Mes de marzo de 2004 

 

Un matrimonio ya mayor vienen a confesarse un día entre semana antes de la Cuaresma porque quieren empezar este tiempo de conversión bien preparados para luchar contra el mal.

Una familia con dos niñas de unos 9 y 10 años entran en la cripta ya bastante tarde. Dentro todo es silencio. La mamá se dirige ante el santo Cristo para rezar, el papá se queda quieto cerca de la puerta y las chicas miran las hojas informativas. Al preguntarles si saben rezar dicen que se están preparando para la primera comunión. Entonces se les invita a rezar el padrenuestro ante el Santísimo. Van a hablar con sus padres y toda la familia entra en la capilla de la adoración donde permanece un buen rato. ¡Quizá hay pocas cosas tan bonitas como el ver a una familia rezando junta!

Siete jóvenes entran en la cripta cuando ya está iluminado el Templo. Nos dicen que son de Mallorca pero están en una residencia de Barcelona para poder estudiar en la universidad. Es la primera vez que viene porque sentían curiosidad. Escuchan la historia con interés y prometen que volverán un día que haga buen tiempo.

Los que formamos parte de la Comunidad cristiana del Tibidabo conocemos a la Paqui una joven discapacitada que viene acompañada de una hermana monja que la saca de la Residencia de Vilasar de Dalt para disminuidos psíquicos. El trato con la Paqui es encantador aunque tenga momentos difíciles. Cuando llega saluda a la “mamá”, la Virgen Auxiliadora, cantándole un canto; asiste muy devota a las celebraciones religiosas, a veces reza en voz alta... Su presencia nos contagia ternura y sencillez a todos.

Nos visita un grupo de seis jóvenes del primer año de noviciado de las hermanas de la “Pureza de María”. Entre ellas hay una venezolana, tres españolas, dos colombianas. Una nos es conocida porque había sido adoradora del Tibidabo. Después de ir a saludar al Señor sacramentado escuchan la historia de D. Bosco y visitan el Templo. Es una tarde soleada de invierno. Las jóvenes no paran de exclamar: “qué fuerte”. Se notaba que estaban gozando con lo que veían. Una de ellas nos dice al ver desde lo alto la llanura del Vallés: “¡desde aquí qué bien se rezarí!a”. Ciertamente no serían las primeras en hacerlo. Se marcharon contentas con un recuerdo de D.Bosco.

El proyecto TIBITOUR que en el Centenario consiguió atraer al Tibidabo a más de 8.000 personas, la mayoría de ellas jóvenes de colegios, parroquias y otros centros, busca caminos de continuidad. Por ello se está organizando una comisión para impulsar dicha iniciativa. Los que estamos en ello necesitamos oraciones y personas entusiasmadas por la Obra salesiana del Templo.

Dos señoras salen de la oración de la tarde en la capilla de la adoración, y preguntan el por qué se ha cambiado la custodia. Se les explica que se está restaurando y haciendo un expositor. Sin más, ellas nos dicen que hace ya 20 años que vienen a rezar al Tibidabo. Verdaderamente nos conmueve esta afirmación.

Un salesiano de Martí-Codolar nos comunica que sale muy poco de casa y por esto no puede subir al Tibidabo, pero que cada día por la noche, después de rezar completas, mira por la ventana por si el Templo está iluminado e invoca al Señor diciendo “Sagrado Corazón de Jesús en vos confío”. Nos alegra encontrar personas devotas, que muchas veces ni conocemos, pero que están en comunión de oración con el Templo.

Una joven está sentada al fondo de la cripta después de haber participado en la última misa del día. Nos dice que es profesora de religión en varios colegios estatales. Constata la dificultad del tema pero, intenta no enseñar teoría sino narrar su experiencia religiosa, y le escuchan. Al decirle que rezaríamos por ella y su misión nos lo agradece.

Un mendigo pide limosna a la puerta de una iglesia de la ciudad. Está en su sitio habitual y la gente ya lo conoce. Se nota que su salud está deteriorada porque se dedica a la bebida. Es sencillo y se puede hablar con él. Al invitarle a rezar se excusa diciendo que no sabe y que recemos nosotros por él. Se acuerda que había hecho la 1ª comunión en el Tibidabo.

Unos señores mayores van a rezar en la capilla de la adoración perpetua. Antes de entrar nos dicen que ya saben qué es la adoración porque son de Lugo la ciudad del Santísimo Sacramento en donde cada día hay adoración en la catedral. Se les nota que se sienten orgullosos de lo que están diciendo.

Un grupo de unos 40 holandeses entra en la cripta con mucha formalidad; se sientan, y el guía les va explicando algo en su lengua. Una señora que había entrado antes que el grupo, nos dice en un castellano rudimentario, que lo había hecho porque quería tener serenidad, aunque no se atrevió a entrar en la capilla de la adoración porque “era muy sagrado”. De hecho el grupo era católico. Cuando el sacerdote salió de la sacristía para ir a celebrar la misa de las 19’-h, le dijo al guía que comunicara al grupo que rezaría por ellos y por Holanda para que la fe cristiana estuviera firme en los corazones.

