INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO 

 

Año 7º- Mes de agosto de 2008

Una señora joven sale de la adoración visiblemente emocionada y va repitiendo para sí misma: “¡Esto es fuerte!, ¡Esto es fuerte! Le anunciamos que hace más de 40 años que se reza sin parar, nos escucha, y al marcharse continúa diciendo: “¡Esto es fuerte!, ¡Esto es fuerte!

Otra joven, pasa delante de la puerta del Santísimo, esboza una sonrisa, se para, entra, cae de rodillas como clavada en el último reclinatorio, fija los ojos en el Santísimo, y así se está un buen rato.

 

Este año ha sido de más intensidad espiritual que los otros”, nos comenta un guía voluntario después de pasar una semana ayudando en la acogida de peregrinos y turistas.

 

Una joven se dirige decidida hacia el lampadario de la Virgen de Montserrat, lee la oración, echa la moneda para encender la lámpara y se recoge un rato con las manos juntas. Al verla tan fervorosa también nosotros nos unimos a sus intenciones. Luego le indicamos la capilla del Santísimo. Al preguntarle si era católica nos dice que no, y se marcha.

 

Un grupo de muchachos/as, la mayoría sordomudos, del Casal de la Parroquia de la Milagrosa, nos visitan con sus monitores, entre ellos dos seminaristas. Siguen muy bien las explicaciones de la historia del Templo. Un chico con mucha gracia hace la traducción simultánea con signos. Luego rezan un padrenuestro, también con signos, y suben a las terrazas.

 

Una pareja vestidos de novios con un séquito de unas 20 personas, entran en la Cripta solemnemente y en completo silencio. Nos extrañamos porque no era una hora de bodas. Se hacen una foto delante de la Virgen, echan unas monedas en un lampadario, vuelven a rezar, y se hacen fotos de grupo. Al preguntarles, nos dicen que son armenios, ya están casados, y habían hecho la promesa de subir al Templo.

 

 “¿Yo tengo derecho a entrar?”, pregunta un joven de color a unos guías voluntarios con los que estaba hablando en la escalinata de la cripta. “Claro que sí, todos tenemos derecho de acercarnos al Señor”, le responden. Ya dentro de la cripta, los jóvenes guías le hablan de Jesús y el joven se emociona visiblemente.

 

Un grupo de señoras ya algo mayores, nos visitan. De entre ellas sólo hay una catalana, las demás son emigrantes del sur de España que vinieron a Cataluña a buscar trabajo hace 40 años. Sabemos de algún pueblo que vino todo entero con su “Virgencita” y el alcalde a trabajar en el textil. Iban cada domingo a misa y pedían ayuda al Señor. Ahora que ya han progresado…

 

Descubrí la adoración al Santísimo Sacramento en Metjugorge”, nos comunica una señora. Cuando se enteró que en el Tibidabo había adoración perpetua ya no puede dejar de venir siempre que puede.

 

Un joven de 20 años que se apuntó para hacer de Guía Voluntario en el Tibidabo durante este mes de julio, nos dice que le habían ofrecido un trabajo la misma semana que empezaba, y él prefirió  venir a hacer el servicio de guía.

 

 “¿Cuánto tiempo hace que han pintado el Viacrucis?”, nos pregunta un abuelo que nos visita con su esposa. “Porque fue mi padre quien lo hizo”. La nietecita, que les acompañaba, estaba siguiendo las escenas de Jesús con los ojos húmedos, al no entender por qué le habían matado. Le dijimos que era bueno, que Dios era su Padre, la gente no lo se lo creyó, pero luego le resucitó del sepulcro. Un día nos resucitará a nosotros sus amigos y estaremos junto a él en el cielo. Una sonrisa se esbozó en su cara y se marchó contenta. 

 

 “Es la primera vez que sale de casa después de una operación seria”, nos dice la esposa de un señor que conocemos, que se está tratando del cáncer y viene a misa los domingos. Se le ve animado, pero le preocupan sus hijos adolescentes. Él sabe que necesita del Señor.

 

 Hemos venido a hacer un día de renovación”, nos dicen unas monjas de San José de la Montaña que se han reunido de varios países de Hispanoamérica y no quieren marcharse sin ver el Templo.

