INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO 


Año 7º- Mes de abril de 2008

 

Dos grupos de alumnos del 2º ciclo de primaria de las Teresianas, unos 100 alumnos, han venido a pasar un día de convivencia en las dependencias del Templo que habían sido del internado de la Escolanía durante 60 años. Hacen sus grupos y actividades y se marchan contentos.

 

 “He hecho muchos kilómetros para venir a confesarme aquí” nos dice un señor devoto del Sagrado Corazón al solicitar la confesión.

 

Una pareja viene acompañada de la madre de la novia para pedir fecha para la boda. Apenas sobrepasan los 20 años pero se les ve convencidos. La madre nos cuenta que ello es un milagro del Corazón de Jesús porque su hija se había marchado de casa con un drogadicto y ella venía a rezar constantemente al Templo. Hasta que después de nueve meses la chica volvía a casa deshecha y con ganas de salir del infierno en que se encontraba. Hace un año que se encontró con un joven y ahora son novios y se quieren casar aquí en el Tibidabo por lo que representa para sus vidas.

 

Le pido al Señor que me dé la paciencia necesaria, no más ni tampoco menos, para enfrentarme con mi problema Nos dice un joven que tiene un serio problema de visión. Sólo ve algo con el ojo al que le hicieron un trasplante de córnea y no se injertó bien. Durante muchas horas del día pierde por completo la visión. Alguna vez se ha encontrado en medio de la calle sin ver nada y se ha salido como ha podido. Nos dice que está en paz porque el Señor le ayuda.

 

 “Lo que me preocupa es mi familia” nos dice un señor joven que tiene dos hijos adolescentes, y le han detectado un cáncer ya extendido por el cuerpo. Ha subido al Templo, ha participado en el viacrucis acompañando la cruz con una vela, y luego se confiesa. Así iniciaba la Semana Santa que también era la suya propia. Aunque no es practicante, no tiene miedo porque cree en Dios y acepta su situación.

 

Una mamá con su hijo en el cochecito nos explica que un día el pequeño se fijó en Jesús clavado en la cruz y se sacó su zapatito porque quería ponérselo a Jesús que estaba descalzo. Encantador relato que nos habla de sencillez y nos invita a amar al Señor hasta la ternura.

 

Un joven algo macilento, con su mochila sobre el banco, está sentado en la cripta. Ha subido caminando, está solo, y trabaja unas horas. Nos dice que se alegró mucho al conocer los comedores de la madre Teresa de Calcuta, porque le gusta escuchar el Evangelio que se lee antes de las comidas como si fuera un alimento espiritual.

 

Unos 30 alumnos de ESO de una escuela de Integración Social de Sabadell, nos visitan en un día precioso de primavera. Es un grupo en el que hay catalanes, hispanoamericanos, musulmanes y chinos. Están en la misma clase inmigrantes que hace poco han llegado junto con otros más veteranos. Los profesores nos dicen que se relacionan bien y se van integrando. Escuchan con atención la historia del Tibidabo, y desde lo alto divisan su ciudad de Sabadell y las montañas nevadas de los Pirineos al fondo. Luego van a pasar una hora en el parque, para regresar a Sabadell con el metro.

 

Una señora con muletas sube acompañada por su hijo de 30 años. Al pedirnos agua bendita aprovechamos para iniciar un diálogo, en el que estuvo de pie durante media hora, y eso que siempre se quejaba porque tiene dolores. Intentamos hacerle reflexionar y descubrir la necesidad de rezar mucho para que el Señor le dé paciencia.

 

He estado un mes en coma profundo”, nos dice una joven que está visitando la cripta con su esposo. Se nota que le cuesta hablar pero está contenta. Sabe gozar del arte y de las cosas pequeñas. Entiende enseguida que haya gente rezando día y noche. “Aquí siempre hay vida” nos comenta.

 

Un grupo de jóvenes entra en la cripta un domingo con un sacerdote que les acompaña.. Son de un colegio salesiano de Alemania, y solicitan celebrar la Eucaristía. Vienen ya preparados con sus libros en alemán. Después les subimos a lo alto del Templo en un día muy despejado. Nos entendemos en italiano con el sacerdote. Nos enteramos de que en toda Alemania son 80 salesianos.

 

Una pareja mayor echa un moneda en el lampadario y el marido comenta: “A ver si nos toca la lotería”, a lo que la señora replica: ”La salud es más importante”. Con discreción les invitamos a leer la oración correspondiente que les invita a poner sus vidas en manos de Dios.

 

Una familia de diez miembros nos dice que son bolivianos. Entre ellos hay tres pequeños, y dos jóvenes los cuales piden confesarse. Después escuchan la historia de D. Bosco y del Templo. Al subirlos a la estatua  la mamá señala a los tres jóvenes diciéndonos que sólo hacía unos días que habían llegado de Bolivia y estaban todavía muy desorientados.

