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INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO
Año 8º- Mes de octubre de 2009
- El Domingo Mundial de las Misiones, toca de lleno al Templo del Tibidabo que apoyamos al P. Marzo en su labor evangelizadora en la inmensa India. Nos encargamos de recoger los donativos de los colaboradores y asegurar que lleguen a su destino. Con ellos se da de comer, se construyen puentes y canales... Las visitas periódicas del P. Marzo nos anima a proseguir en esta labor..
- La cumbre del Tibidabo está en obras públicas. Se quiere evitar la subida de coches y hacer un espacio peatonal; lo que en principio tiene que ser un bien, parece que crea serios inconvenientes de circulación e incertidumbre de futuro para el acceso de los fieles al Templo. Pedimos al Señor que se ha construido este Templo para su gloria, que lo siga protegiendo por el bien espiritual de Barcelona y de todo el país.
- Un joven está de pie junto a la puerta con cara triste. Con ojos llorosos nos dice que su madre había muerto hacía poco y que su padre está impedido a consecuencia de una embolia. Le entristece ir a verlo a la residencia porque hay personas que nadie visita y él se siente oprimido por el sufrimiento que ve, y no entiende. Le presentamos el amor de Jesús y su cercanía con los que sufren y le aseguramos que rezaremos por él.
- El marido de una familia tiene que tiene que ir a vivir a Madrid por razones de trabajo. La esposa pide excedencia en su trabajo para poder estar con él, exponiéndose a perder el empleo. El jefe no le dice nada y al cabo de unos días le da permiso, asegurándole que le guarda la plaza, e incluso, le da de baja estos meses para que pueda cobrar, diciéndole que la admiraba porque no había tenido miedo de perder el empleo para estar con su esposo. Nos alegra escuchar esta noticia de responsabilidad familiar.
- “Estoy respirando aire puro y fresco”, nos dice un señor que de buena mañana ya está en la plaza del Templo y lleva muchos años subiendo al Tibidabo. Hablando con él nos da detalles de la “la torre de las aguas” que se construyó porque no había posibilidad de continuar el Templo ni de construir ninguna casa sin tener agua. La torre se alimenta de la fuente del “Camí de les aigues” y con otra conexión para la montaña de san Pedro mártir.
- Dos matrimonios que hacía 27 años que no se veían, pasan un día juntos en el Tibidabo. Les interpela el hecho de haberse encontrado, pues creen que es algo más que una casualidad. Después de un diálogo animado, llegamos a la realidad de la resurrección de Jesucristo sin la cual pierde sentido el tiempo y la vida. Se marchan contentos.
- Un joven sacerdote reza en la cripta la Liturgia de las Horas y va levantando los ojos de tanto en tanto para mirar los mosaicos. Al acercarnos nos dice que es de una parroquia de Almería, da clase en el Seminario, en donde hay 20 seminaristas mayores, y cada año se suelen ordenar dos o tres. No conocía el Tibidabo y escucha la historia complacido.
-“Se la voy a enseñar a mi abuela, le gustará mucho”, nos dice un joven al mostrarnos la fotografía de la talla de Cristo crucificado que había sacado y que le impresionaba mucho. Se fijó que no tenía la herida del costado, e incluso los ojos los tenía abiertos. Nos interroga pensar el por qué a tantas personas que pasan por delante, el crucifijo no les diga nada, y a este joven, sí. ¿La gracia de Dios no se habrá servido de la abuela que tiene fe y amor a Jesús?
- Un grupo de unos 30 filipinos nos visita acompañado por el salesiano Juan Andreu que había estudiado aquí en el Templo, y hace 50 años que está en Filipinas. En Sarriá habían celebrado la Eucaristía en la capilla que fue la habitación de Don Bosco. Contentos, escuchan la historia, van a rezar ante el Santísimo y suben a las terrazas.
- Un matrimonio venezolano está encantado de encontrarse en el Templo. Iban perdidos por el metro, hasta que encontraron un autobús que les subió hasta aquí. La chica ha sido profesora en un colegio salesiano y está preocupada por su país, porque el gobierno quiere suprimir los colegios religiosos. Nos piden oraciones.
- Un adorador jubilado nos dice que ha ido de vacaciones con su esposa residiendo en diferentes monasterios de clausura en donde han estado muy tranquilos. Asistían a las celebraciones litúrgicas de la Comunidad y, de paso con su estancia, ayudaban al mantenimiento de los monjes. Les impresionó uno en que había solamente cinco monjes.
- Un grupo de una parroquia salesiana de Eslovenia celebran muy fervorosos la Eucaristía con su párroco y visitan el Templo.
- Un matrimonio con tres hijos pequeños salen del parque de atracciones en donde han pasado el día con unos bonos familiares, y entran en la cripta. La niña pequeña parece un terremoto, no para de ir y venir de un sitio a otro, y metiéndose por todas partes. La madre siente necesidad de entrar en la capilla de la adoración mientras el marido está con los pequeños. Nos alegra ver un matrimonio cristiano que da su vida por la familia.
- Una señora nos pide oraciones por una amiga suya que tiene problemas familiares serios, está en manos de psiquiatras por una depresión profunda, y no se controla con las pastillas.
