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INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO
Año 8º- Mes de mayo de 2009
- Tres matrimonios con sus familiares suben al Templo a celebrar sus 25 años de casados. Es una celebración entrañable y bonita porque ellos con su vida nos certifican que existe la felicidad y es posible amarse y ser fieles con la gracia del sacramento.
- Un grupo de jóvenes entra en la cripta y se ponen de rodillas haciendo ver que rezan al mismo tiempo que una chica les saca una foto. Nos metemos con ellos seriamente diciéndoles que si quieren jugar o reírse no han escogido el mejor sitio… Uno de ellos en nombre de los demás pide perdón. Nos serenamos y podemos iniciar un diálogo y una explicación que los jóvenes aceptan. Comprendemos que es fácil sentirnos ofendidos y que los jóvenes en grupo se envalentonan rápidamente.
- Un grupo de cinco personas, que se ve son miembros de una familia de inmigrantes, nos piden que les bendigamos unos recuerdos, luego uno de ellos nos hace una consulta. Su esposa está embarazada y le han dicho que el pequeño tiene un punto negro en el corazón, ellos se han asustado y no saben qué hacer. Les hablamos de la vida que está pensada por Dios desde toda la eternidad como una misión de amor… Además, conocemos más de cinco casos en que el médico había diagnosticado “mala formación del feto” y luego no fue verdad. Al insinuarles que San Antonio ayudaba a las madres encintas porque contribuyen con Dios en la creación, van a rezar con mucha devoción ante su imagen. Se marcharon en paz.
- “Hemos echado una oferta para pedir a Dios que nos proteja”, nos dice un padre con su hijo de 15 años. El muchacho adolescente va mal en los estudios y no le obedece demasiado. El padre además tiene problemas de trabajo. El muchacho escucha en silencio las reflexiones.
- Un joven con una palma en la mano, asiste con su pareja a la misa del Domingo de Ramos. Al final nos manifiesta su alegría: no había asistido a esta Eucaristía desde que tenía 5 años, y ha querido hacerse pequeño recordando aquel día. La palma la piensa poner en el balcón de su casa como signo de que está redescubriendo el ser cristiano que le llena su vida de paz y de sentido.
- Seis mujeres rezan ante la Virgen de Montserrat. Son un grupo que se dedica a visitar santuarios. Esta vez querían ir a Fátima pero no pudo ser y por eso han venido a pasar el día en el Tibidabo. Suben a los pies de la imagen en un día de niebla y les gustó mucho porque se sintieron envueltas en la blancura de Dios. Les explicamos algo de la historia del Templo y se marchan contentas.
-“Por favor rezad por mi y por Nicola e Irene”, nos pide por dos veces un joven con su bolsa al hombro después de salir de la capilla del Santísimo y rezar ante el Santo Cristo.
- Nos han visitado varios grupos de discapacitados que han llenado de simpatía y alegría de la buena, nuestro Templo. Les damos algunas indicaciones del Templo y nos hacen sus preguntas. Luego los que quieren suben a ver la panorámica de Barcelona desde lo más alto. Estamos seguros que el Corazón de Jesús se habrá alegrado al ver el alma trasparente de estas personas que son como ángeles en la tierra.
- Un grupo internacional “Fuerzas de paz no violentas”, que pretende ayudar a los pueblos en conflicto directo, se han reunido durante casi dos semanas en nuestra Residencia. Hemos visto a unas 20 personas de varios continentes transitar por casa y haciendo sus reuniones hasta bien entrada la noche.
- Nos visita un sacerdote de Venezuela que lleva dos años ordenado. Se pone contento al escuchar la historia de Don Bosco porque tiene una hermana que es Hija de María Auxiliadora y nos pondera la obra salesiana que se realiza en su país. Le pedimos su dirección porque hay conventos de clausura en Barcelona que desean contactar con chicas jóvenes del Camino neocatecumenal.
- “Hay momentos que necesitas un hombro para llorar”, nos dice un padre que tiene un hijo de 14 años con cáncer y la madre ha tenido que dejar el trabajo para atenderle.
- A una joven que hace una genuflexión ante la Virgen de Montserrat le insinuamos que a las imágenes las veneramos con una reverencia. Ella, que viene con una compañera y era la primera vez que subía al Tibidabo para acompañar a la recién llegada, nos dice que en el Brasil lo hacen así; trabaja en Barcelona, y hace siete años que vive en un piso junto con otras dos chicas.
- Un adorador nocturno de 78 años, aunque está delicado del corazón, no suele fallar nunca a su turno. Al preguntarle por su estado de salud, nos dice que “va de un médico a otro” y le mantienen las 15 pastillas que toma cada día.
- Una señora nos pide oraciones para una joven que ha entrado de novicia en un convento de clausura de Vic, para que persevere en su vocación.
- “No hemos podido ir a la misa pascual de la noche porque un vecino nuestro nos agredió”, nos dice una señora llorosa que entra en la capilla de la adoración mientras sus dos hijas la esperan afuera. Al salir les intentamos ayudar a interpretar el acontecimiento en cristiano, ya que el vecino no será ciertamente un perverso, sino que el mal le habrá engañado, como a nosotros tantas veces, y si ahora ellas le guardan rencor no ganan nada. Jesús nos propone siempre el amor al enemigo, como él ha hecho con nosotros que le estábamos matando en la cruz.
