INTENCIONES PARA LA ORACIÓN del TIBIDABO 

 

 

Año 9º- Mes de enero de 2010

 

- Hemos entrado en un nuevo año de gracia del Señor y los salesianos nos fijamos en el día 31 de enero que será la fiesta de San Juan Bosco. Este año recordaremos los 100 años de la muerte del beato Don Miguel Rúa el primer sucesor, el cual visitó este Templo y consagró la Congregación Salesiana al Sagrado Corazón de Jesús.

 

- Las obras de la montaña del Tibidabo, que tanto afectan al Templo, se dan por finalizadas. Se ha querido hacer un espacio peatonal. En verdad queda hermoso. Esperamos que ello no repercuta en los accesos a la iglesia.

 

- “Lo más grande que nos ha pasado es tener al hijo”, nos dice la mamá de una pareja que hace dos años se casó en nuestro Templo. Nos alegramos al ver al matrimonio feliz con el pequeño al que van aprendiendo a tratar.

 

- Un joven que nos visita, nos dice que ha estado en China y ha vuelto impresionado al ver ciudades de 18 y de 20 millones de habitantes y que la gente tiene para comer. Hay un montón de religiones y los cristianos somos un 1% con el agravante de que los que están unidos a Roma están perseguidos.

 

- Un grupo de señoras y jóvenes nos visitan acompañando al Sr. Marcos, un seglar que ha venido de Méjico para dar un cursillo sobre evangelización e iniciación cristiana en la parroquia de Belén, al que han asistido 25 personas que están muy contentas. Ahora le acompañan a ver Barcelona. Ellas reconocen la necesidad de esta preparación porque anunciar a Jesucristo no es imponer nada ni dar moralismos, sino proclamar una Buena Noticia.

 

- “Hoy hace 34 años que nos casamos”, nos dice un matrimonio con su hijo al salir de la misa de la tarde. Y nos añade: “Queríamos tener muchos hijos pero sólo pudimos tener éste”, como disculpándose.

 

- Una madre de familia está preocupada porque a su hijo le ha afectado mucho la muerte de cuatro jóvenes en un accidente, uno de los cuales conocía.

 

- Después de más de un año de luchar contra el cáncer, el Sr. Basilio, encargado del mantenimiento del Templo, que tantos arreglos hizo para su conservación, pasó a la casa del Padre.

 

- “Oh”, nos va respondiendo un joven inglés cuando le vamos explicando lo que es la adoración perpetua. Nos alegramos de la capacidad de admiración de los jóvenes.

 

- A punto de cerrar el Templo, dos jóvenes con los cabellos en rastras y una chica están en la cripta. Les hablamos de los mosaicos, y al ver que nos escuchan, continuamos con la explicación de la adoración perpetua. Al invitarles a rezar un padrenuestro, uno nos dice que lo sabía pero lo había olvidado. Al cerrarse las puertas de la iglesia les damos un minuto para que escuchen el silencio. Al salir, los dos chicos aprovechan un momento para darse un beso a escondidas, lo que aprovechamos para decirles que el amor verdadero era otra cosa. Les invitamos a volver durante el día y les damos unas hojas con mensajes de Don Bosco. que aceptan.

 

- “Ya le di mis piernas a la madre Teresa de Calcuta; a hora le doy mis brazos que no puedo casi mover, pronto será la cabeza y luego el corazón”, nos dice la Sra. Eulalia imposibilitada que visitamos. No se queja de nada, lee la Biblia, reza y asiste a la misa por TV en conserva, dice. Su párroco la va a visitar a menudo.

 

- Dos señores, más bien serios, echan una moneda en el lampadario, se les enciende una vela y se quedan como parados. Al intentar explicarles que podían leer una oración, no nos entienden. Luego probamos en inglés, y nada. Sólo nos dicen “ruch” (ruso) y les acompañamos a la recepción a buscar una oración en ruso. Ellos vuelven otra vez al lampadario y seriamente rezan la oración. Nos impresiona su simplicidad.

