INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO 

 

Año 7º- Mes de noviembre de 2008

  - Yo vengo aquí los primeros días de cada mes a rezar una hora para cumplir una promesa”, nos dice un señor ya mayor que va a entrar en la Capilla de la Adoración con su esposa. Él vino del campo a trabajar a Barcelona. Al cabo de unos años pierde el trabajo, coge una depresión, y piensa echarse por el balcón. Solía subir al Tibidabo en bicicleta. Un día, la Sra. Irene de la tienda de recuerdos, le regala una imagen del Sagrado Corazón algo deteriorada. La arregla en su casa, y al día siguiente encuentra trabajo. Ahora ya está jubilado pero no puede olvidarse del Corazón de Jesús.

 

- En el Seminario Diocesano de Terrassa, que tengo delante de mi casa, este año hay 31 seminaristas” nos dice la señora Isabel que sube a menudo al Templo. Aunque ve poco a los seminaristas porque cada día van a estudiar a Barcelona y los domingos ayudan en las parroquias.

 

- A una pareja de jovencitos de unos 16 años les explicamos ante la Capilla de la Adoración el porqué se reza. Al presentarles la vida como una misión y que cumpliéndola es cuando somos felices, a la chica se le caen de repente unas lágrimas. Al preguntarles si estudiaban bachillerato, nos dicen que ya trabajan y viven juntos. Entonces les enfocamos el tema sobre el matrimonio y el amor, que supone darse la vida, y que unas relaciones prematuras sin querer tener hijos y sin un amor comprometido no conducen a la felicidad.

 

- Un joven diácono de la diócesis de Vic ha iniciado las clases de Religión en un Instituto de Manresa y sube al Templo para pedir coraje y ayuda, ante el panorama de los alumnos muy deteriorados moral y espiritualmente que se ha encontrado este curso.

 

- “Soy la única chica de la clase que no estoy de acuerdo con el aborto” le dijo su hija de 15 años a la madre de una familia numerosa que viene a menudo al Templo. Fue la única que levantó la mano cuando la profesora pidió la opinión. Al contarlo, la madre no podía ocultar su preocupación.

 

- Un señor con dos muletas está esperando a que le vengan a buscar. Nos cuenta su accidente en el que se rompió todos los huesos y ligamentos de la pierna buena, la otra ya la tenía deteriorada por el polio. Ha estado un año en una silla de ruedas y ahora empieza a moverse con dificultad. Tiene sus dudas de fe pero no deja de practicar. Reconoce que el accidente le ha servido para acercarse más a Dios.

 

 -“Soy de Uruguay, de joven estaba preso y me mandaron a rehabilitarme a la Escuela de Don Bosco, en donde aprendí el oficio de tornero con el que me he defendido toda la vida”, nos dice un señor de unos 60 años, de aspecto muy deteriorado, con una voz cascada, al que acompaña una señora. Le escuchamos porque tenía muchas cosas que contarnos, entre ellas cómo conoció al Che Guevara. A la puerta de la Capilla de la Adoración rezamos juntos un padrenuestro, aunque no le salió el final. Luego nos dice que no está bautizado porque en aquel tiempo no se bautizaba a nadie, pero él se había aprendido el padrenuestro, porque lo oía. Agradecieron las estampas que les dimos del Templo y un calendario de María Auxiliadora.

 

- Una pareja sale de la capilla con mucho recogimiento. Al no conocerlos, nos dirigimos a ellos para preguntarles si venían a menudo y si sabían la importancia del lugar en que habían estado. Nos dicen que son de Sant Feliu de Llobregat y que cada vez que vienen a Barcelona sacan un tiempo para subir a rezar al Tibidabo. Nos alegramos que el Templo sea un punto de oración y referencia para los catalanes. 

 

-“Esto me ha salvado” nos dice un sacerdote anciano, al mismo tiempo que abre su mano y nos enseña el rosario. Vive en la Residencia Sacerdotal de Les Corts en donde hay más de 50 sacerdotes. Él estuvo más de un mes enfermo sin poderse mover de la cama, y atribuye su curación al rezo del santo rosario. Ahora llega a rezar cinco al día. Nos dice que nos conoce por la revista Tibidabo que llega a la residencia junto con las intenciones de oración.

 

-No tenía ganas de subir a la adoración porque hacía una noche lluviosa”, nos dice una señora viuda del turno de adoración nocturna del cuarto martes pero mi hijo me animó para que viniera, ya que con coche daba igual que lloviese o no”, y vino contenta. Es hermoso constatar cómo la adoración provoca reacciones positivas en la familia porque todos sus miembros salen beneficiados.

