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INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO Año 6º- Mes de septiembre de 2007
Una familia que tiene cinco hijos, viene a pasar el domingo en el Tibidabo. Necesitan serenarse, rezar y descubrir los planes del Señor Jesús. El esposo hacia pocos días que había tenido que ir a Tailandia para buscar a su hijo que estaba en la cárcel por problemas de droga. y no parece que quiera mejorarse.
Dos jóvenes están en la cripta. Uno de ellos, que acaba de asistir a misa, nos dice que ha rezado por Antonio Puerta, el jugador del Sevilla de 22 años que hacía poco acababa de morir. El joven estaba afectado y se preguntaba el por qué Dios siempre se lleva a los buenos y en cambio los malos se quedan. Él vive en Barcelona y se pasó dos horas buscando en las guías telefónicas una iglesia en donde se celebrara por la tarde en castellano. Al final le sugirieron el Tibidabo. Se presenta, encarga la intención de la misa por el futbolista y reza fervorosamente. El otro joven venía de Madrid y le acompañaba porque al día siguiente tenían que ir a Mónaco al partido del Sevilla contra el Milán.
Una niña pequeña acompañada de su abuela se presenta al sacerdote para entregarle un sobre grande con tres cartas dentro: una para Dios, otra para Jesús y otra para la Virgen María. La chica está empezando a escribir y la abuela le hace de catequista. También antes de ir a acostarse reza y así “nunca tiene pesadillas”.
Una señora nos pide que le bendigamos una cruz que lleva colgada al cuello. Está preocupada porque ha tenido dos embarazos en los que el feto se ha muerto antes de nacer, y el último de ocho meses. La consolamos, le preguntamos si les ha puesto nombre y nos dice que sí; la invitamos a rezar ante el Santísimo y a que se ponga en manos del Señor. Así lo hace.
Un joven se presenta con un llavero algo extraño pidiendo al sacerdote que se lo bendiga para hacer un regalo a una joven que lo está pasando mal. -Si es un amuleto no te lo puedo bendecir ni se regalan porque es engañar a la persona y crea esclavitud. -“Al menos la chica creerá en algo” –Pero, no se trata de eso sino de creer en Jesucristo. El diálogo-discusión se prolonga y al final le proponemos que le dé a la chica una estampa de Jesús, al mismo tiempo que le habla del amor que le tiene ya que ha dado su vida por ella. Nos interrogamos ante este joven que se decía cristiano porque “había tenido experiencias”, pero no conocía el mensaje de Jesucristo.
Una madre sale de la capilla de la Adoración con su bebé en brazos porque estaba llorando. En la sacristía podemos ver al pequeño de apenas un mes con los ojos bien abiertos y estirando sus diminutos brazos. La mamá, que se estrena con el bebé, nos dice que está aprendiendo a tratarlo. Por la noche no para de llorar y los padres van cansadísimos, pero se sienten pagados al recibir las sonrisas del pequeño. Han subido al Tibidabo a rezar, a confesarse, y a pedir fuerzas al Señor para cumplir con su misión de padres.
Un grupo de adolescentes ha pasado unas semanas en la entrada del Templo vendiendo collares y pendientes que se han hecho para pagarse el viaje a Italia al encuentro con el Papa en Loreto. Una de ellas, nos pide con insistencia que recemos por los jóvenes de su parroquia que se están drogando. Ella siente compasión porque les ve sufrir y también a sus familiares.
Un salesiano de Madrid viene a pasar el mes de agosto con la comunidad del Tibidabo para ayudarnos. Se pasa horas en la cripta rezando, colaborando en las misas y explicando la historia del Templo a los visitantes, con la ventaja de que sabe varias lenguas. Le agradecemos su presencia sencilla entre nosotros.
Seis jovencitas preadolescentes pasan delante del confesionario cuando un joven se está confesando. Al cabo de un rato se presentan al sacerdote y una le dice que desea confesarse aunque no lo ha hecho nunca. Está bautizada pero no hizo la primera comunión. La animamos y le presentamos el amor de Dios que se manifiesta en la vida y en la familia. La chica reacciona enseguida diciéndonos que su padre no la quiere. Le aseguramos que como todo padre tendría sus problemas y sus momentos buenos y otros malos, y muchas veces el mal nos atrapa. Le invitamos a dar gracias a Dios cada noche por todo lo que tiene y a rezar por su padre. Luego nos preguntan sobre el sexo si era bueno o malo. Todo lo que Dios ha hecho es bueno pero lo podemos usar mal… Al final sale la clave del porqué de esta conversación con el sacerdote en la cripta llena de turistas: una compañera suya había fallecido hacía una semana y algo en su interior se le había removido.
