de 2006

 

 Hemos visto a niños y jóvenes que inician su nuevo curso escolar. D. Bosco decía a sus muchachos que la inteligencia y las cualidades que el Señor nos ha regalado son para emplearlas y desarrollarlas, de lo contrario hacemos un desprecio al Creador que nos las ha dado.

 

Una señora devota del Corazón de Jesús que va a pasar unos meses a su pueblo, nos pide oraciones por un seminarista que tienen y que no acaba de decidirse a ordenarse. Nos dice que cuando se ordena un sacerdote ponen una bandera blanca en lo alto de la torre del campanario en donde permanece hasta que se estropea por el viento y las inclemencia del tiempo, signo claro de lo que tiene que ser su vida..

 

Nos visita un grupo de jóvenes acompañados por dos salesianos que están de regreso de Taizé. Son de un Centro Juvenil de Sevilla que tienen clara su misión de educar a los jóvenes en una profunda espiritualidad. Escuchan con gozo la historia de D. Bosco en Barcelona y del Templo. Al llegar a la terraza superior nos invitan con sencillez a rezar el ángelus ante la espectacular vista de la macro ciudad, hermosa y problemática a un tiempo.

 

El ascensorista del Templo nos comenta algunas frases de admiración que oye de las personas que contemplan desde arriba la ciudad y el paisaje. No entienden cómo no haya más información en Barcelona de este lugar privilegiado.

 

Una pareja con un hijo pequeño están un buen rato rezando en la capilla del Santísimo. Luego el marido nos pregunta qué tiene que hacer para ser adorador nocturno. Le explicamos en qué consiste y le mandamos a la recepción para que le informen de los turnos.

 

Dos jóvenes con facciones indias se pasean muy recogidos por la cripta. Después de la oración de la tarde se nos presentan hablando en inglés y algo en castellano, y nos ofrecen un donativo para el Templo. Al ver la cantidad nos hace pensar, porque sabemos que desprenderse de dinero es signo de que se tiene un valor más grande dentro de sí. Al ofrecerles unas velas las aceptan, y al encenderlas se quitan los zapatos para hacer oración. Impresiona ver jóvenes que viven su fe con autenticidad.

 

Una joven nos pregunta sobre el significado de la nave y la tempestad que ve en los mosaicos. Nos escucha con atención. Al poco rato nos damos cuenta que no sabe qué es el Santísimo y no está bautizada. Nos animamos a hacerle una pequeña catequesis de iniciación sobre Jesús. Ella y el chico que la acompañaba nos escuchan con los ojos bien abiertos durante más de media hora. Quedamos impresionados por la sed de verdad que nos manifiestan. Nos aceptan un libro de los Evangelios.

 

Un grupo de jovencitas musulmanas de unos 15 años, se pasean con su “chador” por la cripta. El espectáculo no es habitual. Descubrimos entre ellas a una mayor que debía ser una madre que las acompañaba. Se las veía alegres como a cualquier adolescente. Una nos pregunta sobre las lucecitas del lampadario. Le contestamos que sirve para rezar y leemos juntos la oración en inglés que habla de la familia, de las alegrías y penas que se presentan a Dios. Otra se extraña de la capilla de la adoración, ¿qué diferencia hay en rezar aquí dentro? Hacemos lo posible para explicarle que Jesús se quedó con nosotros y está aquí. La siguiente pregunta no la entendemos hasta que nos lleva ante la pila bautismal. Aquí tenemos más apuros para explicarles que es el agua bendita que se echa sobre la cabeza de los que quieren ser cristianos. ¿Nosotras lo podemos hacer? El desparpajo de las jóvenes ante lo que ven nos hace reflexionar sobre la importancia de los signos para toda evangelización.

 

En la entrada de la cripta dos niñas pequeñas juegan con el agua bendita, nos dice una guía voluntaria. Me acerco a ellas, les pregunto su nombre y les enseño para qué sirve el agua y cómo se hace la señal de la cruz; luego lo hacen ellas una después de otra, lo cual me dio una gran alegría, aunque me entristeció al no ver a sus padres, que no entraron.

 

Una pareja está mirando mucho el confesionario y les insinuamos si piensan en confesarse.

El joven nos dice que es judío y que no puede hacerlo. Luego nos explica que estuvo en la guerra del Líbano en 1982 al mismo tiempo que nos enseña unas grandes cicatrices en el cuello y en el brazo. Ahora espera un hijo y está contento porque para los judíos es un gran don de Dios tener descendencia.

 

Al salir de misa, una joven nos dice que el día 18 de sept. va a profesar como religiosa de la congregación de “La pureza de María” que está en Sant Cugat y se dedica a la educación de la juventud. Se ha preparado con un año de postulantado y dos de noviciado, y ahora quiere darle su vida al Señor sirviendo a los jóvenes en donde la envíen.

 

Una familia argentina, con tres pequeños que corretean por la iglesia, nos pide para bautizarlos. Les hacemos ver la importancia de lo que están pidiendo porque este sacramento les introducirá en la Comunidad Cristiana de la Iglesia y la fe católica. Les recomendamos que busquen la iglesia más cercana del lugar en donde viven y vayan a hablar con el párroco que les ayudará a hacerlo bien. Al decirnos que viven en el Valle Hebrón les damos el teléfono de la parroquia.

