INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO 

Año 6º- Mes de enero de 2007

 

“Ábrele el corazón a Jesús y te lo llenará de amor”. Estas palabras las pudimos leer en una felicitación de Navidad, que un ciego, que acostumbra a venir al Templo, llevaba colgada al cuello con una cinta. Con gozo se las enseñaba a todos deseándoles, ya una semana antes, unas felices fiestas de Navidad. Nos decía que se enteró que una profesora había tirado a la basura un pequeño belén que llevaba un niño en la mano. Pues “que me tiren a mí a la basura si quieren”.

 

Unos veinte muchachos de un colegio religioso nos visitan acompañados de un sacerdote y una profesora. Nos dicen que son monaguillos y que hacen un día de excursión como premio a su servicio desinteresado. Escuchan con atención la historia de D. Bosco, que tantas veces salía con sus chicos de excursión, rezan, visitan los museos, y juegan.

 

Un señor con cabellos blancos se nos presenta diciendo que conoce a los salesianos, estudió de pequeño en Carabanchel y más tarde tuvo que dejar el camino al sacerdocio. Le recordamos la historia de D. Bosco y el Tibidabo. Al invitarle a rezar nos dice que él ya no cree. Aprovechamos para recordarle el mensaje cristiano que nos proyecta a la eternidad, y que sin ella la vida pierde el sentido… Al final nos dice que sí, que “algo tiene que haber”.

 

Una señora acompañada por una joven nos pregunta a quién tiene que dirigir sus oraciones para que se le cure una enfermedad. Por el acento parece una emigrante del Este. Aprovechamos para hacerle una pequeña catequesis ya que el ser cristiano significa no solo acudir a Dios para buscar soluciones a los problemas, sino entrar en sus planes, que pueden suponer incluso un sufrimiento o una enfermedad para que brille nuestra fe ante los demás. Al final, entran en la capilla de la adoración.

 

Un médico adorador nocturno que asistió a una manifestación pro-vida frente al Hospital en donde trabaja, nos contaba llorando, que los médicos compañeros suyos están haciendo monstruosidades con los embriones humanos sin que nadie sepa nada.

 

Una adoradora nos explica el parto de su 7º hijo. Estando ya en el quirófano le dijeron que su vida estaba en peligro porque tenía los síntomas de que durante el parto se le disparara la presión a más de 200 y se quedará allí mismo. Ella pide que llamen al marido pero no se lo consienten (como si él no tuviese derecho a influir en la decisión de la madre). Al preguntar por el pequeño que esperaba le dijeron que estaba bien, pero que ella se jugaba la vida en el parto. La madre se pone en manos de Dios que es el amo de toda vida y se decide por el parto. El hijo nace bien, sin problemas. Más adelante sus hijos le comentan a la madre que si hubiera regresado a casa sin el pequeño, la vida de toda la familia no hubiera sido la misma desde entonces.

 

Una profesora de P.5, que nos visita a menudo, nos explica su experiencia de la preparación a la Navidad con los alumnos de su clase de un colegio estatal de Sabadell. Entre todos los chicos y chicas hicieron un belén en el aula, aprendieron villancicos y cantaron ante los padres en un pequeño festival. Nos afirmaba que no tuvo ningún problema con los alumnos musulmanes que fueron los que más bien se lo pasaron montando y colocando las figuritas del belén, ni con los padres que vinieron el día de la fiesta.

 

Dentro del ascensor estamos dando unos corazones de papel seda con mensajes para que unos jóvenes los lanzaran desde arriba del todo. Al verlo una señora también quiere uno y le toca “paciencia”. Al llegar arriba, la mujer nos pregunta cómo sabíamos que necesitaba paciencia… al mismo tiempo que señalaba a su hijo deficiente que su marido tenía cogido de la mano. Le contestamos escuetamente que el Señor la quería.

 

Cuatro mujeres  están en la Cripta escuchando la historia. Una de ella nos dice que son de Albacete y su marido es costalero del paso del Santo Cristo de las Misericordias y María Santísima de los Dolores de Tarazona de la Mancha. Nos ponderan su hermosura, y hasta nos dan una estampa para que la veamos .

 

El 2º domingo de diciembre celebramos en nuestro Templo el día del Perú. Fue una fiesta muy simpática en la que asistieron unas 200 personas inmigrantes de este país junto con el cónsul. Desayunaron con una chocolatada, se cantaron cantos populares, y al mediodía se celebró la misa solemne presidida por el Sr. Obispo Mons. Godayol que trabajó mucho tiempo en le Perú. 

 

Dos guías voluntarios del Templo explican la historia a unas chicas jóvenes que están en la cripta,  y luego las suben a las terrazas. Una de ellas era del Ecuador, a otra de Venezuela, y dos  de Méjico, que están en Barcelona haciendo un “master” de seis meses sobre relaciones sociales.

 

Después de la misa del gallo pasamos a compartir unos turrones y la alegría de la fiesta. Al cabo de un rato tres matrimonios nos dicen que tienen que marcharse porque sus hijos les esperan. Ya saben que los padres van a la misa y luego vuelven para continuar la fiesta con ellos. Nos dicen que los hijos ya no van a la iglesia, pero esperan que cuando tengan familia irán recapacitando.

 

Un señor nos visita con su familia nos pregunta sobre el significado de la Virgen y las naves que se ven en el mosaico. Al decirle que nos recuerda la batalla de Lepanto, se identifica como un militar de la armada de Rumanía y conoce bien esta historia. La patrona de su armada se celebra en la fiesta de la Virgen del 15 de agosto.  

 

Nos visita el P. Provincial de Barcelona con el provincial de Assam (India) y otro sacerdote. Contemplan con gozo este lugar que San Juan Bosco había profetizado y rezan en la capilla de la adoración perpetua.

 

Un padre con dos hijos de unos 8 y 10 años se presenta. El papá nos dice que se había casado aquí, y ahora, mientras la mamá está de compras, han aprovechado para subir a Templo. Les consideramos de casa y les acompañamos en su visita. Antes de marchar les regalamos al chico mayor, que quiere ser geólogo, unas piedras numulíticas con las que se ha construido el Templo.