Una monitora de un colegio que vino a pasar dos días de convivencias se sintió emocionada al escuchar cómo se iluminaba el templo con donativos y cómo para muchas personas es una bendición del Señor. Ella misma nos narra su experiencia de cuando tuvo a su madre enferma durante un mes en el Hospital del Valle de Hebrón y desde su habitación podía contemplar el templo iluminado por las noches. Fue para ella y los que la cuidaban una presencia de paz para sus corazones, que ahora sólo puede recordar con gozo y agradecimiento.

Una clase de ESO del colegio “Arrels” viene a pasar dos días de convivencias. Hacen actividades de grupo, reflexionan y rezan. También tienen la ocasión de subir por la noche a los pies de la imagen que culmina el Templo y poder contemplar la vista panorámica de la ciudad sembrada de miles de lucecitas. Sobre sus cabezas, la gran imagen de bronce resplandecía con el gesto de un abrazo eterno de Jesús para todos los habitantes de Barcelona, aun sin que muchos de ellos lo sepan. Era precisamente el día de la fiesta de Santa Eulalia, la patrona que dio su vida siendo martirizada por su fe. Al bajar, dentro de la basílica iluminada por las vidrieras exteriores, pudimos penetrarnos del silencio.

Una señora que recibe la revista del Tibidabo está enferma del corazón, tiene las arterias que se le van estrechando y ya le han operado varias veces. Ella sabe que en cualquier momento su cuerpo se puede quedar sin irrigación sanguínea y morir en el acto. Aunque hace vida normal se cansa mucho y está muy limitada. Nos dice que su fe la sostiene.

Una pareja de Bélgica entra con mucho respeto en la cripta y escuchan con interés la historia del Tibidabo y de la adoración perpetua. Después de subir a la imagen y pasarse una hora observando todo, se despiden dando un donativo y diciéndonos: “Aunque no somos religiosos vemos que hacéis un gran trabajo”.

Javier un joven médico argentino lleva tres meses en Barcelona haciendo unos estudios de pediatría. Cuando se entera de que estamos los salesianos en el Templo se pone muy contento porque se acuerda de D. Bosco y de sus años de colegio. Nos dice que se siente orgulloso de ser AA.AA. de los salesianos.

Dos chicas jóvenes colombianas que viven y trabajan en Barcelona vienen a rezar en la capilla del Santísimo. Luego van delante de la imagen de San Antonio para pedirle que les busque un novio bueno y poder compartir así sus vidas. Si no es “bueno”, dicen que no se casan.

Un grupo de catequistas con su vicario vienen a hacer una convivencia de todo el día. Son de la parroquia del Sagrado Corazón de Sabadell. Escuchan con satisfacción la historia de D. Bosco y del  Templo; hacen sus actividades; ven con mucho agrado la exposición de la Santa Sábana; y comen juntos con gran alegría y animación. A pesar de ser un día de densa niebla fue para ellos un día muy hermoso.

Unas señoras ante la capilla de la adoración nos comunican con gozo que son de Écija y allí acaban de celebrar en el año 2002 el centenario de la adoración. Cada día está el Santísimo Sacramento expuesto en una iglesia diferente del pueblo y siempre hay adoradores; y cien años son muchos. Nos alegramos con ellas y los habitantes de Écija.

Un adorador viene con su hija a misa de 8 de la mañana porque quieren dar gracias al Señor por un favor recibido del Sagrado Corazón de Jesús, casi un milagro. Su hija se salió de la carretera con el coche y se precipitó por un terraplén dando volteretas. El coche quedó tumbado y ella pudo salir ilesa por su propio pie.

Dos obreros entran muy sigilosamente en la iglesia con sus “monos” de faena. Trabajan en Vallvidriera y aprovechan un rato libre para llegarse hasta el Templo que sólo conocían por fuera y de lejos.. En el recinto reina un silencio penetrante, ninguno se atreven a hablar. Uno de ellos se fija en los bancos, en las columnas de madera del cancel de entrada, luego en los confesionarios, no pudiendo evitar el pasar la mano por encima de la madera como calibrando su calidad con el tacto. Al preguntarles si eran carpinteros enseguida lo afirman.

Una señora viuda nos visita junto con un señor con el cual nos dice que se quiere casar pero está separado de su mujer. Los acogemos con cariño pero nos duele tener que decirles que no pueden casarse por la Iglesia porque habiendo recibido el sacramento la gracia de Dios no puede retirarse ni volverse par atrás, a no ser que la Iglesia constate por medio del tribunal eclesiástico que el matrimonio no fue válido.  

Una pareja que quiere ver la iluminación del templo de cerca sube a las 20’-h. y preguntan por el horario. Les decimos que no existe, porque encender los focos depende de las personas que hacen un donativo (12 hora), aunque casi siempre se puede iluminar porque hay personas que recogen dinero para ello como apostolado. Saben que el templo iluminado es un signo religioso que se puede ver desde más de 80 pueblos. Al mirar la agenda precisamente este día no se iluminaba hasta las 21’-h. Se marcharon contentos porque desde ahora mirarían el Templo con otros ojos, ya que conocían que detrás de la luz hay gente que la hacen posible.