Mes de abril de 2004 

Cuatro jóvenes búlgaros tienen un día para ver Barcelona. Lo primero que hacen es visitar el Tibidabo. Ante el confesionario que les intriga, nos dicen, que ellos son ortodoxos griegos y que no se confiesan, lo cual nos parece raro porque los ortodoxos ucranianos sí que lo hacen. Se les habla de la historia del Templo y de la adoración, que ellos no tienen, pero rezan la “oración del corazón” (invocan a Jesús desde dentro de su persona durante todos los instantes del día...)

Una señora que sube a rezar muy a menudo al Templo la han despedido del trabajo y ha aceptado con paz su situación. Nos dice que es muy duro para ella estar todo el día en casa y por eso, al tener más tiempo viene más a la adoración porque sin rezar no podría vivir. Palabras éstas, que los que la conocemos, sabemos son verdad debido a su precaria salud.

Una joven adoradora nocturna que dejó de venir quiere que recemos por ella porque le han diagnosticado esclerosis múltiple. Nos conmueve su aceptación de la enfermedad porque sabe que el Señor la quiere y no la dejará en ningún momento.

La hermana de un salesiano del Tibidabo se encuentra en un estado delicado de salud. Fue una adoradora veterana y de tanto en tanto pasa con nosotros algunos días. La conocemos por su espíritu de oración y su gran dinamismo apostólico. Le hemos dicho que rezaremos por ella y ella rezará por nosotros desde su enfermedad que le impide desplazarse.

Un joven al salir de la misa de las 17’- h. nos dice que él es católico de Estrasburgo (Francia) y que hace tres meses que está estudiando empresariales en Barcelona. Al preguntarle cómo está la situación de la fe católica en su país nos explica que en su parroquia son muchos los católicos y que el sacerdote cuida a los jóvenes haciendo retiros para ellos. De hecho se le ve convencido Le enseñamos el Templo y se despide contento diciéndonos que piensa volver.

Una señora que recibe la revista, desde hace años tiene a su madre de 93 viviendo en su casa. Como hija procura cuidarla bien pero se encuentra cansada y deprimida. El doctor le aconsejó que llevara a la ancianita a una residencia para que ella estuviera más descansada y se pudiera recuperar. A la semana de estar interna, la abuelita se encontraba triste y no comía casi nada. La hija al verla en este estado se la ha llevado otra vez a su casa y la cuida lo mejor que puede.

Un grupo de adolescentes entra en la cripta jugando, un sábado de densa niebla. Venían al parque pero al encontrarlo cerrado tratan de pasar el tiempo como pueden. Su indumentaria es muy descuidada y daba como escalofríos ver a algunos con la lengua atravesadas con un pink. Después de tratarlos con bondad, cogen confianza, y entre broma y en serio, uno dice que se quiere confesar, otro que bautizar, preguntando si luego se podría casar. Otra chica pregunta qué significa Tibidabo. Al explicarle las tentaciones de Jesús, dice que las conoce porque el profe de religión se lo había explicado en clase, y aunque ella se hacía la dormida, estaba escuchando.

Una viuda que vive con su hija nos viene emocionada y nos explica que el Señor la quiere mucho y le da signos de cariño. Las Navidades pasadas estaba muy preocupada porque no podía pagar el alquiler del piso. Una vecina le dijo si quería ir a traerle lotería. Ella, que no solía comprar nunca, esta vez con un poco de desgana también compró. Pasada la Navidad se entera de que le había tocado el suficiente dinero para pagar varios meses de alquiler.

Numeroso trabajadores del ramo de la hostelería de toda España están haciendo una convención de tres días en Barcelona y aprovechan para visitar el Tibidabo. Muchos son de Mallorca e Ibiza. Tenemos que hacer dos subgrupos para atenderles mejor. Se muestran muy interesados. Una señora, al descubrir la capilla de la adoración se pasa todo el rato de la visita rezando como si todo lo demás no le importara. Luego se confiesa. También aprovechan la ocasión para hacerlo otros miembros del grupo. Quedamos sorprendidos por la sensibilidad religiosa de este colectivo.

Cuatro jóvenes con sus pendientes y chaquetas negras entran en la cripta. Han salido del parque de atracciones porque dicen que se aburren. Tras una breve información del Tibidabo se les invita a pasar un rato en la sala de juegos de la Residencia. Lo aceptan enseguida y pasan una media hora jugando al futbolín.

