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INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO
Un seminarista de Vic, que es adorador, acompaña a dos señores que son religiosos josefinos, los cuales al ver la imagen de San José su patrono, se ponen a sacar fotos. Al preguntarle al joven, nos dice que actualmente son seis seminaristas en su diócesis.
Una joven que había asistido al grupo de la Biblia y entró en el postulantado del convento de clausura de las carmelitas de la calle Panamá, nos escribe diciendo que ha sido admitida al noviciado y nos invita a la celebración de entrada.
Un señor con su hijo universitario nos dicen con ilusión que se van a apuntar para ir al encuentro con el Papa en Sidney (Australia) porque creen que será un gran acontecimiento mundial. “Una nueva efusión del Espíritu Santo”. Parece que existen muchas dificultades tanto para los viajes como para la estancia. Se comenta que hace tiempo los mormones se han dedicado a comprar hoteles para evitar que la gente encuentre sitio…
“Hoy hace siete días que tendría que haber nacido”, frase desgarradora de una joven de 19 años que abortó y no puede olvidar lo que ha hecho. Nos lo comunica un adorador amigo de ella que la conoce de hace tiempo y sabe que está sufriendo muchísimo. Todo el grupo de adoración puso esta intención.
Una familia misionera desde hace 19 años en el Japón, con ocho hijos nacidos allí, y que recibe la revista del Templo cada mes, nos pide que recemos por ellos, porque tienen muchas dificultades en su misión evangelizadora.
Cuatro jóvenes están en la iglesia una tarde de un primer viernes. Después de la misa de las 17, se saca el Santísimo, para exponerlo en la cripta. Ellos al ver la ceremonia del traslado con la procesión, el canto, las luces, el ministro revestido, la incensación, se quedan parados y se colocan los cuatro en un banco. Al explicarles lo que se iba a hacer, tenemos dificultad de entendimiento porque sólo hablaban inglés. Ante nuestra extrañeza, se quedan media hora en silencio.
Tres sacerdotes concelebran en la misa de 12 h. Luego nos dicen que son del clero diocesano de Santiago de Chile y van a residir dos días en el Tibidabo. Están proyectando edificar un templo a la Divina Misericordia y quieren ver los lugares en donde se hace adoración por inspirarse en lo que ellos quieren hacer. Les acompañamos en la visita.
Somos un grupo de un colegio salesiano de Lisboa, nos dicen unos jóvenes que han subido al Tibidabo. Es la primera vez que vienen a Barcelona y les encantó ver las estatuas de Don Bosco y de María Auxiliadora.
Dos señoras entran con su bastón un sábado a media mañana. Vienen de Santa María de Barberá caminando unos 20 km. por la montaña. Dedican un buen rato a visitar la iglesia. Antes de partir entran en la capilla de la adoración.
Unos doce jóvenes armenios nos piden unas estampas. La mayoría de ellos viven en Valencia y han venido a Barcelona para asistir a una boda y no quieren marcharse sin visitar el Templo. Casi todos entienden el castellano. Al hablarles de la adoración perpetua no comprenden, pero les decimos que si van a rezar un padrenuestro les dejamos entrar en la capilla de la adoración, cosa que unos cuantos hacen. En el diálogo posterior nos recuerdan que son apostólicos y que fueron los primeros cristianos que hubo. Al hablarles de Jesucristo nos escuchan. Parecen gente seria, quizá porque llevan un vida dura.
Una familia de Murcia nos visita. Al oír la historia del Templo quedan admirados y nos preguntan por qué no hay información de este lugar en Barcelona, ya que ellos habían subido sin saber a dónde iban. Reconocemos la realidad existente pensando que el bien y la verdad se imponen por sí mismos y lo que se ve no se puede ocultar tan fácilmente.
