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INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO
Año 7º- Mes de mayo de 2008
Dos chicas jóvenes están delante de la capilla de la Adoración y escuchan con interés. Después de comentarles que la vida era una misión y que la familia daba color y gusto a nuestro mundo, una nos pregunta si esto no se puede hacer con dos chicas juntas. Les respondemos que si la relación no engendra vida, hay muerte. Entonces se cogen del cuello y se marchan rápidamente. Nos quedamos extrañados por la reacción que no encajaba con su actitud anterior.
“Soy aquel que vino con las muletas y la pierna atravesada con hierros después del accidente”, nos dice un joven que ha estado un buen rato arrodillado ante el crucifijo. He tardado un año en recuperarme, pero ya estoy trabajando. He aprovechado, cuando había acabado un trabajo, para venir aquí en donde encuentro mucha paz. Estoy agradecido al Señor, nos dice, mientras nos enseña las cicatrices de la pierna.
“No sabéis lo que tenéis aquí”, nos comenta un joven médico que se había confesado hacía unos días, y hacía su última visita al Templo porque regresaba a Argentina. Allí ya le esperaba su familia y los pacientes de la consulta. Nos comenta que está en un barrio pobre y que tiene problemas porque la gente ha de escoger entre comer o tomar antibióticos. A él le toca luchar con las farmacias para conseguir algo.
Un grupo de turistas de Estambul (Turquía) nos visita con dos guías. No saben que es una iglesia porque no conseguimos que hablen bajo. De lo que realmente se interesan es de la nave de la Batalla de Lepanto, que el guía les explica a su manera asegurando que no hubo victoria por ninguna parte. Entienden algo el francés porque era la segunda lengua que estudiaron en la escuela hace unos años.
Una madre joven tiene que dar a luz y no quiere que sea en sábado porque le han comunicado que los médicos hacen fácilmente la cesárea para ir más aprisa en el parto. Lo que es favorecido por la clínica, ya que se tienen que quedar más tiempo y ello supone más dinero facturado.
Un grupo ecuménico que tiene un encuentro en Barcelona sube al Templo para hacer la oración de Laudes un sábado por la mañana. Son unas 30 personas con sus pastores luteranos, ortodoxos y católicos. Les acogemos en nombre de la Comunidad Salesiana, y escuchan la historia de Don Bosco y el Tibidabo. Preside el pastor luterano que sabe interpretar en profundidad el mensaje de este Templo en su comentario bíblico sobre la transfiguración de Jesús. Nos alegra ver cómo la sensibilidad mundial por la unidad de los cristianos está viva y en movimiento. El pastor irlandés está sufriendo por su iglesia luterana porque parece que están a punto de ordenar mujeres para obispos y aceptar a parejas homosexuales. Una joven “Hermanita del Cordero”, religiosas contemplativas que están por la calles populares de Barcelona, sube al Templo a pasar su día de retiro. Es andaluza de Sevilla, su madre es adoradora, y ella conoció al grupo “Schola Cordis Iesú” en un encuentro. Le explicamos algo de la historia y entra enseguida a la Capilla de la Adoración con la Biblia, ya muy gastada, bajo el brazo. Una pareja, ya madura, está en la cripta y nos dicen que se van a casar aquí en septiembre. Él es cubano y conoce bien a los salesianos porque de pequeño estuvo con ellos en La Habana, en los locales de lo que había sido un Colegio Salesiano y ahora es una parroquia con el nombre de Don Bosco bien grande, y un seminario con siete seminaristas. El matrimonio vive en Estados Unidos, en donde se conocieron. Al entregarnos su tarjeta de visita leemos “Doctor en masters”. Antes de marchar van a rezar.
Nos visita un grupo de la parroquia de Sant Joan de Vilatorrada. Llenan un autocar entre niños, padres y catequistas. Escuchan la historia de Don Bosco, rezan, y suben a lo más alto. Luego van a pasar el día en el parque con la entrada reducida del Tibitour.
