Mes de mayo de 2004  

 



 

Nos visita una familia musulmana con tres hijos. La mujer y la hija mayor visten como cualquier joven moderna. Al ver al sacerdote ante la puerta enseguida se presentan. Al explicarles que aquí se rezaba continuamente están de acuerdo en que la oración es importante En un pequeño diálogo nos comentan que ellos no conciben una persona que no crea. Luego dan una vuelta por la cripta y se despiden muy cortésmente.

 

Un grupo de diez junioras de las Carmelitas de la Sagrada Familia vienen con su formadora a pasar un día de retiro en el Templo. (El juniorado, en la vida religiosa, es la etapa posterior al noviciado en que después de los primeros votos temporales las profesas se dedican al estudio y van consolidando su vocación religiosa.) Pasan largos ratos de oración en la capilla, comen en el jardín con mucha alegría, visitan las dependencias del Templo, la Exposición de la Santa Sábana y el museo de arte navideño. Se marchan contentas.

 

Un sacerdote diocesano, al finalizar la misa crismal en la catedral, con unos 300 sacerdotes alrededor de Sr. Cardenal y de los obispos, nos decía que apreciaba mucho la labor apostólica del Templo del Tibidabo, en especial la adoración perpetua. Muchas personas le confiesan que cuando están en “baja forma espiritual” suben a rezar al Templo y salen confortados. Luego la iluminación nocturna la considera un signo fuertemente religioso para toda Barcelona. El hecho de ver el Templo iluminado por la noche le ayuda a él mismo a rezar.

 

Mn. Carreras, obispo auxiliar de Barcelona con el cual hemos podido relacionarnos con más familiaridad después de la misa Crismal, nos dijo que aunque no podía subir por el Tibidabo, nos enviaría a otras personas.

 

Durante la Semana Santa han residido en la Hospedería del Templo doce personas que han pasar unos días de descanso y han asistido a las funciones religiosas.

 

Una niña se arrodilla para rezar ante la gran imagen de Cristo Crucificado. Al marchar quiere darle un beso, pero como no llega, alarga la mano y le hace una caricia conmovedora.

 

Una señora viuda que vive cerca del Templo viene el sábado santo, como otros días, para asistir a la misa del 12’-h. Al ver la puerta cerrada de la capilla de la adoración se extraña y se le explica que hoy es el único día del año que no hay misa para que el pueblo cristiano fije su atención en la cruz que está colocada en el centro de la iglesia. Se marcha despacio y cabizbaja como había entrado, aprovechando la ocasión para iluminar unas velas eléctricas con unas monedas.

 

Alumnos y padres del colegio “Escala Dei” de Barcelona suben a pie al Tibidabo para celebrar el 50 aniversario de su fundación. Son más de 100 personas con la alegría característica de los encuentros familiares. Finalizan su encuentro celebrando la Eucaristía. Los responsables, después de conocer las dependencia del Templo, prometen repetir cada año esta peregrinación, incluyendo una comida de hermandad.

 

Un padre entra en la cripta con dos niñas de unos seis y ocho años. Lo primero que nos pregunta es por el Santísimo, al cual se dirige enseguida con las pequeñas. Al salir nos dice que es misionero y vive con toda su familia en Haití desde hace 3 años, aunque ahora han tenido que salir por unos meses, hasta julio, por lo peligroso de la situación política del país. Pertenecen a una comunidad neocatecumenal de la parroquia de Santa Juliana y Semproniana de Barcelona. Impresiona su testimonio evangélico de ir a vivir entre los pobres. Las pequeñas nos dicen, con todo su candor, que ellas también son misioneras.

 

Un grupo de cinco monjas francesas de los Sagrados Corazones vienen a visitar España antes de cerrar su casa de Toulouse. Se las ve ya entradas en años. Después de rezar en la capilla de la adoración quieren saber la historia del Templo del Tibidabo porque conocen a los salesianos. Luego suben con el ascensor para contemplar la panorámica de la ciudad y las montañas. Quedan encantadas, y atribuyen el estar aquí para poder ver todo esto, a un regalo del Señor. Antes de partir nos dicen que quieren mucho a D. Bosco porque él confió plenamente en la Providencia, y ellas ahora la necesitan mucho porque no saben ni siquiera a dónde van a ir a vivir. Nos piden que recemos por las vocaciones de su Congregación y ellas rezarán por las nuestras.

 

A un pariente de una familia que asiste cada domingo a la Eucaristia en el Templo, le han tenido que cortar una pierna. Hacía poco que con sus 30 años había acabado la carrera de ingeniero, cuando tuvo un accidente. Durante cinco años ha estado internado pero al final no le han podido salvar la pierna. Sus familiares nos piden oraciones para que sepa enfrentarse cristianamente a su realidad.

 

Un taxista, que asiste casi todos los días a misa por la tarde, nos dice que el venir al Templo le supone perder unas horas de trabajo, con lo cual podría ganar más dinero, pero para él la Eucaristía tiene un valor mucho más grande.

Las Hermanas Carmelitas de la calle Panamá de Barcelona nos envían el boletín nº 2 para la promoción de la causa de canonización de sor Mª Cristina de la Eucaristía Alonso.