 

- Una japonesa está delante de la Capilla de la Adoración con una niña de unos seis años. Al preguntarle si era católica nos contesta, con un inglés rudimentario, que los abuelos de la pequeña, sí. Le explicamos que dentro de esta capilla se reza y le damos una estampa en japonés y otras de Jesús y la Virgen. Luego, la mamá va intentando explicar a la hija la imagen del Sagrado Corazón de Jesús comparándola  con la del niño que llevaba la Virgen en los brazos. Al cabo de un rato van los dos a arrodillarse ante el crucifijo. Luego suben a las terrazas. Antes de partir la señora enciende una vela y da un donativo. Su vista duró ciertamente más de una hora.

 

- Un señor con barba blanca y una cruz grande colgada del pecho entra en la Capilla de la Adoración cuando la Comunidad estaba rezando las Vísperas que acaban con la bendición con el Santísimo Sacramento.  Al salir, nos pregunta por qué el ministro llevaba los ornamentos blancos, por qué se puso un paño sobre los hombros, por qué el incienso… ¿Esto lo hacéis cada día? Parecía como alucinado por lo que había visto, luego continúa diciéndonos que él es de ascendencia judía aunque no practica; en su casa se junta un grupo para rezar, no importa de la religión que sea. Luego le hablamos de Jesucristo y nos escucha con atención. Pensamos en tantas personas que tienen hambre de Dios y están buscando interioridad.

 

-En todas las iglesias y catedrales de Europa que visito cada verano se oye música polifónica, gregoriana o de órgano” nos comenta el señor Armando, organista que viene a ayudarnos en las bodas. Constata que la belleza de la música es un valor universal que llega al espíritu de la persona; y también los visitantes hacen su oferta como señal de aprecio y valoración. Nosotros creemos que el Templo del Tibidabo está en esta línea.

 

- Un señor acompañado por una hija que le lleva del brazo, habla muy fuerte dentro de la cripta, y nos acercamos. Tiene 89 años, es viudo, pero sus hijos cuidan de él y le han subido al Tibidabo porque hacía unos 20 años que no subía. Quiere verlo todo, sube arriba y entra en la Capilla de la Adoración. Al marchar, nos dice emocionado que le quedan pocos años de vida y tiene miedo a sufrir. Le animamos asegurándole que el Sagrado Corazón de Jesús nunca le dejará.

 

- Tres pequeños están  jugando en las escalinatas de la cripta. La mañana es desapacible, con lluvia y viento. Un joven de unos 35 años está con ellos y, al vernos, nos pregunta si podían entrar un momento a ver la iglesia. Les acompañamos en el recorrido. Las luces de colores, los mosaicos, el Vía Crucis… atraen la atención de los pequeños. Uno nos pregunta si ésta es la casa de Jesús. Continuamos viendo las imágenes de los santos. Uno de ellos que se llama José escucha con atención la narración de su santo. Luego los apóstoles, los amigos de Jesús, San Antonio y el milagro de los peces. También les invitamos a subir del todo. Dentro del ascensor el joven nos presenta a los pequeños, el mayor de 8 años y otro de 3 años, hijos de su pareja, y el de 5 años es hijo suyo. En este momento los tres se quedan quietos porque algo les ha tocado por dentro. Al bajar se despiden.

 

-En nuestro pueblo de Carnate (Milán) también tenemos adoración perpetua desde hace dos meses nos dicen dos chicas jóvenes que nos visitan. Nos alegra esta noticia y espontáneamente nos sentimos unidos a ellos.

 

- Una joven nos pide información sobre la posibilidad de casarse en el Templo. Le explicamos que primero tiene que escoger una de las dos iglesias, y luego puede mirar el día y la hora que les convenga en la web. Pero lo importante es que van a recibir un sacramento, no se trata de magia, sino que se requieren unas condiciones para que Dios actúe en ellos, como la fe y la confesión si hace tiempo que no se ha hecho. Continuando el diálogo, nos damos cuenta de que el problema es el poco trato con la Iglesia y la Palabra. Antes de despedirnos, le dimos unos Evangelios que aceptó agradecida.

 

-Recen, por favor, por mi Héctor que acaba de nacer, para que Dios le libre de tantos peligros que va a encontrar en la vida que empieza nos dice una abuela al salir de la Eucaristía en la que había puesto esta misma intención. Le aseguramos que, al pequeño, Dios lo ha pensado desde toda la eternidad, le quiere como Padre, y nunca lo podrá abandonar.