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INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO
También al Templo del Tibidabo han llegado las ráfagas del temporal de viento. Aunque la gran imagen del Sagrado Corazón de Jesús no corre peligro (está a prueba de vientos de más de 300 km/h, sí que ha deteriorado los tejados y arrancado el exuberante ciprés de 50 años que se erguía a los pies de la escalinata de la cripta. El poder de la naturaleza nos ha hecho ver una vez más lo pequeños e impotentes que somos.
“Nerviosismo, falta de salud, decepción, ruina”, palabras que encontramos escritas con letras desgarradas dentro de un lampadario de la Cripta. Pensamos en la persona que las escribió.
Un señor está haciendo una fotografía al retrato de Don Hermida que está en la sacristía, junto a Don Rinaldi, Don Rúa y Don Bosco. Le preguntamos si le conoce, y nos dice que no. Entonces ¿para qué le hace la foto? “Por el alma”, nos contesta. Aunque no es beato ni santo como los otros, sí que impulsó en gran manera las obras de este Templo. “Pues, esto es lo que yo necesito ahora, porque llevo adelante una empresa espiritual y seguro que me ayudará”.
Queremos presentar también al Sagrado Corazón de Jesús a todas las personas que suben al Templo, en especial a las que se confiesan o piden ayuda espiritual a los sacerdotes de la Comunidad salesiana.
Un grupo de excursionistas sube caminando al Templo. No tienen claro qué significa la palabra “Tibidabo” y les explicamos la historia, que escuchan con atención y agradecen. Luego ellos también nos dan sus experiencias. Alguno conocía la gran estatua del Sagrado Corazón antes de ser elevada a la cúspide; otro nos comenta la impresión que le dan las personas solas que encuentran en el camino y que les piden unirse a ellos…
Al ver a un joven despistado dentro de la capilla de la adoración, le decimos que este lugar era sólo para rezar. Al salir se desahoga diciéndonos que está muy mal, se ha metido en la droga y otros pecados. Su párroco le dijo que tenía que ir al obispo para que le perdonara, pero antes quiere ir a Lourdes. Le animamos haciéndole ver que su vida era importante para Dios que le había creado para ser feliz aquí y luego en la eternidad.
“Qué chasco te vas a llevar cuando te mueras y no te encuentres en el cielo” le decía a una esposa su marido cuando aún vivía. Ella lleva ahora 22 años de adoradora y está por cumplir los 89 años. Nos agradece las intenciones del Templo por las cuales reza y, emocionada, nos asegura que son muchas más las gracias que recibe.
Nos visitan dos salesianos del Perú. Se interesan por la historia de Don Bosco y suben a las terrazas a pesar del intenso frío de la tarde. Asisten a la oración vespertina y aún les queda tiempo para gozar del museo de los Iconos. En su país son unos doscientos salesianos y nos piden que recemos por sus vocaciones.
Cuatro muchachas jóvenes vienen de tanto en tanto hacia las 10 de la noche a pasar un rato ante el Santísimo Sacramento. Un día les explicamos la historia de Don Bosco y el Templo, y se admiran de lo que ha hecho un pueblo con fe hace cien años. Se les ve que tienen espíritu.
Un joven de unos 25 años aparece los fines de semana con su Biblia bajo el brazo y se pasa horas en la Capilla del Santísimo. Nos dice que es antiguo alumno de los salesianos de Terrassa y aprecia mucho la adoración. También suele ir a la iglesia de “Los Padres” de Sabadell, en donde está expuesto el Santísimo durante todo el día. Se lamenta que ello no exista en ninguna iglesia de Terrassa.
Una familia con un niño sale de misa. El padre, que trabaja en Rusia, había venido a pasar las fiestas de Navidad con su esposa. Él sabe que vive una situación familiar difícil, pero considera una gracia, haber encontrado en San Petersburgo, una pequeña Comunidad católica de unas 20 personas que se reúne en un rincón restaurado de una gran iglesia, casi derruida, y regentada por los claretianos.
La señora encargada del grupo de “Las Marías”, que los jueves se turnan durante todo el día en adoración ante el Santísimo en la iglesia de las Clarisas de Ciudadela, nos dice que cada mes pone a disposición de las adoradoras, las intenciones del Tibidabo junto con la revista. Desde este Templo nos sentimos unidos a todas ellas.
Después del Retiro de Adviento, varias personas se han interesado para continuar su formación bíblica iniciando un segundo grupo de Biblia.