 

Una señora quiere hablar con el sacerdote después de la misa porque no está de acuerdo con lo que ha dicho: “que tengamos que ofrecer nuestros sufrimientos al Señor”. En todo caso, nos dice ella, se ofrecen las alegrías, incluso- prosigue- en las iglesias se tendrían que cambiar los crucifijos por Cristos resucitados. Nos enseña una frase de un libro que ponía algo parecido. Le decimos que el crucifijo es la señal más clara del amor que Dios nos tiene entregando a su Hijo por nosotros y la Eucaristía es la manera que Jesús ha encontrado para que los hombres de todas las generaciones pudiéramos estar presentes en este sacrificio de la cruz. Naturalmente no se quedó convencida y continuamos el diálogo. El sacerdote intenta llegar al terreno de la experiencia del sufrimiento que no aceptamos, ni entendemos, ni queremos, y que precisamente el poder entrar en él como Jesús en la cruz, es el signo de que estoy resucitado.

 

Un grupo de familias con algunos niños, la mayoría mujeres con rasgos indios, están en la cripta haciendo fotografías. Al cabo de un rato uno de ellos se presenta en la recepción por si alguien les quería explicar la historia y él iría traduciendo. Se sientan. En un momento de la explicación les preguntamos sin son católicos y nos contestan que son musulmanes. Aunque intentamos resumir un poco la historia, con todo nos hizo pensar el interés que demostraron por lo que estaban viendo.

 

Un joven minusválido llama al timbre para confesarse. En lugar del confesionario lo hacemos en un banco. Es italiano y está haciendo un mes de voluntariado en Barcelona. Sabe varias lenguas porque era estudiante universitario cuando se quedó en coma de donde salió afectado en el habla y las piernas. Le acompañan dos voluntarias que en todo momento lo vigilan pero desde una cierta distancia. El joven nos llega a decir que da muchas gracias a Dios cada día por la vida que tiene.

 

Una pareja se presenta en la sacristía diciendo que hace un año se casaron y quieren volver a casarse. El sacerdote les contesta ¿cómo, no salió bien la primera boda? Sí, sí, pero nos queremos tanto que deseamos repetir. Entonces, lo que queréis es dar gracias. Nos alegran estos encuentros viendo a matrimonios felices.

 

Una familia con cinco hijos nos pregunta por qué la Virgen de Montserrat es negra. Se lo explicamos, continuando después con la historia del Templo. Nos dicen que viven en Madrid aunque son cubanos. Hacía 11 años que el gobierno los expulsó de la isla porque su marido ayudaba al Sr. Obispo.

 

Una monja ya mayor entra con una señora en la cripta. Cuando ve al sacerdote, enseguida se dirige hacia él como si fuera conocido de siempre. Le explica que es de Colombia de la congregación de “La Providencia” y al cumplir 50 años de profesión religiosa le han dejado viajar a Barcelona en donde vive su hermana. Al intentar contarle la historia del Templo nos quedamos a la mitad porque empieza a hablarnos de los salesianos y las salesianas que conoce muy bien. Nos pide que recemos por ella y por su perseverancia. Al despedirse del sacerdote le da dos besos.

 

Dos religiosos Josefinos (del P. Murialdo) nos visitan. Nos dicen que tienen cinco comunidades religiosas en España y que conocen muchas cosas de D. Bosco. Nos alegra este encuentro que nos conecta con la vida del fundador de los Salesianos.

 

Un grupo de griegos vienen en peregrinación como cada año. Les acompañan dos sacerdotes de rito ortodoxo católicos que quieren concelebrar con un sacerdote del Templo. En la Eucaristía se van combinando las dos lenguas y con momentos de traducción simultánea. Abundaron los cantos y la participación de los 50 peregrinos fue muy fervorosa.. Luego suben contentos a la imagen y comen en el jardín de Domingo Savio.

 

Un chico y una chica entran como asustados en la cripta. Al preguntarles por sus padres, nos dicen que vienen con los educadores. Con ello comprendemos que son de un grupo de reinserción social. Al cabo de un rato entra una educadora con cinco más. Uno nos pregunta para qué servia el lampadario y se lo explicamos encendiendo una vela y dejando que leyera la oración. Contentos suben luego al pie de la imagen. Al final de la visita nos atrevimos a ofrecerles una estampa del Tibidabo dándosela a escoger. Algunos de ellos escogieron la imagen del Sgdo. Corazón y la de Cristo.

 

Un sacerdote de Francia junto con un seminarista nos visitan. Son de un seminario de una congregación. Después de rezar en la capilla pasan la mañana contentos y admirados de lo que ven. El sacerdote capta enseguida el espíritu del templo y lo relaciones con Montmartre de París, que ellos también valoran mucho. Por la tarde vuelven y el sacerdote concelebra en la misa de las 17 h.

 

Nos visitan dos jóvenes israelíes acompañados por una familia de Sabadell. Además de su lengua saben inglés e italiano y nos entendemos bien. Asisten a la celebración litúrgica de la tarde y se interesan por la historia del Templo. Conocen varias casas de salesianos en Israel. Nos dicen que son catequistas del camino neocatecumenal en el Líbano en donde hay 18 comunidades.

 

“Esto me pasa montones de veces” nos dice bien convencida la Sra. Emilia que viene muchos días a la adoración. Se presenta una necesidad de ir a visitar a una enferma el día que le toca adoración, y resulta que encuentra una persona que puede sustituirla.

 

Un joven con una camisera sin mangas y lleno de tatuajes por todo el cuerpo, entra rápido en la cripta. Cuando lo queremos parar ya está dentro en la capilla de la adoración. Al ir a llamarle la atención nos paramos enseguida porque está arrodillado y rezando con fervor delante del Santísimo. No podemos hacer más que quedarnos a rezar a su lado.