“Este es un sitio especial en donde se recibe mucha energía” , nos dice un joven que suele venir a rezar y a pasar largos ratos con el Señor. Con sus palabras nosotros entendemos que quiere indicar la gracia de Dios que actúa en la persona dándonos paz y alegría. Al continuar la conversación descubrimos en él una gran capacidad de admiración comparándonos el macrocosmo con el microcosmo… Agradecemos al Señor la presencia de jóvenes abiertos a la espiritualidad.
Un padre de familia con sus cuatro hijos han pasado la tarde en el parque porque la esposa tenía que hacer un examen. Cuando entran en la cripta les explicamos algo de Don Bosco y le subimos a los pies de la imagen. Luego se despiden del Señor rezando un padrenuestro en la capilla de la adoración.
Un joven hace ver ante sus compañeros que toca el timbre para confesarse. Al verlo, le preguntamos si era verdad que se quería confesar. Se excusa diciéndonos que no tiene pecados, y empezamos un diálogo que dura unos 20 minutos en el que todos participan. El tema de la esperanza cristiana de una vida eterna no lo ven aunque nos dicen que sería fantástico. Les invitamos a mirar su historia personal en donde descubrirán signos de Dios que se les acerca, empezando por la gratuidad de la vida. Nos hacemos amigos y les subimos a las terrazas.
Una pareja nos pide que les hablemos despacio porque son de Brasil y, aunque hablan portugués, pueden entender el castellano. Se alegran de conocer la historia. Luego nos enseñan el anillo de bodas indicándonos que hacía poco que se habían casado por la Iglesia y estaban de viaje de novios. No podían disimular su alegría y tenían la certeza de que la gracia del Sacramento no les faltaría para cumplir su misión de hacer el mundo más bonito con su amor gratuito. Les subimos a los pies de la imagen de Jesús como regalo de bodas.
“No quería regresar a Argentina sin haber subido otra vez al Tibidabo”, nos dice una señora de 74 años que vino a Barcelona para ver a su sobrina. Nos pidió que la bendijéramos. Se puso muy contenta cuando le dimos unas estampas de recuerdo que piensa distribuir entre las personas más queridas.
A primeras horas del domingo viene una familia de inmigrantes para que les bendigamos el coche que se han comprado. Les atendemos siguiendo el ritual de las bendiciones que nos recuerda que todo lo que sirve para comunicarse y acortar distancias es para el bien de la persona y Dios lo quiere, como también la responsabilidad del conductor. Se marchan contentos. Quizá haya que recordar a los católicos que se pueden bendecir las personas, las madres, los niños antes del bautismo…
Un sacerdote, que tuvo ocasión de visitar diferentes iglesias de Cataluña, nos comenta que había notado una notable diferencia con el Tibidabo: aquí se ve gente que entra y reza porque encuentra un espacio que le invita. Agradecemos este comentario porque corresponde con nuestro objetivo pastoral. Si bien es verdad que tenemos a nuestro favor la tradición de 42 años de la capilla de la adoración perpetua y de los cien años de la cripta.
Un grupo de una parroquia salesiana de Eslovenia nos pide para celebrar la Eucaristía. Fue una preciosa celebración con cantos a voces. Luego escuchan la explicación de la historia de Don Bosco que los dos sacerdotes salesianos iban traduciendo. También suben a las terrazas de arriba.
Un señor con su familia nos dice que son cubanos y que hace 40 años que en su país el Gobierno se apoderó de las escuelas de artes y oficios, pero que la gente todavía se acuerda de dónde aprendió el oficio, en la escuela de Camagüey lo que era un sello de calidad y prestigio.
Un joven con una botella vacía nos pide agua bendita. Como solemos hacer, le preguntamos para qué la quiere. Es para su madre que se lo ha encargado y que reza mucho, aunque él poco. Todavía se acuerda del padrenuestro y tiene fe. ¿En qué? Le preguntamos. Se nos queda pensativo y aprovechamos para hablarle de Jesucristo. El joven escucha atento porque tiene sus dudas sobre el mal y las desgracias. Luego le damos el agua bendita para su madre, pidiéndole que un día la acompañe al Templo.
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