“Han sido unos días de un machaqueo espiritual, pero estamos contentas”, así nos resumían algunas de las 30 muchachas de bachillerato del “Colegio del Pinar” después de hacer un retiro de tres días en el Templo. Un sacerdote madrileño les dirigía las charlas. Rezan y tienen largos ratos de adoración, incluso por la noche. ¡Ojalá fueran muchos los colegios que comprendieran la importancia de estas convivencias de fe!
Nos dejó el adorador veterano Sr. Antoni Canyelles que tanto se preocupó por la iluminación de este Templo. Durante muchos años recogió ofertas para lo que él consideraba un gran apostolado: que se pudiera ver el Templo como un faro que indica a todos los barceloneses la presencia del Señor Sacramentado. En sus exequias, la capilla del tanatorio estaba a rebosar, y pudimos comprobar hasta qué punto era querido por su familia y por todos. Cuatro de sus nietos quisieron dar en público su despedida al abuelo que tanto les había querido. Nos enorgullece el haber tenido al Sr. Canyelles hasta sus 90 años de animador y adorador del Tibidabo.
Un señor, que acompaña a su madre de 92 años, nos dice que cada año van a Montserrat y al Tibidabo. La viejecita, que apenas oye, lo primero que hace es ir caminando despacito hacia la Capilla de la adoración. El hijo no entra porque dice que cree en Dios a su manera.
Un grupo de seis seminaristas con el padre formador nos piden que les expliquemos la historia del Templo. Son del movimiento “Lumen Dei” que tuvo problemas con el Padre General. Ellos lo interpretan como una prueba, como le pasó a Don Bosco con su obispo, cuya historia conocen bien. Escuchan con atención. Antes de marchar están un buen rato de adoración ante el Santísimo Sacramento.
Recordamos con gozo la presentación del nuevo libro sobre la vida de de la sierva de Dios Doña Dorotea de Chopitea, señora de la Barcelona del ochocientos quien costeó la primera ermita del Tibidabo, entre otras muchas obras de beneficencia, y de la que ya se ha introducido la causa de beatificación, para lo cual sólo se requiere un milagro. El cardenal de Barcelona afirmó que su beatificación sería una gracia y un gran bien y ejemplo para toda Barcelona.
Un padre de familia al salir de la Eucaristía nos dice que una hija suya casada está sufriendo mucho porque el hijo que está esperando es mongólico. Ella se encuentra en una terrible lucha porque quiere tenerlo pero a veces está dudando.
Una adoradora de más de 80 años nos cuenta su aventura para subir al Templo en un día de niebla. Al pedir información en la plaza Cataluña para subir al Tibidabo la dirigen hasta el funicular de la avenida Tibidabo que no salía hasta media mañana. Regresa a Cataluña y emprende otro viaje con ferrocarriles. Emplea varias horas de viaje, pero estaba contenta porque acepta sus limitaciones.
Dos muchachas jóvenes están ante un confesionario como riendo y jugando. Les invitamos a serenarse y en plan distendido les decimos que en penitencia tienen que escuchar un sermón. Al ver que escuchan continuamos, incluso después de cerrar la cripta. Nos dice que son estudiantes y han recibido incluso la confirmación. Una de ellas quiso confesarse, pero le dijimos que sería mejor otro día. Antes de partir les invitamos a visitar el Santísimo Sacramento, cosa que hacen con mucho gusto. Pensamos que el ambiente de penumbra y de completo silencio les abrió por dentro.
Nos visitan dos jóvenes seminaristas de EE.UU que atienden a los peregrinos que van a la “Domus Galileae” en Tierra Santa. Les acompaña un padre dominico. Nos dicen que están ahora en Barcelona porque les han “soltado” durante el mes de enero por no tener peregrinos.
Unas 40 jóvenes “Consagradas”, de la rama femenina de los “Legionarios de Cristo Rey” quieren subir al Tibidabo para conocer la obra de Don Bosco y pedir su ayuda antes de iniciar los ejercicios espirituales de ocho días.
Un joven catalán que estudia en el seminario de Finlandia viene a pasar las fiestas de Navidad con su familia. Sube con frecuencia al Templo y nos expone sus dificultades de lejanía, frío, y lo que es más duro: que apenas ven el sol porque allí los días son muy cortos. Con todo, él ve que es necesario estar allí porque hay muy pocos católicos y ha ofrecido su vida para la evangelización.
Un señor mayor nos quiere contar una anécdota de hace más de 40 años. Cuando tumbaron al suelo la gran estatua del Sagrado Corazón para subirla a lo alto, le dijo a su hija: “Tócale la mano al Sagrado Corazón de Jesús porque ya no lo podrás hacer más cuando esté arriba del todo”.Así lo hizo ella, y ahora recuerda muy bien este momento.
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