- Un señor elegante adornado con cadenas está disfrutando de la belleza de la cripta. Al explicarle lo que era la “expiación”, nos dice que el pertenece a la iglesia de Filadelfia y también reza. Ha entrado en la iglesia mientras sus hijos están en el parque de atracciones. Al hablar con él y preguntarle cómo han celebrado ellos la Pascua, nos dicen que han hecho un recuerdo de la cena de Jesús y el pastor les ha dado pan con un poco de vino.
- “Le pido cada día al Señor que me venga a buscar cuanto esté velando en oración y cantando sus alabanzas” nos dice, gozosa, una religiosa ya mayor, en esta Pascua.
- Una señora, con varios jóvenes, nos dice que siempre que viene alguien a conocer Barcelona lo sube al Tibidabo. Ella es hija de padre hebreo y madre ortodoxa. Actualmente su religión es la “meditación” aunque le atrae mucho Jesucristo. Nos entendemos en italiano y le presentamos a Cristo resucitado que da sentido a toda la historia y es la garantía de que también nosotros un día resucitaremos.
- Un señor convive con su amiga porque se pensaba que no se podía casar si no podía pagar el banquete. Se alegró al saber que el sacramento del matrimonio se puede recibir prescindiendo de todo lo demás. Contento, nos dice que va a hablar con su compañera que también es religiosa como él.
- Una mamá con su hija de 7 años pasan ante la capilla de la adoración. Al preguntarle a la pequeña si sabía rezar, nos responde recitando el Jesusito de mi vida y el Padrenuestro. Y cuando dices una mentira, ¿qué haces?, le pregunta la mamá. Pido perdón a Jesús. El encanto y sencillez de la pequeña son para animar a cualquier catequista. También nos acordamos de cuando los padres nos dicen que “sus hijos todavía son demasiado pequeños para rezar”.
- Nos piden que recemos por Carlos, un joven que preocupa a su familia porque se está desviando de los principios que le enseñaron.
-“Noto que me falta algo en mi vida y no estoy bautizado”, nos dice un joven que acogemos escuchándolo un buen rato, le informamos sobre lo qué significa el bautismo y le indicamos su parroquia o que volviera aquí al Tibidabo.
- Nos visita un grupo de monjas jóvenes de varias nacionalidades del Instituto del Verbo Encarnado (IVE) que estudian en Roma, se dedican a la evangelización de la cultura, siguen a Don Bosco en su labor con los jóvenes, y han venido a Barcelona a la toma de hábito de una catalana la cual nos pide recemos por ella. Asisten a la Eucaristía, suben a visitar el Templo, y en la basílica cantan la salve con gran fervor.
- “Llevo 45 años viniendo al Tibidabo y ahora que puedo, paso todo el día aquí” nos dice una señora de 77 años que había salido a comer su bocadillo y estaba entrando a la capilla de la adoración para hacer el turno de las 14’-h. Luego nos comenta, que “no para”, va a comer con sus hijas, con su hermano, con las sobrinas…
- Un grupo de hermanos de la Salle de diferentes lugares de España, nos visita. Escuchan la historia del Templo y asisten a la Eucaristía.
- Un padre de familia en paro se pasa tardes enteras rezando en la capilla de la adoración. Quiere aprovechar el tiempo porque sabe que el Señor le escucha. Sus dos hijos se casaron con chicas no bautizadas, lo que fue un disgusto para él, y se quejaba al Señor. Luego vio que en vez de lamentarse tenía que rezar y confiar plenamente que Dios le escucharía. Al cabo de unos años las dos nueras conectan con el párroco del pueblo que las prepara y bautiza, con no pocas dificultades. Nos acordamos de tantas familias en que los hijos se distancian de la práctica religiosa.
- “Todas las enfermedades son tristes pero las de la cabeza mucho más”, nos dice un señor jubilado que subía con su moto casi cada día, y ahora lo vemos muy poco; cuida a su hermano que no sabe dónde se encuentra y no lo puede dejar solo y muchos días se lo tiene que llevar a su casa.
- Un grupo de unas 40 personas de Perpignan (Francia), que forman la asociación de “Los tesoros de Catalunya”, nos visitan. Hablan catalán y francés, y escuchan con ganas la historia del Templo. Al final manifiestan su sensibilidad religiosa cantando una salve a la Virgen.
- “Aquí dentro se nos ha parado el tiempo” nos dice una pareja francesa que está contemplando la belleza de la cripta. Están visitando las iglesias y van de “sorpresa en sorpresa”, cada una con su encanto particular.
- “Que continúen, a ver si esto hace efecto” nos contesta un señor al decirle que en la capilla del Santísimo se rezaba día y noche pidiendo perdón por los pecados de España. Después reconoce que no son sólo los otros los que los hacen sino todos.
- “Me siento muy feliz porque en los días de Ejercicios Espirituales me he sentido en paz y perdonada por Dios de toda mi vida” nos dice una religiosa. Ella ve necesario pararse de la vida cotidiana y centrarse en Dios porque las cosas mundanas la atrapan fácilmente.
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