 

- Un diácono de la diócesis de Vic que sube frecuentemente a rezar al Templo, nos da la noticia de que va a ser ordenado sacerdote y nos invita a la celebración. Nos dice que no podemos faltar que, como alumno de los salesianos de Sabadell, ha incluido a Don Bosco en las letanías de la celebración. Después de la solemne celebración en la catedral de Vic el Señor obispo ya le nombró párroco del pueblo de Aiguafreda y otras dos parroquias más.

 

- Seis jóvenes de un colegio de integración de inmigrantes, con el profe AA.AA de la Escolanía, nos visitan y escuchan encantados la historia del Tibidabo.

 

- “Hice unos días de retiro con los Legionarios cuando era un muchacho y tengo de ello un agradable recuerdo aunque luego me alejé de la Iglesia”, nos dice un joven de  Panamá que nos visita y no se cansa de escucharnos. Al final le regalamos un DVD de la vida de Don Bosco que acepta con satisfacción.

 

- Una viejecita está preocupada porque reza y no siente nada y le parece que Dios no le escucha; con todo, al recibir las intenciones de oración del Templo, las presenta al Señor rezando un padrenuestro por cada intención. Les decimos que Jesús nunca la dejará y que puede dar gracias cada día por todo lo que tiene empezando por la vida y la fe en él.

 

- “Mi hija estudió en las salesianas de Sepúlveda e incluso fue a catequesis pero no quiso confirmarse y ahora ya no pisa una iglesia a pesar de las recomendaciones que le hacemos”, nos dice una señora al oír que los salesianos regimos este Templo. Le sugerimos que rece por ella y nosotros también lo haremos.

  

- Un grupo de seminaristas de Barcelona, la mayoría hispanoamericanos, acompañados por un profesor, visitan la Exposición de la Sábana Santa, escuchan la historia de Don Bosco y el Tibidabo, y se atreven a subir a lo más alto a pesar del frío.

 

- Una pareja viene como asustada porque la joven está embarazada y el chico busca una solución a su “problema” diciéndonos que se quiere casar dentro de tres meses. La chica no quiere abortar pese a que se lo han recomendado. Les recordamos que Dios sabe sacar bien de todas las circunstancias, incluso de nuestros pecados. Les hacemos ver que no se trata de casarse enseguida sino de ir descubriendo los planes de Dios para ellos y el hijo. Visitan el Templo y les dejamos una sala porque quieren dedicar un rato a leer la Escritura.

 

- “Me siento en una noche oscura. Hace tiempo que no puedo ir a misa”, nos dice una señora al visitarla en estos días de Navidad. Está impedida, vive sola y pasa momentos malos. Hay un joven que la llama para hablar con ella y van a poder ver juntos la misa del Santo Padre de Navidad.

 

- Un salesiano pasa unos días con la Comunidad del Tibidabo porque tiene un trabajo urgente que realizar y aquí encuentra tranquilidad. Nos dice que después de estar todo un día trabajando el ordenador no le responde y se le borra todo el trabajo realizado. El agobio del salesiano es serio porque eran horas de trabajo perdido. Intenta de todas maneras recuperar el archivo perdido, y nada. Consulta con amigos y nada. Al final se le ocurre mandarlo a un compañero, el cual al cabo de poco tiempo se lo devuelve recuperado. La alegría del salesiano fue inmensa, parecida al de la mujer del Evangelio que recuperó la moneda perdida.

 

- Una pareja nos pide casarse en el Templo. Le indicamos la importancia de ello y cómo lo tienen que hacer. La chica tiene 35 años y el chico 40, y no han estado casados ni separados ninguna vez. Ellos interpretan el haberse conocido como no casual. Incluso el joven, que es alpinista, tuvo una grave caída escalando las montañas de Montserrat y se salvó de milagro quedando enganchado en unas zarzas a cuatro metros del suelo.

 

- Unos 50 jóvenes nos piden reunirse en la basílica un domingo lluvioso por la tarde. Son coptos de Egipto y están haciendo una peregrinación espiritual. Un pope les acompaña. Ya dentro, dos de ellos hacen una predicación a los demás que todos escuchan con gran atención. El pope nos traduce lo que están comentando: “¿Quién es Dios para ti? ¿Dónde lo encuentras en tu vida? Navidad, Jesús y la Virgen María. Yo soy embajador de Dios”.

