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INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO
El grupo de catequesis de primera comunión de la parroquia salesiana de la Ciudad Meridiana de San Bernardo suben a pasar con los padres un día de convivencia. Visitan todas las dependencias siempre guiados por el dinámico P. Josep Mascaró. Continúan la comida con una sobremesa salesiana y se despiden con una oración en la capilla de la adoración perpetua. Estamos convencidos de que estos encuentros son siempre gracia del Espíritu porque crean relación y comunidad.
Tres hombres, que parecían bebidos, están en la explanada del Templo gritando e insultando a los sacerdotes y a la Iglesia. Se acercan a ellos unos jóvenes que amablemente se encaran con ellos; no se atreven a replicar y se callan.
“Cada vez que tengo que enhebrar la aguja me encomiendo a la Virgen María” nos dice con humor una viejecita de más de 80 años que recibe estas intenciones en una Residencia que fuimos a visitar. Para ella, que se pasa muchas horas del día haciendo mantas de lana, es un verdadero problema, pero lo consigue. También se lamenta de que muchas personas no sean sensibles a la religión.
“Algo especial tiene este Templo”, nos dice un joven. Hace algún tiempo subió con un amigo de universidad y al encontrar cerradas las puertas se sentaron en la escalinata y espontáneamente se pusieron a hablar sobre Dios y sobre cosas espirituales. Allí se estuvieron unas tres horas, hasta pasada la media noche.
Una religiosa que sube a menudo a rezar nos comunica que ella pide al Señor por todas las personas que se acercan al Templo para que se lleven algo del amor de Jesús. También reza cada día por las vocaciones sacerdotales. Ella tiene un sobrino de 13 años que saca buenas notas de Religión. ¿No significará esto que puedes servir para sacerdote? Si Dios te llamase ¿le dirías que sí? Claro. Entonces yo voy a rezar por ti en la capilla del Tibidabo. La hermana religiosa está convencida de que su sobrino llegará a sacerdote porque ella no va a parar de rezar por él.
“Me he salido de la droga hace 3 años”. Un joven nos cuenta su terrible experiencia de adición a la droga, que le supuso pasar 15 años en la cárcel, y cómo se salió. “El secreto está en la decisión firme de salirse y pedírselo a Dios de corazón”. Sin esta decisión todo lo que te dicen no sirve para nada. Él estaba en el centro de rehabilitación “La ciudad de los muchachos” cerca de la ermita de Sant Medir, no lejos del Templo. Desde allí veía entre las ramas de los árboles un trozo de la imagen del Sagrado Corazón y cada día le rezaba… ¡y me he salido! Ahora se siente libre y no le pasa por la cabeza el consumir para volver al infierno de la droga. Está trabajando, y lleva una vida normal. Aunque no va a misa reza al Señor. Tiene un librito de los evangelios de cada día del año 2005 que sigue usando. Nosotros le ofrecemos uno nuevo “Los cuatro Evangelios” que acepta contento y se lo dedicamos. Al informarle de que conocemos un joven que no se puede salir de la droga, se presta a hablar con él, cosa que ya ha hecho.
Pasan la mañana en el Templo 40 alumnos de 3º de ESO del colegio “Josep Tous” de Barcelona. Escuchan la historia de Don Bosco, visitan el “Museo d’art nadalenc” del Dr. Camprubí y suben con gran gozo a los pies de la imagen que corona el Templo, en una mañana lluviosa. “Valía la pena haber venido aquí” oímos decir a una muchacha.
Un joven nos pide si puede ser en la capilla de la adoración en donde se declare a su novia. Le decimos que no hay inconveniente, pero que no es necesario que lo oigan todos los que están dentro.
“Cuando pases por delante del Santísimo le saludas de nuestra parte y le dices que no quite su mano sobre nosotros, aunque se lo pidamos sin saber lo que decimos”, nos decía un padre de familia con un hijo de 19 años y su esposa completamente inválida que tan solo podía mover los ojos, a la que ha estado cuidando día y noche desde que se le declaró la esclerosis múltiple y hace poco pasó a la casa del Padre. Nos queda el orgullo humano de haber vivido de cerca el amor gratuito que da sentido profundo a la vida.
Más de doscientos peruanos se reúnen en el Templo unos días antes de la Navidad para celebrar una tarde de hermandad. Les preside la Eucaristía solemne Mons. Joan Godayol, y les acompaña el Sr. Cónsul del Perú. Organizan un pesebre viviente, y juntos, comparten luego con una fiesta folklórica la alegría de la Navidad. Nos alegramos con ellos y pedimos al Señor por todos los inmigrantes del Perú, para que conserven sus tradiciones cristianas y su fe en el “Divino Niño”.
“Hemos pasado una mañana deliciosa” nos dicen dos señoras de una Residencia de Barcelona que habían estado en la capilla de la adoración toda la mañana solas porque no subían los autobuses por la huelga.
Un grupo de 3º de la ESO de una Escuela de Esplugues sube caminado. Dentro la cripta se encuentran a gusto porque hacía frío. Les explicamos la historia de Don Bosco y luego ven el paisaje inédito de la ciudad desde lo alto.
“¡Feliz Navidad!” nos dice una joven musulmana con su chador al despedirse, después de visitar el Templo con dos hombres que le acompañaban. Se interesaron por el Templo y escucharon con interés algo de la historia y de la adoración perpetua. De verdad nos dio una alegría al oír esta frase con voz clara de una musulmana, cosa que comparamos con los anuncios de estos días en los que se evitaba escribir y pronunciar la palabra “Navidad”.
Un grupo de unas 40 jóvenes nos visita. Nos dicen que son “consagradas” de toda España, de la rama femenina de los religiosos “Legionarios de Cristo”. Están haciendo una convivencia en Vic y han querido subir al Templo. Escuchan la historia de Don Bosco que es un santo que conocen y quieren mucho porque se dedicó a los jóvenes como ellas. Su trabajo lo realizan en los colegios apoyando la pastoral y dirigiendo espiritualmente a los chicos y chicas. Algunas son “colaboradoras”, que significa que están haciendo un año de experiencia viviendo en una de sus comunidades.
El Dr. Daniel nos va a traer ocho paquetes de tabaco de los jóvenes de la cárcel que se han privado de ellos como sacrificio rezando por las intenciones del Templo. Les agradecemos este signo de comunión con nosotros y con la obra expiatoria de España.
“Recen por mí para que el Señor me dé fuerzas” nos dice una señora. Es catequista de la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes y reza siempre por sus chicos y chicas que son muy dispersos y les cuesta mucho escuchar. Hace años que es catequista, porque para ella es una vocación. Aunque después continúan pocos, la semilla de la amistad y el amor de Jesús quedan dentro y tarde o temprano se manifestará.
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