“Éste es mi abuelo que pagó esta columna” nos dice una señora señalando la inscripción esculpida: “Familia Barba”. Hacía 20 años que no subía y eso que vivo en Barcelona y tengo nietos. Somos parientes del arquitecto del Templo Sr. Enric Sagnier.
“Aunque esté cansada de diez horas de trabajo y de las faenas de casa o me duerma, tengo que rezar el rosario porque es el tiempo que dedico a mi hijo”, nos dice una madre de su hijo drogadicto que ha estado en la cárcel y no sabe más de él.
Una familia con dos muchachas entra en la cripta con mucha reverencia, una de ellas toca el agua bendita y hace una solemne señal de la cruz. Enseguida pensamos que son católicos. Cuando empiezan a rezar delante de las imágenes y hacen reverencias, descubrimos que son japoneses, y les indicamos la capilla del Santísimo. Antes de entrar se lo piensan mucho y al final lo hacen con mucha devoción y miran por todas partes como si se sintieran perdidos, no sabemos si descubrieron el Santísimo. Antes de marchar les damos una estampa escrita con caracteres japoneses: KAMI WA AI DE ARU” (Dios es amor), que aceptan contentos. La mamá que sabe algo de castellano, nos dice que son de Osaka.
“Qué significa Templo expiatorio” nos pregunta una señora argentina de madre catalana y que tenía este viaje pendiente que al fin ha podido realizar. Al decirle que aquí se rezaba día y noche desde hacía 42 años para expiar los pecados de España, queda sorprendida.
Nos visitan, como cada año, los alumnos de Religión de Primero de ESO del Centro “Príncipe de Girona” de Barcelona, acompañados por su profesora y una maestra. Visitan la Exposición de la Santa Sábana de Turín, con fotografías tamaño natural y explicaciones científicas de los últimos descubrimientos. También pueden ver una reproducción de una tumba como aquella en que enterraron a Jesús y otros muchos detalles que coinciden con el Evangelio de San Juan. El padre que se lo explica es un gran entendido en la materia y los muchachos/as le siguen con atención y quedan contentos. Luego continúan la visita a todas las dependencias del Templo, y escuchan la historia de Don Bosco en el Tibidabo, empleando para ello toda la mañana. También entran a hacer una oración ante el Santísimo Sacramento. Al final se divierten jugando en el patio, y en la sala de juegos de la antigua residencia del internado. Vale la pena verlos contentos. Después de comerse sus bocadillos continúan jugando. A la hora de partir les cuesta desengancharse de la diversión porque se lo pasan muy bien. La profesora alarga el tiempo de la partida todo lo que puede.
Una señora que nos visita nos dice que ella pertenece al movimiento de “Stella maris” que se dedica al apostolado del mar. Tienen un local en donde rezan y ofrecen servicio litúrgico a los marineros de los barcos que atracan en el puerto de Barcelona.
“Apagad los móviles para que no se rompa la magia” dice una joven a sus compañeros al entrar en la basílica en penumbra en donde querían pasar un rato de silencio. Así lo hicieron. ¿Qué quiso decir con la palabra magia? ¿El encanto del momento, la serenidad, la paz, el gozo, el espíritu? De todas maneras se quedaron un buen rato y tuvimos que decirles que había que marchar. ¿Quién dijo que los jóvenes eran superficiales?
Juan García es un joven que se ha salido de la droga y vino al Tibidabo a dar su experiencia al grupo de catequesis de jóvenes de “Schola”. Todos quedaron impresionados por su testimonio y cómo gracias a la “Comunidad del Cenáculo”, sin terapias y sin ninguna clase de medicinas, sólo con la oración, la amistad y el trabajo, consiguen no sólo salirse de la drogodependencia, sino que llegan a ser apóstoles entusiastas de Jesucristo.
“Toda mi vida he estado viviendo en el Tibidabo” nos dice un señor de 88 años acompañado por su esposa.. Tuvo de profesores a Don Sergio Cid, mártir, a Don Domingo Pérez y a otros muchos salesianos santos. Nos conmueven estos viejecitos que sienten este Templo como su casa. |