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INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO
Una señora nos llama porque se va a vivir a una residencia y que no le mandemos ya la revista. Sus hijos se han quedado con el piso en donde vivía. Ella con gran sufrimiento ha aceptado el acontecimiento y se ha puesto en manos del Señor.
Una psicóloga católica nos pide oraciones por sus pacientes, para que el Señor le ponga palabras adecuadas a la hora de tratarlos. Ella reconoce que sin la ayuda del Espíritu Santo es difícil poder ayudarles, sobre todo en algunos casos.
Una familia nos telefonea porque quiere venir a rezar por la noche de 10 a 12 h. en el día del aniversario de Pere, que había fallecido hacía unos meses, dejando esposa y trece hijos. Entre todos los familiares que suben son unas 40 personas, la mayoría jóvenes. Rezan vísperas, el rosario y guardan silencio. Fue una lástima que las luces del Templo estuvieran averiadas, porque para ellos es un signo que aprecian mucho.
“El problema de las vocaciones es el amor al Señor” nos dice Rafa Sabé, misionero salesiano de Costa de Marfíl (Africa), que nos visita como cada vez que viene a Barcelona. Ya antes de ser salesiano era adorador aquí. Nos habla con entusiasmo de su apostolado, de cómo hacía poco les asaltaron la misión de Korhogo, les ataron y les quitaron todo lo que tenían; cómo alguna parroquia está abandonada por miedo a los rebeldes, y aprovecha para insinuarnos que los sacerdotes mayores tienen allá mucho trabajo apostólico, confesando y atendiendo a la gente. Este año tienen en su provincia 19 aspirantes salesianos. Y nos asegura que todo lo que se haga, si no es para llegar al amor del Señor, no vale nada.
Una joven mamá con cuatro hijos y esperando el quinto, nos cuenta sus miniaventuras: ¿Cómo una chica tan joven y embarazada? le preguntan. –Pues éste es el quinto que viene. La gente se queda parada y no sabe qué decirle. En otra ocasión: ¿Cómo con tantos hijos y no tienes cara de sufrimiento? Pues, claro, son un regalo de Dios, les contesta.
“Todo me lo estropeáis con vuestra falta de fe”. Palabras de San Enrique de Ossó fundador de la Congregación de las Teresianas, cuando encarga la construcción de su Colegio a Gaudí que era amigo suyo, y las hermanas religiosas le dicen que no lo podrán pagar porque no tienen un duro. Cuando la construcción iba subiendo, era verdad que no podían pagar, y Gaudí, les decía: “Vosotras dedicaos a oír misa que yo me encargaré de la construcción”. ¡Impresionante la fe de este genial arquitecto! Frases estas que oímos de las mismas hermanas que suben a la adoración. Pedimos por las hermanas Teresianas para que sigan fieles al espíritu de su Santo fundador, y por la pronta beatificación de Gaudí.
Un joven se nos acerca sudoroso y nos ofrece una estampa de la Virgen de Luján con una reliquia del manto que llevó durante todo el año pasado. Se la aceptamos agradecidos, al mismo tiempo que le invitamos a visitar la Basílica, en donde está la vidriera de su Virgen de Argentina, la cual también nosotros veneramos en el Tibidabo. Presuroso sube por las escaleras.
Alex y Joaquín suben al caer de la tarde para estar en silencio, escuchar y hablar con un sacerdote. Se les ve con mucha serenidad ante la vida y los acontecimientos, y están abiertos a seguir profundizando en la comprensión del sentido de sus vidas.
Tres señoras italianas se sienten halagadas al decirles que los mosaicos están hechos en Venecia hace 96 años, porque ellas viven allí. Durante la conversación nos recuerdan un refrán de su país: “Cuando el cuerpo se deteriora, el alma se recoloca en su sitio” refiriéndose a los que dicen que son agnósticos y ateos pero que al sentir atacada seriamente su existencia por la enfermedad y el sufrimiento, muchos rezan.
Una pareja entra en la cripta con un bebé, dejan el cochecito en un rincón, la mamá coge el pequeño en brazos, y se sientan en un banco. Así, los dos -que son uno por el amor- permanecen durante más de una hora, gozosos con el chiquitín que no chista. La escena es encantadora, casi celestial.
También el Superior General de la Orden de los Mercedarios nos visita, acompañado por dos sacerdotes. Enseguida entra en la capilla de la adoración perpetua, que adivina sin que nadie se lo diga. Se interesa por la historia de D. Bosco y los mosaicos, y sube hasta los pies de la imagen del Corazón de Jesús, mirando con detalle la ciudad con sus calles y edificios. Nos cuenta la fuerte impresión de su visita a la cárcel Modelo, que visitó acompañado del capellán que es un mercedario, en donde vio a muchísimos jóvenes entre los dos mil presos. En el piso de la Comunidad mercedaria del Valle Hebrón, que comparten con un grupo de presos, se ha sentido a gusto. También está preocupado por las vocaciones religiosas, aunque en Méjico tienen un buen número.
Una señora acompaña a un sacerdote misionero salesiano en el Nepal, en donde lleva varias obras para niños huérfanos. La señora tiene apadrinado a un niño de su misión, y por eso, el misionero que estaba de paso en Barcelona, quiso visitarla.
“Somos tres alcaldes del Perú”, nos dicen unos señores después de haberles explicado la historia de Don Bosco. Son “regidores” de diversos distritos del Callao y han venido a Barcelona para tratar los problemas de pobreza y marginación de su gente con diversos alcaldes, y buscar conexión con ellos. Están encantados del Templo y nos dicen que volverán.
Una señora acompaña a un viejecito. Nos dice que es su padre que se ha quedado viudo y los domingos le acompaña a misa. El abuelo aprovecha para contarnos que tiene siete hijos y catorce nietos y que estuvo estudiando en el seminario dos años. Se ve externamente el cariño de la hija para con el padre.
“Aquí se está en la gloria”, frase de una adoradora al despedirse, después de pasar el día en la capilla de la adoración perpetua. Nos cuenta que está mal de la vista y casi no puede leer, pero tapándose un ojo puede ver la custodia con el Santísimo Sacramento, que para ella ya es mucho. Le recordamos que está cumpliendo una misión con su presencia su oración ante el Señor. |