Una familia con dos hijos entra en la cripta. Se nota que están esperando que sea la hora de abrir el parque de atracciones. Al pasar delante de la imagen de Jesucristo clavado en la cruz, el chico de unos 8 años pregunta a la madre. ¿Quién es este que está aquí con los brazos abiertos? Palabras que sólo oírlas nos hieren y apenan porque manifiestan una gran ignorancia religiosa en los pequeños, los predilectos de Jesús.

Un joven que solía venir frecuentemente por el Templo se lamenta de haberse alejado de la vida espiritual. Reconoce que le ayudaba mucho, y ahora se encuentra en “baja forma”. Nos dice que no puede salirse de su vida rastrera, la comodidad y las pocas ganas le retienen, aunque ve que sería mejor volver a lo de antes.

Unos jóvenes argentinos ante la capilla de la adoración. Cuando oyen que aquí se reza para expiar el mal y los pecados de España, nos dicen que en su país también están muy mal y que también recemos por ellos.

Una chica madrileña que trabaja en Barcelona y viene a menudo a rezar, la llaman urgentemente de Madrid porque tenía dos primos heridos por el terrible atentado que estaban ingresados. Nos cuenta su experiencia de sufrimiento que se estaba viviendo y la incapacidad humana de entrar en la aceptación de la muerte de los familiares que no tenían la esperanza de la otra vida. A ella le fortaleció su fe en la vida eterna.

Tres jóvenes matrimonios colombianos nos visitan, rezan y se confiesan. Luego nos comunican que vinieron casados de su país y ahora trabajan duramente en Barcelona, tratando de integrarse. Se extrañan de ver poca vida religiosa a su alrededor. Se descubre en ellos una fe madura y con capacidad de lucha ante la vida. Uno era transportista y de madrugada tenía que partir hacía Alemania con el camión.

Una señora vecina nuestra viene a rezar casi cada día largos ratos, muy concentrada, incluso por la noche antes del turno de adoración cuando todo está cerrado. Se diría que se siente como en casa. Nos dice que hace contemplación interna y externa y que le ayuda mucho.

Un grupo de señoras “Voluntarias de D. Bosco pasan un día de retiro cuaresmal en el Templo. Su consiliario les hace unas charlas y rezan en un ambiente de mucha alegría.

Un joven de unos 40 años entra con su mochila en la cripta a la hora de cerrar. Nos dice que quiere quedarse toda la noche aquí dentro. Al cabo de una media hora vamos a hablar con él. Nos dice que es francés, que había cumplido tres años de cárcel y lo querían internar en un psiquiátrico y por eso se había escapado de su país. Ahora está viviendo por las calles de Barcelona. Le escuchamos y le hablamos de la aceptación de su realidad como camino que lleva a Dios. Después de darle algo de comer le pagamos el billete del autobús, dándole algunas direcciones donde puede ser acogido.

Tres señores con aspecto de aldeanos, nos visitan. Al enterarse que es la adoración perpetua, les cuesta trabajo creerlo y nos hacen preguntas. Vienen de Vich y están contentos con su nuevo obispo aunque hay gente que lo critica. Reconocen que su diócesis, está ahora en baja forma porque los sacerdotes son ancianos y no hay jóvenes que los sustituyan.

Una pareja alemana nos visita. Ella es española, profesora de castellano, y trae un grupo de alumnos anglicanos. Al explicarles la finalidad de la capilla nos dice que ella es católica y que llevan 25 años de casada con los hijos ya mayores. Están de buen humor y nos cuentan que en Alemania les consideran merecedores de una medalla porque son de las parejas que más “resisten” casadas.

Una familia con tres hijos nos visita. Antes de marchar, el mayor de unos 10 años toma el agua bendita y se moja la frente. Al preguntarle si no sabía hacer la señal de la cruz, nos dice que sí, y la hace muy bien. Luego los más pequeños quieren demostrar que también saben hacerla. Al darles una estampa como recuerdo de la visita el pequeño nos pide una más “para darla a la abuelita”, gesto que conmueve al ver que los pequeños también saben ser altruistas.

Un salesiano del Ecuador director de la Universidad de Quito y el director de la universidad del Salvador nos visitan. No querían marcharse de Barcelona sin haber visto el Templo del Tibidabo.

Una señora entra en la cripta se coloca delante del altar mayor y con mucha unción empieza a cantar el Avemaría. Por la modulación de la voz se nota que es profesional. La gente que estaba en la iglesia, después de un primer momento de extrañeza, se queda quieta escuchando. Cuando la señora acaba su oración se retira y sale junto con su pareja.