-“En Alemania ya no hay sacerdotes” nos dice una pareja en francés, afirmación que nos hace pensar y que creemos muy personal. Con todo pedimos por las vocaciones sacerdotales de Alemania.
- “Las sacamos para que salgan de sus habitaciones y vean el templo y a la gente” nos dice una enfermera de la Residencia vecina que acompaña a tres viejecitas, una de ellas ciega. Asisten con mucha devoción a la Eucaristía de media tarde. Al marchar les recordamos que aquí rezamos por todos ellos y les invitamos a hablar del cielo a sus compañeras.
- Un señor nos dice que había estado de pequeño en la Escolanía del Templo y se acuerda muy bien de los salesianos de su tiempo. No para de contarnos cosas y darnos fechas. Cuando le insinuamos que aquí todavía se sigue rezando día y noche, nos dice: “En eso cada uno piensa diferente”, como si no fuera importante la oración.
- Una joven está de pie, a una cierta distancia, mirando la majestuosa talla de Jesús en la cruz. Ver su cara era para conmoverse: en sus ojos fijos en el crucificado se transparentaba algo que superaba lo humano. Las personas que pasaban por delante no la inmutaban lo más mínimo. Al cabo de un buen rato, se acerca al crucifijo, con mucha sencillez le da un beso, y echa una moneda en el cepillo. Necesitamos ver a menudo signos como éste, que nos invitan a mirar con amor a quién nos ha amado entregándonos su vida.
- Un joven está sentado en un banco de la cripta con la cabeza entre las manos. Al mirarle le reconocemos de una noche que vino a pedirnos que le bendijéramos un paquete de sal... Nos comunica que se encuentra muy solo. Los armenios suelen decir que son cristianos pero tienen sus “ritos especiales”; no saben qué es la Eucaristía; los domingos van con la familia a alguna iglesia para encender una vela... El joven nos dice que cree mucho en Dios pero el mal le puede.
- Una familia numerosa viene pesarosa a misa porque tienen al abuelo internado en el Hospital. Le conocemos muy bien porque es un gran devoto del Sagrado Corazón y ha colaborado mucho con este Templo.
-“¿Puedo rezar ante el Santísimo?” nos pregunta la novia vestida de blanco antes de subir a la basílica para casarse. La vemos concentrada con mucha devoción porque debía ser consciente de lo que iba a suceder y necesitaba estos momentos de serenidad.
- Son muchos los ortodoxos que nos visitan, encienden solemnemente una vela y la depositan en el lampadario quedándose quietos un rato, cosa que luego no se compagina con su hablar en voz alta dentro del recinto. Sabemos que es su manera de rezar, porque Dios es luz, y encender una vela supone relacionarse con Él, para que les bendiga y proteja.
-“Vengo de decirle una cosa a Jesús”, dice un niño de unos cinco años que se levanta del reclinatorio de delante del Santo Cristo y contento sale hacia afuera con su padre. Siempre es un gozo encontrar niños que han descubierto la amistad con Jesús.
- Una pareja de alemanes, él católico y ella evangélica, se interesan por la historia del Templo. Nos preguntan si había un “camino del peregrino” como hay el de Santiago de Compostela. Les extraña ver dos iglesias, una sobre otra. Les sorprende ver un parque de atracciones al lado de una iglesia de adoración perpetua… Al final, les invitamos a la oración.
- El matrimonio de una familia numerosa viene a misa con el hijo mayor que cumplía 23 años y creen que su existencia es un milagro. Nos cuentan que nació prematuro con 800 gramos, que le cabía al papá en la palma de la mano, y no podía estar en una incubadora. En este tiempo ellos vivían en EE.UU. Conectaron al pequeño con un ordenador que le hacía de pulmón, en el corazón le iban inyectando suero, comía por una sonda… y ahora estaba fortísimo, sólo le había quedado la secuela de andar cojo.
-“Un viejecito que cuido en la Residencia todos los días me dice que quiere irse a su casa. Yo trato de hacerle comprender que su casa es ahora la Residencia y los que le cuidamos somos sus familiares”, nos dice una cuidadora que les trata con mucho cariño y se preocupa no sólo de su salud sino también de su espíritu.
-Un grupo de jóvenes entra en la cripta en penumbra con los mosaicos iluminados y música coral de fondo. Escuchan la historia y empiezan a visitar la iglesia. Poco a poco se van sentando y quedan como extasiados. Se cierran las puertas y ellos ni se inmutan. Al darnos cuenta que una joven estaba embarazada, le recordamos las palabras de san Antonio: que si reza Dios la escuchará, porque está colaborando con él en la creación, y va a rezarle.
- Un señor después de rezar en la capilla del Santísimo nos dice que trabaja en la “torre roja” y tiene 40 personas a su cargo, de las cuales él es el único que se acerca a la iglesia y los demás se le ríen, cosa que tiene asumida aunque no entiende. Le aseguramos que, a la larga, la verdad se impone por sí misma.
-“Él es seminarista y yo sacerdote de Vietnam” nos dicen dos jóvenes que han estado rezando. Escuchan contentos la historia del Templo. Luego nos informan de que ellos tienen los seminarios llenos y van enviando sacerdotes a otras naciones.
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