INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO 

Año 6º- Mes de mayo de 2007

 

“La fe en Cristo rompe los muros”, palabras de Benedicto XVI que nos dejaron escritas en un sobre lleno de monedas que habían recogido entre ellos, un grupo de jóvenes italianos a los que explicamos la historia y subimos en el ascensor. Seguían diciendo: ”Qué hermoso es sentirse acogidos incluso de quien te ve por primera vez”. Como tantas veces nos sorprende la espontaneidad y sinceridad de los jóvenes.

 

Una viejecita sube con el ascensor mientras nos dice que ha mirado todas las columnas de la cripta y ahora quiere ver las de la basílica. Está buscando el nombre de su abuelo que sabe está escrito en una de ellas. Al bajar, nos dice que lo ha encontrado. Se trataba del Sr. José Mondó.

 

Una adoradora nocturna del 4º martes llega tarde al turno. Nos explica que se presentó tarde al punto de salida de Cornellá y el grupo ya había salido. ¿Qué hacer? Se preguntó. Al mirar al suelo ve un monedero que contenía 50 euros. Ya está, el Señor me paga el taxi. Al decirle al taxista que la llevara al Tibidabo se creía que era al Hotel. “No, no, a la iglesia porque voy a rezar toda la noche”. Y continuó explicando lo que se hacía en la adoración nocturna. El taxista que se había pensado que la señora iba de juerga se quedó sin saber qué decir.

 

Me parece que estoy perdiendo la fe”, nos dice un joven de bachillerato que de pequeño había sido monaguillo. Le reflexionamos que si todo el día le llegan mensajes paganos y ve actitudes mundanas, es normal que se le metan dentro; y más si no reza y no tienen contacto con la Palabra de Dios, ni los sacramentos. En cierta manera cada uno somos lo que comemos.

 

Un grupo de 40 jóvenes, sólo chicos, entra en la cripta y se sientan tranquilos. Son de un Instituto Católico de Irlanda, está con ellos un sacerdote, y vienen a hacer oración. Una guía voluntaria del Templo les explica en inglés la Historia y les acompaña en la visita. Nos alegran estas “conexiones” con grupos católicos de otros países porque nos sentimos hermanados y miembros de la gran familia de la Iglesia.

 

Un adorador nocturno del turno del 1r martes, ya mayor, viene desde Rosas (Gerona) cada mes y nos dice que vale la pena. Hace 30 años que es adorador y ha recibido un montón de gracias del Señor. Tiene seis hijos que muchas veces le presentan intenciones para que rece por ellos.

 

 Una familia nos comunica muy preocupada que su hija mayor se ha hecho budista en un viaje que hizo a Menorca. Le dice a su madre que recibe aquí lo que no ha encontrado en la Iglesia. Los dirigentes la están como persiguiendo para que no deje de ir a las “sesiones”.

 

Una pareja está ante la imagen de la Virgen del Carmen y nos preguntan quién es. Se lo explicamos dándoles la interpretación de las llamas del purgatorio como una  última posibilidad extrema que el amor del Señor nos da para poder entrar en el cielo, pudiendo ser ayudados por los que están vivos. Ante la imagen de S. José nos hacen más preguntas. Al final nos dicen que son musulmanes, pero no practican. La chica había leído la Biblia a escondidas de sus padres y está interesada por las cosas religiosas. Ella misma nos asegura que en su barrio hay muchas chicas  que se han hecho cristianas aunque no pueden decirlo en casa. Nos admiramos de su sinceridad e interés, les hablamos insistentemente del amor de Dios como Padre, y nos aceptan la vida de San Francisco de Asís grabada en una cinta y que la chica nos asegura que escuchará con sus auriculares.

 

Tres personas nos dicen que son budistas y nos piden subir a la imagen del corazón de Jesús de noche. Al mismo tiempo que les complacemos les hablamos del Templo, de la adoración perpetua y de Jesucristo. Ellos nos hablan de purificación, de su amor a la naturaleza, de sus horas de concentración… En un cierto momento una chica nos pregunta qué es la “trascendencia” de la que les hablamos. Al final nos regalan un bote de leche vegetal de la que ellos consumen.