Un salesiano de Horta sube a rezar con gran gozo espiritual a la capilla de la Adoración como cada primer viernes de mes. Después hace una vuelta por la cripta admirando la belleza. Este último mes coincidió que había un grupo de peregrinos polacos celebrando una Eucaristía y esto colmó su devoción.
Un grupo de familias está visitando la cripta y no es fácil evitar que hablen fuerte. Al cabo de un rato todos se reúnen alrededor de un lampadario, y el que parecía el mayor, hace una oración en nombre de los demás. Todos se recogen y rezan con gran devoción. Al preguntarles quiénes eran, nos dicen que son católicos armenios del norte de Ararat (monte en donde se posó el arca de Noé).
Un joven nos dice que vive en Turín y está trabajando en el “Oratorio de Valdocco” en donde hay muchos emigrantes, y no lo tienen fácil. Su compañera está en el “Oratorio de Valsalice”. Se les ve contentos y pensaban ir al encuentro con el Papa en septiembre. Unos días antes tendrían un encuentro con el Rector Mayor de los salesianos. Nos alegra encontrarnos con jóvenes apostólicos y oír nombres tan cercanos a la historia de Don Bosco.
Mons. Pío Tamburrino obispo de Foggia (Italia), nos preside la Eucaristía de acción de gracias del P. Giuseppe Greco en la celebración de sus 50 años de sacerdocio. Le ha querido acompañar hasta el Tibidabo porque Monseñor sabe que este Templo es muy querido para él y ha colaborado en la sala de la exposición de Iconos. Agradecemos a D. Giuseppe Greco y al Señor Obispo, los dos hijos de “Opido Lucano” pueblo de donde han salido numerosas vocaciones religiosas y sacerdotes, por su cariño a este Templo y por su presencia entre nosotros.
“Ha sido una alegría grande el poder pasar el día aquí con el Señor”,nos dice una viejecita al despedirse después de las Vísperas y haber pasado casi todo el día delante del Santísimo Sacramento. Antes nos regala unas pastas “para los sacerdotes”.
Una joven de 25 años se casó en el mes de mayo en la basílica del Tibidabo. Un día le dolieron las piernas y le mandan reposo y medicamentos. Al no recuperarse, la llevan a urgencias y allí mismo fallece en pocos momentos sin que el equipo de médicos pudiera hacer nada. Se ve que tuvo un coágulo en las piernas que le alcanzó el corazón. El sacerdote que les había presidido la boda se ofrece a hacer las exequias de la Eli. No podemos imaginar el dolor de los familiares y del esposo al que el ministro les había dicho que no se casaban hasta que “la muerte los separase” sino “hasta encontrarse en el banquete de la vida eterna”. Nos consuela el saber que los dos novios se habían confesado para hacer bien su boda.
Una señora hispanoamericana, que nos visita con su familia, nos pide que le bendigamos unos rosarios. Nos presenta una bolsa, y le pedimos que nos los enseñe. Se aleja un poco de los demás familiares y saca un rosario y un hueso envuelto en un papel el cual nos dice que es de su madre difunta que se trajo de su país. Le decimos que los huesos no se bendicen sino que descansan en el cementerio (que significa dormitorio), hasta que venga un día el Señor a resucitarnos a todos. Como es natural, sólo le bendecimos el rosario, pero nos quedamos perplejos al ver hasta qué punto la familia puede importar a la gente sencilla.
También un equipo de seis jóvenes bomberos nos hacen una visita para conocer el Templo. Escuchan interesados y nos comentan que este verano ha sido más tranquilo para ellos. Luego suben hasta los pies de la imagen.
Un piloto comercial siempre que hace escala en Barcelona sube al Tibidabo. Es de Bélgica, está casado y tiene tres hijos. Los dos días que le dan de descanso los emplea para visitar iglesias. Conoce bien a D. Bosco y se ha alegrado de su presencia en esta ciudad. Al ver su interés le regalamos el CD del último film. Se marcha contento y promete volver un día con los suyos.
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