 Este ha sido el regalo más grande que he recibido hoy”, nos dice una señora al salir de la capilla de la adoración. “Aquí se respira gran paz” continúa. Luego recoge unas  hojas de espiritualidad que encuentra a la puerta diciéndonos que las va a leer con puntos y comas.

 ¿Dónde está Dios que parece que todos los males me vienen juntos?, nos dice una joven que es médico y hace seis meses que ejerce en Barcelona: se le había muerto su madre hacía unos días y le habían quitado la cartera con toda la documentación. Intentamos hacerle presente el amor de Dios con todos los dones que tenemos, empezando por la vida. Al final la subimos con el grupo que la acompañaba hasta la terraza superior. ¡Menos mal, -nos dice al final la chica,- que Dios me ha dado un detalle!

 

Una joven que nos visita con su pequeño nos dice que es del movimiento PRO VIDA y que ha salvado a 14 personas. Cuando le confían a una joven que espera a un hijo y está pasando por un grave momento de dudas, y pide ayuda, el grupo se pone a rezar… y Dios las escucha.

 

Un adorador que es chófer de autobús nos encarga una hora de iluminación diciéndonos que suele comentar con sus compañeros la alegría y el consuelo espiritual que les da al ver el Templo iluminado cuando están transitando por las calles de la ciudad.

 

Noventa alumnos del Instituto Salesiano de Castello di Godego (Italia) visitan Barcelona y quieren conocer el Templo de Don Bosco. Nos dicen que tienen en su Instituto dos jóvenes que se preparan para el aspirantado salesiano. También se interesan por las vocaciones de España. Comen en nuestras dependencias y continúan su ruta. Rezamos por ellos, por los jóvenes de las Escuelas Salesianas de Italia, y por las vocaciones.

 

Una pareja viene con una botella de agua para que se la bendigamos. Enseguida les recordamos que el agua no se bendice para beberla, ni para que nos cure de nada, sino que es un signo que nos recuerda la vida nueva que hemos recibido en nuestro bautismo. Todo lo que tenemos está bendecido y la misión del cristiano es dar gracias a Dios por los que no lo hacen.

 

Unos jóvenes están sentados en el último banco de la cripta en actitud distendida. Les preguntamos si se han fijado en los mosaicos. Nos escuchan con atención y captan la belleza. Uno de ellos ve el mundo muy mal y no tiene esperanza de que cambie, ni espera nada. Cuando uno muere se acaba todo. Intentamos hacerle ver que así no se puede vivir, que no todo el mundo es perverso y que tarde o temprano se tendrá que plantear su vida, de la que tendrá que dar cuentas a Dios, como una misión recibida para ser feliz aquí y luego en la eternidad. La conversación se prolonga durante media hora.

 

 “Voy a dar de comer al espíritu”, nos dice un joven antes de entrar en la capilla de la adoración. Está pasando unos días en la residencia para coger fuerza espiritual. Suele hablar de su búsqueda espiritual con un sacerdote porque sabe que sin esa vida interior las cosas materiales le llegan a agobiar.
 

Un joven, acompañado por un señor que lo tiene acogido en su casa, se pasa más de una hora viendo la cripta. Nos dice que se ha marchado de su casa porque sus padres se fueron a vivir a Irlanda y él no quería ir. Le sugerimos que antes de tomar una decisión lo importante era discernir lo que Dios quería. Nos dice que es ateo aunque sabe el padrenuestro porque lo educaron en un colegio religioso. De hecho está abierto y escucha lo que le decimos.

 

Durante la Eucaristía dominical se pueden apreciar cosas bonitas desde el confesionario. Turistas que entran y se quedan como paralizados al contemplar la celebración: el sacerdote revestido, los cantos, la música, el altar adornado, el cirio pascual al lado de la Palabra, los fieles que responden, se levantan, se sientan, rezan… Puede ser que nosotros no nos demos cuenta y hasta nos hayamos acostumbrado, pero es un verdadero “espectáculo” que sobrecoge al “no iniciado”. No es raro ver en el momento de la paz que también se la dan los turistas que están de pie al fondo. Todo ello nos confirma que toda celebración litúrgica bien hecha, es una fuerte evangelización que llega incluso a los “prosélitos del umbral” que contemplan sin prejuicios.

 

Dos señoras se acercan a la recepción y nos dicen que quieren hacer un donativo para la iluminación del Templo y las necesidades de la Obra. No quieren que su nombre conste en la revista y en ninguna parte. Detrás de la mano que ofrece el donativo, nosotros vemos con emoción al Señor que cuida de este Templo, y estamos seguros de que si somos fieles a nuestra misión evangelizadora nunca nos faltarán los recursos materiales para llevarla a cabo.

 

Un grupo de doce novicias de la congregación de la Pureza de María que se dedican a la enseñanza, asisten a misa y se interesan por la historia del Templo. Luego las acompañamos en la visita. Se les ve contentas. La mayoría son de primer curso. Les damos las intenciones para que recen por nosotros, y les aseguramos que desde este Templo, que ven desde la terraza de su colegio de Sant Cugat, rezaríamos por ellas y su perseverancia en la vocación.