 

Dos jóvenes católicos maronitas, uno de ellos árabe del Líbano, se interesan por el Templo, escuchan, preguntan, y gozan de estar bajo la hermosura de la iglesia. Nos sentimos contentos de compartir la misma fe durante un buen rato. Conocen a los salesianos porque han sido de un grupo de “scouts”.

 

Un colegio salesiano de Treviso (Italia) nos visita. Quieren escuchar la historia de D. Bosco. Luego les subimos hasta lo más alto y se quedan a comer en el jardín de Domingo. Savio. Los salesianos nos comunican que han juntado dos provincias y no les resulta fácil la reorganización. Tienen siete novicios y un prenovicio.

 

Un joven entra en la cripta cuando se estaba cerrando. Le dejamos dentro para que disfrute. Al cabo de un rato nos dice que es emigrante polaco, que en su país practicaba pero aquí el mundo le ha podido y se encuentra muy mal. Luego se confiesa con mucho fervor después de muchos años que no lo hacía. Al final le damos unos evangelios para que no pierda el contacto con la Palabra de Dios que siempre nos conforta y fortalece.

 

Una familia italiana con cuatro hijos y dos amigos entran a rezar en la capilla del Santísimo. Luego al invitarles a conocer el Templo nos dicen contentos que hacía 40 años sus padres vinieron al Tibidabo en su viaje de bodas y por eso ellos querían ver esta iglesia y dar gracias al Señor.

 

Una chica de la pareja a la que el sacerdote intenta explicar la historia, nos dice por qué el Vaticano no da el dinero que tiene a los pobres, y las persecuciones de la Inquisición… Luego otra pareja que lo oía se añade diciendo que todas las espiritualidades son iguales… Ante el desconcierto de ideas, les presentamos la experiencia de un Dios que ayuda, ama, perdona, y nos quiere como somos, dándonos todo lo que tenemos y por la muerte y resurrección de Jesucristo nos arranca del mal. Dios no nos crea para destruirnos sino para que estemos a su lado por toda la eternidad. Al cabo de un rato notamos cómo la cara de la joven se ilumina, dejamos la discusión y juntos subimos a los pies de la imagen del Corazón de Jesús.

 

Un presbítero del camino neocatecumenal, responsable de la evangelización de Galicia de casi 40 comunidades, nos visita como cada año que viene a Barcelona. Se le ve notablemente cansado. Después de la Eucaristía, que concelebra con nosotros, le pedimos que nos diga unas palabras sobre su trabajo de evangelización. Nos manifiesta que está preocupado por el secularismo que afecta mucho a las personas y comunidades, y les resulta muy difícil vivir en cristiano.

 

Un grupo de ciegos de Italia suben al Templo. Al cabo de un rato entran con dos perros guías. Al principio no sabemos a qué atenernos, pero ellos nos aseguran que no van a ensuciar nada. Permanecen una hora sentados envueltos por la serenidad de la iglesia. Al explicarles algo de la historia de D. Bosco nos dicen que conocen a los salesianos. El trato con ellos, con sus gestos lentos, cogiéndose unos a otros y con sus largos bastones para desplazarse, nos interroga a los que siempre nos falta tiempo.

 

“Lo que se hace sin esperar recompensa, a la larga produce sus frutos” nos dice una adoradora que hacía tiempo no podía venir porque atendía a una hermana enferma, y eso que anhelaba mucho los ratos ante el Señor sacramentado.

 

Hacia el caer de la tarde, un joven nos pide subir con la chica con quien sale, a los pies de la imagen del Sgdo. Corazón para pedirle la mano. Aunque nos parece muy romántico, vemos detrás un signo de confianza en el Señor. Al bajar les felicitamos.

 

Un señor entra decidido en la capilla de la adoración. Al salir nos enseña la colección de medallas que lleva al cuello junto con el crucifijo. Nos dice que ha subido caminando y que está muy agradecido al Señor porque era alcohólico, y hace ya 10 años que no prueba el alcohol.

 

Una familia llama al presbítero para que le bendiga la casa, que después de muchos años de trabajo, una familia ha podido construir en Vallvidriera. Están reunidos la abuela los padres, hijos y dos nietecillos. Se hace una celebración de la Palabra siguiendo el “Bendicional”. El pequeño hace de monaguillo, el yerno lee una lectura y la madre hace las plegarias. Resulta una celebración familiar muy simpática y emotiva.