INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO 

Año 7º- Mes de diciembre de 2008

  Necesitamos sitios de ‘emergencia’ como éste que estén abiertos durante todo el día”, nos decía un señor que nos visita con su pequeño, refiriéndose a la cripta de este Templo abierta durante todo el día.

 

Un grupo de salesianos dirigentes de las Universidades Salesianas de todo el mundo se han reunido en Barcelona para aunar esfuerzos y conjuntar iniciativas. Al finalizar sus encuentros han querido visitar el Tibidabo. Contentos, han dedicado una tarde a conectar con la Obra de Don Bosco fundador.

 

Un padre de familia numerosa nos pide oraciones por su hijo de 26 años que se ha ofrecido para la evangelización y está dispuesto a dejarlo todo para servir al Señor a donde lo llame.

 

Tres jóvenes ingleses nos dicen palabras en castellano, cosa que no es normal. Nos informan que están estudiando en Barcelona, algunos de ellos son católicos y nos escuchan con atención. Luego entran a orar en la Capilla del Santísimo. Es hermoso ver jóvenes católicos alegres y enfrentando la vida con entusiasmo.

 

Una pareja se pasea por la Cripta fijándose en todo, él es católico holandés y ella hindú. Nos preguntan sobre las imágenes, sobre la música ambiental que están oyendo… Se les ve que están gozando, y parece que no tienen prisa.

 

Tres señoras vestidas con un anorak blanco pasan un buen rato sentadas y recogidas en el primer banco de la Cripta. Nos acercamos para explicarles la historia y los mosaicos, y nos escuchan con atención. Son francesas y viven juntas formando una comunidad de oración en la montaña, lejos de la ciudad, en donde dicen que no se puede vivir, “Cuando entraban en Barcelona, al ver la montaña del Tibidabo y a Jesús con los brazos abiertos, dirigieron el coche hacia allí, como si el Señor las condujera”. Al hacerles preguntas, siempre tienen en los labios la palabra Jesús, pero nos extraña que no conocieran el Santísimo Sacramento. Antes de marchar las subimos a las terrazas en una mañana radiante de luz.

 

Dos jóvenes están visitando la Cripta con gran serenidad y paz. Una de ellas con los ojos brillantes como si estuviera emocionada. Nos dicen que son ortodoxas de Ucrania, llevan cuatro meses en España para estudiar Hostelería, y piensan pasar un año en un pueblo de la costa para luego regresar a su país. Las animamos y les presentamos la vida como una misión.

 

Un matrimonio joven al que el Señor no les concede tener hijos, y con una buena colocación, les parece que están perdiendo el tiempo solamente con el trabajo, y se han ofrecido para ir de misioneros a gastar su vida por el Evangelio a donde les manden. Nos alegramos al ver signos de fe en personas que saben aceptar su historia y enfocan la vida como una misión de entrega.

 

Un joven adorador nos pide que recemos por él porque está viendo que en la empresa las cosas van mal y puede perder el empleo.

 

Unos 30 chicos/as del Grupo Amigos del Colegio salesiano de Horta, vienen al Templo para pasar dos días de convivencia. Suben caminando el último tramo de la montaña, conviven, juegan, duermen en literas, visitan el Templo y regresan contentos. Sabemos que todo lo que implica relación crea comunidad y proviene del Espíritu Santo.

 

Una abuela acompañada por su nieta están delante de la capilla del Santísimo. La pequeña ve luces y personas de rodillas muy quietas y se queda como clavada, observando. Aunque no se atreven a entrar, la pequeña ya ha recibido el signo de alguien que reza y quiere a Jesús.

 

Desearía que me mandaran una foto del mosaico de San José con la barca sacudida por las olas”, nos pide un joven en una carta, explicándonos que hace cuatro años al volver del encuentro con el Papa en Colonia (Alemania) pasó por este Templo y quedó impresionado por el mosaico con la barca en medio de la tempestad porque reflejaba su experiencia espiritual. Ahora quería una foto para hacer un cuadro que le haga presente la gracia de Dios que ha actuado en él. Ni que decir tiene que se la mandamos.