 

- “Vengo a dar gracias porque estuve enrolado en un barco por Somalia y no nos ha pasado nada”, nos dice emocionado un señor cuando le estábamos comentando que aquí se rezaba  continuamente día y noche.

 

- Una pareja nos dice contenta que esperan un hijo. Son madrileños y suben al Templo para dar gracias y pedir a San Antonio su protección. Se acuerdan que vinieron cuando solamente se conocían, y aquí, después de escuchar a un salesiano decidieron casarse.

 

- “He salido de casa y he venido por la montaña porque he pasado el día solo y quería despejarme”, nos dice un joven el día de Navidad. Es de Galicia, trabaja en Barcelona, y adelantó la visita a sus padres una semana por la imposibilidad de encontrar billete de tren (el avión le resulta caro). Ve que no se ha equivocado. Se pasa un buen rato rezando y se marcha contento.

 

- “Eso del amor ya no se lleva”, nos dice un joven que acompaña a una chica que ha entrado en la capilla para rezar y estábamos hablándole del amor cristiano. Nos quedamos como fríos pensando lo que podría ser una pareja sin amor. ¿Será que no sabe qué es el amor?

 

- Una hermana religiosa ya mayor, a la que le encanta rezar ante el Santísimo, tiene dificultades de índole comunitaria para que le dejen subir. Al final consigue el permiso por una mañana entera. Luego nos dice que ha encontrado el tesoro escondido en Jesús, ha rezado por su Comunidad y todas las intenciones del Tibidabo.

 

- Un joven con el casco de moto en la mano está en la cripta a primera hora de la mañana. Nos dice, como desencajado, que le acababan de dar el despido porque ya no había trabajo; además la chica con la que salía le había dejado presionada por sus padres, y no se podía refugiar en su familia porque hace años que la tiene desestructurada. Le escuchamos, e intentamos interpretarle los acontecimientos por el lado de los dones que Dios sigue concediéndole, como la salud y la vida. Le invitamos a pasar un rato en la capilla, y así lo hace.

 

- “Tengo 88 años y tenía que ponerme una prótesis en las rodillas pero no quise y con la digitopuntura estoy caminando muy bien”, nos dice un señor al salir de la capilla de la adoración y desearle un feliz año. Muy convencido, nos enseña cómo lo hace, dándose masajes con lo dedos en puntos claves del cuerpo. Y siempre da gracias a Dios.

 

-  “Fuera de la Iglesia hay también mucha gente buena”, nos dice un joven como enfrentándose. Le damos toda la razón añadiendo que lo que caracteriza al cristiano es tener fe y, aunque sea pecador, sabe que hay un Dios que siempre le perdona, y Jesús nos ha conseguido con su muerte y resurrección una vida eterna. El único problema que tenemos, en realidad, es que nos morimos y no nos queremos morir, y la fe nos da la respuesta a este interrogante existencial. .

 

-  “¿Sabes en dónde entras?”, le decimos a un joven al abrir la puerta de la capilla de la adoración. Sí, nos dice. Al cabo de un rato sale y se sienta en la cripta que ya estaba cerrada. Al ver que no sabía la historia del templo se la explicamos. Se llamaba Miguel y había tenido una experiencia de Dios y ya no le engañaba el mundo. Quedamos que volvería durante el día.

 

-  “He venido a ver a la Virgen del Cobre porque voy a Cuba y sé que me protegerá. Cuando vuelva le traeré unas florecillas”, nos dice una señora al bajar de la basílica en donde están las vírgenes hispanoamericanas en una capilla que está orientada hacia América como la proa de la nave de Cristóbal Colón.

 

-  “Yo no hablo a mis hijos de Dios sino a Dios de mis hijos”, nos dice una abuelita que viene acompañada de su familia. Nos metemos con ella porque los hijos nos insinúan que se manifiesta muy creyente.