 “Soy virgen al servicio del obispo de Terrassa”, nos dice una joven que sube cada mes al Templo a rezar. Este estilo de vida, que ya existía en tiempos de los apóstoles, jóvenes que se ponían al servicio de la Iglesia dependiendo directamente del obispo, se está redescubriendo en algunas diócesis. El Obispo le ha enviado como profesora de religión a cinco pueblos rurales. Ella no lo veía claro en un principio, pero ahora está contenta de su misión que es bien aceptada en las escuelas y puede anunciar la Palabra. Nos alegramos al ver estos signos del Espíritu Santo que está cuidando de su Iglesia.

  Hace 42 años que estoy en Barcelona y no había subido nunca”, nos dice una señora, maravillada por lo que está viendo. Ha subido para acompañar a unos familiares. ¿Casualidad?, para ella no.

 

 “He venido porque estoy en una noche oscura”, nos  contesta un señor cuando le preguntamos quién era antes de empezar la misa. Tiene 75 años, es ministro extraordinario de la Eucaristía en su parroquia y suele llevar a comunión a los enfermos, pero… se encuentra muy solo. En poco tiempo se le han muerto catorce amigos. El sacerdote también se presenta y empiezan la misa. Fue una celebración íntima y sentida.

 

Un grupo de 60 jóvenes de la parroquia de San Anton de Bari (Italia), que residen en Martí-Codolar, nos visita dos veces. Una para conocer la historia de D. Bosco y hacer media hora de “desierto” esparcidos por todas las terrazas del Templo. Y otra vez un domingo, para celebrar la Eucaristía con el pueblo. Impresiona la seriedad, la devoción y los cantos alegres de estos jóvenes, detrás de los cuales se descubre a un sacerdote pastor que les da espiritualidad, y están encantados. También se les ve confesarse.

 

Estoy esperando la llamada”, nos repite varias veces en su conversación un sacerdote ya mayor.

 

Una señora cubana está visiblemente emocionada al ver la hermosura de la Cripta. Ella es de una parroquia dedicada al Niño Jesús de Praga y le han dejado salir de Cuba para ir a ver a su hijo. Al preguntarle sobre la religión, enseguida nos habla de la visita de Juan Pablo II que para ellos fue el inicio de una lenta recuperación. Este año había llorado cuando en la Navidad escuchó por radio una explicación sobre Jesús.

 

Un seminarista que estudia en (EEUU), y está de vacaciones con su familia de Barcelona, quiere aprovechar estos días para hacer los Ejercicios Espirituales de un mes, y nos pide insistentemente que recemos por su conversión.

 

 Voy a ver a mi familia después de tres años que no la he visto”, nos dice un inmigrante italiano que sube con frecuencia al Templo. Estuvo metido en líos con malos amigos hasta que pudo conseguir un trabajo. Aunque tiene que trabajar más de diez horas diarias no se queja. Vive en una casa de campo cerca del Templo con otras diez personas. La oración le fortalece mucho. Reza por su jefe que lo ve muy pobre ya que nunca le basta el dinero. Él se contenta con lo que tiene. Está emocionado porque podrá estar con su familia unos días.

 

Una joven nos dice que ya ha salvado a 29 niños del aborto. Pertenece a un grupo de jóvenes que ofrecen su teléfono a las embarazas con problemas. Tienen un encuentro con ellas, las escuchan, e intentan convencerlas para que no aborten. Mientras tanto las demás están orando intensamente para que Dios actúe en sus vidas.

 

En Australia no tenemos una iglesia como ésta”, nos dice una pareja que está visitando la Cripta. Era el lunes después del encuentro de la Juventud con el Papa en su país.

 

Haciendo el bien no se tienen depresiones”, nos dice una viejecita después de escuchar algo de la historia de la capilla de la adoración.

 

 “No encuentro la hora de marcharme”, nos dice una señora que viene a rezar después del trabajo siempre que puede. “A veces me ceden el turno y estoy sola ante el Santísimo, lo que para mí es algo extraordinario”. Esta frase no se puede decir sin tener el corazón lleno de amor. “Me encantaría ver el Tibidabo desde mi casa, pero no puede ser porque vivo en el paseo de gracia.