 

Hace 42 años que vengo los terceros miércoles de mes a la adoración del Tibidabo”, nos dice una viejecita al salir un rato a la plaza para tomar el aire y el bocadillo de la comida… Para poder subir emplea más de una hora, por los cuatro trasbordos que hace. Nos dice, contenta, que empezó a venir los miércoles cuando trabajaba porque era el día en que tenía fiesta y ha continuado.

 

Dos jóvenes, con cara de despistados, se presentan a la hora en que iba a empezar la hora santa, y les invitamos a participar. Así lo hacen. Al salir nos interesamos por ellos: uno está trabajando en una gasolinera y es de Sant Boi, el otro lo hace en un supermercado. Escuchan la historia del Tibidabo y hacemos una visita nocturna “de luz y paz” al Templo. Jordi nos pregunta si todavía se confiesa la gente. Al decirle que sí, nos promete que un día vendrá a hacerlo.

 

Una familia con tres hijos, cuyo padre es adorador, nos comunica que han visto el DVD de Don Bosco, y lo consideran un regalo del Señor. Al padre, antiguo alumno salesiano de Sabadell, se le hicieron presentes tantos jóvenes con los que está trabajando en el Hospital Clínico, que también se interpelan cuando les habla de su forma cristiana de vivir y ellos suelen ponerlo a prueba muchas veces.

 

Un salesiano, ya mayor, sube sin falta cada primer viernes de mes a estar una hora ante el Santísimo Sacramento con mucha devoción. Quiere pasar inadvertido pero alguna vez nos damos cuenta y nos edifica su piedad y su espíritu.

 

Noventa muchachos de 2º de la ESO, alumnos del Colegio Salesiano de Sant Boi, suben al Tibidabo para hacer una convivencia tutorial-pastoral,. Se organizan en grupos, hacen sus actividades con los tutores, escuchan la historia de Don Bosco con el Tibidabo, y suben a lo más alto casi como una aventura. El detalle fue que una muchacha nos pidió durante la explicación, estar en silencio un rato para experimentar qué era el silencio. También un profesor nos señala una muchacha, diciéndonos que era musulmana, y que era la primera vez que entraba en una iglesia.

 

Una pareja pasa delante de la Capilla de la Adoración perpetua. La chica se desmarca del chico y entra, se pone de rodillas y queda como clavada en profunda oración. Nos quedamos parados dejando que los acontecimientos nos superen.

 

Una señora que nos visita con su familia nos dice que es profesora del Colegio Salesiano de las Palmas, que tiene más de mil alumnos. Ha leído el Boletín Salesiano en donde sale un artículo del Templo del Tibidabo, y le hace ilusión el poder verlo. Escucha la historia de Don Bosco, sube a los pies de la gran estatua del Sagrado Corazón, y se despide rezando en la Capilla de la Adoración.

 

Un autocar de chinos, tailandeses e indonesios, se para ante las escalinatas. Antes de entrar les avisamos que no se puede hablar. Una joven que entiende castellano les avisa y hacen caso. Venían de celebrar una boda y estaban aprovechando para visitarlo todo. Lo que más les intriga fue ver a la Virgen negra y la adoración perpetua.

 

Un matrimonio italiano nos pide información sobre lo que están viendo. Al final, la señora nos dice que habían venido al oftalmólogo para hacer una revisión a su marido que lo operaron aquí el mes de mayo. Estaban deseosos de subir al Tibidabo, que veían iluminado cada vez, y habían pedido ayuda al Sagrado Corazón de Jesús. Ahora, emocionados, le daban gracias.

 

Dos jóvenes escuchan la historia del Templo. Cuando les decimos que aquí se casan muchas parejas, uno de ellos enseguida se atreve a preguntar, ¿del mismo o de diferente sexo? Enseguida entendimos. Él mismo nos dijo que era gay y que eso era normal, porque el casarse chico con chica lo había impuesto la Iglesia. Les reflexionamos que la naturaleza no la hemos hecho nosotros, que todos nacemos de un padre y una madre, y, que el amor para nosotros no es lo que ellos creen.

 

Un monje benedictino francés nos visita con una señora que le acompaña. Les explicamos la historia del Tibidabo y Don Bosco, al que conocen. Se pasan un buen rato rezando. Al marchar, el monje nos pide que los salesianos no perdamos el fervor evangelizador.