 

Una señora ortodoxa muy asidua del Templo, nos comenta que este año ha coincidido su fiesta de la Pascua con la de los católicos. En Barcelona hay unos 3.000 fieles ortodoxos de los cuales practican unos 300 en dos centros de culto. Para ellos también la Vigilia Pascual es la celebración más importante del año y se pasan toda la noche de celebración, comiendo al final el cordero pascual. Su saludo estos días es: “Cristo ha resucitado” al que se responde: “Verdaderamente ha resucitado”.

 

Muchos domingos al caer de la tarde se puede observar a una familia, con su hijo en una silla de ruedas, rezando en la cripta. Se paran ante la imagen de la Virgen Auxiliadora, de san José o en la capilla de la adoración. Es la familia de Alberto que hace bastantes años que conocemos. Aunque él habla poco, transparenta una gran paz y serenidad interior. Cuando alguien le saluda siempre devuelve una sonrisa que sale de un alma serena, a pesar de encontrarse impedido.

 

Una mamá con un joven sacerdote visitan la cripta. Ella es vasca, casada con un catalán, y vive en Barcelona. Su hijo sacerdote es de la diócesis de Toledo y viene a pasar unos días en casa. Han subido al Templo del Tibidabo porque quieren recordar que hace unos años celebró aquí su primera misa el novel sacerdote.

 

Muchos salesianos y conocidos quieren ver por última vez al P. D. Isidre Segarra.  Hacía 25 años que pertenecía a la Comunidad Salesiana del Tibidabo. Durante todo el día 22 de abril, continuamente van pasando, ante su cuerpo sin vida, personas que lo han conocido. Vimos llorar a un seglar amigo suyo de muchos años. Oímos conversaciones conmovedoras: “!Yo si que lo quería¡ Por la noche, los salesianos del Tibidabo y vecinos nos despedimos de D. Isidre de una manera familiar, rezando el rosario a su lado y  encomendándolo a la Virgen Auxiliadora en quien tanto había confiado. Durante su pre-agonía le oímos pronunciar rmuchas veces: ¡Madre mía! ¡Madre mía!.

 

Sesenta sacerdotes salesianos concelebraron el día 23 de abril en el funeral de despedida de D. Isidre Segarra, que había pasado a la casa del Padre a los 90 años de fecunda vida salesiana. Todos nos sentíamos en comunidad de fe, y ante el altar, recordamos nuestro caminar hacía la Jerusalén celeste.

 

 Ocho jóvenes de la Delegación de la Juventud de Barcelona vienen a pasar un domingo en el Tibidabo con intención de visitar la exposición de la “Santa Sindone”. Después de asistir a la Eucaristía escuchan la historia de D. Bosco, suben hasta los pies de la imagen que corona el Templo y comen en el jardín, en una mañana soleada, siempre con su habituada alegría juvenil. Por la tarde pueden visitar la Exposición y acaban con una oración en la capilla de la adoración. Se marchan contentos.

 

Un grupo de 50 jóvenes de regreso de la beatificación de la monja salesiana Sor Eusebia Palomino en Roma, viene a conocer y a pasar un rato en el Templo. Son de varios pueblos del sur de España: Valverde del Camino (pueblo de la beata), Utrera y Jerez. Escuchan la historia de D. Bosco y quedan encantados de poder contemplar Barcelona y todo el paisaje desde el punto más alto de la ciudad.

 

Una familia argentina con dos hijos, que habían subido con una camioneta familiar, nos solicitan que se la bendigamos. Se les comenta que la bendición es una pequeña celebración de la Palabra y por ello es un poco larga. Están de acuerdo y una vez en el parking, escuchan la Palabra de Dios, participan en las plegarias y reciben la bendición junto con su vehículo. Luego en la conversación nos dicen que Argentina está mal social y políticamente y por eso muchos han optado por emigrar.

 

Una joven pareja, con el pequeño en brazos de la mamá, nos visita acompañada de sus abuelos. Ella nos dice que hacía tres años vino con sus amigas, y delante de San Antonio les dijeron que era un santo al que se le podía pedir un novio con fe, porque escuchaba. A las pocas semanas encontró al chico que ahora es su marido. La mamá está convencida de que intervino el santo en su vida.

 

Una pareja joven quiere subir a la Basílica y con mucho orgullo nos dicen que son polacos. Se les indica que ya está todo cerrado y solamente se puede tener acceso a la cripta o a la capilla de la adoración perpetua. Sin pensarlos dos veces enseguida van a rezar.

 

Después de participar en el Viacrucis del Viernes Santo, dos señoras nos dicen que es el segundo que hacían. Lo han querido repetir aquí, porque al ver las imágenes tan sugestivas, les ayuda mucho.

 

40 días sin chocolate. Una joven nos dice que no ayuna porque no lo consigue, sin embargo ha estado 40 días sin comer chocolate que le gusta mucho.

 

Una madre tiene un niño de unas pocas semanas entre sus brazos. Por el aspecto se diría que es emigrante. Está delante de la gran talla del Cristo crucificado y se le ve que está rezando. En un cierto momento levanta al pequeño y lo aguanta a la altura de los pies de Jesús hasta que consigue que el pequeño toque con su tierno cuerpecito el crucifijo. No podemos sino admirar el gesto que habla. El Señor sabe captar muy bien las intenciones de los que lo invocan con fe.